Entre la civilización y la barbarie, el diario de Darwin


La Santa Inquisición seleccionó con extremo cuidado a los hombres más osados e independientes para quemarlos o apresarlos. Solo en España, algunos de los mejores hombres –aquellos que dudaron y cuestionaron, y sin dudar no puede haber progreso– fueron eliminados…

Charles Darwin, El origen del hombre

AlbatrossEl albatros, ave de los océanos

 

La visita de Charles Darwin en septiembre de 1835 al archipiélago ecuatoriano de las Galápagos fue de apenas cinco semanas, un tiempo breve considerando la trascendencia de sus conclusiones y el impacto que tendrían para la comprensión del mundo natural. El concepto de la evolución ya era discutido para entonces entre sus contemporáneos, existía una gran base académica en estudios geológicos y de paleontología, pero las islas del Ecuador fueron el laboratorio perfecto donde Darwin recogió la evidencia que requería su teoría de la selección natural. En ellas pudo comprobar lo que ya había reconocido durante su travesía desde el Atlántico norte: que los efectos del medio son determinantes en el desarrollo evolutivo de todas las especies vivas; y la contrastante singularidad en cada isla, hacía posible explicar cómo se producen las variantes que permiten la adaptación de los seres a su entorno, y que son responsables de la diversidad entre y dentro de todas las especies. Aquí habría que agregar que Darwin, como lo aclara en su obra El origen del hombre, consideraba a éste como parte del “reino animal”, en contradicción a muchos que alegaban una distinción clara entre las plantas, los animales y el hombre.

Pero la investigación realizada por Darwin, el llamado “Segundo viaje del Beagle” fue el resultado de cinco años consecutivos de exploración por Sudamérica y el Pacífico sur, desde 1832 hasta 1836, y repercutiría exponencialmente más allá de la biología, avanzando el conocimiento en muchos otros campos. La antropología, las ciencias sociales y la psicología fueron disciplinas que se beneficiaron de las reflexiones de Darwin sobre la gama de tipos humanos y sociedades que observó a su paso por América del Sur y más tarde en el Pacífico, Australia y Nueva Zelanda. Entre la amplia lista de lecturas que Darwin había estudiado estaban los relatos de exploradores célebres, el más importante, Alexander Von Humboldt, quien en su biografía Darwin reconoció como su mayor inspiración, y a quien recurrió como una constante fuente de referencia en sus estudios, gracias al extenso cuerpo de información que Von Humboldt había recogido en su travesía por el continente americano, acompañado por el médico francés Aimé Bonpland. La simpatía de Humboldt por las civilizaciones americanas había renovado la curiosidad y creado un lente más amable de apreciación hacia las tierras poco exploradas.

Su agudo sentido de observación como naturalista, aplicado al comportamiento humano de tanto tribus indígenas como individuos y sociedades que conoció durante sus expediciones, enriqueció la perspectiva humanista que desarrolló en su controversial obra El origen del hombre (1871). Pero ya más de treinta años antes, las páginas de su diario, publicado por primera vez en 1839, nos acercan a un hombre que buscó responder las incógnitas que los prejuicios sociales, raciales y religiosos se resistían a cuestionar. Charles Darwin era abolicionista, lo que le dotaba de una mejor disposición para observar el efecto de la opresión y el dominio sobre otros, y muy seguramente para examinar cómo algunas sociedades alcanzan un alto grado de civilización y otras se mantienen en estado primitivo. Igualmente, explicar como algunas muy superiores se estancan o retroceden y pierden su primacía, los griegos, romanos, incas y mayas, por ejemplo, mientras que otras nuevas surgen con fuerza. Mientras que el mundo ha estudiado a Darwin por su contribución a las ciencias naturales, su diario, The Voyage of the Beagle*, o El viaje del Beagle, también nos da una idea de la diversidad racial y cultural que Darwin encontró a su paso, principalmente el Latinoamérica, y que claramente iluminó su entendimiento sobre los tipos y grados de sociedades que son determinados por condiciones específicas. Entre los casos que llamaron su atención sobresalen los de abuso que propicia la esclavitud.

En Brasil en 1833, cuando recién había llegado a América, Darwin acepta una invitación a viajar mil millas tierra adentro a Socego con un inglés dueño de una estancia. A su regreso, junto al Rio Macaé ocurrió una escena que le pareció ser de extrema crueldad, cuando un amo enfurecido amenazaba a los esclavos con vender a sus mujeres y niños. Darwin reconoce más tarde que no fue la compasión sino el interés lo que detuvo al amo de separar a treinta familias. Poco después, pasa por el sitio en que habitó no hacía mucho tiempo una comunidad de negros, que escaparon de la esclavitud tomando la parte alta de un cerro donde podían cultivar algo para comer. Según su guía, al ser encontrados, todos fueron capturados, excepto una anciana que prefirió arrojarse al vacío. En la reacción de Darwin al escuchar la historia se puede percibir su disgusto: “En una matrona romana esto hubiese sido llamado un acto noble de libertad: en una pobre negra es mera terquedad brutal”. Es sorprendente como estas experiencias aparecen sintetizadas en El origen del hombre, cuando hace referencia al concepto de “degradación”, o “regresión” de una cultura. Darwin argumentó en esta obra que las razas no representan especies diferentes, sino que todos los hombres provienen del mismo origen primitivo, un concepto no bien aceptado en su época como sabemos. El caso de una raza sometida que recibe el trato de las bestias, propicia lo que consideró regresión en las culturas. En esta misma parte de su viaje, mientras se acercaba a Rio de Janeiro, hubo un tercer episodio que le conmovió, cuando por accidente Darwin levantó su brazo mientras se encontraba muy cerca de un esclavo, quien aunque era alto y fornido, temió sin motivo aparente haber hecho algo que mereciera castigo:

