De huracanes, hamacas y caníbales

La palabra es la flecha que da en “su” blanco.
Sustituirla por otra es traicionar a la cosa que aspiraba a
ser representada plena y fielmente, con nitidez, con precisión.
Rosario Castellanos (Mujer que sabe latín…)

Nuevo Mundo

En lo que se refiere al estudio de la evolución de las lenguas y su etimología, ninguna época es tan fecunda como la era de la expansión comercial derivada del encuentro del Nuevo Mundo. Su impacto lingüístico universal todavía no alcanza a medirse, en parte debido a que el lente de apreciación se centró por mucho tiempo en los aspectos civilizatorios de la empresa colonial, es decir, en los beneficios que trajo la europeización de lo que se acordó llamar América, y en la justificación de sus efectos sobre las sociedades nativas.

En realidad, rara vez nos preguntamos de dónde vienen palabras como “huracán”, “hamaca”, “mocasín”, “chicle” o “caníbal”, y aunque no sea imprescindible saberlo, la respuesta a este tipo de pregunta presenta un nuevo ángulo que contrasta con el del paradigma civilizatorio, ya que además de hacer posible la comunicación, la lengua funciona como un registro histórico natural de la experiencia social. El uso de palabras como “huracán” y muchas otras provenientes de los indios taínos, los primeros en tener contacto con Colón, se comienza a extender desde la llegada de éste, en el periodo de aculturación de los españoles establecidos en las Antillas. Los taínos estaban distribuidos en pequeños cacigazgos en Española, hoy Santo Domingo y Haití, en Puerto Rico, y en otras de las islas aledañas. No siempre fue inmediata la adopción de un determinado vocablo, pero la necesidad de comunicar lo antes nunca visto requirió de la asimilación de nuevo vocabulario; en este caso, ¿cómo identificar y describir fenómenos climatológicos cuando no se tiene experiencia de ellos?

Un asombroso episodio de este proceso quedó descrito en una de las más interesantes aventuras de exploración de todos los tiempos. En noviembre de 1527 Alvar Núñez Cabeza de Vaca se convirtió en el primer testigo en reportar lo que sin lugar a dudas fue propiamente un huracán. Su relato ayuda a ilustrar cómo la lengua reconoce la necesidad de conceptualizar ciertas ideas a través de una palabra, y cómo esa palabra está directamente conectada con la cultura de donde proviene. Así pues, aunque su crónica usa el vocablo “tempestad”, en retrospectiva es obvio que se trata de algo más que una tormenta. No deja duda al repecto la descripción de los estragos sucedidos en el puerto de Trinidad cuando Alvar Núñez esperaba el próximo arribo de Pánfilo de Narváez procedente de Santo Domingo, quien venía con barcos y provisiones para la empresa de exploración que comandaría el mismo Narváez con destino a lo que en 1513 Juan Ponce de León había bautizado como La Florida.

A pesar de que en repetidas ocasiones los nativos intentaron prevenirlo, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca lo admite él mismo en el capítulo primero de Naufragios, ni él ni ninguno de los marinos tenían idea del poder destructivo de lo que les esperaba, como lo escuchamos de sus propias palabras; el acontecimiento comienza un sábado por la mañana:

…yo me excusé diciendo que no podía dejar los navíos. A mediodía volvió la canoa con otra carta, en que por mucha importunidad pedían lo mismo, y traían un caballo en que fuese; yo di la misma respuesta que primero había dado, diciendo que no dejaría los navíos; mas los pilotos y la gente me rogaron mucho que fuese, porque diese priesa que los bastimentos se trujiesen lo más presto que pudiese ser, porque nos partiésemos luego de allí…

La mayoría de los hombres prefiere quedarse pensando que a la mañana siguiente terminaría todo:

…y con esto yo salí, aunque quise sacar algunos conmigo, por ir en mi compañía, los cuales no quisieron salir, diciendo que hacía mucha agua y frío y la villa estaba muy lejos: que otro día, que era domingo, saldrían con el ayuda de Dios, a oír misa. A una hora después de yo salido la mar comenzó a venir muy brava, y el norte fue tan recio que ni los bateles osaron salir a tierra, ni pudieron dar en ninguna manera con los navíos al través por ser el viento por la proa; de suerte que con muy gran trabajo, con dos tiempos contrarios y mucha agua que hacía, estuvieron aquel día y el domingo hasta la noche.

El agua y el viento arrecian golpeando con fuerza durante toda la noche del domingo y arrasan con la villa:

A esta hora el agua y la tempestad comenzó a crescer tanto que no menos tormenta había en el pueblo que en la mar, porque todas las casas y Iglesias se cayeron y era necesario que anduviésemos siete u ocho hombres abrazados unos con otros para poder amparar que el viento no nos llevase; y andando entre los árboles no menos temor teníamos de ellos que de las casas, porque como ellos también caían, no nos matasen debajo. En esta tempestad y peligro anduvimos toda la noche, sin hallar parte ni lugar donde media hora pudiésemos estar seguros.

