Julia de Burgos, de la palabra íntima al mensaje

… en los hombres, igual que en las naciones,
    si el ser siervo es no tener derechos,
    el ser el amo es no tener conciencia.

Ay, ay, ay de la grifa negra
Julia de Burgos

Julia de Burgos

Han pasado ya cien años desde el nacimiento de Julia de Burgos pero su fama continúa creciendo dentro y fuera de su natal Puerto Rico gracias a la fuerza y belleza de su poesía y al mensaje deafiante de su contenido. Su lugar dentro de las letras iberoamericanas está entre las voces que fortalecen la identidad nacional y hacen eco en la conciencia social que define el sentido de la hispanidad.

Como muchos de sus coterráneos, Julia vivió entre las carencias de una vida campesina en Carolina y en una familia numerosa en donde era la mayor de trece hijos. El año de su nacimiento, 1914, coincide con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la cual afectó de manera directa a Puerto Rico, que estaba bajo el coloniaje de los Estados Unidos desde 1898. En febrero de 1917 el Congreso de la Unión firmó la ley Jones-Shafroth, que impuso la nacionalidad estadounidense a los isleños; aunque no les concedía el derecho a votar fuera de Puerto Rico, sí legalizó su reclutamiento militar. Miles fueron llamados a servir en la guerra mientras que cada vez era mas difícil vivir del campo, y las compañías estadounidenses lo obtenían con facilidad usándolo mayormente para la explotación azucarera.

Se sabe que su padre, Francisco Burgos Hans era de herencia alemana y que su madre Paula García, era parte mulata; ambos, como era bastante común tenían sangre española:

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, ay, ay que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza.

Ay, ay, ay que mi raza negra huye
y con la blanca huye a ser trigueña;
¡a ser del futuro,
          fraternidad de América!                … Ay, ay, ay de la grifa negra

Para 1928 la familia Burgos había dejado el campo para mudarse como muchas otras a las zonas urbanas en busca de trabajo. En los años de pobreza Julia vería morir a seis de sus hermanos; no obstante, su determinación por salir adelante y su aplicación en la escuela, en Río Piedras, le hicieron merecedora de becas y logró matricularse en la Universidad. En 1933, a la edad de 19 años Julia recibía con honores su título universitario convirtiéndose en maestra, aunque se sabe que no abandonó aquí el estudio y la lectura.

De acuerdo a sus biógrafos sus primeros poemas conocidos aparecieron en periódicos y revistas alrededor de 1934, algunos de estos con obvio tema patriótico, como por ejemplo Gloria a ti, dedicado al mártir Manuel Rafael Suárez Díaz, muerto en 1932 en una protesta en defensa de la bandera de Puerto Rico encabezada por Pedro Albizu Campos, quien desde 1930 era líder del Partido Nacionalista.

Julia apoyó abiertamente la causa del PNPR que deseaba la Independencia de Puerto Rico. Los problemas del hambre y la falta de empleo se agudizaron seriamente durante la década de los 30 y provocaron el éxodo de miles de puertoriqueños, principalmente a Nueva York. El fervor anti colonialista crecía y las huelgas se multiplicaban, hasta que el 21 de marzo de 1937, cuando se daba lugar una marcha pacífica que entre otras cosas pedía la liberación de Albizu, el régimen colonial atacó con armas a los manifestantes y el evento se convirtió en masacre. Albizu y varios de sus seguidores cercanos habían sido acusados de actos sediciosos el año anterior y cumplían sentencias de más de diez años en prisión. El profesor Jack Agüeros, quien estudió la vida de la poeta y publicó su obra completa en versión bilingüe, menciona que Julia de Burgos formaba parte del comité para liberar a los ocho prisioneros, entre los que se encontraban dos conocidos poetas, Juan Antonio Corretjer y Clemente Soto Vélez.

A Julia la asociamos con el grito de libertad cuyo eco resuena en cada país de Iberoamérica por denunciar los ultrajes del colonialismo mostrando el lado humano del dolor. Su vida, su obra, y la pasión con la que defendió sus convicciones, la convirtieron en un símbolo de resistencia. Aún después de partir hacia Cuba, en 1940, y más tarde a Nueva York en 1942, nunca dejó de defender el ideal de soberanía, ni de acusar el abuso que hace a un pueblo siervo de otro. Sus poemas evocan a héroes como Martí y Bolívar y exaltan sus ideales; otros son homenajes de tono solemne y humano a patriotas como Albizu y Gilberto Concepción de la Gracia. También rememora con tristeza y encono días como el del Grito de Lares, el 23 de septiembre de 1868, que marca la primera rebelión contra el régimen colonial español organizada por Ramón Emeterio Betances y Segundo Ruiz Belvis; y critica con furia y dolor la tiranía imperialista y de las dictaduras. Julia no temió en más de un poema expresar su desprecio a Trujillo, el dictador dominicano y se unió al grito de solidaridad contra la Guerra Civil Española; tambien escribió poemas, que quizá estaría bien llamar elegías, a víctimas de ejecuciones injustas como Federico García Lorca, Hiram Rosado y Elías Beauchamp. Pero posiblemente su poema más famoso, por ser favorito de quienes se identifican con su tierra, y porque ha sido publicado en numerosas antologías, es Río Grande de Loíza, el cual reúne las cualidades de lo mejor de su poesía.