Pasé mi mano cerca de su cara. El, supongo, pensó que lo hacía con furia, y que iba a pegarle. Con una mirada de temor y ojos medio cerrados, bajó sus manos. Nunca olvidaré mi sentimiento de sorpresa, disgusto, y vergüenza, al ver un hombre grande y fuerte con miedo hasta de prevenir un golpe, dirigido, como pensó, hacia su cara. El hombre había sido entrenado a una degradación peor que la esclavitud del animal más indefenso. (El viaje, 31)

Gaucho con ovejas

En tierra gauchos

En su paso por Uruguay y Argentina, a mediados de 1833, Darwin se sintió fascinado por el mundo romántico y libre del vaquero, que experimentó y describió en su diario con una abierta admiración, calificando como artes las habilidades que distinguen lo que hoy llamamos cultura del gaucho. No resistió el gusto por describir en detalle la destreza de estos hombres con el lazo y con las bolas para cazar y dominar a las reces y a los caballos, en un ambiente rudo de jornadas largas y noches a la intemperie. La primera de esas noches quedaría marcada en su diario el 11 de agosto de 1833 como una de las más placenteras en todo el viaje:

Hay gran placer en esta independencia de la vida del gaucho – ser capaz en cualquier momento de detener el caballo, y decir, “Aquí es donde pasaremos la noche”. La quietud sepulcral de la planicie, los perros vigilando, el grupo gitano de gauchos haciendo sus camas alrededor del fuego, han dejado en mi mente una fuerte imagen de esta primera noche, la cual nunca olvidaré. (El viaje, 79)

También es de notar que al partir hacia Tierra del Fuego, a fines de ese año, Darwin volvió a expresar su agradecimiento por el tiempo que convivió con los gauchos, a quienes consideraba sumamente corteses y hospitalarios. El profundo conocimiento de estos hombres de su entorno, incluyendo el comportamiento de pájaros como las avestruces y animales como el jaguar, le fue de una utilidad invaluable. Tan sólo en Maldonado, el famoso naturalista inglés había tenido la oportunidad de pasar diez semanas, el doble del tiempo que pasó en las Galápagos, y si bien dedica la mayor parte de su tiempo a estudiar las características físicas del entorno, y a identificar, clasificar y documentar sus observaciones sobre la flora y fauna que encuentra de interés, también convivió con colonos, notando cuan distante estaban del resto del mundo en más que el aspecto geográfico. En su diario escribirá estar impresionado al saber que un rico dueño de una estancia de miles de acres y miles de cabezas de animales, no supiera donde está Norteamérica o Londres, no conociera un mapa o una brújula y viviera en una casa con piso de tierra, comiendo una dieta tan rústica como la de cualquier campesino. Este tipo de contacto con personas toscas, y en ocasiones groseras, que se repetiría en los meses siguientes, tuvo un efecto importante en su apreciación sobre el significado de progreso o mejoramiento del hombre en sociedad. En El origen del hombre escribirá:

Aún pareciera, por lo que vemos, por ejemplo, en partes de Sudamérica, que la gente que podría llamarse civilizada, como los colonos españoles, está expuesta a hacerse indolente y retrógrada cuando las condiciones de vida son muy fáciles. (El origen del hombre, 328)

La idea se desarrolla en el capítulo que tituló, “Sobre las facultades intelectuales y morales durante tiempos primitivos y civilizados”, que constituye una reflexión sobre la selección natural en el hombre, y la manera en que una sociedad va mejorando conforme se va haciendo de individuos valiosos. Darwin concluirá al respecto, que “la lucha por la existencia debe ser suficientemente severa para forzar a un hombre a ascender hacia su mayor estándar”. También opina que para que una sociedad mejore, se necesita que coincidan muchas y muy variadas condiciones favorables; sin embargo, acepta que aún las condiciones más favorables no siempre son suficientes para asegurar el progreso de tal. Finalmente, explica, la manera más eficiente de conseguir el progreso es a través de la educación, la que debe comenzar desde una edad temprana, cuando la mente es aún tierna e impresionable; y debe ser “inculcada por los hombres más aptos y mejores, incorporada a las leyes, costumbres y tradiciones de la nación, y reforzada por la opinión pública.” (328),

Experiencias bélicas

El encuentro de Darwin con Manuel de Rosas es uno de esos pasajes históricos que por extraños se olvidan, y sin embargo, la importancia de esta experiencia, en la que el científico se vio en medio de una guerra de exterminio indígena, es difícil de negar. Camino a Buenos Aires, a fines de julio de 1833 Darwin llegó al campamento del Rio Colorado donde se encontraba Rosas con su ejército y con alrededor de 600 indios aliados. Así se convirtió en testigo de la campaña que intentaba consolidar el poder del general Rosas, en tierras donde reinaban luchas sangrientas y actos salvajes por ambas partes, tanto por los indios como por los soldados argentinos y chilenos, mejor armados. Al principio su impresión sobre el general fue positiva, un hombre disciplinado, inteligente y lleno de energía, pues le pareció que a pesar de su estilo despótico, Rosas podría sacar al país adelante. Sin embargo, en su revisión al diario de 1845 se retracta de esa apreciación. El testimonio de Darwin narra algunas de las anécdotas que ganaron a Rosas el respeto y el miedo de sus hombres: castigos ejemplares a manera de tortura a subalternos que le disgustaron de cierta forma, y exhibicionismo como excelente jinete, lo que le hacía merecedor del aprecio de los gauchos. Pero en los dos días que Darwin se ve forzado a pasar en el campamento, pues espera el salvoconducto de Rosas para seguir adelante, se ocupa observando a los indios aliados, llamados en general “civilizados”, que se encuentran allí. Más que nada llaman su atención las mujeres indígenas quienes a sus ojos tienen a cargo realizar trabajos más extenuantes que los hombres, como ensillar los caballos, subir la carga y hacer las tiendas por la noche: “en suma, ser, como las esposas de todos los salvajes, esclavas útiles”. (El viaje, 82)