Cabeza de Vaca escucha música durante la noche, probablemente un ritual para apaciguar al mal espíritu de “Huracán”:

Andando en esto, oímos toda la noche, especialmente desde el medio de ella, mucho estruendo y grande ruido de voces, y gran sonido de cascabeles y de flautas y tamborinos y otros instrumentos, que duraron hasta la mañana, que la tormenta cesó. En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vió; y yo hice una probanza de ello, cuyo testimonio envié a Vuestra Majestad.

La destrucción fue total, apareció una barquilla sobre un árbol y sólo dos cuerpos fueron encontrados:

  El lunes por la mañana bajamos al puerto y no hallamos los navíos; vimos las boyas de ellos en el agua, adonde conoscimos ser perdidos, y anduvimos por la costa por ver si hallaríamos alguna cosa de ellos, un cuarto de legua hallamos la barquilla de un navío puesta sobre unos árboles, y diez leguas de allí, por la costa, se hallaron dos personas de mi navío y ciertas tapas de cajas, y las personas tan desfiguradas de los golpes de las peñas, que no se podían conoscer; halláronse también una capa y una colcha hecha pedazos, y ninguna otra cosa paresció. Perdiéronse en los navíos sesenta personas y veinte caballos.

De la catástrofe sobrevivieron los treinta hombres que habían decidido salir de los barcos para acompañarlo, pero por días pasarían hambre ya que murieron muchos animales:

la tierra quedó tal que era gran lástima verla: caídos los árboles, quemados los montes, todos sin hoja ni yerba. Así pasamos hasta cinco días del mes de noviembre, que llegó el gobernador con sus cuatro navíos, que tembién habían pasado gran tormenta.

Los taínos eran hospitalarios y pacíficos, desafortunadamente su exterminio fue casi total durante los primeros años de la Colonia. Pero tampoco se salvaron sus enemigos los “caribe”, quienes se caracterizaban por su beligerancia y eran temidos alrededor de toda la zona ya que atacaban a sus vecinos y secuestraban a sus mujeres con frecuencia. Irónicamente fue precísamente por ellos que el mar antillano tomó el nombe de “Mar Caribe”; y fue por ellos también que se creó el estereotipo del salvaje americano que durante siglos escandalizó la imaginación europea. Se les comenzó a llamar “caribal” y de aquí se creó la palabra “caníbal” que resaltaba su costumbre de comer carne humana. Casi cien años después, en 1610, Shakespeare escribió su obra “The Tempest” con la que introdujo al personaje de “Calibán”, claramente una referencia del caníbal caribeño que acabó convirtiéndose en símbolo de la barbarie en el debate sobre la superioridad de la civilización europea.

Caimanes y tortugas en Zoológico de Puebla, México

Caimanes y tortugas en Zoológico de Puebla, México

Dada a la proximidad de las Antillas con la región maya y el resto de América Central, diversas palabras y sonidos que se suponen de origen arahuacano eran familiares alrededor de toda la zona. Algunas como “batata”, “cacique”, “caimán”, “macana”, “canoa”, “iguana”, “guanábana” y “maíz”, que continuamos utilizando era bastante extendido. Para los mayas como para los taínos, “Huracán” representaba a una deidad poderosa y no al fenómeno climatológico que conocemos hoy. Así puede apreciarse la evolución de un vocablo que en este caso no sólo sigue siendo cotidiano sino que, como sucede a menudo, ha adquirido otras conotaciones, es decir ha diversificado su significado y ha sido asimilado por otras culturas. Curiosamente, como sucedió con la palabra “Jaguar”, de origen guaraní -hablado en las selvas de Paraguay y Brasil-, que inpiró el nombre del famoso automóvil británico, también “Huracán” se convirtió en el nombre del modelo 2014 de Lamborghini; ambos ejemplos muestran bien la manera en que las lenguas se enriquecen del contacto con otras.

Suite de Hotel Casa Quetzal en Valladolid, Yucatán

Suite de Hotel Casa Quetzal en Valladolid, Yucatán. El estilo imita el modelo de construcción de vivienda maya, que proporciona espacio para colgar hamacas dentro de las habitaciones.

Otra palabra del arahuacano que sobrevivió la desaparición de los taínos es “hamaca”, la cual representa una de las invenciones humanas más inteligentes que todavía hoy se siguen usando ampliamente. Cabe mencionar que no se ha dado a este objeto el debido reconocimiento, ni se ha entendido cabalmente que su valor utilitario en climas húmedos y cálidos, en una extensa zona que abarca las islas y costas del Caribe, desde Florida hasta Venezuela, es el resultado de una sofisticada capacidad de adaptación al entorno. Otro ejemplo del ingenio práctico de las culturas caribeñas es el modo de construcción de chozas ligeras de base corta y maciza, y paredes y techos de caña y palma, rápidas de construír y seguras para sus inquilinos cuando con tanta frecuencia corren el peligro de ser derrumbadas por el mal tiempo.

