Huejotzingo, el ritual de una historia

Danza de huichilobos, Diego Rivera, 1936

Danza de huichilobos, Diego Rivera, 1936

Mientras que Diego Rivera inmortalizó el Carnaval de Huejotzingo en 1936 en una de sus obras pictóricas que hoy se expone en el Palacio de las Bellas Artes, el carnaval es ya en sí mismo una manifestación estética de la síntesis histórica de una nación. En eso radica su singularidad, porque aunque coincide con las fechas de los carnavales que preceden a los ritos católicos de la Semana Santa, el Carnaval de Huejotzingo es un ritual de autodefinición cultural y una expresión popular de la reafirmación de la identidad de un pueblo que se recrea en la memoria de su historia.

La historia de Huejotzingo se remonta al periodo posclásico mesoamericano que vio surgir fuertes señoríos independientes alrededor y dentro del valle de Anáhuac. La historiografía indica que estos grupos provenían de migraciones resultantes de la guerra entre toltecas y chichimecas que provocó la destrucción de Tula, la monumental capital tolteca situada en lo que hoy es el estado de Hidalgo. Las batallas que se dan lugar durante cuatro días de festividades rememoran el heroísmo que ayudó a Huejotzingo a sobrevivir violentas luchas, desde las llamadas guerras floridas inspiradas en dioses aztecas hambrientos de sangre, hasta las batallas contra el imperio francés, en donde Puebla particularmente jugó un papel crucial en defensa de la República.

Al igual que los tlaxcaltecas, tepeacas, y otros, la gente de Huejotzingo era de raíz nahua, y alrededor de 1173 se reestableció en la zona este de los grandes volcanes que enmarcan el extenso valle de Anáhuac, hoy los estados de Puebla y Tlaxcala. Las culturas madres, la olmeca a la cabeza, habían dejado un rico legado cultural que sirvió de base común a la región en donde las condiciones geográficas permitieron la práctica generalizada de la agricultura y el comercio, haciendo posible el crecimiento de la población y el desarrollo de actividades sociales y artísticas que evidencian la superioridad cultural alcanzada por algunos de estos pueblos. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de Nueva España describe a los nahuas así:

Eran habilísimos, de grandes trazas, sutiles y curiosos mecánicos, porque eran oficiales de pluma, pintores, encaladores, plateros, doradores, herreros, carpinteros, albañiles, lapidarios muy primos en desbastar y pulir las piedras preciosas; hiladores, tejedores; prácticos y elegantes en su habla; curiosos en su comer y en su traje; muy aficionados a ser devotos y a ofrecer a su dios, y a incensarle en sus templos. Valientes en las guerras, animosos, de muchas ardides y que hacían grandes presas. (Libro X, Cap. XXIX, 45)

Esta zona periférica del corazón de México, cuyo centro vería la fundación en 1325 del señorío mexica o azteca, era sede de una intensa actividad humana en donde coexistían decenas de pueblos en estrecha proximidad. La misma densidad de población explica la fricción que existía entre pueblos vecinos y la necesidad de cada uno por mantener una sólida organización militar.

El carácter guerrero de las actuaciones populares que roban la atención dentro del carnaval con sus explosivas escaramuzas, y el ruido y olor de las toneladas de pólvora que se queman en él tienen como uno de sus temas principales la batalla del Cinco de Mayo, pero recuerdan el pasado peculiarmente bélico de Huejotzingo.

Foto de Enfoque

Zapador en batalla (Enfoque)

Las primeras crónicas hispanas describen a los huejotzingas como un pueblo aguerrido que como el de Tlaxcala había resistido a los mexicas por casi cien años. Huejotzingo peleó en guerras contra varias de las naciones cercanas, incluyendo a Texcoco, y aun en contra de Tlaxcala con quien luego se uniría. En su Historia Antigua de México, Francisco Javier Clavijero relata cómo alrededor de 1455 Huejotzingo y Tlaxcala atendieron el llamado del rey de Coixtlahuacan, en la región mixteca, en apoyo contra su gran enemigo Moctezuma Ilhuicamina, quinto rey de México. En la guerra perdió el rey mixteco Atonaltzin y murieron la mayoría de las tropas aliadas.