La campaña de exterminio contra los indios tiene un impacto visible en Darwin, lo expresa narrando masacres cometidas recientemente en pueblos enteros de que se ha enterado, de ejecuciones como la que él mismo presenció, de tres mensajeros que no quisieron revelar la información que llevaban a sus tribus, y de otras atrocidades que le fueron narradas:

Todos aquí están convencidos de que ésta es la guerra más justa, porque es contra bárbaros. ¿Quién podría creer en esta era que tales atrocidades pueden cometerse en un país cristiano civilizado? Se salva a los niños de los indios para venderlos o regalarlos como sirvientes, o más bien esclavos hasta cuando los dueños pueden hacerlos creer que son esclavos. (El viaje,115)

En su diario no se detuvo para expresar algunas opiniones políticas. A su paso por la fortificación de Bahía Blanca, menciona que el poblado se estableció a la fuerza en 1828 robando la tierra a los indios, un error, piensa, que provocó el aumento de la violencia cuando pudo haber sido comprada, como habían hecho los virreyes españoles con las tierras de la más antigua fortificación de Río Negro. En este lugar, como en el caso de la mujer en Brasil, vuelve a poner la atención en un negro a quien se refiere con respeto, se trataba de uno de los “postas” que guardaba el fuerte de Bahía Blanca y que mereció su admiración: “Nunca conocí a un hombre más atento y cortés que este negro por lo que era triste ver que no podía sentarse a comer con nosotros.” (86)

Claramente Darwin meditaba sobre las relaciones entre clases y sobre la lucha por el poder político en el Nuevo Continente. Sabía sobre la historia de división social y racial, y sobre la anarquía política de los últimos tiempos. Lo meditaba en su recorrido de cuatrocientas millas hacia Buenos Aires, que por otro lado estuvo lleno de hallazgos por la riqueza de vida vegetal y animal, y por las formaciones naturales que pueden revelar tanto a un geólogo como él, navegando por el “noble” Paraná. Este río en particular le lleva a expresar su desprecio por el dictador Paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia y por la historia trágica de la región. Para él, el Paraná debería ser un punto importante de comunicación entre el vasto y rico continente, por lo que reconoce, quizás no tan imparcialmente, que el modelo británico es superior.

¡Que diferente sería el aspecto de este río si hubiesen sido colonos ingleses quienes por fortuna hubiesen entrado primero por el Plata. ¡Qué nobles pueblos ocuparían ahora sus laderas! Hasta la muerte de Francia, el dictador de Paraguay, estos dos países deberán permanecer distintos, como puestos en diferentes partes del globo. Y cuando el empecinado viejo tirano se haya ido, Paraguay será desgarrado por revoluciones, violentas en proporción a la previa calma inusual. El país tendrá que aprender, como cada uno de los estados sudamericanos, que una república no puede tener éxito hasta contar con un cierto cuerpo de hombres dotados de los principios de justicia y honor.”(El viaje, 153-154)

Es seguro que la pésima opinión que Darwin tenía acerca del dictador Rodríguez de Francia, el Supremo, quien estuvo en el poder de 1814 a 1840, tuviera que ver con lo que sucedió a Aimé Bonpland, el médico y naturalista francés, compañero de viaje de Humboldt, quien había regresado y se había establecido en Santa Ana, cerca del Paraná, en 1821, para dedicarse al cultivo de la yerba mate. Su castigo por hacerlo sin permiso del gobierno, quien tenía el monopolio, fue su arresto domiciliario por 10 años.

En la entrada a su diario del 20 de octubre de 1833, la realidad política ha vuelto a trastornar los planes de Darwin, cuando desembarca en la boca misma del gran río, en Las Conchas, y se encuentra en medio de lo que llama “una violenta revolución”. Un grupo de seguidores de Rosas se han levantado en armas contra el gobernador Balcarce “por apenas un pretexto de quejas: pero en un estado en el que en el curso de nueve meses (de febrero a octubre de 1820) sufrió quince cambios de gobierno”. (156) Los puertos a la ciudad estaban bloqueados por los rebeldes, no salía ni entraban provisiones, la ciudad estaba sitiada y Darwin se vio varado por dos semana con este grupo que le pareció de “bandidos”, hasta recibir permiso para cruzar, aunque sin caballo ni guía, para seguir su camino a Buenos Aires. Antes visitará Montevideo y otras poblaciones, y el 17 de noviembre realiza una excursión por Colonia de Sacramento, donde medita nuevamente sobre las luchas políticas:

Por la tarde di un paseo por las medio demolidas paredes del pueblo. Fue un sitio principal en la Guerra del Brasil: una guerra muy perjudicial para este país, no tanto por sus efectos inmediatos, como por ser el origen de multitud de generales y todos los otros grados de oficiales. Hay más generales, aunque no pagados, en Las Provincias Unidas de la Plata, que en el Reino Unido de Gran Bretaña. Estos caballeros han aprendido a gustar del poder, y no tienen objeción a un poco de combate. De aquí que siempre hay muchos prestos para crear disturbios y derrocar a un gobierno, el cual nunca ha estado cimentado en una base fuerte. (El viaje, 160)

Rumbo a Tierra del Fuego

Antes de partir a Patagonia en diciembre, Darwin resume algunas observaciones sobre las gentes de las tierras que ha visitado en los últimos seis meses. Otra vez menciona a los gauchos, le parecen superiores y más amables que las personas que residen en los pueblos. Pero al mismo tiempo opina que el hábito de cargar cuchillos causa demasiadas muertes y una buena cantidad de hombres con terribles cicatrices en la cara. Ya en Bahía de Botafogo, había hecho una observación similar cuando observaba la destreza con que los niños aprenden a usarlos desde pequeños para cortar la hierba que cierra el paso por los bosques tropicales (a Rosas le aplaudió haber prohibido el uso de cuchillos en día domingo). Asimismo, observó los efectos dañinos de la bebida y el juego, la incidencia de robos, la facilidad de vivir sin trabajar, la corrupción de las autoridades y la falta de seguridad para los viajeros. Pero por otro lado, Darwin es optimista, pues supone que el “liberalismo” que reina y la tolerancia a otras religiones, entre otras cosas, darán fruto en el futuro.

