La nariz del diablo, una novela ecuatoriana

…la montaña tomó venganza por haber sido herido su
panal de dulzura. Han herido su reposo y su corazón
viviente. Han matado la alegría de las aves, de
la selva, de la majestad de los Andes.

Sala de Carondelet, Palacio de Gobierno del Ecuador

Sala del Carondelet, Palacio de Gobierno del Ecuador donde se rememora
la construcción del ferrocarril transandino en el país (1872-1908)

En países plurinacionales como Ecuador, la literatura puede ser un valioso instrumento de comprensión y rescate cultural de las etnias nacionales que compensa la omisión histórica, especialmente en el caso de los afro descendientes, cuya comunidad ha sufrido el más alto grado de marginación en el continente desde su exportación forzada. Se debe encontrar y escuchar sus voces que no son aún suficientemente audibles fuera de un contexto regional.

Al hablar de la población africana en América Latina, la carencia de fuentes de voz propia hace más lento el proceso de legitimar su presencia dentro de las naciones a las que ha contribuido a formar cultural y económicamente. En cuanto al papel de la historiografía, es claro que el interés por rescatar la herencia negra ha estado muy por debajo del interés por mantener viva la raíz europea dentro del continente, y por ello la cultura popular, la canción, el baile, la música y la poesía oral y escrita han sido invaluables para el acercamiento hacia esa otra raíz y su riqueza.

Un caso extraordinario es la escritora esmeraldeña Luz Argentina Chiriboga, quien a través de su poesía y su obra novelística ha llamado la atención sobre la creatividad y fuerza de la cultura afro ecuatoriana de la que es parte. A ella debemos una mirada humana a las luchas anticolonialistas que toma en cuenta la participación real del esclavo y de la mujer, en particular, de dos mujeres que pelearon con valor singular por la Independencia, no sólo del Ecuador sino de la región entera: Jonatás y Manuela, su novela sobre el papel relevante de una esclava que se convierte en la amiga y aliada de Manuela Sáenz, la mujer más importante en la vida de Simón Bolívar.

Nuevamente, en su novela La nariz del diablo, la escritora abre una mirada de acercamiento humano a la contribución de ese segmento de la población que permaneció invisible por gran parte de la historia. El trasfondo es el reclutamiento de hombres afro antillanos para un proyecto que transformará para siempre al país. Ambas perspectivas, literaria e historiográfica, se complementan para acercarse a un momento trascendental en la historia del Ecuador: el de la construcción de “la línea ferroviaria más difícil del mundo,” un proyecto desafiante que marca la presidencia del líder liberal Eloy Alfaro, y el triunfo de una agenda de progreso que requiere el sacrificio de los miles de trabajadores ferroviarios, en gran número negros, que unen a ese sueño los suyos propios.

La presidencia de Alfaro es un momento clave por representar el triunfo de una agenda que pretendía la consolidación de la nación. El ferrocarril no sólo se extiende para incluir a otras regiones a la economía de mercados, sino que permite ofrecer iguales oportunidades para diversos grupos sociales dentro de la misma uniendo las regiones centrales a la costa en la línea Quito Guayaquil. Sin embargo, el marco en que se realiza la contratación de estos obreros les deja al margen de cualquier beneficio o buena intención que pueda tener el líder. La novela pone en primer plano el costo humano que trae consigo el desarrollo que ha ignorado la marginación y desplazamiento resultantes del intento por crear las estructuras económicas modernas.

Como en otros países del continente cuya geografía ha obstaculizado la integración social, el ferrocarril prometía una comunicación más eficiente y una asimilación étnica dentro del crecimiento económico. La novela hace referencia directa al fenómeno de la inmigración dentro de la diáspora africana que caracterizó los proyectos incipientes del periodo independiente llevado a cabo por compañías extranjeras. El reclutamiento de trabajadores jamaiquinos al Ecuador para realizar tan difícil obra, señala un fenómeno que atrajo a miles de peones negros con miras a encontrar mejores condiciones de vida. La construcción del canal de Panamá es el ejemplo más notable pero de ninguna manera el único.