Mucho más sangrienta fue la guerra en la provincia de Cotasta en1457 cuando huejotzingas, tlaxcaltecas y cholultecas formaron una gran alianza para defender a sus vecinos. Por el lado azteca participaron Axayácatl, Tizoc y Ahuízotl que serían reyes más tarde, pero el héroe de la guerra fue Moquihuix, rey de Tlatelolco, quien desobedeciendo la orden de retirada de Moctezuma, peleó con furia contra los aliados y consiguió 6, 200 prisioneros para los sacrificios del reino. Alrededor de 1500, Cholula y Huejotzingo se habían convertido ya en tributarios del imperio azteca. Clavijero explica que durante el reinado de Moctezuma Xocoyotzin los aztecas mantenían una frágil alianza con estos pueblos, lo que les servía de estrategia en contra de la nación tlaxcalteca; agrega que entre ambos, los huejotzingas eran más guerreros que los de Cholula. Sin embargo, es claro que Huejotzingo resistía la opresión del Imperio y desconfiaba de Cholula, a la que llegó a atacar ocasionando la reprensión de Moctezuma en la tortura y muerte de varios de sus hombres. El hecho es que la región del Valle de Cuetlaxcoapan, donde había otros señoríos –Itzocan, Tepeaca, Texmelucan— era una de las sedes de las guerras floridas que proporcionaban víctimas de todos estos pueblos para los sangrientos sacrificios a Huitzilopochtli.

En la épica destrucción de Tenochtitlan los huejotzingas nuevamente se aliaron a sus vecinos el pueblo tlaxcalteca de Xicoténcatl en el apoyo a Cortés; los de Cholula y Chalco les siguieron. El mismo Cortés menciona más de una vez en sus cartas al rey, que sin tal respaldo militar hubiese sido imposible vencer a los aztecas. La construcción de los bergantines y obviamente su transporte y ensamblaje en las proximidades del Lago de Texcoco fue instrumental en la conquista, así como el apoyo militar de huejotzingas y tlaxcaltecas a españoles en subsecuentes campañas militares, entre otras la guerra contra los zapotecas y las expediciones a las tierras mayas. En su segunda Carta de Relación fechada el 15 de mayo de 1522, refiriéndose a las preparaciones para el ataque a Tenochtitlan en abril del año anterior Cortés narra:

Otro día siguiente hice mensajeros a las provincias de Tascaltecal, Guajocingo y Chururtecal a les hacer saber cómo los bergantines eran acabados, y que yo y toda la gente estábamos apercibidos y de camino para ir a cercar la gran ciudad de Temixtitan. Por tanto, que les rogaba, pues que ya por mi estaban avisados y tenían su gente apercibida, que con toda la más y bien armada que pudiesen, se partiesen y viniesen allí a Tesuico donde yo los esperaría diez días; y que en ninguna manera excediesen de esto, porque sería gran desvió para lo que estaba concertado.

Francisco López de Gómara en su Historia de la Conquista de México también relata la ayuda prestada en el llamado “cerco de Tenochtitlan” en 1521, cuando Cortés divide al ejército entre sus tres capitanes para la guerra contra los aztecas:

A Gonzalo de Sandoval, que fue el otro maestre de campo, dio veinte y tres caballos, ciento y sesenta peones, dos tiros y más de cuarenta mil hombres de Chalco, Chololla, Huexocinco y otras partes, con que fuese a destruir a Iztacpalapan, y luego a tomar asiento do mejor le parescía para real. (CXXXI)

Huejotzingo Foto

Serrano en carnaval (Milenio)

Es difícil medir de que manera los nacionalismos autóctonos de todos estos grupos se fueron diluyendo bajo la administración colonial, pero al principio enfrentarían una etapa de rápido cambio que comenzó con la asimilación de la nueva religión y la reconfiguración de las comunidades llevada a cabo por el primer grupo de sacerdotes franciscanos en México, quienes asignaron a cada iglesia, pueblo y municipio un santo patrón, con la intención de sustituir a la deidad con la que los pobladores se habían identificado anteriormente. La alta población en la región facilitó la rapidez con la que se construirían numerosas iglesias y monasterios que sirvieron de centros de enseñanza religiosa. Fue en Huejotzingo donde se inició el proceso con la fundación en 1525 del primer monasterio, uno de los más antiguos del continente, dedicado a San Miguel Arcángel. Con el ícono de San Miguel se introdujo también la imagen de Lucifer, que aparece como un demonio hoy estereotipado, y cuya máscara continúa siendo una de las favoritas en representaciones y otros rituales producto del mestizaje, como el del Carnaval de Huejotzingo.