Beagle en el Estrecho de MagallanesEl Beagle en el Estrecho de Magallanes

 

La pobreza de los habitantes de Tierra del Fuego, su atraso cultural en medio de una tierra que no ofrecía la menor posibilidad de cultivar nada ni poseer nada, su vida nómada, forzados a vivir de las aguas heladas, y su desnudez en medio del frío y la humedad, producen una gran impresión en Darwin, quien también sabe, por un nativo fueguino de otra tribu que viajaba con ellos, que este grupo, a veces forzado a no comer por días, llega a comer a sus ancianos. La tribu da a Darwin la oportunidad de admirar en ellos la resistencia de que es capaz el ser humano y la costumbre de imitar (como lo han hecho con sus extraños visitantes), lo que considera una habilidad que ocurre en culturas inferiores y que el hombre en sociedades superiores ha perdido. En sus escritos científicos aclara que el hombre aprende precisamente de la imitación y de la experiencia. Su encuentro con estos fueguinos llevó a Darwin a especular que su situación se debía a causa de otras tribus que los empujaron a estas latitudes en donde su aislamiento y su vida nómada les ha impedido civilizarse.

Los hábitos nomádicos, ya sea en extensas planicies, o entre los bosques tropicales, o a lo largo de las costas del mar, han sido altamente perjudiciales en todos los casos. Mientras observaba a los habitantes bárbaros de Tierra del Fuego, se me ocurrió que la posesión de alguna propiedad, una vivienda fija, y la unión de muchas familias bajo un jefe, eran requisitos indispensables para la civilización. Tales hábitos casi necesitan del cultivo de la tierra; y los primeros pasos para cultivar probablemente resulten… de algún accidente como el que las semillas de un árbol de fruta caigan sobre un montón de basura, y produzcan una variedad atípicamente fina. (Origen, 323)

Uno de los episodios más memorables en el viaje del Beagle por Sudamérica, es el caso de los tres nativos de Tierra del Fuego que venían de regreso de Inglaterra. Estos compañeros de viaje de Darwin habían sido recogidos en el viaje anterior del barco por el capitán FitzRoy como rehenes, después de un incidente que implicaba un robo, costumbre muy generalizada entre las tribus de fueguinos. Los tres nativos habían aprendido inglés y los tripulantes del barco, no pudiendo pronunciar sus nombres les habían dado otros: Jemmy Button, Fueguia Basket y York Minster, estos dos estaban casados. Su repatriación dio a Darwin y a su grupo otra oportunidad de pasar unos días en sus territorios y de observar la capacidad de asimilación a que fueron expuestos cuando experimentaron la cultura de Inglaterra. Con ellos venía el Misionero Robert Matthews que planeaba quedarse. El reencuentro con familiares y amigos, dio lugar a un ritual muy distinto al abrazo que se usa en Occidente. Un tiempo después el Beagle regresó a estas costas, donde fue alcanzado por Jemmy, quien fue invitado a seguir con ellos, pero éste ahora estaba casado y se había readaptado a su vida. Matthews tuvo tiempo de arrepentirse y regresar al Beagle pues los fueguinos habían robado todas sus posesiones e intentado arrancarle la barba “pelo por pelo”.

La expedición de Darwin continuó por muchas ciudades y regiones de Chile, y por Perú, donde tendría ocasión de comparar las culturas costeñas como en Chiloé, Chile, con las andinas de tierras altas. También pudo ver algunas ruinas incas antes de partir a las Galápagos. Hoy sabemos que la extraordinaria importancia de las observaciones realizadas por Darwin en su estudio de la naturaleza hicieron posible entender mejor la complejidad y diversidad de nuestro mundo. Sin embargo, al seguir su travesía a través de las páginas de su diario, es claro que sus hallazgos no se limitaron a la historia natural y que sus experiencias sociales, que incluyeron desde nativos y colonos americanos, dueños de estancias, hosteleros, esclavos, criados, comerciantes, vaqueros, soldados, marinos, y tribus indígenas diversas, contribuyeron grandemente a formar el sofisticado universo antropológico de Darwin, uno que incluía tanto la gama de razas humanas como diversos estados de “civilización” o de salvajismo. Sobre esta base monumental de tipos construyó el lente científico que enseñó a las generaciones futuras a estudiar la vida en función a las condiciones que determinan su medio ambiente.

*Todas las citas en este artículos son traducciones mías de las fuentes originales:

Charles Darwin. The Descent of Man and Selection in Relation to Sex. Great Books of the Western World, No. 49 (Edited by Encyclopedia Britannica), Chicago, 1952.

—- The Voyage of the Beagle. Pen State Hazleton PDF electronic edition, 2001.

Consulta:

Jonathan Clemens. Darwin’s Notebook: The Life, Times, and Discoveries of Charles Robert Darwin. Philadelphia: Quid Publishing, 2009.

 

Gonzalo Guerrero

Gonzalo Guerrero libro - Eugenio Aguirre En su novela publicada por Editorial Planeta en 2012 para conmemorar el 500 aniversario del mestizaje en América, el escritor Eugenio Aguirre recrea la extraordinaria historia del español vuelto maya. Gonzalo Guerrero, nacido en Palos de la Frontera, Huelva en 1470, y veterano del último capítulo de la Reconquista gracias a su participación en la Toma de Granada, protagoniza una de las aventuras transformativas más insólitas de la historia del encuentro entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

La novela parte con el presagio de un viejo gitano que terminará cumpliéndose cuando Guerrero acepta servir bajo el mando de Juan de Valdivia, quien debe conducir asuntos personales y trasladar pasajeros y cargamento entre Darién, actualmente parte de Panamá, y Santo Domingo. Los personajes y acontecimientos que se describen sobre los primeros días del viaje introducen la complejidad de la empresa de la Conquista, las rivalidades, la ambición, la diversidad de personajes que participaron en ella, y la explotación y tráfico de productos y de hombres y mujeres: los esclavos que viajan en la nave encadenados unos a otros al lado de las bestias. Es Gonzalo Guerrero, no el sacerdote Gerónimo de Aguilar, quien aboga por ellos y se gana los golpes de Valdivia y otros, cuando expresa su intención de desatarlos para evitar su muerte durante la tormenta que terminará hundiendo el barco.