En este recuento apegado a la historia Luz Argentina Chiriboga narra los aspectos humanos, las esperanzas y vivencias, los temores y sentimientos de esa fuerza laboral ausente del registro de los logros humanos. Personaliza la participación de estos seres hasta hoy fantasmas en el devenir de las naciones americanas que consistentemente han vivido ajenas a su existencia. La novela obliga a la reflexión sobre el papel de la diáspora africana en la construcción física de la nación y en los patrones de explotación que se han reiterado históricamente, es decir la fórmula de triangulación entre Europa, África y América que construyó los imperios mercantilistas en los albores de la modernidad – la industria azucarera, del algodón, y de la minería en la creación de los imperios coloniales — y que volvió a producir el deseado fruto en la dinámica de contratación de afro descendientes de las Antillas y el Caribe a puntos de la América Continental en proyectos de enriquecimiento llevados a cabo por contratistas transnacionales y financiamiento del “Primer Mundo”, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc. Como resultado, se perpetuó la explotación de comunidades africanas que al ser desplazadas fuera de sus comunidades quedan a expensas de compañías que no ofrecen protección laboral y hacen imposible el retorno, como también la oportunidad de asimilarse en la nueva cultura. El caso de esta comunidad de jamaiquinos que son llevados al Ecuador es un ejemplo del tipo de desplazamiento migratorio que ha caracterizado a parte de esa diáspora inducida al nomadismo, y que ha contribuido a perpetuar su ausencia en la historiografía de cada nación.

La vida cruda de trabajo excesivo y continuo de estos hombres, y de una que otra mujer que disfrazada se aventura a trabajar a la par que ellos, conlleva a diluir la cultura del inmigrante y acentúa su estado de marginado dentro de la población donde vive y labora. Pero por otro lado la construcción del ferrocarril es un proyecto común cuyo logro une a este grupo de trabajadores bajo experiencias dolorosas que les acercan entre sí porque sólo ellos las conocen bien: la separación de la familia, los peligros del mar, la enfermedad, la añoranza del regreso, la pérdida de compañeros y familiares en trabajos de alto riesgo, el frío, el dolor físico, el hambre, la mutilación que sufren muchos en las explosiones de dinamita, y la muerte misma. Experiencias profundas que repatrían al grupo en su propia solidaridad, es decir, le dotan de una identidad basada en la experiencia común, en la convivencia y en la ilusión de salir adelante y hacer real la promesa de una mejor vida. Asombra la fuerza de estos hombres y mujeres cuya identidad de grupo funciona como recurso de sobrevivencia contra el proceso de “desculturización” y de des- humanización de que son víctimas.

La simbología que ofrece el título “la nariz del diablo”, un tramo de la geografía que asemeja una pared vertical, sugiere la lucha infrahumana de la cual es parte el negro dentro de la búsqueda del “progreso”; un reto para gigantes que consiste en cortar la montaña para conseguir la movilidad y rapidez que representa el ferrocarril frente a la temible peligrosidad de un paisaje andino imponente y poderoso ante el cual el hombre blanco no está dispuesto a agacharse. La autora da nombre y vida a algunos de los hombres invisibles para la historia cuyo destino corre paralelo al desarrollo de las vías de hierro que van colocándose a base de detonaciones, y de romper con los brazos y los picos la montaña a alturas inconcebibles. Los accidentes durante el avance del proyecto van mermando a los obreros poco a poco y muchos quedan sepultados en el trayecto. Irónicamente, sus vidas hacen posible el éxito del plan que asegurará el crecimiento económico de regiones ansiosas de recibir la modernidad, pero ajenas a los fantasmas de la historia en cuyos hombros se ha construido el desarrollo de las Américas a lo largo de siglos. Sin embargo, los que sobreviven aprenderán a amar a su nueva tierra.

La herencia afrohispana ha sido históricamente tratada con indiferencia, ignorada en la mayor parte del continente y su contribución no ha sido reconocida. Asimismo, los desplazamientos de afro hispanos lejos de sus comunidades es un fenómeno que por mucho tiempo les impidió cuidar su herencia cultural destinando a muchas de estas comunidades a la marginación. La novela La nariz del diablo invita a reflexionar sobre la contribución y sacrificios de la población afro hispana a la formación de las naciones americanas abriendo una obvia pregunta, ¿quién escribe la historia?

