Los libros de Frida

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído

– Jorge Luis Borges

Estudio biblioteca de Frida Kahlo, Coyoacán, México

Estudio biblioteca de Frida Kahlo, Coyoacán, México

Cuando Frida Kahlo (1907-1954) señaló que había nacido en el año del inicio de la Revolución Mexicana, subrayaba su identificación con la sociedad naciente de la que era producto tras el derrocamiento de una larga dictadura. Más allá de su contribución al arte, Frida Kahlo participó en una revolución cultural, que por un lado traducía a la práctica los logros de la guerra y por otro miraba hacia los cambios sociales y avances científicos que contruirían la nación moderna.

La curiosidad intelectual y la seria conciencia social de la pintora fueron evidentes desde su adolescencia. Sus biógrafos se refieren al hábito de leer que compartía con el grupo de “los cachuchas” en la Preparatoria Nacional, a la que ingresó en 1922 a la edad de 15 años. Es difícil no apreciar lo que significaba formar parte de la primera generación de mujeres, un número muy reducido entonces, que rompía prejuicios y abría nuevos horizontes en un país todavía iletrado, en donde la educación había sido privilegio de unos pocos, en su mayoría hombres.

Literatura universal

Su biblioteca conserva los ejemplares (muchos en la lengua original) de algunos de los clásicos universales que debieron ocupar horas de estudio a la joven que aspiraba seguir una carrera universitaria: Homero, Esopo, Platón, Moliere, Balzac, Stendhal, Tolstoi, Dostoyevsy, Alarcón, Azorín, Henry James, Rómulo Gallegos y otros, además de la obra maestra de Proust, “A la Re cherché du Temps Perdu”, los Ensayos de Montaigne, las obras escogidas de Edgar Alan Poe, y las obras más conocidas de Gibran Khalil Gibran.

A los libros en prosa se suman un buen número de poemarios y antologías, también en varios idiomas, de muy diversos poetas tanto clásicos como modernos: Sor Juana Inés de la Cruz, Byron y los románticos ingleses, el francés Baudelaire y el americano Walt Withman. Pero predominan los contemporáneos: Carmen Conde, Ramón López Velarde, Enrique González Martínez, Paul Éluard, Rafael Alberti, Octavio Paz, Pablo Neruda y Elías Nandino entre otros, lo que muestra la familiaridad de la pintora con la poesía y los poetas de su tiempo, no pocos de los cuales tuvo la oportunidad de conocer personalmente.

Dormitorio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Dormitorio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Cultura mexicana

Frida estudió a fondo la cultura mexicana, su historia y su literatura a través de clásicos como Altamirano, Fernández de Lizardi, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio. Su biblioteca aún guarda copias de El Zarco, Don Catrín de la Fachenda, Los bandidos de Río Frío y Memorias de un impostor respectivamente. También se encuentra una copia en traducción al inglés de El Indio de Gregorio López y Fuentes (ilustrado por Diego Rivera).

El estudio de México por ambos, Frida y Diego Rivera, con quien se casó en 1929, fue profundo y se complementó significativamente con la lectura de memorias y relatos de diversos autores. Destacan algunos como: Life in México de Frances Calderón de la Barca (1843); Six Months in México de Nellie Bly (1889); A Memoir of México de Leone B. Moats, (1933); Mexican Village de Josefina Niggli (1945); Paricutín (1945) y Mexican Tales (1946), ambos de Bernice Goodspeed; y House in the Sun (1949) de Abbie Dane Chandos. El relato de viajes no se limitó a México, ejemplos: Un turista en Brasil, de Cassats y  Recuerdos de viaje del orientalista Conde de Gabineau.

Su colección acumuló una rica cantidad de fuentes de estudio con relación directa al trabajo de Diego, quien siendo ya un afamado muralista fue para ella un mentor. La biblioteca cuenta con una copia de Diego Rivera: His Life and Times publicado en 1939. Para Frida, el compartir con él la admiración por las culturas prehispánicas y su herencia debió hacer más profundo el deseo de recrear su identidad mestiza y sus raíces autóctonas, que tan singularmente  promovió con vistozos y elegantes atuendos folclóricos y a través de sus cuadros.

Frida y Diego, en su apreciación de la cultura mexicana, habrían compartido agradables tertulias comentando lecturas como La linterna mágica, una colección de novelas de costumbres mexicanas; Música y sociedad en el siglo XX, Imagen del mexicano, El laberinto de la soledad de Octavio Paz en la versión publicada en 1950 en Cuadernos Americanos; o la Historia y Leyendas de las calles de México, que se encuentra hoy con sus libros de noche al lado de su cama.

Estante en el dormitorio de Frida de la Casa Azul, Coyoacán, México

Estante en el dormitorio de Frida de la Casa Azul, Coyoacán, México

Otros títulos que sobresalen como fuentes de referencia histórica son: La Familia Carvajal de Alfonso Toro, que describe las prácticas de la Inquisición a través de la vida de una familia de judíos; La fundación de México por Luis Castillo Ledón, Hernán Cortés en versión de Salvador de Madariaga y Cuauhtémoc de Joaquín Vázquez Rivas. Se suman Nombres de los Reyes de México, Compendio del idioma maya, Tlatelolco a través de los tiempos, Huejotzingo, Tlalocan, y Incidents of Travel in Yucatan del famoso John Lloyd Stephens, quien publicara su gran encuentro con la cultura maya en 1845. Están también Odisea en Bonampák por Enrique Franco Torrijos, el fotógrafo de Chichen-Itzá; México Pintoresco (varios estados); Twentieth century Indians (1941) de Macgregor, y relacionado al tema, An Archeological Reconnaissance of Norwestern Honduras (1938) de Jens Yde.

El estudio del México Independiente, cuyas figuras quedaron plasmadas en los murales de Rivera dejó a la biblioteca de Frida libros y documentos valiosos, entre ellos posiblemente algunos fueran de tiraje limitado; por ejemplo los de la Colección de documentos del museo nacional publicado por la SEP en 1927. Otros documentos diplomáticos e históricos tienen temas como: Hidalgo, Morelos, Hombres ilustres mexicanos, Maximiliano, La Guerra de Independencia, etc. Dentro del tema se encuentran las Cartas del Libertador, de Vicente Lecuna y pueden identificarse todavía ejemplares de Historia de México de Alfonso Toro, Apostillas Históricas de Manuel Romero de Terreros, México a través de los siglos de Vicente Riva Palacio, Viaje a los Estados Unidos de Guillermo Prieto, Historia de la Iglesia en México de Mariano Cuevas, Historia de la Revolución de Nueva España escrita por José Guerra y Breve historia de México de Alfonso Teja Zabre.

Las Ciencias

Frida expresó desde joven su deseo de estudiar medicina, pero el accidente del autobús en 1925 la dejó con serios problemas físicos y dolencias que sufrió el resto de su vida. Entre sus libros hay textos de matemáticas, geología, geometría, estadística y agricultura que la pareja habría usado para consulta; pero llama la atención la copia de Más allá del sol: La estructura del Universo (1944) del inmigrante húngaro argentino Desiderio Papp, autor de múltiples libros de ciencias que usaron generaciones de jóvenes latinoamericanos. Frida compartió con Diego su apoyo a la investigación científica, un ejemplo de ello fue su cuadro inspirado en Luther Burbank, quien impulsó la botánica con experimentos de hibridación logrando cientos de nuevas variedades de plantas. Diego ilustró el mismo concepto de los beneficios de la ciencia aplicada a la agricultura en su mural Hombre en el cruce de caminos (1934).

Es claro que Frida no abandonó por completo su interés por la medicina y siguió de cerca los avances de su tiempo, particularmente en cuanto al tema de la genética. Su biblioteca exhibe aún el cuadro del periodo de gestación que Frida usaría para algunas de sus pinturas. Hay un Compendio de Embriología Humana de A. Fischel y las obras completas de Paracelso, el genio del siglo XVI que revolucionó la medicina. Otros, Winckel’s Textbook of Midwifery, y Ramsbotham’s System of Obstetrics de William Keating describen métodos obstétricos.