El autor mexicano Eugenio Aguirre (1944) nos acerca a un Guerrero humano, en constante reflexión sobre el significado de los hechos que se suceden y del comportamiento de sus compañeros de adversidad; un hombre que medita sobre las experiencias existenciales que le llevarán a cambiar su visión del mundo y de la vida hasta asimilarse a una nueva cultura. En el pasaje fatal del naufragio en el que se destaca la cobardía de Valdivia, se salvan dieciséis hombres y dos mujeres, pero irán muriendo poco a poco. Aguirre logra una descripción realista de la angustia y desesperación alucinantes que una semana bajo el sol candente, sin agua ni alimento, significan para quienes no saben a qué punto del océano han sido arrojados por el destino. Y aún estas páginas resultan menos crudas comparadas con el ataque de los cocomes, a dos días apenas de haber arribado a tierra en las costas de la Península de Yucatán. Valdivia y otros son descuartizados y devorados en un ritual carnicero, increíble si se quisiese hacer pasar como producto de la ficción.

Los que sobreviven logran escapar gracias al plan de Guerrero pero caen como esclavos del señor Taxmar del pueblo de Xamanhá. El trabajo excesivo impuesto a los sobrevivientes por los nuevos amos deja vivos sólo a Guerrero y al padre Aguilar. La vida de esta civilización desconocida empieza a revelarse rica y llena de rituales y color en la descripción de la organización y vida diaria de los xiúes. La prosa de Aguirre adopta tonos poéticos al describir la flora y fauna del mundo maya que si bien centra su existencia en el sacrificio a sus dioses, ama la vida y conoce y toma lo mejor de los seres y paisaje que les rodea.

Guerrero se gana la admiración y confianza de Taxmar y sus nobles capitanes cuando les ayuda a ganar la guerra contra los cocomes. Es tal el aprecio que cobra como servidor inteligente y fiel a Taxmar que éste lo cede a su gran aliado Na Chan Can, quien al paso del tiempo verá en él al más valioso de sus hombres y lo convertirá en su yerno. Guerrero acepta de este gobernante amado por su pueblo la nueva posición de responsabilidad y los privilegios que ha conquistado a base de lealtad, y lejos de sentirse comprometido se entrega a su cargo con valor y obediencia y con el gran amor que despiertan en él su legítima esposa Ix Chel Can y sus hijos. Por eso no le es difícil rechazar la invitación de reunirse con Cortés que el padre Aguilar le había comunicado personalmente.

En su novela, Aguirre ofrece una ventana a lo que con seguridad enfrentó Guerrero en su proceso de asimilación a la cultura del Mayab: su necesidad práctica ante su conciencia y dudas religiosas, nacida de su participación en ritos y creencias extraños y profundamente ajenos a su formación cristiana. Es claro que no tuvo que ser fácil aceptar el sacrificio y las inmolaciones, como las de su propia hija, como las de otros inocentes que el pueblo demandaba para detener la peste y más tarde la plaga de langosta que cubría los campos y sembraba el hambre. Y por si fuera poco, se plantea además la ironía de su circunstancia, el reconocerse en los hombres de los navíos que se acercaban con persistente frecuencia a las costas de su tierra adoptiva, con temor a la inminente amenaza de la superioridad de armas y bestias a las poblaciones que Guerrero conocía ya bien, y juzgaba prontas a ser víctimas de la ambición de oro y riqueza de soldados como los que en otro tiempo fueron sus hermanos. A Guerrero llegaron las noticias de lo que sucedía en el altiplano, y de las guerras que Cortés “había desatado, enfrentando a unas tribus con otras en su propio beneficio.” Guerrero sabía bien que esperar:

Desde que llegaron los primeros españoles a Champotón, hacía mas de cuatro años, había entendido la amenaza que pesaba sobre mi gente y sobre todos los comarcanos. No cejarían en su empeño por conquistarlos y arrebatarles sus tierras, su hacienda y su libertad. Lo mismo había pasado en todas partes, sin que existiese poder alguno que les detuviese en el avasallamiento de los naturales. Tanto señores como plebeyos y esclavos pasarían a ser siervos del blanco, de la fusta y del tormento, y sobre todo, del engaño … Debería, por lo tanto, prevenir y enseñar a los guerreros de Ichpaatún a pelear en su contra. Debería inculcarles que se trataba de vándalos que venían a sojuzgarlos, a robarles lo que el derecho natural les había otorgado, a violentar a sus mujeres e hijas, a destruir a sus ídolos y dioses tutelares y a trastocarles su religión y sus conocimientos de los astros y del tiempo por un catecismo castrante, siempre beneficioso para el amo venido de allende del mar. (252)

La novela es un recuento realista y bien documentado de la odisea de este héroe olvidado por el tiempo. El lenguaje y la ambientación evidencian un gran conocimiento de la región y su historia, así como de la cultura maya, lo que hace a esta obra sumamente recomendable para quien desee acercarse al tema con un interés más allá del gusto por la aventura. Su autor Eugenio Aguirre, quien ha recreado en novelas anteriores la vida de personajes como Isabel Moctezuma, Hidalgo y otros, recibió por su magnífica obra sobre Gonzalo Guerrero, la Gran Medalla de Plata de la Academia Internacional de Lutèce 1981.