La nariz del diablo - Luz Argentina Chiriboga
La autora

Como pocas escritoras latinoamericanas Luz Argentina Chiriboga ha publicado obras de valor en la mayoría de los géneros literarios. Su participación en varias antologías de ensayo y poesía se inició desde su juventud y su actividad literaria ha sido constante a lo largo de por lo menos tres décadas. En 1986 ganó el premio General José de San Martín, de Buenos Aires al que seguirían innumerables reconocimientos. Su carrera como novelista comienza con Bajo la piel de los tambores en 1991, que se reeditó en 1999 como Tambores bajo mi piel. A ésta siguieron Jonatás y Manuela en 1992, y En la noche del viernes en 1997. Los premios literarios obtenidos son muchos y diversos, convirtiéndose en una de las escritoras ecuatorianas más conocidas fuera de su país. Desde la sombra del silencio y La nariz del diablo, ambas publicadas en 2010, son dos de sus novelas más recientes. A éstas se puede añadir Cuéntanos Abuela, una novela para niños que apareció en 2002 y que como muchas de sus obras ha sido traducida a otros idiomas.

Sus libros de poesía son varios e incluyen La contraportada del deseo (1992), Luis Vargas Torres y los niños (2001), que precisamente contiene poemas dedicados a la niñez, además de Capitanas de la historia (2003) y Con su misma voz (2005). Otras obras que la poeta ha dedicado a las décimas, parte de su tradición esmeraldeña de donde provienen grandes talentos, son Palenque (1999) y su recopilación de Coplas afro-esmeraldeñas (2001).

Luz Argentina Chiriboga, quien siguió la carrera de Biología en la Universidad Central del Ecuador escribió en verso Manual de Ecología (1992) también dedicado a los niños y una colección de cuentos publicados bajo el nombre Este mundo no es de las feas en 2006. Sus ensayos, conferencias y recitales son incontables y la han llevado a Europa, África, Norteamérica y el Caribe. Sin duda la obra de Luz Argentina Chiriboga está en camino a trascender las oleadas ruidosas de la corriente central.

 

Una novela para niños de Luz Argentina Chiriboga

En Cuéntanos Abuela (2002), una obra que Luz Argentina Chiriboga subtitula “una novela para niños,” la autora esmeraldeña nos regala a todos, también a mayores, un paseo por la magia de una isla “en el Cantón Naranjal,” que nos invita a recordar con nostalgia los mitos fundacionales de la América híbrida y su legado cultural, tanto oral como literario. El paseo es una asombrosa vivencia sensual dentro del mundo natural; porque ciertamente es la Naturaleza el escenario y protagonista de este relato que tiene como hilo narrativo al matrimonio Montti y a su hacienda El Milagro. Al estilo suave y armónico, y a la claridad del lenguaje se une el mensaje sobre el vivir mismo, es decir, una enseñanza de convivencia con nuestro medio ambiente, con su flora y fauna extraordinarias, a las que la voz de la Abuela nos invita a descubrir.

Los patrones Sara y Francesco, Serafín el barquero, Petrona Piedra la curandera, Juan Matos y Manuel Tatá los decimeros, Feo el loco, “tocado por los dioses,” y el resto de los nativos de esta isla privilegiada, comparten la sabiduría que les es concedida gracias a la meditación frente a un paisaje maravilloso, en el cual “buscaban la ocasión para contemplarlo, cantarle, y componer sus décimas.”  Estos son los personajes que dan calor humano al paisaje poblado de miles de seres naturales, desde los más pequeños hasta los más bellos, como las flores y aves más coloridas y sorprendentes, cuya omnipresencia a través del relato protagonizan haciendo de la isla un país mágico, “un milagro.”  Un milagro ciertamente lo es para los ojos modernos que tendemos a olvidar el carácter real pero de pronto legendario de la tierra que alimentó nuestras primeras raíces culturales, protegida a veces por la geografía y la distancia, pero cada vez menos ajena a las amenazas de la rápida industrialización.  Luz Argentina Chiriboga muestra en esta obra su  compromiso como madre, como intelectual, como maestra y como sabia abuela que a través del arte literario toma la tarea de dar voz a una preocupación real por proteger a nuestro medio, difícil de enseñar a la juventud de hoy sin crear un tono de alarma pesimista, sino una adhesión sincera a la visión de respeto por la Tierra.