Frida Kahlo - El marxismo dará salud a los enfermos, 1954

El marxismo dará salud a los enfermos, 1954

Ciencias en la URSS, y La genética en la URSS de Alan G. Morton habrían inspirado el cuadro El marxismo dará salud a los enfermos, que se muestra arriba. Finalmente Noguchi, de Gustav Eckstein debió despertar un gran interés en Frida por tratarse de uno de los más importantes científicos de su tiempo. Hideyo Noguchi sufrió la pérdida de varios dedos de una mano y serias quemaduras en su cuerpo en un accidente de la niñez. Es posible que Frida sintiera una fuerte identificación con este inmigrante japonés que no obstante la deventaja física y la discriminación que le impidió la práctica de su carrera en su propio país, triunfó en el campo de la investigación en los Estados Unidos. No deja de asombrar la coincidencia de este caso y el de Orozco, ambos modelos de fuerza de voluntad ante los desafios físicos.

Los temas de su tiempo

La biblioteca cuenta con un considerable número de obras de contemporáneos que tuvieron gran influencia en la sociedad de su tiempo. Por ejemplo, de Ezequiel A. Chávez, quien fuera fundador de la cátedra de psicología en la Preparatoria Nacional, el libro De dónde venimos y a dónde vamos (1946). De José Vasconcelos, aún más conocido, Lógica Orgánica; y Ética (1932), de Vicente Lombardo Toledano, líder obrero y fundador del Partido Popular en México, cuyo libro examina el tema de la educación en las escuelas tanto elementales como de segunda enseñanza.

Frida no sólo vivió la Revolución Mexicana, sino además el impacto de la Revolución Rusa, la Primera y la Segunda Guerras Mundiales y la Guerra Civil Española. Su mundo estuvo lleno de refugiados políticos e inmigrantes como su propio padre. Muchos publicaron sobre los temas de la guerra y el exilio: España a hierro y fuego de Alfonso Camín, exiliado en México de 1936 a 1967; Hacia la segunda Revolución de Joaquín Maurín, español exiliado en los Estados Unidos y co fundador del POUM. Leutnant Bertram (1944) del comunista alemán Bodo Uhse, que peleó en las Brigadas Internacionales y también vivió en México, aunque brevemente, en 1949. Su novela trata sobre los nazis y un soldado de la Legión Condor que se pasa al lado republicano. Entdeckungen in Mexiko (1946) del judío checo Egon Erwin Kisch que se refugió en México entre 1940 y 1946.

A las manos de Frida llegó Spartacus (1951), la novela que el periodista Howard Fast inició en prisión tras haber sido encarcelado por McCarthy por que no quiso revelar los nombres de los benefactores que donaron dinero para los huérfanos de los soldados americanos que murieron luchando en las Brigadas Internacionales. También se encuentra La Guerra de las Salamandras (1936 ) en el que Karel Čapek, critica las dictaduras europeas. La hija del coronel (1931) de Richard Aldington, que nuevamente trata el tema de la desilusión de la guerra. Otro es el El crimen de Nuremberg (1954) de F.J.P. Veale, (en inglés Advance to Barbarism, 1948) que critica la guerra y sus consecuencias. El libro del sueco A. Wenner-Gren, Call to Reason (1938) apelaba por encontrar el camino de la moderación para construir una sociedad mejor. Y de Yuri Suhl One foot in America (1950), sobre la experiencia de los inmigrantes y su llegada a los Estados Unidos en los años veinte.

Biblioteca estudio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Biblioteca estudio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Liberación sexual y feminismo

Frida rompió con los prejuicios tradicionalistas de la generación de su madre rodeándose de amistades y modelos de mujeres que desafiaron los estereotipos existentes. De las biografías que pueden encontrarse entre sus libros hoy destacan Catalina la Grande, Isabel de Inglaterra, Lucrecia Borgia, Catalina de Aragón y Catalina de Medicis. Es obvio que la literatura de y sobre mujeres no era prolífica en su tiempo, sin embargo hay evidencia de que Frida buscó modelos afines a ella. Están Such Sweet Compulsion (1938), una autobiografía de la actriz y cantante de opera Geraldine Farrar. Pero probablemete de mayor interés para la pintora fue la autobiografía de Margaret Sanger (1938), considerada una de las primeras feministas activistas pues dedicó gran parte de su vida a promover el derecho de la mujer al uso de los anticonceptivos.

Como Frida, algunas se atrevieron a romper las trabas que reducían el mundo de la mujer a las tares domésticas. En esta lista están Nellie Campobello, quien con su novela Cartucho (1931) se convirtió en la única mujer de su tiempo que publicó sobre la Revolución Mexicana; y la poeta española republicana Carmen Conde, autora de Mujer sin Edén (1947), un poemario en donde Conde toma la voz de Eva y otras figuras bíblicas para interrogar a Dios sobre su papel desde la perspectiva de la mujer. Pero en cuanto al tema de la liberación sexual Frida buscó todas las perspectivas; algunos ejemplos son Once mujeres en la vida de Casanova (1941) de John Erskine, autor de The Moral Obligation to be Intelligent and Other Essays (1915), El Marquéz de Sade y la Europa del siglo XVIII y XIX: Psicopatía de una época y fin de una sociedad, y Tropic of Cancer (1934), de Henry Miller, quien ilustra ampliamente la práctica de la sexualidad en una sociedad que busca vivir sin prejuicios.

El arte

La biblioteca de Frida exhibe decenas de volúmenes en varios idiomas de los clásicos de la pintura universal. Es posible que algunos de sus libros fueran herencia de su padre, Wilhelm Kahlo, y de la etapa en la que aún adolescente, Frida trabajó como grabadora para ayudar a la familia, lo que le acercaría desde temprana edad a Durero, Cranach, Daumier y Bruegel (en flamenco). En una de las notas de su diario escribiría:

Hyeronymys Bosch murió en Hertongenbosh año 1516. Hieronymus Aquen alias Bosch pintor maravilloso quizá nació en Aachen. Me inquieta muchísimo que no se sepa casi nada de este hombre fantástico de genio. Casi un siglo después (menos) vivió el magnífico Bruguel, El viejo, mi amado.

Diario de Frida con versos de Rafael Alberti de La paloma (1941)

Diario de Frida con versos de Rafael Alberti de La paloma (1941)

Se suman visiblemente a la lista Masolino da Panicale, Van Gogh, Degas, Dessins, El Greco, Velázquez, Rembrandt, Goya, De Vinci, Michel Angelo, Cezanne, Chagall, Van Dyck, Picasso, Segantini, Foujita, Pettoruti (1892-1971) Derain, Portinari, etc.

Además de los textos sobre artistas particulares, abundan en su biblioteca las antologías por país, escuela, estilo, o periodo, desde la etapa primitiva hasta la vanguardia, que no se limitan a la pintura occidental: L’Art Prehistorique, Art of the South Seas, Indian Art, Documentos de Arte Colonial Sudamericano (Bolivia), Machine Art, L’Art en Grece, Deutscher Barok, Histoire de la Peinture Moderne, Las Escuelas de pintura, Medieval American Art, Anthologie de la Peinture Francais 1900 a nos jours, Les Artistes Nouveaux, El arte cubista, Contemporary Mexican Artists, etc.. A estos se suman algunos de referencia y sobre técnica y otros varios como Esmaltes y Hierros Forjados.

Es evidente que el interés por el arte que unió a Frida Kahlo y a Diego Rivera enriqueció su agenda y círculo social. La biblioteca contiene publicaciones de diversos museos sobre exhibiciones de tema o artista específico. Asímismo sobre los temas de arquitectura y escultura, que como muralista fueron esenciales para el estudio de Diego. Algunos ejemplos son: The New Architecture in México de Esther Born, Revue Generale de Architecture (1849- 50), Arquitectura y lo demás, The Architectural Record, Cátalogo de construcciones religiosas (los volúmenes aparecen por estado) Arqueología Agustiniana, de J. Pérez Barrados, etc.