La labor inicial de catequización requirió buscar puntos de identificación con las creencias indígenas que pudieran ayudar a adaptar los preceptos católicos a significantes culturales existentes. En la memoria colectiva de Huejotzingo la importancia que tuvo el señorío en la conversión religiosa de la Nueva España marca la raíz de la integración social nacional. Fue en Huejotzingo donde se realizaron los primeros ritos católicos, por lo que el primer matrimonio indígena es uno de los tres temas principales del carnaval.

Huejotzingo en el mapa A diferencia de Tlaxcala, que se convirtió en centro urbano y cabeza de su estado, el viejo señorío de Huejotzingo perdería prominencia. La razón más fuerte fue sin duda la fundación en 1531 de la ciudad de Puebla de los Ángeles, que de acuerdo a la historia fue inspirada por un sueño del entonces arzobispo quien la vio dibujar por ángeles y así la mandó llamar. Cholula recibió su escudo de armas en 1540 y Huejotzingo en 1553 con el título de ciudad, pero es Puebla, a sólo 17 kilómetros al sureste, la que crecerá hasta convertirse en el segundo centro urbano de importancia de su época. Puebla fue desde entonces la escala obligada en el camino de Veracruz a la capital de México, lo que significó un flujo constante de productos que durante siglos enriquecerían a la ciudad con las importaciones que llegaban al país. Todas las mercancías provenientes de Europa por el puerto de Veracruz en el Golfo, y de Asia, por Acapulco pasaban por el Valle de Cuextlacoapan. Las hortalizas, granos, frutas, especies de árboles, aves, reces, caballos, sedas, marfil, frutas, llegaban a su primer destino o cambiaban manos allí. La introducción de productos como duraznos y manzanas resultó en la industria de la sidra y las conservas que desde entonces son parte importante de la economía de Huejotzingo.

El resto del periodo colonial no estuvo exento de dinamismo. Basta recorrer los miles de templos y palacios esparcidos por Puebla y sus alrededores, muchos de los cuales exhiben el esplendor y riqueza que uno esperaría encontrar sólo en las grandes catedrales. Fue un periodo de aculturación en ambos sentidos y de actividad artística. La demanda de la iglesia y la clase pudiente empleó artistas de todos tipos en la zona, talabarteros, ceramistas, pintores, escultores, torneros, tejedores, tapiceros, etc., en gran parte indígenas, que se adaptaban a la cultura trasplantada y aportaban sus propios utensilios, gustos y técnicas ejercidos por siglos en sus obras de escultura, en cerámica, tintes vegetales, pieles, pulido de ónix, obsidiana, concha, hueso, piel y otros conocimientos prácticos que enriquecieron la vida de los colonos.

En medio de este tráfico de objetos, productos, razas, e ideologías y de cambio constante Huejotzingo, hoy una ciudad de aproximadamente 22 000 habitantes, se ha convertido en uno de los puntos más emblemáticos del proceso de sincretismo mexicano. Llamamos sincretismo al fenómeno que toma de dos o más culturas y logra mezclarlas recreando una nueva, pero el proceso es siempre un reto por preservar valores esenciales que unen a la comunidad. En las prácticas artísticas y sociales resultantes, en este caso el carnaval, se puede identificar la recreación de símbolos esenciales y tradiciones que refuerzan la conexión con las raíces ancestrales. Los rituales producto de esa experiencia hibrida, sujeta constantemente a agentes externos, utilizan un lenguaje de reafirmación de esos valores.