En la Península de Yucatán el cultivo de la planta del henequén que además de especializarse en la producción de hamacas se usa para un gran número de objetos indispensables, entre cuerdas, ropa, sombreros, bolsas, tapetes, etc., se convirtió desde la Colonia en una industria lucrativa y multimillonaria; su cultivo, por tratarse de un tipo de agave, al igual que su extracción, secado, peinado y tejido es un proceso bastante laborioso que empleó a miles de indios bajo el sistema de encomienda o semi esclavitud. La industria cambió poco a través de los siglos y cuando se toma en cuenta la utilidad de sus productos y el carácter sostenible del proceso, no cabe duda de que la especialización del uso del agave realizada por las culturas prehispánicas está a la par de las grandes invenciones utilitarias que el hombre ha realizado con los medios que están a su alcance.

La industria del henequén (palabra del maya “jeniquén”), lo que vino a llamarse oro verde, se convertiría en la mayor fuente de riqueza de los hacendados españoles de Yucatán.

Hacienda henequenera Sotuta de Peón en Yucatán, México. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Hacienda henequenera Sotuta de Peón en Yucatán, México. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Los exploradores españoles fueron los primeros en iniciar un proceso de hibridación lingüística que terminó “americanizando” las lenguas europeas al introducir estas palabras y dar a conocer al mundo los nuevos productos. Las famosas islas “Caimán”, que luego pasaron a ser posesión del Imperio Británico, proveen un buen ejemplo de la americanización del inglés, con un cambio lógico en la pronunciación (key’maen) en esa lengua.

Las lenguas nativas también se transformaron cuando se generalizó el uso dominante de nuevos apelativos de productos ya familiares. En la misma relación de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios y Comentarios, (capítulo IV) se observa cómo en más de una ocasión él y su grupo se ven en la necesidad de inquirir sobre maíz entendiéndose a señas. Así el famoso náufrago se convirtió en el primer español de que tenemos noticia, en llevar la palabra “maíz” a los nativos de lo que hoy se conoce como La Florida y después a los indios Apalache:

Partido el bergantín, tornamos a entrar en la tierra los mismos que primero, con alguna gente más, y costeamos la bahía que habíamos hallado; y andadas cuatro leguas, tomamos cuatro indios, y mostrámosles maíz par aver si le conocían, porque hasta entonces no habíamos visto señal de él. Ellos nos dijeron que nos llevarían donde lo había; y así nos llevaron a su pueblo, cerca de allí, y en él nos mostraron un poco de maíz, que aun no estaba para cogerse.

También en el resto del hemisferio norte miles de tribus nativas contribuyeron a americanizar el inglés y de allí el uso se extendió con el comercio. Los indios Powhatan como el resto de la familia de lenguas algonquinas, llamaban a su calzado “mocasín”, un tipo de zapato o botín que fabricaban con la piel de venado principalmente. El uso era generalizado en muchas tribus de Norteamérica, incluyendo Arizona y Nuevo México, porque se fabrica con un sólo pedazo de piel y no requiere hebillas. Después de 1600, probablemente en la segunda década del siglo XVII, los franceses e ingleses que se disputaban el mercado de pieles en la región que hoy se localiza en el estado de Virginia, comenzaron a usar ellos mismos los mocasines y llevaron la palabra y el producto a Europa de donde ha dado la vuelta al mundo varias veces.

La palabra “chicle” del náhuatl o lengua azteca, “tziktli” viene del árbol que produce una goma pegajosa que el ingenio de un empresario británico tomó cuando identificó su potencial de dulce para mascar y la regresó como “chicle”. Alrededor del mundo la industria chiclera llamó a los dulces “chiclets” y luego goma de mascar. “Gum” existía en latín (gumma) derivada del griego y del egipcio, así que desde 1842, para referirse al árbol de tziktli en inglés se le llama “gum tree”. Ciertamente hubo muchos más productos cuyas propiedades hicieron apta su comercialización. Algunos de los más conocidos son, “tabaco”, “chocolate”, “aguacate”, “tomate” y “cacahuate”; Puede observarse cómo los cuatro anteriores se mantuvieron cerca de su raíz náhuatl: xocolatl, ahuacatl, xictomatl, y tlacacahuatl. Esta lengua que todavía se habla en la región central de México, se había extendido por una gran parte de Mesoamérica.

Semillas de Cacao, base para la preparación del chocolate, usado por los mayas, los aztecas y otras culturas mesoamericanas. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Semillas de Cacao, base para la preparación del chocolate, usado por los mayas, los aztecas y otras culturas mesoamericanas. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Los casos se multiplican al sumarse a los de las culturas andinas y del resto de Sudamérica. La tan conocida planta de la coca, “kuka” en las lenguas quechua y aymara, dio al mundo la bebida, “coke” en inglés, aunque la mayoría de la gente que usa esta palabra para referirse al refresco no la asocia con su lugar de origen. Igual sucede con la “papa” o “patata”, uno de los productos más esenciales de la alimentación de muchas naciones hoy en día. La mayoría de la gente alrededor del mundo la asocia con países nórdicos como Irlanda, Alemania y los Estados Unidos, pero tomó más de un siglo para que los europeos vieran bien esta raíz que llegó del Perú desde los tiempos de Pizarro, y que consideraban fea y sucia, y se animaran a comerla. En Francia la papa se usaba para alimentar a los puercos y se le dio el nombre de “pomme de terre”; “pomme” es manzana, de modo que se le asoció con una manzana que crece bajo la tierra. Para responder a porqué adquirió el segundo nombre “patata” (potato en inglés), muy posiblemente el vocablo es producto de la confusión con batata, o camote dulce, que es también una raíz, ya que ambos productos comenzaron a introducirse al mundo al mismo tiempo, así que es fácil pensar que la falta de familiaridad con ambas fue causa de la confusión.