La política

Además de clásicos como La mente del hombre de estado de Machiavelo, los libros de Frida sobre política ilustran su ideología anti-imperialista y marxista. Los más visibles son Correspondencia secreta de los principales intervencionistas mexicanos 1860-1862; Doctrina Monroe; La verdad acerca de los diplomáticos norteamericanos, la novela Hijo de Salitre de Velodia Teitelboim (1952) sobre el movimiento obrero en Chile y otros. A estos se suman Izquierda de Rosendo Salazar; La Batalla de Rusia de André Simone; Religion in the URSS, de Yuroslowsky; y muchos escritos por Lenin y Marx: Critique of the Gotha Program, V. I. Lenin; The Tasks of the Proletariat, V. I. Lenin; I. Stalin, V. I. Lenin; El Estado y la Revolución y The Paris Commune ambos de V. I. Lenin; Socialism and War, de G. Zinoviev and V. I. Lenin; Sobre la literatura y el arte, C. Marx y F. Engels; 5 años en la URSS, Angel B. Batalia; Soviet Philosophy, Somerville; La industria de la URSS, E. L.; La Epopeya de Stalingrado, V. Grossman; Behind the Moscow Trail, Max Shachtman y algunos otros.

Frida Kahlo - Moisés o El núcleo de la creación (1945), inspirado en el libro de Freud, Moisés y la religión monoteísta

Moisés o El núcleo de la creación (1945), inspirado en el libro de Freud, Moisés y la religión monoteísta

La cuantiosa colección de libros y documentos que forman la biblioteca de esta reconocida artista muestra la vitalidad intelectual que informó su percepción del mundo y del arte. Además de ilustrar su ideología política y su pasión por la cultura mexicana, la biblioteca hace evidente su familiaridad con la cultura occidental y la historia universal, su gusto por la poesía, su curiosidad científica, su búsqueda de modelos femeninos en quien inspirarse y su interés por las políticas, corrientes y figuras transcendentales de su tiempo.

En una era de cambio y ebullición social los libros debieron ser más que un oasis reconfortante para Frida; una mujer que buscó abrir nuevas fronteras para su sociedad y comprendió los retos que enfrentaba su época. Además de pintora, Frida Kahlo fue una de las intelectuales más admirables de su tiempo. Su sensibilidad artística supo traducir parte de su universo al lenguaje de sus obras. Este comentario general, basado en una observación poco exhaustiva de los libros que son visibles hoy al visitante de la Casa Azul, es sólo otra pequeña ventana a ese universo.

 

Entre la sinrazón quijotesca y el sueño de Segismundo

El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo

-Séneca

Gustave Dore, Don Quijote

En 2015 se cumplen cuatrocientos años de que se publicara el segundo volumen de la gran novela cervantina que dio vida a Don Quijote de la Mancha. El héroe es todavía hoy el símbolo hispano más reconocido y de mayor influencia universalmente, aunque no el único. La era de Cervantes en una de sus más refinadas creaciones barrocas concibió también a Segismundo, otro gran símbolo existencial, con el cual Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) explora la fuerza de la voluntad humana y la capacidad del hombre de elegir su propio destino.

Don Quijote representa el despertar del hombre a la noción que conocemos como Modernidad, ese paradigma que explica al mundo no ya como un ente estático, limitado y predeterminado por un supuesto orden natural, sino como un espacio temporal, contradictorio, multifacético y modificable a partir de la perspectiva individual. Es la historia de un hidalgo empobrecido que enloquece porque dedica sus días y sus noches a la lectura de novelas de caballería, hasta que él mismo toma las armas y sale a “enderezar entuertos”, como lo cree cuando intenta revivir el mundo idealizado de la caballería. Cervantes no sólo introdujo con su personaje la noción de la irracionalidad en la nueva visión de la vida, sino la colocó en el centro de ese mundo que otorga al hombre la libertad de crearse a sí mismo, independientemente de que pueda o no modificar su medio.

A diferencia de los héroes y dioses de la mitología grecolatina, que ayudados por el Olimpo enfrentan enemigos naturales y sobrenaturales, el héroe moderno, legado de Cervantes a la filosofía liberal, es un marginado sin otro poder que su voluntad. Y así, cargado sólo con su interpretación de la masa de conocimiento acumulada por incontables noches de lectura y meditación, es incapaz de distinguir la verdad de la ficción, la ciencia de la magia y la historia del mito. Su salvación consiste en regir su comportamiento a partir de un código de virtud auto-impuesto, y a prueba de esa gran enemiga que define al mundo moderno, la contradicción.

Gustave Dore, Don Quijote y los molinos de viento
Como en un juego de espejos, Don Quijote es imagen y es esencia, la ficción caballeresca y la voluntad pura en pos de la virtud; pero Don Quijote es por sobre todo, sus actos. La imagen, como en un espejo refleja la sinrazón de su mundo, pero enfrentarla le da sentido a la experiencia existencial, en choque con las contradicciones que han de embestir al hombre en su camino. La noción de orden promovida por el pensamiento católico ortodoxo de la Edad Media europea queda destruida para siempre en una comedia de errores que delata la hipocresía de las fuerzas dominantes, en este caso la falsedad de los bachilleres y duques, cuya frivolidad va de la mano de la ignorancia.

El triunfo está en la búsqueda de la virtud

La novela se convierte en una guía existencial que contrasta el idealismo estoico quijotesco con el mundo real de lo cotidiano, aquel que embrutece al hombre en la monotonía y la pasividad. Como base cultural de valores hispanos, Don Quijote rescata la vena noble del hombre, le dignifica a través de la fe en sí mismo y en sus metas. Esa es la enseñanza a Sancho, su fiel escudero y discípulo, un hombre común, un campesino burdo que también se atreve a soñar hasta convertirse en gobernador de una ínsula. Y no importa aquí que todo sea una broma de los duques, Sancho actúa con la mayor virtud, como Don Quijote le ha instruido: “la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale” ha dicho su maestro. Como mentor, el sabio caballero andante se da a la tarea de prepararlo bien pues, “los oficios y grandes cargos no son otra cosa que un golfo profundo de confusiones”, por lo que el mensaje es que para tener éxito, es necesario ante todo buscar la superación moral:

Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle esta la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. (II, XLII)   

La humildad, la prudencia y la misericordia son las armas que Don Quijote le recuerda llevar a Sancho al gobierno de la ínsula:

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlos en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena… Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. . . Al culpado que cayere debajo de tu juridición considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia, que el de la justicia.   (II, XLII)

Cervantes no deja duda de la cordura de su héroe en este episodio, ya que se toma la precaución de aclarar que, mientras no se tratara de caballería, “en los demás discursos mostraba tener claro y desenfadado entendimiento”; pero Sancho, siempre con los pies en la tierra, tiene dudas:

— Señor  -replicó Sancho–, si a vuestra merced le parece que no soy de pro para este gobierno, desde aquí le suelto…vera que sólo vuestra merced me ha puesto en esto de gobernar: que yo no sé más de gobiernos de ínsulas que un buitre; y si se imagina que por ser gobernador me ha de llevar el diablo, más me quiero ir Sancho al cielo  que gobernador al infierno.

— Por Dios, Sancho –dijo Don Quijote–, que por sólo estas últimas razones que has dicho juzgo que mereces ser gobernador de mil ínsulas… (II, XLIII)    

La meta más alta del hombre es la conquista de sí mismo

Segismundo es el otro gran ícono del estoicismo hispano. En su obra maestra La vida es sueño, Calderón explora como Cervantes, la capacidad humana de trascender la propia condición, y lo hace con un planteamiento original que aísla al héroe de su mundo. Segismundo es realmente un príncipe, y aunque no pierde la razón, no puede distinguir al sueño de la realidad. En esto enfrenta también como Don Quijote la contradicción, y el reto para Segismundo es superar la oscuridad de su condición, ignorar la ambigüedad de su circunstancia y actuar con virtud.