Los pobladores de la isla, en los que se cuentan Sara y Francesco, una francesa y un italiano,  forman un abanico de diversidad para la pequeña María complementado por sus raíces africanas.  La comunidad es esencialmente un microcosmos a donde llegan las influencias que durante siglos han enriquecido al continente y se han amalgamado en las culturas colonizadas para fundar esta otra nueva y rica cultura que se expresa con fuerza en la práctica de la música, la poesía y la narración de cuentos, como parte de la tradición cultural que aún preserva valores milenarios familiares como el amor a la Naturaleza y la reciprocidad entre colonos.

Diversidad niñez

Cuéntanos Abuela es una historia de amor donde el amor emana de la prosa misma, una descripción que refleja la voluntad apreciativa de la visión afro-autóctona del mundo, siempre en busca de armonía, y siempre en espera del asombroso “milagro” de la vida, entretejida a su vez con la traída por colonizadores europeos, protectores y benefactores a su vez de los logros del pasar humano, que se hace evidente aquí en su amor a las artes trasplantadas al suelo americano, con sus maravillosos instrumentos musicales –el piano, el violín, la guitarra– los cuales elevan la fuerza espiritual de las voces indígenas y africanas ayudados de sus propios instrumentos.   Porque es en Yembayá en donde con insistencia confluye esa fuerza de vida poderosa que inspira el rezo de las mujeres como Sara, a esa diosa de la fertilidad para que le cumpla su deseo de ser madre.  Es también Yembayá  la diosa de las aguas a quien se dirige la señorita tortuga para que ayude a que termine la sequía; y es en última instancia también Yembayá a quien la Tierra misma, arrepentida de su arrogante narcisismo, envía su súplica en un cometa para ser perdonada por la gran diosa y por el cielo.

El legado afro-hispano está también presente en la tradición oral representada por las décimas y por el simbolismo de un personaje como el barquero, quien ofrece sus servicios a cambio de cuentos, dando a estos un valor más real que el de cualquier moneda.  Su dulce vaivén de caras nuevas y familiares, de extranjeros, de nativos, de visitantes y de pianos, es una metáfora viva representativa del fluir de las culturas, y de esa gran constante de la historia que es el paso mismo del hombre por la vida.  Es esta tradición oral rica en historias ejemplares y enseñanzas eje central de la cultura, cuya importancia se hace evidente en la apreciación del duelo de décimas compartido por toda la población que premia a sus más talentosos decimeros, quienes con su talento poético participan en la enseñanza de los niños en asuntos de toda índole, como el peligro de la destrucción de la capa de ozono; y que también recuerdan a mayores ese cuerpo de principios y metas compartidos que forman el sentido de comunidad.

Pero aún este mundo armonioso y lleno de bondad es vulnerable a las imperfecciones humanas.  En el relato se hacen presentes la ignorancia del hombre y los prejuicios de las razas en el compartir un mundo que requiere la convivencia con otras culturas y encuentra en ello el rechazo a otras experiencias humanas.  La pequeña María, recipiente de todo el amor y protección de su familia adoptiva y de su madre, es ella misma el sueño americano todavía vulnerable y falto de protección ante la xenofobia que es aún una realidad para el marginado.  Es una misión para los padres y para las abuelas, asimismo para aquellos que tienen voz y que, ya en poemas, décimas, canciones o cuentos, pueden enseñar a los jóvenes el camino recorrido, pero también el camino a recorrer.  Las vivencias de la Abuela, María, son un testimonio dentro de los 500 años de tradición literaria en América Latina de la todavía vigente necesidad por reafirmar la fusión de los valores de nuestros antepasados amerindios, africanos y europeos.

Entre otras cosas la obra muestra cómo la poesía es capaz de sensibilizar a sus miembros hacia la apreciación del medio y de su lugar en él. En este sentido la experiencia poética debe estar presente en la niñez, y es a la niñez a quien la autora esmeraldeña se dirige. En resumen, es esta una pieza literaria que nos invita a ver la belleza de la diversidad en las culturas, y la majestad y el misterio de la Naturaleza, su importancia para el ser humano, y la obligación que éste tiene de cuidarla a través de la práctica y la enseñanza de los valores de respeto heredados de aquellos antepasados que supieron encontrar en ella el milagro de la vida.                            1/Mar/09 (Rev. 7/Ene/14).

(Este artículo apareció en inglés como prólogo de la traducción  publicada por la Dra. Elba Birmingham-Pokorny.)