Todos estos ejemplos muestran cómo la cultura y la lengua van de la mano y sobre todo cómo el contacto intercultural enriquece a una o a ambas sociedades. Pero además es obvio que la lista anterior sirve para esbozar la manera en que la cultura occidental se enriqueció e impactó al resto del mundo gracias al contacto con el continente antes desconocido. Ha tomado siglos mirar el beneficio substantivo que los recursos naturales y culturales americanos proporcionaron al mundo entero ya que la ignorancia y el oscurantismo de los tiempos vieron a ese “otro”, como lo explicó Tzevan Todorov, como algo inferior.  Además, en aquel tiempo la riqueza se medía en oro, y debido a que al Estado español le interesaba mantener una imagen paternalista no era aconsejable exaltar los aspectos meritorios de esas culturas; por lo tanto se censuraban los documentos que hacían mención a la explotación de esos productos, como por ejemplo las Cartas de Relación de Cortés (1520-1525), y los Comentarios Reales de los Incas (1609) del Indio Garcilaso de la Vega. La intención era evitar rebeliones.

El número de productos americanos que se han adaptado a otras culturas es sorprendente y demasiado extenso para citar; algunos han cambiado de nombre o éste es irreconocible por el cambio en la pronunciación, pero en general, la flora y fauna del rico y enorme Continente Americano aumentaron exponencialmente el léxico de todas las lenguas que tienen contacto con Occidente. Algunos ejemplos de palabras de origen andino que se usan alrededor del mundo son “puma”, “cóndor”, “llama”, “guanaco” “pampa”, “guano”, “quinoa” y “quinina”, esta última de gran valor curativo como tratamiento contra la malaria. A estas se suman las de otras lenguas de la zona amazónica, la cual aún cuenta con miles de especies conocidas sólo para sus habitantes. A los españoles se sumaron los portugueses, holandeses y británicos principalmente, como parte de este fenómeno de hibridación que abrió a América al mundo y que dio a conocer su flora y fauna en un activo proceso que revolucionaría también a las ciencias. Sin embargo, el interés económico ha superado al científico, lo que ha dado como resultado un notable abuso en la explotación de muchos de los recursos americanos.

Sería dificil imaginar la dieta contemporánea sin el maíz, en todas su formas de preparación; o imaginar la existencia de la cocina italiana sin el tomate, o la ausencia de la industria del chocolate en países como Bélgica y Francia, o cualquier establecimiento de comida rápida sin las papas fritas y el refresco de cola. Sería más difícil aún imaginar el crecimiento de la economía mundial a partir de la era mercantilista sin los recursos de América que transformaron al mundo para siempre. El estudio de la lengua ayuda a comprender con mayor profundidad el ángulo cultural de este proceso.

La iguana es abundante en zonas cálidas tropicales como ésta pequeña nativa de la Península de Yucatán. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

La iguana es abundante en zonas cálidas tropicales como ésta pequeña nativa de la Península de Yucatán. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Julia de Burgos, de la palabra íntima al mensaje

… en los hombres, igual que en las naciones,
    si el ser siervo es no tener derechos,
    el ser el amo es no tener conciencia.

Ay, ay, ay de la grifa negra
Julia de Burgos

Julia de Burgos

Han pasado ya cien años desde el nacimiento de Julia de Burgos pero su fama continúa creciendo dentro y fuera de su natal Puerto Rico gracias a la fuerza y belleza de su poesía y al mensaje deafiante de su contenido. Su lugar dentro de las letras iberoamericanas está entre las voces que fortalecen la identidad nacional y hacen eco en la conciencia social que define el sentido de la hispanidad.

Como muchos de sus coterráneos, Julia vivió entre las carencias de una vida campesina en Carolina y en una familia numerosa en donde era la mayor de trece hijos. El año de su nacimiento, 1914, coincide con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la cual afectó de manera directa a Puerto Rico, que estaba bajo el coloniaje de los Estados Unidos desde 1898. En febrero de 1917 el Congreso de la Unión firmó la ley Jones-Shafroth, que impuso la nacionalidad estadounidense a los isleños; aunque no les concedía el derecho a votar fuera de Puerto Rico, sí legalizó su reclutamiento militar. Miles fueron llamados a servir en la guerra mientras que cada vez era mas difícil vivir del campo, y las compañías estadounidenses lo obtenían con facilidad usándolo mayormente para la explotación azucarera.