Goya, Desastres de la Guerra

Goya, Desastres de la Guerra

Al nacer su hijo, alarmado por presagios de que sería un tirano, Basilio, el rey de Polonia hizo encerrar a Segismundo en una prisión secreta. El único ser humano con quien tiene contacto es el ministro de su padre, Clotaldo, su carcelero y tutor. Al paso del tiempo el rey, ya viejo, debe decidir quién será su sucesor, y antes de entregar el reino a su sobrino Astolfo, ordena traer dormido a Segismundo al palacio, haciéndole creer que está soñando y así poder observarlo. Segismundo se comporta con soberbia, y no puede controlar la ira y el resentimiento contra un padre del que nunca recibió amor; la violencia con la que trata a uno de los criados confirma en ojos de Basilio la veracidad de las predicciones, por lo que éste regresa a su hijo al calabozo, otra vez dormido por narcóticos. Más tarde, soldados y súbditos que no quieren a Astolfo lo reclaman como rey y lo liberan, pero dudoso de que sea otro sueño, Segismundo se resiste:

Que no quiero majestades
fingidas, pompas no quiero
fantásticas, ilusiones
que al soplo menos ligero
del aura han de deshacerse
(III, 2309-13)

Sin embargo, pronto comprende que es imposible saber si sueña o no y que aun las experiencias reales parecen sueños en el recuerdo. Ante la incertidumbre Segismundo decide que conviene actuar siempre bien, y así sale a pelear por su reino contra el ejército de su padre:

Pues que la vida es tan corta,
soñemos, alma, soñemos
otra vez; pero ha de ser
con atención y consejo
de que hemos de dispertar
(III, 2357-61)

Libre de las cadenas Segismundo es tentado una vez más a usar su majestad y poder cuando Rosaura, de quien se ha enamorado y a quien estuvo a punto de forzar para él en el palacio, se ve desamparada y viene a pedir su ayuda para vengar su honra. En esta ocasión él le da la espalda sin responder:

No te hablo, porque quiero
que te hablen por mi mis obras,
ni te miro, porque es fuerza,
en pena tan rigurosa,
que no mire tu hermosura
quien ha de mirar tu honra.
(III, 3006-11)

Segismundo vence sobre sus propios instintos, también vence en el campo de batalla, pero su nobleza y virtud, y con ellas su derecho a reinar, quedan demostradas cuando perdona y se postra él mismo ante su padre y manda a prisión al soldado que traicionó al rey y del que consiguiera su libertad. Calderón deja claro que el verdadero triunfo de Segismundo es la conquista de sí mismo, en este caso, el sacrificar lo que se quiere cuando es más importante actuar bien; esto se muestra cuando sacrifica su amor por Rosaura y la cede a Astolfo:

Pues que ya vencer aguarda
mi valor grandes victorias,
hoy ha de ser la más alta
vencerme a mí. –Astolfo dé
la mano luego a Rosaura,
pues sabe que de su honor
es deuda, y yo he de cobrarla.
(III, 3251-57)

Vigencia del simbolismo

No es difícil ver como un símbolo barroco en su concepción, se convierte en el héroe más romántico de los héroes. El carácter marginal de Don Quijote, su lucha contracorriente, su anhelo de justicia en las causas de los necesitados, reviven su simbolismo en el periodo independentista de la era napoleónica. Simón Bolívar reestableció el linaje quijotesco adoptándolo a su sueño de insurgencia liberal, y comparando su lucha contra la sinrazón como “arar en el mar”.  Y sí Don Quijote es barroco y romántico, también es moderno y posmoderno, porque mientras el mundo envejece y se vuelve a inventar, el simbolismo del héroe cervantino persiste iluminando el mejor camino a seguir y revelando que la vida no es sino el anhelo mismo de ser.

Cuando termina el sueño, la aventura quijotesca, y el caballero regresa a la realidad de su mundo, muere el héroe; tan bien lo comprende Sancho que para tratar de impedirlo pide a su amo salir otra vez ahora como pastores. Igualmente, Calderón enseña a enfrentar la incertidumbre, a poner la voluntad en la conquista de uno mismo y soñar. Ambos, Don Quijote y Segismundo trascienden su tiempo, porque lejos de ofrecer un lente para mirar al mundo, descubren el camino para vivir en él. El mensaje no es sólo para locos idealistas, sino para el hombre común que reconoce la sinrazón de la vida, su naturaleza contradictoria, su esencia ambigua, como lo entiende Segismundo:

     Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños sueños son.
(II, 2178-87)

El gran regalo de Cervantes a la cultura universal, el símbolo de Don Quijote, es siempre contemporáneo; nos recuerda que el sentido de la vida está en la búsqueda de la virtud y en la voluntad de acción que transforma al ser humano en héroe, la mujer no queda fuera del mensaje. La filosofía del héroe cervantino, que hace eco en La vida es sueño, reitera la fidelidad a valores universales que garantiza al ser humano su salvación y trascendencia, porque, como lo expresó Séneca, la fuerza del hombre descansa en el dominio de sí mismo; y porque para el héroe cervantino, y es lo que apuntó bien Unamuno, lo que está en juego es la inmortalidad, y la inmortalidad no es sólo un lugar donde reposa el alma sino la vida en la memoria de otros.

Cervantes y la hija de Pizarro

Viéndose, pues, tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen, que es el pasarse a las indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados,* salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores …

Cervantes, El celoso extremeño

Entre la primera y la segunda parte de su obra maestra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Cervantes publicó una serie de pequeñas historias en su colección de Novelas ejemplares (1613). Para entonces ya tendría alrededor de 66 años y un amplio conocimiento de su tiempo y su sociedad. Una de ellas, la historia de El celoso extremeño, es un ejemplo del carácter destructivo de los celos cuando alcanzan extremos enfermizos; pero el título se refiere más bien a Extremadura, provincia particularmente ilustre en el tiempo de Cervantes por ser cuna de célebres conquistadores.

Hijo de nobles ricos, el extremeño Felipo de Carrizales estaba acostumbrado a tener y a gastar. A los cuarenta y ocho años había acabado con la herencia familiar y por ello decide embarcarse al Perú. Veinte años más tarde regresa otra vez rico, y a pesar de que reconoce en los celos su mayor debilidad, no puede resistir el deseo de tomar una esposa, particularmente tratándose de alguien tan joven como Leonor, quien tiene apenas entre trece y catorce años. Dada su excelente posición económica a Carrizales no le es difícil conseguir el permiso de los nobles pero empobrecidos padres de ésta.

Hoy sólo podemos especular sobre cómo Cervantes concibió su caso ejemplar y en quién se inspiró para crear a Carrizales. Durante su vida seguramente conoció a un buen número de matrimonios donde la diferencia de edad era grande, él mismo calificaría en el grupo; pero pensó en Extremadura, y al situar su historia allí, tendría que recordar a Francisco y a Hernando Pizarro, dos de los más ilustres extremeños de su tiempo. También Trujillo le era bastante familiar. En 1582 Cervantes fue huésped de Juan Pizarro de Orellana, quien había participado en la conquista del Perú exhortado por su primo Francisco Pizarro. Este reclutó en 1530 a un buen número de allegados y vecinos extremeños a participar en la gran aventura de sus vidas. La fortuna había favorecido la empresa y era visible en la prosperidad de Trujillo. En esa visita Cervantes pudo apreciar el auge que como producto de la riqueza obtenida en las Indias, la ciudad mostraba en sus numerosos nuevos palacios y en la restauración y ornamentación de sus iglesias.