Y sin embargo, aunque su conciencia política absorbió tanto de su impulso creativo, el tema dominante en su poesía es el amor. En los poemas románticos se descubre a una mujer que no sólo amó intensamente sino que no tuvo miedo a decirlo, desafiante y a sabiendas que pisaba prejuicios sociales. El uso de imágenes llenas de pasión y frescura que funden el ensueño y el deseo con un lenguaje sencillo y desbordante formado por elementos de la naturaleza, sigue despertando admiración por su originalidad y calidad estética. Aún así, es su carácter atrevido lo que la distingue mejor; su consistente rechazo a prejuicios e imposiciones que menguan la libertad individual. Entre los poemas que ilustran con mayor claridad el conflicto entre la necesidad de defender la libertad de actuar en contra de la tradición y las trabas sociales, están Mi alma, Soy en cuerpo de ahora, y Yo misma fui mi ruta, éste también título de una de sus obras póstumas.

Hoy, fuera de Puerto Rico Julia es más conocida como pionera de la revolución cultural que adelantándose a su época señaló la desigualdad de género. Su voz rebelde acusó al sistema que exige a la mujer amoldar sus metas y su comportamiento a las expectativas de la sociedad. Julia entendió la igualdad de género como un derecho natural de la mujer a su independencia. Uno de sus poemas más universalmente citado en la actualidad es el que dirigió a sí misma titulado A Julia de Burgos:

Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en tí misma no mandas; a tí todos te mandan;
en tí mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el chanpán,
el cielo y el infierno, y el que dirán social.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.                …A Julia de Burgos

Apunta el profesor Agüeros que Julia solía firmar sus primeros poemas con el nombre de Julia Burgos, y Julia Burgos de Rodríguez después de casarse, y que requiere un poco de reflexión en nuestros días entender lo revolucionario de su actitud al decidir firmar Julia de Burgos, es decir, de ella misma, después de haber experimentado la vida en matrimonio que no duró. Una mujer divorciada que no temía al estigma del divorcio y celebraba su libertad era vista con recelo.

También su relación en Cuba con el dominicano Juan Isidro Jiménez Grullón, el amor de su vida, terminó pronto debido al parecer de sus biógrafos al rechazo de la familia de él. En cuanto a su obra, no sorprende la poca difusión que tuvo fuera de Puerto Rico cuando se piensa en lo lejos que estuvo Julia de representar ideales burgueses de las sociedades conservadoras de la Latinoamérica de entonces. Su contenido no sólo era censurable en muchos círculos, sino que dados los tiempos se podía calificar como sedicioso. Aún así es notable la poca atención, con algunas excepciones, que hasta hace relativamente poco tiempo se ha prestado a la poesía escrita por mujeres, y en general a la mujer como agente histórico.

Y a pear de todo, Julia no solo recibió el reconocimiento de sus contemporáneos sino que se ganó en vida el elogio de poetas de la talla de Nicolás Guillén y Pablo Neruda, a quien conoció en Cuba. Este, de acuerdo a un testimonio de Juan Bosch, quien era familiar en el grupo, había prometido escribir el prólogo para uno de sus poemarios que hoy se encuentra perdido, quizá para siempre. Entre sus publicaciones en vida se conocen Amor en veinte surcos, 1938 y Canción de la verdad sencilla, 1939. Póstumamente sparecieron dos más, pero los más de doscientos poemas que hoy se conocen muestran la indiscutible calidad de su arte y la fuerza de una voz que se distingue por su candidez.

En figuras como Julia de Burgos el tiempo tiende a revelar cuánto más alto se elevaron sobre sus contemporáneos, y cuánto mayores fueron los obstáculos que logró cruzar. Julia canalizó a través de su arte la pobreza, la enfermedad, la pérdida del amor, el destierro, la violencia y la pasión por la libertad por la que murieron muchos compatriotas que soñaban como ella en la soberanía de su tierra. No se sabe en que momento y por que comenzó a beber en exceso, y si los mitos urbanos de su vida bohemia fueron exagerados. En los años 50 el alcoholismo era una condición social generalizada; lo que sí es claro es que la vida en Harlem con escasas oportunidades de trabajo para una joven puertorriqueña, aún inteligente y educada, fue difícil.