Batalla del Cinco de Mayo por Patricio Ramos

Batalla del Cinco de Mayo por Patricio Ramos

Con la Independencia comenzó otro periodo de reajuste social y surgió una fórmula de asimilación popular hacia la creación de un sentimiento nacionalista más igualitario, aunque vendrían también más luchas internas y conflictos armados. La zona fue testigo directo de la invasión estadounidense en 1847 y más tarde, de la invasión napoleónica en 1862 que inevitablemente convirtió al área en campo de batalla contra los ejércitos franceses acompañados por batallones de mercenarios zuavos, quienes en el carnaval se distinguen con máscaras rosadas largas barbas, gorros estilizados y pantalones abombados, algunos de los disfraces más llenos de color. Una vez más, los huejotzingas, ahora aliados a los zacapoaxtlas entre otros, mostraron su espíritu aguerrido contra las tropas napoleónicas; el carnaval rememora sobre todo la batalla del Cinco de Mayo de 1862, sin duda uno de los eventos fundacionales del nacionalismo mexicano más importantes en la historia. Los zuavos, franceses, zacapoaxtlas, turcos, apaches, zapadores, etc., que participan en el carnaval entre la descarga explosiva de sus mosquetes, son símbolos de la memoria colectiva que tiene presente el áspero y sangriento camino hacia el logro de una identidad nacional, diversa e híbrida desde su raíz.

Son tres los actos alrededor de los cuales se estructura la monumental dramatización carnavalesca, el primer matrimonio indígena en Huejotzingo, la batalla del Cinco de Mayo que es parte de la Guerra de Intervención Francesa, y la leyenda del bandido Agustín Lorenzo. Esta última también representa un lugar común en la narrativa fundacional de México. La historia está inspirada en un suceso real e incluye la huida de los novios desde el balcón y luego en caballo, seguida por la persecución a tiros de las fuerzas del corregidor. La unión de estos dos personajes tiene resonancia como leitmotiv dentro del arte y el folclor mexicanos que se inicia con las representaciones de Cortes y Malinche y se retoma en leyendas como La Llorona en el periodo colonial. Sin embargo, el idilio prohibido entre el bandido y la hija del corregidor representa no sólo el mestizaje de razas, que está en la base del imaginario de nación, sino también de clases, lo que tiene relevancia para la ideología revolucionaria del siglo XX. El tema del amor y la desigualdad económica reaparece en varias novelas del siglo XIX como Los bandidos de Rio Frio y en el periodo posterior a la

Agustín Lorenzo, Diego Rivera, 1936

Agustín Lorenzo, Diego Rivera, 1936

Revolución vuelve a tomar fuerza en el cine, en películas como Enamorada, Bugambilia y otras, por significar una piedra fundacional del ser mexicano que en el carnaval ocurre en medio de las luchas y obstáculos de una sociedad conservadora que resiste la unión de los amantes hasta perseguirlos y quemar su choza.

El carnaval revive la memoria histórica en un despliegue explosivo de color y pólvora, de disfraces exagerados y de dramatismo pintoresco y estrambótico a la vez. La fiesta, cercana a cumplir 150 años desde su comienzo en 1868, reporta una participación de hasta dos mil actores que inundan las calles de símbolos patrios y de valores culturales en los trajes, las máscaras, los gorros, las cachas talladas de los fusiles, en la música y los bailes y en las escenas y signos que se mezclan y aparecen y desaparecen entre el humo de las explosiones como una gran proyección visual, de los ritos de pasaje de un pueblo que año con año se reencuentra en su historia. Los homenajes heroicos, los desfiles militares, la develación de placas, la inauguración de monumentos y otros actos de remembranza fortalecen el patriotismo, reviven los íconos de la historia y refuerzan el sentido de pertenencia de los pueblos, Huejotzingo lo hace a través de su carnaval.

El Carnaval de Huejotzingo en Nueva York

El siglo XXI registra una nueva etapa de cambio para miles de pueblos latinoamericanos que han emigrado en busca de nuevas y mejores oportunidades de vida lejos de su patria.

Muchos quizás, adopten las nuevas costumbres de sus tierras adoptivas, pero para aquellos que continúan reafirmándose en los ritos comunitarios de su nación de origen, su legado cultural seguirá manteniendo vivo y con él la esencia de su identidad. Los poblanos y mexicanos que se reconocen en sus símbolos patrios han dado ese paso, han elegido reafirmar los lazos con sus raíces y tradición celebrando el Carnaval de Huejotzingo en su versión 16 de Septiembre en Nueva York. ¿Qué nuevos símbolos se adaptarán al carnaval, que nuevos elementos serán incluidos en ese continuo proceso de mestizaje y reinvención que es la cultura mexicana?

Zapadores en NY (M.A. Andrade)