Durante su estancia en Trujillo Cervantes tuvo que haber escuchado las historias fantásticas de la Conquista, de la muerte en 1536 de Juan Pizarro y del asesinato de Francisco y Gonzalo poco después; pero más importante aún es que tuvo que haber oído sobre Hernando Pizarro, muerto a una edad avanzada apenas hacía unos cinco años y a unos pasos de allí. Su monumental palacio, el Palacio de los Marqueses de la Conquista, construido por el propio Hernando hacía no más de 20 años, estaba muy cerca de donde Cervantes se hospedaba. La viuda, Francisca ya estaría viviendo en Madrid, o quizás no, quizás se cruzaron alguna vez por la calle. Pero Cervantes, con seguridad se detuvo más de una vez a mirar en la fachada los rostros esculpidos en cantera: el busto de Francisco Pizarro y el de su joven esposa y princesa india, Inés Huaylas Yupanqui, hija del gran Huayna Cápac (padre también éste de su medio hermano Atahualpa). Cervantes habría tenido tiempo de meditar sobre la hija de estos dos, Francisca Pizarro Yupanqui, que aparece esculpida bella, joven y lozana justo abajo de su marido Hernando, el rostro de éste casi tan viejo, enjuto y barbón como el de Francisco, su medio hermano y suegro.

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[column]Busto de Francisca Pizarro en Palacio de la Conquista[/column]

[column]Bustos de Hernando y Francisca Pizarro en Palacio de la Conquista[/column]
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La hija de Pizarro (1534-1598)

Siguiendo la costumbre incaica en convenios de alianza política, Francisco Pizarro recibió de Atahualpa a una mujer noble para hacerla su esposa, se trataba de una de sus medias hermanas. Después del bautizo la princesa se convirtió en Inés Huaylas Yupanqui. De los dos hijos de la pareja sólo Francisca llegó a edad adulta. Sin embargo, en poco tiempo Pizarro se separó de Inés casándola con Francisco de Ampuero, hombre que había entrado recientemente a su servicio. En la investigación de la historiadora María Rostworowski, había sido Hernando quien trajo a Ampuero al Perú cuando regresó después de llevar a España el quinto del rey del rescate de Atahualpa.

En su libro Doña Francisca Pizarro, Rostworowski menciona que después de la separación, Francisco Pizarro había llevado a su hija de apenas unos tres años a vivir con su medio hermano Francisco Martín de Alcántara y con su esposa Inés Muñoz, quienes se habían establecido en Perú:

Francisca recibiría una educación muy esmerada para la época. El chantre fray Cristóbal de Molina (nombrado en su primer testamento) le enseñó el clavicordio y con otros profesores practicaba la danza. Desde muy joven mostró una afición muy limeña por el lujo en su vestuario, según consta en las cuentas que llevaba su tutor Antonio de Rivera”. (38)

Durante la niñez Francisca debió ver poco a su padre y tíos pues continuaban los levantamientos indígenas y la guerra de los Pizarro contra la facción de Diego de Almagro, quien reclamaba su parte en la administración de los nuevos territorios conquistados. Los Pizarro habían usado su poder militar en beneficio propio y tomado ventaja de su autoridad en aquellos primeros años de la invasión. Francisco terminaría asesinando a Almagro, pero envió a Hernando Pizarro –siendo este el único hijo legítimo de los Pizarro y el mejor educado pues sabía leer– para que abogara sobre los hechos ante el rey.

Se sabe que Hernando era un hombre astuto y siempre atento al dinero; en las Indias cometió numerosas crueldades y abusos por lo que había caído de la gracia del rey. En el juicio fue encontrado culpable y sentenciado a prisión. Inicialmente cumpliría la condena de veinte años en Africa pero, en parte por tratarse de un noble, se le envió al Castillo de la Mota en Medina del Campo, donde no carecía de comodidades y podía ser visitado. Allí contó con la compañía de una joven llamada Isabel Mercado con quien tuvo hijos. Al parecer como era huérfana, aunque de padres nobles, la tía de ésta personalmente la llevó a él esperando que se casarían.

Entretanto, Francisco Pizarro había sido asesinado por el hijo de Almagro en 1541 pero en su testamento pidió que sus hijos se criaran al lado de su familia. A los siete años Francisca se convirtió en la mestiza más rica del Perú y su albacea sería Hernando. Con el tiempo la adolescente fue llevada a España y probablemente habría ido a vivir con sus tíos en Trujillo si Hernando Pizarro no hubiese mandado por ella desde La Mota. Hernando se deshizo de Isabel y en 1552 se unió en matrimonio con su sobrina Francisca con quien vivió en su retiro hasta el término de su condena en 1561. La pareja se mudó luego a la propiedad de Hernando en La Zarza, en las cercanías de Trujillo, mientras se construía el palacio que Hernando mandó hacer sobre propiedades heredadas de su padre.

No se sabe la edad exacta de Hernando Pizarro, pero se ha especulado que llegó a vivir más de cien años y sabemos con seguridad que Francisca tenía 44 cuando el tío esposo murió en 1578, recomendándole que no se casara. Su vida no fue fácil, separada de su madre, huérfana de padre, lejos de todo lo que le era familiar, en un matrimonio impuesto, debió también sufrir la muerte de dos hijos pequeños; ya viuda perdió a su hija Inés quien acababa de casarse; poco más tarde murió Juan; y al final sólo el mayor de los cinco, Francisco, sobrevivió. Durante los más de 25 años de matrimonio no se conocen datos del tipo de vida social que llevaban, pero es de esperar que fuesen devotos y cumpliesen con sus obligaciones religiosas. Muy probablemente Hernando fue un marido autoritario y rígido, y en su situación Francisca se habría tenido que adaptar a una vida de quietud y sumisión. Quizá el estar en posición de contribuir a buenas obras le traería satisfacciones. Entre otras donaciones, hay evidencia de que su fortuna ayudó a construir la Catedral de Lima.

En El celoso extremeño el claustro que Carrizales crea alrededor de Leonor atrae como a un reto a un joven travieso llamado Loaysa y ayuda a que los criados, aburridos del encierro se dejen convencer y engañar por él. Este solo quiere probar su astucia y en acuerdo con sus amigos logra introducirse a la fortaleza. El mismo facilita la sustancia que pone a dormir al viejo para sacar la llave maestra del colchón. Una vez dentro, la dueña le facilita la oportunidad de estar a solas con Leonor, y cuando finalmente Carrizales se da cuenta de que sus puertas, cerrojos y demás medidas de control han fallado, se culpa a sí mismo más que a nadie: “Yo fui el que, como el gusano de seda, me fabriqué la casa donde muriese, y a ti no te culpo ¡Oh niña mal aconsejada!”

Las cosas acaban mal para Carrizales quien muere de pesar, y quizás para Leonor también pues decide hacerse monja, a pesar de haber recibido la herencia del marido y la bendición de éste para casarse. Para el atrevido Loaysa que quiso reírse del viejo fue peor, pues el desprecio de Leonor le deja despechado y decide partir a las Indias.

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[column]Interior Palacio de la Conquista [/column]

[column]Interior en Palacio de la Conquista [/column]
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¿Habrá pensado Cervantes en el nombre de los Loayza de Trujillo cuando escribió su historia? Fue un vecino de Trujillo bien conocido de Gonzalo Pizarro, Fray Jerónimo de Loayza, el encargado del proyecto de la construcción de la catedral de Lima. Oiría Cervantes rumores de algún amor furtivo entre la joven esposa y un mancebo vecino del lugar? Sólo podemos especular, pero para describir el interior del Palacio de la Conquista no puede haber mejor manera que tomar las palabras de Cervantes cuando se refirió a la amurallada casa del celoso Carrizales, quien “levantó las paredes de la azuteas de tal manera que el que entraba en la casa había de mirar al cielo por línea recta, sin que pudiesen ver otra cosa.”

Es evidente que la inteligencia de Hernando siempre estuvo al servicio de su conveniencia, y tratándose de grandes fortunas, se puede entender que el casamiento con su sobrina aseguraba la protección de una de las más ricas herencias de su tiempo. Si Francisca tuvo otros anhelos, las circunstancias no le favorecieron. Y sin embargo, a diferencia de Leonor, es posible que encontrara el amor, pues ignorando la recomendación de Hernando se casó por segunda vez, y en esta ocasión con alguien menor que ella; el novio, Don Pedro Arias Portocarrero, era además hermano de su nuera. Hernando se hubiese sorprendido. Del matrimonio se sabe que la fortuna de doña Francisca se redujo notablemente tras su mudanza a Madrid, lo que sugiere que la pareja disfrutó una vida cortesana. Doña Francisca Pizarro Yupanqui de Pizarro murió en 1598, a los 64 años, dejando una generosa herencia a su marido.