Los bandidos de Río Frío

Villa de Tacubaya, Mexico s. XIX

Los bandidos de Río Frío (1891) es la obra de madurez de Manuel Payno; un esbozo sociológico del siglo XIX mexicano en donde recreó las memorias de su juventud mientras se desempeñaba como diplomático en España ya en las postrimerías de su vida. En ella dibuja a una sociedad diversa, joven, dinámica, en apresurado proceso de reinvención, rica en tradiciones y costumbres populares, y poblada de un vasto conjunto de personajes que en su diario trajín aún arrastran las idiosincrasias y prejuicios de su organización colonial, marcadamente jerárquica y llena de contrastes entre clases y grupos étnicos.

El trasfondo histórico toma como punto de referencia los hechos acaecidos alrededor de 1839, año de la ejecución que ocupa un lugar relevante en la narración. En el detalle prestado a los escenarios y a la descripción de tipos puede apreciarse la maestría narrativa de Payno y su aguda capacidad como observador de la condición humana, pero además se hace evidente la experiencia recogida en el desempeño de diversos puestos políticos a lo largo de su vida que le permitió alcanzar un profundo conocimiento del país y de su gente.

Manuel Payno el sociólogo novelista

Manuel Payno (1810-1894) fue secretario de Hacienda en el gobierno de José Joaquín de Herrera en 1850, puesto al que llegó después de haber trabajado en el ramo de aduanas, y de haber estado a cargo del servicio secreto de correos entre México y Veracruz en 1847 durante la invasión estadounidense. Otros puestos incluirían el de diputado bajo el gobierno de Benito Juárez y el de senador durante la administración de Manuel González. Durante su agitada vida Payno sería también periodista y profesor de economía política, todo lo cual surge en la obra como contexto de análisis de la situación socio-política mexicana de su tiempo.

La novela destaca el empuje económico de un país en expansión comercial aunque todavía dependiente del sistema de haciendas. Las vidas de los personajes se entretejen con las fuerzas políticas y económicas impulsadas por el crecimiento que adelanta nuevas posibilidades de movilidad. Desde su perspectiva de economista Payno subraya la relevancia de aspectos como el transporte, la actividad de importación y exportación, el manejo de aduanas en los puertos, la administración de los mercados en la zona urbana, el movimiento comercial en las ferias y otros más, siempre ilustrando su impacto en la sociedad a través del uso de personajes a quienes no falta el detalle psicológico. La relación entre los personajes y su circunstancia explica su comportamiento y permite a Payno subrayar la causalidad de fenómenos como el bandidaje y la corrupción en su obra que él mismo llamó “naturalista”.

Además de la inseguridad en el transporte  Payno discute temas como el caciquismo, el sistema de justicia, la relación del gobierno federal y los estados, el manejo de influencias desde la silla presidencial, y el papel de la prensa en la política y en la manipulación de la opinión pública que tan claramente se desarrolla a fondo como uno de los grandes focos de interés de la obra.

Asalto a diligencia Mexico s. XIX Argumento

La novela abre con el caso insólito reportado por la prensa de Doña Pascuala, una buena mujer vecina de Tlalnepantla, cuyo embarazo –digno de un relato de realismo mágico– se prolonga indefinidamente sin que los médicos puedan ayudarla, por lo que tiene que recurrir a unas brujas indígenas. Muy pronto se introduce el centro dramático de la historia, desde donde se tejen las vidas del resto de los personajes. Se trata del amor prohibido entre Mariana, única hija y heredera del Conde del Sauz, y el joven capitán Juan Robreño, hijo del fiel administrador de la hacienda, quien a pesar de su valor y nobleza de carácter, como dictan los tiempos es inferior a ella. Pero ni la rigidez, ni la crueldad del conde, que llega a extremos casi de sadismo, detienen el producto de ese amor, un hijo que amenaza deshonrar la casa y despertar la ira de su dueño, por lo que en un acto de desobediencia Robreño abandona el campamento militar la noche en que nace su hijo para llevarlo a esconder con una pariente de confianza.

Pero he aquí que el nacimiento del pequeño Juan pone en moción la complicada red de eventos que mueven a los personajes a largo de la historia en un complicado laberinto de coincidencias y reencuentros. En el proceso quedan al descubierto una gama de pasiones, instintos, debilidades, motivaciones, vicios y tipos de conducta humana siempre bajo el ojo compasivo de la Providencia. Con cierta ambientación picaresca que hace la lectura tan deleitable como lo mejor del género costumbrista, Payno usa en la primera parte a Juan como hilo narrativo. Este se ha convertido en huérfano tras su secuestro por la misma bruja que lo piensa sacrificar para asegurar la maternidad a Pascuala. Robreño es acusado de desertor y se convierte en fugitivo; el bebé termina abandonado en un basurero tras el arrepentimiento de la bruja, de donde le salva milagrosamente una perra y le recoge una pobre anciana quien le cuida y comparte su manutención con las indias caritativas de una tortillería.

La mansión de los condes no puede contrastar más con el mundo de pobreza de las clases bajas. Entre los episodios de miseria que le deparan a Juan está el de convertirse en aprendiz de Evaristo el tornero, el cual nos introduce de manera directa al mundo del crimen. El personaje de Evaristo es rico y logra desarrollarse más que el resto ya que su papel marginal le obliga a tomar diversas formas. De ratero ocasional que recurre al robo de madera para desempeñar su trabajo con el único objetivo de sobrevivir, Evaristo comienza su escalada de crímenes que hacen el bandidaje y la inseguridad social, los temas centrales de la novela. Cuando conoce a Tules, protegida del ama de llaves del conde, se deshace de su amante Casilda recurriendo como estrategia a una golpiza. Casilda es en realidad una buena mujer que más tarde se convertirá en un refugio para el pequeño Juan y pieza clave en el desenlace. Mientras tanto, cuando el niño apenas ha encontrado en Tules un alma bella, bondadosa y caritativa que lo cuida y lo protege como madre, tiene que presenciar su violento asesinato.