Se sabe que su padre, Francisco Burgos Hans era de herencia alemana y que su madre Paula García, era parte mulata; ambos, como era bastante común tenían sangre española:

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, ay, ay que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza.

Ay, ay, ay que mi raza negra huye
y con la blanca huye a ser trigueña;
¡a ser del futuro,
          fraternidad de América!                … Ay, ay, ay de la grifa negra

Para 1928 la familia Burgos había dejado el campo para mudarse como muchas otras a las zonas urbanas en busca de trabajo. En los años de pobreza Julia vería morir a seis de sus hermanos; no obstante, su determinación por salir adelante y su aplicación en la escuela, en Río Piedras, le hicieron merecedora de becas y logró matricularse en la Universidad. En 1933, a la edad de 19 años Julia recibía con honores su título universitario convirtiéndose en maestra, aunque se sabe que no abandonó aquí el estudio y la lectura.

De acuerdo a sus biógrafos sus primeros poemas conocidos aparecieron en periódicos y revistas alrededor de 1934, algunos de estos con obvio tema patriótico, como por ejemplo Gloria a ti, dedicado al mártir Manuel Rafael Suárez Díaz, muerto en 1932 en una protesta en defensa de la bandera de Puerto Rico encabezada por Pedro Albizu Campos, quien desde 1930 era líder del Partido Nacionalista.

Julia apoyó abiertamente la causa del PNPR que deseaba la Independencia de Puerto Rico. Los problemas del hambre y la falta de empleo se agudizaron seriamente durante la década de los 30 y provocaron el éxodo de miles de puertoriqueños, principalmente a Nueva York. El fervor anti colonialista crecía y las huelgas se multiplicaban, hasta que el 21 de marzo de 1937, cuando se daba lugar una marcha pacífica que entre otras cosas pedía la liberación de Albizu, el régimen colonial atacó con armas a los manifestantes y el evento se convirtió en masacre. Albizu y varios de sus seguidores cercanos habían sido acusados de actos sediciosos el año anterior y cumplían sentencias de más de diez años en prisión. El profesor Jack Agüeros, quien estudió la vida de la poeta y publicó su obra completa en versión bilingüe, menciona que Julia de Burgos formaba parte del comité para liberar a los ocho prisioneros, entre los que se encontraban dos conocidos poetas, Juan Antonio Corretjer y Clemente Soto Vélez.

A Julia la asociamos con el grito de libertad cuyo eco resuena en cada país de Iberoamérica por denunciar los ultrajes del colonialismo mostrando el lado humano del dolor. Su vida, su obra, y la pasión con la que defendió sus convicciones, la convirtieron en un símbolo de resistencia. Aún después de partir hacia Cuba, en 1940, y más tarde a Nueva York en 1942, nunca dejó de defender el ideal de soberanía, ni de acusar el abuso que hace a un pueblo siervo de otro. Sus poemas evocan a héroes como Martí y Bolívar y exaltan sus ideales; otros son homenajes de tono solemne y humano a patriotas como Albizu y Gilberto Concepción de la Gracia. También rememora con tristeza y encono días como el del Grito de Lares, el 23 de septiembre de 1868, que marca la primera rebelión contra el régimen colonial español organizada por Ramón Emeterio Betances y Segundo Ruiz Belvis; y critica con furia y dolor la tiranía imperialista y de las dictaduras. Julia no temió en más de un poema expresar su desprecio a Trujillo, el dictador dominicano y se unió al grito de solidaridad contra la Guerra Civil Española; tambien escribió poemas, que quizá estaría bien llamar elegías, a víctimas de ejecuciones injustas como Federico García Lorca, Hiram Rosado y Elías Beauchamp. Pero posiblemente su poema más famoso, por ser favorito de quienes se identifican con su tierra, y porque ha sido publicado en numerosas antologías, es Río Grande de Loíza, el cual reúne las cualidades de lo mejor de su poesía.

Y sin embargo, aunque su conciencia política absorbió tanto de su impulso creativo, el tema dominante en su poesía es el amor. En los poemas románticos se descubre a una mujer que no sólo amó intensamente sino que no tuvo miedo a decirlo, desafiante y a sabiendas que pisaba prejuicios sociales. El uso de imágenes llenas de pasión y frescura que funden el ensueño y el deseo con un lenguaje sencillo y desbordante formado por elementos de la naturaleza, sigue despertando admiración por su originalidad y calidad estética. Aún así, es su carácter atrevido lo que la distingue mejor; su consistente rechazo a prejuicios e imposiciones que menguan la libertad individual. Entre los poemas que ilustran con mayor claridad el conflicto entre la necesidad de defender la libertad de actuar en contra de la tradición y las trabas sociales, están Mi alma, Soy en cuerpo de ahora, y Yo misma fui mi ruta, éste también título de una de sus obras póstumas.