Y yo quedé con el deseo de llegar al fin de este suceso, ejemplo y espejo de lo poco que hay que fiar de llaves, tornos y paredes cuando queda la voluntad libre, y de lo menos que hay que confiar de verdes y pocos años, si les andan al oído exhortaciones de estas dueñas de monjil negro y tendido y tocas blancas y luengas.

El celoso extremeño

Monumento a Francisca Pizarro en Jauja, Perú

Monumento a Francisca Pizarro en Jauja, Perú

Por casi medio milenio su historia fue ignorada pero el 22 de agosto de 2009 se develó la primera estatua dedicada a Francisca Pizarro en América Latina, reconociéndola como la “primera mestiza” del Perú. La estatua puede ser admirada en la Plaza de Armas de Jauja, primera capital de la gran colonia andina que Pizarro nombró antes de fundar Lima.

*“alzados” significa los que están en la quiebra o temen a sus deudores y ser detenidos por la justicia.

Chiapas en la memoria de Rosario Castellanos

Rosario Castellanos
Rosario Castellanos profundizó en el tema de la condición indígena cuando México intentaba salir del atraso.  Sus novelas principales Balún Canán (1957) y Oficio de tinieblas (1964), así como algunos de sus cuentos, describen a fondo los excesos de un sistema clasista que siendo perfectamente visible, era fácil ignorar. El sistema había marginado y seguía marginando al indígena; le había negado los derechos más básicos, y lo seguía haciendo. Le había despojado de la tierra.

La pregunta es ¿qué hemos aprendido de su cátedra, de ese examen de nuestra herencia racista, de esa miopía que nos impidió reconocer la explotación del otro, del más vulnerable?  Por siglos la organización económica en Chiapas dependió de la explotación del indígena, y el mal trato y repudio social a éste resultaron en su deshumanización.  Despojado de la tierra, desmantelada su estructura social, y cercenada su base religiosa y cultural, el indígena fue excluido del mapa social, reducido sistemáticamente a su rendimiento físico.

Despojo y desplazamiento

En La muerte del tigre, Rosario Castellanos describió el proceso de desculturización de los Bolometic que les convirtió en nómadas y culminó con la pérdida de su esencia humana. Guiados sólo por su instinto de sobrevivencia, los que lograron escapar a la cárcel o a la esclavitud, “buscaron refugio en las estribaciones del cerro. . . [e] iniciaron una vida precaria en la que el recuerdo de las pasadas grandezas fue esfumándose, en la que su historia se convirtió en un manso rescoldo que ninguno era capaz de avivar” (15).

La muerte del tigre y otros cuentos - Rosario Castellanos

La tribu de los Bolometic ve morir a viejos y niños antes de instalarse en un terreno tan alto donde “la tierra mostraba la esterilidad de su entraña en grietas profundas. Y el agua, de mala índole, quedaba lejos” (17). El sistema se basó en el arrebato y la posesión de la tierra por unos cuantos caciques, por los caxlanes (hombres blancos) y extranjeros protegidos por falsos abogados y por documentos que los indígenas no podían leer. La “ley” fue el arma última del abuso:

En este papel que habla se consigna la verdad. Y la verdad es que todo este rumbo, con sus laderas buenas para sembrar trigo, con sus pinares que han de talarse para abastecimiento de leña y carbón, con sus ríos que moverán molinos, es propiedad de Don Diego Mijangos y Orantes, quien probó su descendencia directa de aquél otro don Diego Mijangos, conquistador, y de los Mijangos que sobrevinieron. (16)

Por otro lado, los Bolometic “habían olvidado el arte de guerrear y no habían aprendido el de argüir”.  Era fácil engañarlos, y como tantos otros cayeron presa de los “enganchadores” que alejándolos de sus familias, les transportaron a las tierras bajas con la promesa de trabajo, a sabiendas de que muchos morirían o terminarían atados a deudas en la tienda de raya, deudas que a su muerte pasarían a sus hijos.

Balun Canan - Rosario Castellanos

En Balún Canán Rosario Castellanos narra la historia de una familia representativa de la clase pudiente de Comitán, Chiapas durante el movimiento de reforma agraria y educativa que intentaba llevar a cabo el gobierno de Lázaro Cárdenas. La servidumbre y los trabajadores del campo viven miserablemente bajo caxlanes y ladinos que les explotan. La iglesia, vista como aliada de la clase en el poder, también tiene un papel alienante en la vida del indígena. Pero además se examinan los motivantes psicológicos y las prácticas que dominaron las relaciones entre los diversos actores sociales en Chiapas, desde hacía siglos.

Relación con la Tierra

Para el indígena el despojo de la tierra es más que un exilio; sin ella se encuentra perdido en un mundo que le es completamente ajeno. La tierra es su patria, es recipiente e inspiración de sus ritos: ritos de fertilidad, de iniciación, de vida, de muerte, y de comunión. La tierra es la madre a donde regresan los hijos y es quien mantiene vivas las memorias y las creencias de todo un pueblo. Sin la tierra, el indio ha sido arrancado de manera total de su esencia; sin la tierra, el hombre es un esclavo de otros. Balún Canán describe así este sentimiento que se cita aquí sólo en parte:

Los que por primera vez nombraron esta tierra la tuvieron entre su boca como
suya. Y era un sabor de mazorca que dobla la caña con su peso. Y era la miel
espesa y blanca de la guanábana. Y la pulpa lunar de la anona. Y la aceitosa semilla
del zapote. Y el lento rezumar del jugo en el tronco herido de la palmera. Pero
también hálito, niebla madrugadora que deja seña de su paso en el follaje.
………………………………………………………………………………………………………………..
Los que por primera vez se establecieron en esta tierra llevaron cuenta de ella
como de un tesoro. La extensión del milperío y las otras cosechas. La zona para la
persecución del ciervo. La encrucijada donde el tigre salta sobre su presa.
………………………………………………………………………………………………………………..
Los que vinieron después bautizaron las cosas de otro modo. Nuestra Señora de
la Salud. Este era el nombre de los días de fiesta que los indios no sabían
pronunciar. Les era ajeno. Como la casa grande. Como la ermita. Como el trapiche.
Los ladinos midieron la tierra y la cercaron. Y pusieron mojones hasta donde les
era posible decir: es mío. Y alzaron su casa sobre una colina favorecida de los
vientos. Y dejaron la ermita allí, al alcance de sus ojos. Y para el trapiche
calcularon una distancia generosa que fue cubriendo, un año añadido al otro año, la
expansión del cañaveral.
El trapiche pesó sobre la tierra después de haber pesado sobre el lomo vencido
de los indios. (192-194)

Marginación

Con la tierra, no sólo se le arrebató el medio de subsistencia sino el derecho a adorar con reverencia la fertilidad que rinde sus frutos de vida. Sin el rito y la comunión sólo queda el alcohol, que embrutece al indio convirtiéndolo en la bestia que el blanco quiere ver en él. Su vida se desenvuelve sin pasado ni futuro. La pérdida de su identidad, de su waigel, su tigre y espíritu protector, el centro que daba sentido a su vida es la pérdida de su conexión con el todo inseparable. El indígena perdió su lugar en ese universo y con él lo que le otorgaba dignidad, y un propósito de vida. Con la tierra perdió su rostro, su voz y sus raíces, emigró a las ciudades y luego al Norte. Y es claro que en todo esto hay una gran enseñanza, pero la pregunta es, ¿qué hemos aprendido?