La peligrosidad de Evaristo aumenta pues como fugitivo de la justicia es cada vez más creativo y aprende a tomar ventaja del incompetente sistema de justicia prevalente. En su escalada de delincuencia utiliza su posición como administrador de una hacienda en una zona aislada para llevar una doble vida de bandido asaltante de caminos, hacendado y guardia rural. La importancia de la ruta Veracruz – México, particularmente entre Puebla y la capital, es decir, en el área de Río Frío, se convierte en un creciente problema de estabilidad política que termina requiriendo la intervención militar. Mientras tanto el poder y fortuna de Evaristo crecen, así como la cuadrilla de bribones a quienes entrena en el robo a diligencias y otros actos de delincuencia. Con todo, esto es sólo la preparación para su encuentro con el otro gran bandido de la novela, Relumbrón, que disparará el crimen organizado hasta las habitaciones de los políticos y aristócratas del país. Payno mismo identificó a un conocido coronel ayudante del entonces presidente de México Antonio López de Santa- Anna, como Relumbrón:

El personaje, pues, que figura en la novela, ha existido realmente; pero por más que he hecho para inventar lances, robos y asesinatos, me he quedado muy atrás de la verdad, y el extracto de la causa habría sido más interesante que cuantas novelas se pueden escribir. (986)

Asalto a diligencia Mexico s. XIX Como personajes principales Evaristo y Relumbrón hacen de esta obra un interesante estudio de criminología. Sorprende como, a pesar de la crudeza y los bajos instintos de Evaristo, Relumbrón resulta un criminal más temible y doblemente más peligroso porque su posición de hombre de sociedad hace más vulnerables a sus víctimas; nadie sospecharía de él como el jefe de la banda de delincuentes que, bajo el disfraz de criados domésticos, ha colocado en las casas de los mismos amigos que asisten a sus tertulias mientras aprovecha para robarles. Sus gustos finos y modales aristócratas, su imagen de buen padre y marido generoso, logran enmascarar su falta de escrúpulos y el alcance de su ambición, la que le lleva a amasar una fortuna a base de la mentira, la trampa, el robo, y el asesinato sin ningún remordimiento. La conclusión es optimista, pero Payno logra plantear a través de su obra una apreciación educada sobre la fragilidad del estado y de las instituciones nacionales de su tiempo.

“Pintura de toda una época”

Aunque Payno ha sido criticado por ciertas imperfecciones en el desarrollo de la novela, Los bandidos de Río Frío es una obra maestra desde cualquier aspecto que se le juzgue. Los personajes son singulares y las situaciones sorprendentes; sus coloridas historias a lo largo de casi mil páginas hacen que la lectura fluya sin aburrir y se enriquezca al seguir varios hilos narrativos.  Los temas son complejos pero están expuestos dentro de su contexto cultural para buscar el análisis social. La novela es entretenida pues además Payno sabe introducir el humor y mantener el suspenso de una manera natural y en un tono personal del que a veces transpiran su patriotismo, su nostalgia por la tierra de sus raíces, y su compasión hacia personajes que como él mismo confesó lo acompañaron en largas horas de soledad en la costa norte de España:

Mirando estas cosas tristes, pensando en la vida tormentosa e infeliz de los pescadores, teniendo siempre delante de mis ojos esa inmensidad del cielo azul y de las aguas verdes y profundas de la mar, pensaba también en las cosas de otro tiempo, en mi patria lejana, y llenaba cuartillas de papel con mis recuerdos, sin saber a cuantas páginas llegaría esta labor que absorbía algunas horas diarias de mi vida aislada y la poblaba a veces de personajes fantásticos o reales que venían a acompañarme  y a platicar conmigo cuando yo los evocaba, cualquiera que fuese el lugar en que se hallaran o el sepulcro en que estuvieran durmiendo el sueño final de los seres humanos. (985)

En su introducción a la edición “Sepan Cuantos” de Porrúa ya en su 26ava edición, Antonio Castro Leal calificó a Los bandidos de Río Frío mejor que nadie como “la pintura de toda una época,” y la resumió así:

Payno nos presenta la vida de aquel tiempo en todos sus aspectos: los miserables y los ricos, las hechiceras y los jueces, los militares y los políticos, los periodistas y los abogados, los petimetres y los sacerdotes, los tahúres y los rábulas, los secretos de las familias nobles y las desventuras de los desamparados, los asaltos de los bandidos y las hazañas de los charros, la ciudad y los pintorescos alrededores, los muladares y los talleres, las tortillerías y los salones elegantes, las funciones religiosas y las partidas de juego, las delicias de la ópera y el regocijo popular de las ejecuciones, los hospicios y las cárceles, las pulquerías y los mercados, las platerías y los mesones, los almacenes de los españoles y las fruterías de los indígenas, las haciendas y los ranchos, las ferias y los herraderos, las aventuras de las diligencias y del tráfico lacustre que llegaba al puerto de San Lázaro, las rivalidades del gobierno federal y de los gobernantes de los estados, las asonadas políticas y las incursiones de los comanches…(viii)

Leal no exageró, en esta obra Payno logró dejarnos una visión amplia y detallada de su época, de su dinamismo y de su pluralidad.

Una novela para niños de Luz Argentina Chiriboga

En Cuéntanos Abuela (2002), una obra que Luz Argentina Chiriboga subtitula “una novela para niños,” la autora esmeraldeña nos regala a todos, también a mayores, un paseo por la magia de una isla “en el Cantón Naranjal,” que nos invita a recordar con nostalgia los mitos fundacionales de la América híbrida y su legado cultural, tanto oral como literario. El paseo es una asombrosa vivencia sensual dentro del mundo natural; porque ciertamente es la Naturaleza el escenario y protagonista de este relato que tiene como hilo narrativo al matrimonio Montti y a su hacienda El Milagro. Al estilo suave y armónico, y a la claridad del lenguaje se une el mensaje sobre el vivir mismo, es decir, una enseñanza de convivencia con nuestro medio ambiente, con su flora y fauna extraordinarias, a las que la voz de la Abuela nos invita a descubrir.