Hoy, fuera de Puerto Rico Julia es más conocida como pionera de la revolución cultural que adelantándose a su época señaló la desigualdad de género. Su voz rebelde acusó al sistema que exige a la mujer amoldar sus metas y su comportamiento a las expectativas de la sociedad. Julia entendió la igualdad de género como un derecho natural de la mujer a su independencia. Uno de sus poemas más universalmente citado en la actualidad es el que dirigió a sí misma titulado A Julia de Burgos:

Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en tí misma no mandas; a tí todos te mandan;
en tí mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el chanpán,
el cielo y el infierno, y el que dirán social.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.                …A Julia de Burgos

Apunta el profesor Agüeros que Julia solía firmar sus primeros poemas con el nombre de Julia Burgos, y Julia Burgos de Rodríguez después de casarse, y que requiere un poco de reflexión en nuestros días entender lo revolucionario de su actitud al decidir firmar Julia de Burgos, es decir, de ella misma, después de haber experimentado la vida en matrimonio que no duró. Una mujer divorciada que no temía al estigma del divorcio y celebraba su libertad era vista con recelo.

También su relación en Cuba con el dominicano Juan Isidro Jiménez Grullón, el amor de su vida, terminó pronto debido al parecer de sus biógrafos al rechazo de la familia de él. En cuanto a su obra, no sorprende la poca difusión que tuvo fuera de Puerto Rico cuando se piensa en lo lejos que estuvo Julia de representar ideales burgueses de las sociedades conservadoras de la Latinoamérica de entonces. Su contenido no sólo era censurable en muchos círculos, sino que dados los tiempos se podía calificar como sedicioso. Aún así es notable la poca atención, con algunas excepciones, que hasta hace relativamente poco tiempo se ha prestado a la poesía escrita por mujeres, y en general a la mujer como agente histórico.

Y a pear de todo, Julia no solo recibió el reconocimiento de sus contemporáneos sino que se ganó en vida el elogio de poetas de la talla de Nicolás Guillén y Pablo Neruda, a quien conoció en Cuba. Este, de acuerdo a un testimonio de Juan Bosch, quien era familiar en el grupo, había prometido escribir el prólogo para uno de sus poemarios que hoy se encuentra perdido, quizá para siempre. Entre sus publicaciones en vida se conocen Amor en veinte surcos, 1938 y Canción de la verdad sencilla, 1939. Póstumamente sparecieron dos más, pero los más de doscientos poemas que hoy se conocen muestran la indiscutible calidad de su arte y la fuerza de una voz que se distingue por su candidez.

En figuras como Julia de Burgos el tiempo tiende a revelar cuánto más alto se elevaron sobre sus contemporáneos, y cuánto mayores fueron los obstáculos que logró cruzar. Julia canalizó a través de su arte la pobreza, la enfermedad, la pérdida del amor, el destierro, la violencia y la pasión por la libertad por la que murieron muchos compatriotas que soñaban como ella en la soberanía de su tierra. No se sabe en que momento y por que comenzó a beber en exceso, y si los mitos urbanos de su vida bohemia fueron exagerados. En los años 50 el alcoholismo era una condición social generalizada; lo que sí es claro es que la vida en Harlem con escasas oportunidades de trabajo para una joven puertorriqueña, aún inteligente y educada, fue difícil.

Julia murió en 1953 a la edad de treinta y nueve años en un hospital de Harlem a donde había sido llevada sin identificación. Días después algunos amigos localizaron el lugar donde se encontraba enterrada y lograron trasladarla a su natal Puerto Rico. El mejor homenaje a Julia de Burgos es el que reconoce su mayor triunfo, el haber conquistado la independencia que entendió como su derecho natural, abriendo la mente y el camino de las generaciones que le siguieron y convirtiéndose en modelo de valor que toca fibras profundas en la memoria de quienes han luchado por sacudirse de la sujeción y el dominio.

 

Los poemas citados abajo, así como algunos datos biográficos se tomaron del libro Song of the Simple Truth by Jack Agüeros

 


Intima

 

Se recogió la vida para verme pasar.
Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
que se abría en mi interior,
y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el hombre.


Ay, ay, ay de la grifa negra

 

Ay, ay, ay que soy griffa y pura negra;
grifería en mi pelo, cafrería en mis labios
y mi chata nariz mozambiquea.

Negra de intacto tinte, lloro y río
la vibración de ser estatua negra;
de ser trozo de noche, en que mis blancos
dientes relampaguéan;
Y ser negro bejuco
que a lo negro se enreda
y comba el negro nido
en que el cuervo se acuesta.
Negro trozo de negro en que me esculpo,
ay, ay, ay que mi estatua es toda negra.

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, ay, ay que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser siervo es no tener derechos,
el ser el amo es no tener conciencia.

Ay, ay, ay los pecados del rey blanco
lávelos en perdón la reina negra.

Ay, ay, ay que la raza se me fuga
y hacia la raza blanca zumba y vuela
a hundirse en su agua clara;
o tal vez si la blanca se ensombrara en la negra.

Ay, ay, ay que mi raza negra huye
y con la blanca huye a ser trigueña;
¡a ser del futuro,
fraternidad de América!


Mi alma

 

¿Mi alma?
Una armonía rota
que va saltando su demencia
sobre el cojín del tiempo.

¡Cómo la quieren recostar,
aclimatar,
recomponer,
los mortales ha tiempo muertos!