Oficio de tinieblas - Rosario Castellanos
En Oficio de tinieblas se narra así la el sentimiento de alienación y de exilio:

Grupos de indios ateridos se acurrucan en torno a la fogata. Sus jacales no los defienden lo bastante de la intemperie y buscan este calor breve y huidizo, y la compañía y la conversación. Alguno saca de entre sus ropas una flauta de caña labrada torpemente. Música de pastor que entretiene sus soledades, balbuceo de una raza que ha perdido la memoria. Los demás escuchan a ratos. Lejos, la mujer que muele el maíz suspende su tarea, absorta en el ensueño que la libera un instante del cansancio y de la rutina embrutecedora. (143)

La noción de barbarie asociada tradicionalmente con el indio aparece, sí, pero recae en las prácticas de corrupción, abuso e impunidad, en escenas de tortura, sacrificio, y abuso sexual sistemático de mujeres indígenas que Leonardo, el cacique de Oficio de tinieblas, lleva a cabo ayudado por su cómplice, una alcahueta que le facilita preferentemente a las vírgenes indefensas. Impacta el secuestro de la joven madre india, quien es forzada a amamantar a la hija de la patrona, y a dejar morir por ello a su propio recién nacido, para luego ser rechazada por los suyos.

Claramente se subraya el oscurantismo generalizado de una sociedad que carece de conciencia frente al abuso de la ignorancia, la debilidad y la ingenuidad del indio; éste, a quien como a los Bolometic, “siglos de sumisión” le habían “deformado” (17), le habían acostumbrado a la miseria. Y sin embargo, no estamos frente a seres mitificados para la museografía, pues en un medio así, también los indígenas son capaces de actos brutales, como el de dar muerte al sacerdote que se atrevió a destruir sus ídolos, de arrojar de su casa a una mujer por ser estéril, y de rechazar a uno de su propia raza, emboscarlo y darle muerte o cortarle las manos como a un traidor.

Sobre la educación

Las obras apuntan ante todo hacia la importancia de la educación y denuncian el acto de arrebatar al indígena la voz. Porque para Rosario Castellanos la lengua es el elemento esencial de una cultura y la garantía de su preservación. Así, en Balún Canán, la india recuerda: “–Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria”. (9) Castellanos, ella misma una maestra, ve la educación como un paso necesario en la restitución al indígena, una manera de regresarle la palabra, el centro de la identidad cultural, la que a su vez da al sujeto un derecho de igualdad. Un pasaje de Balún Canán reitera la idea, cuando Felipe participa en la construcción de la escuela:

Esta es nuestra casa. Aquí la memoria que perdimos vendrá a ser como la doncella rescatada a la turbulencia de los ríos. Y se sentará entre nosotros para adoctrinarnos.  Y la escucharemos con reverencia. Y nuestros rostros resplandecerán como cuando da en ellos el alba. (125-126)

También en Oficio de tinieblas, otro indígena, Pedro González Winiktón experimenta la transformación que trae el saber:

Pedro se desvelaba con los ojos fijos en la cartilla de San Miguel, contemplando aquellos signos que lentamente penetraban en su entendimiento. ¡Qué orgullo, al día siguiente, presentarse ante los demás con la lección sabida! ¡Qué emoción descubrir los nombres de los objetos y pronunciarlos y escribirlos y apoderarse así del mundo! ¡Qué asombro cuando escuchó, por primera vez, ‘hablar el papel’! (58)

Sin embargo, la ley cardenista que ordena educar al indígena amenaza el equilibrio de un sistema lucrativo de explotación humana, para cuyo éxito depende de la ignorancia del oprimido, como se ve en la reacción de César, el cacique de Balún Canán, ante el mandato presidencial de educar a los indios:

Hay que cuidarlos para que no pidan lo que no les conviene. ¡Ejidos! Los indios no trabajan si la punta del chicote no les escuece en el lomo. ¡Escuela! Para aprender a leer. ¿A leer qué? Para aprender español. Ningún ladino que se respete condescenderá a hablar en español con un indio. (188)

Han pasado más de cincuenta años desde la publicación de la primera gran novela de Rosario Castellanos. En ella y en toda su obra participó en el diálogo sobre los grandes problemas de México y sus raíces; problemas como la marginación del indígena, el derecho a la educación, el abuso del poder, la corrupción, la necesidad de justicia, la pobreza y el desplazamiento, entre otros.  Cincuenta años y una Revolución después los temas que le preocuparon siguen siendo actuales, aunque su perspectiva humana no pudo ser más profunda.

Rosario Castellanos Obras

El juicio de Colón

Colón en Santo Domingo

Santo Domingo

El nuevo siglo lleva a juicio de Colón

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!

– Rubén Darío

Pocas son las figuras que como Cristóbal Colón han galvanizado la atención de generaciones enteras que reviven sus hazañas. Y sin embargo no es claro si se trata de una de las figuras más afortunadas o más trágicas de la historia. El hecho es que tiene algo de las dos. En vida su gloria fue exorbitante pues probó la fama como pocos, pero también fue efímera al convertirse en víctima de la intriga, la traición, el desprestigio y el olvido. Su muerte tampoco ha estado exenta de altibajos y contratiempos.  A lo largo de la historia tres países han alegado tener sus restos. Por un tiempo su cuerpo descansó en un monasterio en España pero Beatriz, la madre de su segundo hijo, queriendo cumplir su último deseo le hizo trasladar a lo que hoy es la República Dominicana, la tierra que él llamó “Española”.  Supuestamente, los restos de Colón descansaron en Cuba por un tiempo antes de ser solicitados nuevamente por España, pero debido a fallas en la supervisión y manejo del pedido, persiste la duda de que no fueran sus restos los que llegaron hasta el nicho de la Catedral de Sevilla, donde hoy le visitan miles de turistas al año.  A pesar de que las pruebas científicas recientes parecen demostrar lo contrario, hay quienes todavía argumentan que al menos parte de esos restos quedaron en el continente que él introdujo a Europa.

La figura de Cristóbal Colón es monumental desde cualquier ángulo que se le mire. Pocos hombres han logrado cambiar el rumbo de la historia como él lo hizo. Tan trascendental fue su arribo a Española en 1492 que desde entonces se modificó nuestro registro del tiempo, y así como hay un ‘antes de Cristo’ y un ‘después de Cristo, lo “precolombino” se refiere a lo anterior a Colón. La palabra traducida a concepto y el concepto a ideología creó el lente que durante casi quinientos años determinó la manera en que hemos interpretado a la América Latina. Lo precolombino fue el atraso, el paganismo o la idolatría sacrílega, los sacrificios humanos, lo indígena y/o lo primitivo. No hace falta mencionar que bajo este paradigma Colón representa la llegada de la civilización.

En la historia oficial que dominó durante los primeros quinientos años después de Colón, el sabio navegante figuró como una especie de semilla de origen de la sociedad mestiza del “Nuevo Mundo”, el “descubridor” que desafió la ciencia de su tiempo y encontró un continente nunca sospechado por sus contemporáneos, en gran parte gracias a su fe y a su curiosidad científica.

En las reproducciones artísticas se destaca su aspecto de genio renacentista, su elegancia de almirante y su faz de sabio que recuerda la pasión y la confianza en sus convicciones y su disposición al triunfo. Colón conjuga la imprudencia inocente y la astucia ambiciosa, la persistencia, el valor y la audacia.  Es difícil creer que llegó a cometer actos reprobables en su búsqueda del oro para la corona, como mandar cortar las manos de los indígenas que fallaron en cumplir con sus exigencias; o como aprehender a 1500 tainos para llevarlos como esclavos a España.  Pero la historia tiende a dejar esas cosas fuera, y el hecho de que era genovés le dota de una neutralidad favorable, pues le ha protegido del anti españolismo que despierta el resentimiento asociado al estereotipo del conquistador arrogante y soberbio de la espada empuñada que a menudo ha despertado desprecio.