Los patrones Sara y Francesco, Serafín el barquero, Petrona Piedra la curandera, Juan Matos y Manuel Tatá los decimeros, Feo el loco, “tocado por los dioses,” y el resto de los nativos de esta isla privilegiada, comparten la sabiduría que les es concedida gracias a la meditación frente a un paisaje maravilloso, en el cual “buscaban la ocasión para contemplarlo, cantarle, y componer sus décimas.”  Estos son los personajes que dan calor humano al paisaje poblado de miles de seres naturales, desde los más pequeños hasta los más bellos, como las flores y aves más coloridas y sorprendentes, cuya omnipresencia a través del relato protagonizan haciendo de la isla un país mágico, “un milagro.”  Un milagro ciertamente lo es para los ojos modernos que tendemos a olvidar el carácter real pero de pronto legendario de la tierra que alimentó nuestras primeras raíces culturales, protegida a veces por la geografía y la distancia, pero cada vez menos ajena a las amenazas de la rápida industrialización.  Luz Argentina Chiriboga muestra en esta obra su  compromiso como madre, como intelectual, como maestra y como sabia abuela que a través del arte literario toma la tarea de dar voz a una preocupación real por proteger a nuestro medio, difícil de enseñar a la juventud de hoy sin crear un tono de alarma pesimista, sino una adhesión sincera a la visión de respeto por la Tierra.

Los pobladores de la isla, en los que se cuentan Sara y Francesco, una francesa y un italiano,  forman un abanico de diversidad para la pequeña María complementado por sus raíces africanas.  La comunidad es esencialmente un microcosmos a donde llegan las influencias que durante siglos han enriquecido al continente y se han amalgamado en las culturas colonizadas para fundar esta otra nueva y rica cultura que se expresa con fuerza en la práctica de la música, la poesía y la narración de cuentos, como parte de la tradición cultural que aún preserva valores milenarios familiares como el amor a la Naturaleza y la reciprocidad entre colonos.

Diversidad niñez

Cuéntanos Abuela es una historia de amor donde el amor emana de la prosa misma, una descripción que refleja la voluntad apreciativa de la visión afro-autóctona del mundo, siempre en busca de armonía, y siempre en espera del asombroso “milagro” de la vida, entretejida a su vez con la traída por colonizadores europeos, protectores y benefactores a su vez de los logros del pasar humano, que se hace evidente aquí en su amor a las artes trasplantadas al suelo americano, con sus maravillosos instrumentos musicales –el piano, el violín, la guitarra– los cuales elevan la fuerza espiritual de las voces indígenas y africanas ayudados de sus propios instrumentos.   Porque es en Yembayá en donde con insistencia confluye esa fuerza de vida poderosa que inspira el rezo de las mujeres como Sara, a esa diosa de la fertilidad para que le cumpla su deseo de ser madre.  Es también Yembayá  la diosa de las aguas a quien se dirige la señorita tortuga para que ayude a que termine la sequía; y es en última instancia también Yembayá a quien la Tierra misma, arrepentida de su arrogante narcisismo, envía su súplica en un cometa para ser perdonada por la gran diosa y por el cielo.

El legado afro-hispano está también presente en la tradición oral representada por las décimas y por el simbolismo de un personaje como el barquero, quien ofrece sus servicios a cambio de cuentos, dando a estos un valor más real que el de cualquier moneda.  Su dulce vaivén de caras nuevas y familiares, de extranjeros, de nativos, de visitantes y de pianos, es una metáfora viva representativa del fluir de las culturas, y de esa gran constante de la historia que es el paso mismo del hombre por la vida.  Es esta tradición oral rica en historias ejemplares y enseñanzas eje central de la cultura, cuya importancia se hace evidente en la apreciación del duelo de décimas compartido por toda la población que premia a sus más talentosos decimeros, quienes con su talento poético participan en la enseñanza de los niños en asuntos de toda índole, como el peligro de la destrucción de la capa de ozono; y que también recuerdan a mayores ese cuerpo de principios y metas compartidos que forman el sentido de comunidad.

Pero aún este mundo armonioso y lleno de bondad es vulnerable a las imperfecciones humanas.  En el relato se hacen presentes la ignorancia del hombre y los prejuicios de las razas en el compartir un mundo que requiere la convivencia con otras culturas y encuentra en ello el rechazo a otras experiencias humanas.  La pequeña María, recipiente de todo el amor y protección de su familia adoptiva y de su madre, es ella misma el sueño americano todavía vulnerable y falto de protección ante la xenofobia que es aún una realidad para el marginado.  Es una misión para los padres y para las abuelas, asimismo para aquellos que tienen voz y que, ya en poemas, décimas, canciones o cuentos, pueden enseñar a los jóvenes el camino recorrido, pero también el camino a recorrer.  Las vivencias de la Abuela, María, son un testimonio dentro de los 500 años de tradición literaria en América Latina de la todavía vigente necesidad por reafirmar la fusión de los valores de nuestros antepasados amerindios, africanos y europeos.

Entre otras cosas la obra muestra cómo la poesía es capaz de sensibilizar a sus miembros hacia la apreciación del medio y de su lugar en él. En este sentido la experiencia poética debe estar presente en la niñez, y es a la niñez a quien la autora esmeraldeña se dirige. En resumen, es esta una pieza literaria que nos invita a ver la belleza de la diversidad en las culturas, y la majestad y el misterio de la Naturaleza, su importancia para el ser humano, y la obligación que éste tiene de cuidarla a través de la práctica y la enseñanza de los valores de respeto heredados de aquellos antepasados que supieron encontrar en ella el milagro de la vida.                            1/Mar/09 (Rev. 7/Ene/14).

(Este artículo apareció en inglés como prólogo de la traducción  publicada por la Dra. Elba Birmingham-Pokorny.)