Empeño despeñado del logro.
¡Alborotero!

La locura de mi alma
no puede reclinarse,
vive en lo inquieto,
en lo desordenado,
en el desequilibrio

de las cosas dinámicas,
en el silencio
del libre pensador, que vive solo,
en callado destierro.

Fuerte armonía rota
la de mi alma;
rota de nacimiento;
siembra hoy, más que nunca,
su innata rebeldía
en puntales de saltos estratégicos.


Soy en cuerpo de ahora

 

¡Cómo quiere turbarme esta carga de siglos
que en mi espalda se bebe la corriente del tiempo!
Tiempo nunca cambiante que en los siglos se estanca
y que nutre su cuerpo de pasados reflejos.

Tengo miedo de lo alto de tus miras –me dice–;
el ayer que me nutre se doblega en lo interno
de tu vida sencilla, que no admite pasado,
y que vive en lo vivo desplegada al momento;
ya me enfada la siempre desnudez de tu mente
que repele mi carga y se expande en lo nuevo;
ya me turba la fina esbeltez de tu idea
que flagela mi rostro y endereza tu cuerpo…
mira a un lado y a otro: jorobados, mediocres;
son los míos, los que abrevan mi vacío siempre lleno;
sé uno de ellos; destuerce tu vanguardia; claudica;
es tan fácil volcarse de lo vivo a lo muerto.

Has querido tumbarme, carga en cuerpo de siglos
de prejuicios, de odios, de pasiones, de celos.

Has querido cargarme con tu carga pesada,
mas al punto encontréme y fue vano tu empeño.

Vete, forra tus siglos con el vulgo ignorante;
no son tuyas mis miras; no son tuyos mis vuelos.

Soy en cuerpo de ahora; del ayer no sé nada.
En lo vivo mi vida sabe el Soy de lo nuevo.


Yo misma fui mi ruta

 

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado de mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.


A Julia de Burgos

 

Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.

Tú, miel de cortesanas hipocrecías; yo no;
Que en todos mis poemas desnudo el corazón.

Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no;
que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.

Tú eres sólo la grave señora, señorona;
yo no; yo soy la vida, la fuerza, la mujer.

Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,
en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el chanpán,
el cielo y el infierno, y el que dirán social.

En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor social,
somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.


Naufragio de un sueño

 

¡Corre, que se me muere,
que se me muere el sueño!
Tanto que lo cuidamos,
y el pobrecito, enfermo,
hoy me yace en los párpados,
arropado de versos.

¡Corre, que se me muere,
que de avivarle el pecho,
mis ojos ya no pueden
recoger más luceros!
Ya los luceros tímidos,
se me esconden de miedo,
y a la intemperie, solo,
se matará mi sueño…
Yo lo conozco, amado,
ya me expira en el verso…

Corre, que se me muere
y me ha pedido el cuerpo!

Song of the Simple Truth: The Complete Poems of Julia de Burgos by  Jack Agüeros

De náufrago a defensor del pueblo maya

Alguna gente se muere
para volver a nacer,
el que tenga alguna duda
que se lo pregunte al Che.
Nada más, nada más.

– Atahualpa Yumpanqui

 

Así como algunos caen de su pedestal marcando los cambios sociales del momento, otros suben a la gloria empujados por fuerzas que obedecen al vaivén de la historia. La figura de Gonzalo Guerrero es uno de esos símbolos fundacionales que se tejen en el imaginario popular de las naciones. Su nombre está unido particularmente a la historia de los pueblos mayas de Yucatán, Chiapas y Quintana Roo, pero en la revisión histórica a este soldado español no sólo le corresponde hoy el lugar de legítimo padre del mestizaje de la nación mexicana moderna, lugar que antes se le dio simbólicamente a Hernán Cortés, sino también el de primer europeo en América que luchó contra la ocupación española.

Estatua de Gonzalo Guerrero en Akumal, Quintana Roo

Estatua de Guerrero en Akumal, Quintana Roo

El caso de Gonzalo Guerrero es el de un hombre conquistado por una cultura. El hecho que marcó para siempre su vida sucedió en 1511 cuando los sobrevivientes de un desafortunado naufragio arribaron a las costas mayas de Yucatán. Se sabe que los indígenas del área los capturaron y mataron a algunos de ellos. Años después, en 1519, el mismo capitán Hernán Cortés paró en la isla de Cozumel frente a las costas de Yucatán, y allí los habitantes le informaron acerca de los hombres que habían sobrevivido el naufragio y que vivían como cautivos de los indígenas. En una de sus Cartas de relación al rey, el mismo Cortés explica cómo organizó una misión de rescate que consistía en enviar a varios indígenas con una carta para los prisioneros. Al término de cuatro días, cuando al no recibir noticia del rescate el capitán ya partía de Cozumel hacia las costas del Golfo, uno de los náufragos, Gerónimo de Aguilar, se reunió con el grupo. Este feliz reencuentro sucedió ocho años después del naufragio donde Aguilar y Guerrero casi habían perdido la vida. Aguilar se convirtió en un valioso traductor para Cortés gracias a su conocimiento de los grupos indígenas de quienes había aprendido la lengua; con el afamado capitán partiría hacia la conquista del Tenochtitlán.