De su aventura se sabe que sus peticiones de apoyo para encontrar la deseada ruta a las Indias fueron rechazadas en varias ocasiones por monarcas europeos hasta lograr ser financiado por Isabel y Fernando, los reyes católicos que patrocinaron su empresa. Como sabemos su persistencia le llevó a destinos inesperados cuya trascendencia ni él mismo llegó a comprender. Pero pasados unos trescientos años, una vez desmantelada la autoridad monárquica española de las antiguas colonias, la clase criolla que quedó a la cabeza de las diversas naciones americanas  se sirvió de la figura de Colón en su imaginario nacional como el origen de un nuevo orden encaminado al progreso. Para los grupos en el poder de las nuevas naciones independientes no había duda de que la sangre europea que llegó gracias al explorador italiano había privilegiado a la población americana, y que Occidente debía seguir inspirando el modelo de sociedad ideal. Así, en el proceso de construcción de esas nuevas sociedades Cristóbal Colón fue homenajeado como la figura fundacional común a todas las naciones americanas, incluyendo al Brasil. A lo largo y ancho de la América Latina se le dedicaron calles, avenidas, plazas y se le erigieron estatuas variadas. Además un gran país, Colombia, heredó su nombre.

No obstante los pobres, que eran la mayoría entre campesinos, mineros, y servidumbre miraban desde abajo la ostentosidad de los patrones y no compartían con estos su optimismo positivista. El poeta nicaragüense Rubén Darío (1867 – 1916) expresó su disgusto ante la condición de vida de los pueblos cuando describió a las vastas y ricas tierras de América gobernadas por “Judas” y “Caínes” de “ambiciones pérfidas”, y dirigiéndose a Colón escribió:

Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Un nuevo capítulo en la saga de Cristóbal Colón comenzó a tomar forma hace poco más de dos décadas, al acercarse el quinientos aniversario del encuentro del Nuevo Mundo, y apenas unos años después del fin de la Guerra Fría. La reflexión histórica revisitaba el significado del 12 de octubre de 1492. De esta reflexión la imagen de Colón terminaría convirtiéndose en blanco de ataque para los sectores del continente que hoy le consideran un símbolo del sistema que les condenó a la pobreza.

La decapitación de Mazariegos

Una de las sedes de esta nueva conciencia fue la ciudad de San Cristóbal de las Casas en el estado de Chiapas, México. Y uno de los eventos que anunció dramáticamente el cambio en las relaciones de la América hispana con aquel padre fundador tomó la forma dramática de la decapitación a una estatua.  Los hechos de aquel 12 de octubre de 1992 han sido olvidados, a pesar de que representan la semilla de lo que se convertiría en la primera revolución del siglo XXI y el nacimiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional que conmocionó al mundo dos años después. La destrucción de la estatua de Diego de Mazariegos en Chiapas, en medio de la asistencia de miles de indígenas y campesinos, marcó el inicio de una serie de actos simbólicos en el continente que han significado la reestructuración de la perspectiva histórica de los pueblos americanos y su reafirmación cultural frente a la versión fundacional europea.

Mazariegos.

Mazariegos. Blog de Fermín Ledesma D.

Otro de esos actos notables que anunciaban cambios en la cultura sucedió en Perú en abril de 2003, en donde la estatua de Francisco Pizarro desapareció de la plaza que llevaba su nombre en Lima provocando un diálogo nacional sobre la identidad peruana.  Después de haber estado almacenado por año y medio, el Pizarro resurgió despojado de su pedestal –y relevancia– para ser colocado en el menos turísticamente prominente Parque de la Muralla.

Hoy es difícil creer que durante años se observó con júbilo el “Día de la Raza”. En la víspera, millones de niños revivían en sus escuelas la aventura fantástica del “Descubrimiento” y el día era uno de fiesta nacional marcado oficialmente en los calendarios de las naciones de habla hispana.  La ocasión se prestaba para escribir ensayos y escuchar poemas sobre la grandeza de la raza mestiza y su herencia privilegiada junto a estatuas o reproducciones de Colón, con un deseo de reafirmar el compromiso modernizante que el continente tenía con el padre civilizador. Sin embargo, casi de manera imperceptible, el culto a Colón dio un giro radical en América Latina y la visión del pasado, que antes le colocó a la cabeza como padre y fundador de los diversos nacionalismos latinoamericanos, fue rechazada abiertamente por los movimientos sociales del cambio de siglo.

La Revolución Bolivariana arremete contra Colón

No sorprende el que uno de los centros que ha protagonizado más visiblemente este cambio se dio en Venezuela.

Caracas 2004. Foto del diario La Nación. (Argentina, 9/Jun/13)

Recogiendo el eco internacional el periódico Reforma de México del 13 de octubre de 2004 lo describió así:

Desconocidos derribaron ayer una estatua de Cristóbal Colón, mientras el Presidente Hugo Chávez honró la memoria de los indígenas que se rebelaron contra la conquista española. Los inconformes enjuiciaron a Colón por “iniciar el genocidio más grande de la historia”. La Policía arrestó a cinco personas. Desde el 2002 Chávez ordenó que el 12 de octubre se conmemorara el Día de la Resistencia Indígena.

Desde entonces son varias las estatuas de Colón que han sido destronadas y en forma oficial. En Caracas, el 3 de junio de 2009 Chávez ordenó el derribo de otro Colón, lo que fue parte de un ciclo de actos simbólicos de repudio al colonialismo en Venezuela. La estatua fue arrastrada por las calles según se reportó, y en 2010 se develó en el mismo lugar un monumento al general Ezequiel Zamora. Más tarde se retiró de otro sitio la “Santa María”, una de las Carabelas que protagonizaron el “Descubrimiento” para hacer lugar al buque en el que el Venezolano Francisco de Miranda peleó en 1806 contra tropas españolas.  Para algunos críticos los actos simplemente ilustraban la estrategia populista de Hugo Chávez. Sin embargo, visto dentro del clima social que se vive en el continente desde hace varias décadas, el derribo de las estatuas es una manifestación de la tendencia nativista que diversos sectores del continente han protagonizado por siglos. El ataque a Colón señala visiblemente la fuerza de los movimientos populares en el proceso político de Venezuela y de otros países de América Latina como Bolivia y Ecuador.  Los indígenas en particular fueron una masa sin voz durante la mayor parte de los más de quinientos años de prácticas discriminatorias consistentes en ver al indio como parte del problema del subdesarrollo. Durante todo ese tiempo la resistencia ha tomado muchas formas, pero en las últimas décadas del siglo XX los movimientos indígenas en los diversos países americanos aún en Norteamérica, cobraron fuerza y se unieron defendiendo derechos civiles básicos, incluyendo la protección a sus tierras que por siglos han enriquecido a compañías extranjeras. Como Venezuela, Nicaragua adoptó el nombre de “Día de la Resistencia Indígena”. Otros países han elegido otros nombres;  Chile por ejemplo, a partir del 2000 le llama “Día del Encuentro de Dos Mundos”; Perú, desde el 2009, “Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural”;  Ecuador desde el 2011, “Día de la Interculturalidad”; Argentina, a partir del 2010, “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” (2010); y Bolivia, “Día de la Descolonización” desde el 2011.

Continúa la “descolonización” en Argentina

El último capítulo de la “descolonización” del continente fue protagonizado por la estatua de Colón que desde 1921 adornaba la plaza de atrás de la Casa Rosada en Buenos Aires.  Por orden de la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, el monumento será enviado a Mar del Plata luego de una restauración. La decisión provocó polémica en toda la población y quejas de la comunidad italiana en el país formada por un millón de argentinos. En el anuncio del traslado de la estatua, hecho el 30 de junio de 2013, se confirmó que será substituida por un monumento de la famosa guerrera de la Independencia Juana Azurduy donado por el pueblo de Bolivia. Aunque el hecho puede interpretarse de diversas maneras debido al distanciamiento de ese país con el Viejo Continente, lo que queda claro hoy es que la relación de la América hispana con la figura emblemática de Cristóbal Colón ha dado un giro radical, y en este lado del Atlántico el día del “Descubrimiento de América” no es ya el feriado que celebraban miles de escuelas de habla hispana con profundo orgullo y agradecimiento hacia el valiente soñador.  El “Día de la Hispanidad”, llamado así en España, es para muchos pueblos originarios americanos un evento de reafirmación cultural, y un día que rechaza el colonialismo que significó el genocidio de muchos pueblos indígenas.

Buenos Aires. Foto diario El Universo (Ecuador 31/ago./13)

Buenos Aires. Foto diario El Universo (Ecuador 31/ago./13)

Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.
Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

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