Cortés no vuelve a mencionar a estos cautivos en sus cartas al rey, ni tampoco explica qué fue del segundo hombre. Pero la repatriación de Aguilar al grupo hace todavía más singular el caso de Guerrero. Posteriormente, en la Historia verdadera de las cosas de Nueva España, Bartolomé de las Casas retoma el caso de los cautivos revelando el testimonio de Guerrero. De acuerdo a este testimonio, después de su captura, Guerrero acogió la nueva cultura y se integró plenamente al pueblo de Chetumal. No sólo llegó a conocer profundamente a la gente y a sus tierras sino que también adoptó sus costumbres y sirvió a su nueva patria enseñando a su gente a luchar con las técnicas bélicas familiares a él. Los servicios y el valor de Guerrero hicieron más poderoso al pueblo de Chetumal porque le ayudaron a derrotar a sus enemigos. Esto ganó a Gonzalo Guerrero la confianza de Na Chan Can, el señor de Chetumal, quien le hizo ocuparse de los asuntos de guerra y le honró concediéndole una esposa de noble estirpe maya con quien el antes soldado español tuvo varios hijos.

Años después, cuando ya se había consumado la conquista de la nación azteca en Tenochtitlán, los españoles regresaron a la península en expediciones destinadas a someter a los pueblos indígenas de Yucatán. Las contiendas en el área fueron muchas y sangrientas bajo el mando del capitán Montejo y otros. Evidentemente, el encuentro con el olvidado náufrago fue inevitable, pero éste era ahora un guerrero maya cubierto de tatuajes y con aretes y cabello largo a la usanza de los indios de la región y no renegó de su nación adoptiva. Quizás una vez más, como en 1519, Guerrero tuvo la oportunidad de reunirse con sus compatriotas y abandonar la vida con los indígenas, pero no lo hizo. Sus palabras, citadas en el testimonio de las Casas, indican que Guerrero, refiriéndose a sus hijos con orgullo –presumiblemente los primeros mestizos del continente Americano– y haciendo mención a su posición privilegiada de cacique en Chetumal, rechazó la invitación de unirse a sus antiguos paisanos.

Estatua de Guerrero, su esposa Ix Chel Can y sus hijos en Chetumal, Quintana Roo

Estatua de Guerrero, su esposa Ix Chel Can y sus hijos en Chetumal

Estatua de Guerrero, su esposa Ix Chel Can y sus hijos en Chetumal

Es claro que los mayas de Chetumal ganaron un aliado poderoso en el español que les adoptó como patria, pero no fue suficiente para asegurar la paz y su soberanía, y en 1536 en la batalla librada contra Lorenzo de Godoy en Punta Caballos, Honduras, cayeron los mas bravos de entre los cheles, incluyendo su afamado capitán general Gonzalo Guerrero. Con frecuencia se omite su nombre de las páginas de la historia de la conquista, pero este soldado fue con seguridad el primer español que amó abiertamente las tierras americanas y el primero también que murió luchando del lado de ellas.

Para sus coterráneos, incluyendo a Cortés, Guerrero fue un renegado y su nombre fue asociado con traición durante los trescientos años que duró la Colonia. Por su parte el conquistador Montejo pasó a ser uno de los grandes protagonistas de la historia, convirtiéndose en gobernador de Yucatán y amasando una fortuna que hoy es visible en la suntuosidad de su residencia y en la influencia que ejerció en el estado y su capital cuya avenida más importante, el paseo de Montejo, preserva un monumento con su imagen. Y si bien la historia oficial se encargó de enaltecer la fama de Montejo como figura fundacional y de sus muchos descendientes, el pueblo no olvidó a Guerrero y el sentimiento de resistencia de las comunidades mayas de la región sobrevivió los siglos del yugo del hombre blanco. Hoy, este héroe ha despertado la atención de historiadores, cineastas y escritores como Eugenio Aguirre, cuya novela dedicada a esta figura extraordinaria relata su magnifica aventura subrayando su legitimidad como raíz de la hispanidad americana.

Al igual que Akumal y Cozumel, la ciudad de Chetumal lo recuerda con un monumento que representa la primera familia producto del mestizaje de razas entre dos mundos que se desconocían mutuamente. Asimismo la ciudad de Mérida, capital de Yucatán cuenta con una de las pocas estatuas dedicadas a un soldado español en tierras mexicanas. La estatua de Gonzalo Guerrero se erige orgullosa en el atuendo de soldado maya sobre el pedestal que fue colocado también sobre la avenida Montejo, en la tierra que lo acogió después de la fantástica aventura de su naufragio.

¿Cuántos más que participaron en la empresa de la conquista habrán sido a su vez conquistados por la cultura de los pueblos que fueron enviados a someter?

Monumento a Gonzalo Guerrero en Mérida, Yucatán

Monumento a Gonzalo Guerrero en Mérida, Yucatán