Julia murió en 1953 a la edad de treinta y nueve años en un hospital de Harlem a donde había sido llevada sin identificación. Días después algunos amigos localizaron el lugar donde se encontraba enterrada y lograron trasladarla a su natal Puerto Rico. El mejor homenaje a Julia de Burgos es el que reconoce su mayor triunfo, el haber conquistado la independencia que entendió como su derecho natural, abriendo la mente y el camino de las generaciones que le siguieron y convirtiéndose en modelo de valor que toca fibras profundas en la memoria de quienes han luchado por sacudirse de la sujeción y el dominio.

 

Los poemas citados abajo, así como algunos datos biográficos se tomaron del libro Song of the Simple Truth by Jack Agüeros

 


Intima

 

Se recogió la vida para verme pasar.
Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
que se abría en mi interior,
y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el hombre.


Ay, ay, ay de la grifa negra

 

Ay, ay, ay que soy griffa y pura negra;
grifería en mi pelo, cafrería en mis labios
y mi chata nariz mozambiquea.

Negra de intacto tinte, lloro y río
la vibración de ser estatua negra;
de ser trozo de noche, en que mis blancos
dientes relampaguéan;
Y ser negro bejuco
que a lo negro se enreda
y comba el negro nido
en que el cuervo se acuesta.
Negro trozo de negro en que me esculpo,
ay, ay, ay que mi estatua es toda negra.

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, ay, ay que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser siervo es no tener derechos,
el ser el amo es no tener conciencia.

Ay, ay, ay los pecados del rey blanco
lávelos en perdón la reina negra.

Ay, ay, ay que la raza se me fuga
y hacia la raza blanca zumba y vuela
a hundirse en su agua clara;
o tal vez si la blanca se ensombrara en la negra.

Ay, ay, ay que mi raza negra huye
y con la blanca huye a ser trigueña;
¡a ser del futuro,
fraternidad de América!


Mi alma

 

¿Mi alma?
Una armonía rota
que va saltando su demencia
sobre el cojín del tiempo.

¡Cómo la quieren recostar,
aclimatar,
recomponer,
los mortales ha tiempo muertos!

Empeño despeñado del logro.
¡Alborotero!

La locura de mi alma
no puede reclinarse,
vive en lo inquieto,
en lo desordenado,
en el desequilibrio

de las cosas dinámicas,
en el silencio
del libre pensador, que vive solo,
en callado destierro.

Fuerte armonía rota
la de mi alma;
rota de nacimiento;
siembra hoy, más que nunca,
su innata rebeldía
en puntales de saltos estratégicos.


Soy en cuerpo de ahora

 

¡Cómo quiere turbarme esta carga de siglos
que en mi espalda se bebe la corriente del tiempo!
Tiempo nunca cambiante que en los siglos se estanca
y que nutre su cuerpo de pasados reflejos.

Tengo miedo de lo alto de tus miras –me dice–;
el ayer que me nutre se doblega en lo interno
de tu vida sencilla, que no admite pasado,
y que vive en lo vivo desplegada al momento;
ya me enfada la siempre desnudez de tu mente
que repele mi carga y se expande en lo nuevo;
ya me turba la fina esbeltez de tu idea
que flagela mi rostro y endereza tu cuerpo…
mira a un lado y a otro: jorobados, mediocres;
son los míos, los que abrevan mi vacío siempre lleno;
sé uno de ellos; destuerce tu vanguardia; claudica;
es tan fácil volcarse de lo vivo a lo muerto.

Has querido tumbarme, carga en cuerpo de siglos
de prejuicios, de odios, de pasiones, de celos.

Has querido cargarme con tu carga pesada,
mas al punto encontréme y fue vano tu empeño.

Vete, forra tus siglos con el vulgo ignorante;
no son tuyas mis miras; no son tuyos mis vuelos.

Soy en cuerpo de ahora; del ayer no sé nada.
En lo vivo mi vida sabe el Soy de lo nuevo.


Yo misma fui mi ruta

 

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado de mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.


A Julia de Burgos

 

Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.

Tú, miel de cortesanas hipocrecías; yo no;
Que en todos mis poemas desnudo el corazón.

Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no;
que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.

Tú eres sólo la grave señora, señorona;
yo no; yo soy la vida, la fuerza, la mujer.

Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,
en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el chanpán,
el cielo y el infierno, y el que dirán social.

En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor social,
somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.


Naufragio de un sueño

 

¡Corre, que se me muere,
que se me muere el sueño!
Tanto que lo cuidamos,
y el pobrecito, enfermo,
hoy me yace en los párpados,
arropado de versos.

¡Corre, que se me muere,
que de avivarle el pecho,
mis ojos ya no pueden
recoger más luceros!
Ya los luceros tímidos,
se me esconden de miedo,
y a la intemperie, solo,
se matará mi sueño…
Yo lo conozco, amado,
ya me expira en el verso…

Corre, que se me muere
y me ha pedido el cuerpo!

Song of the Simple Truth: The Complete Poems of Julia de Burgos by  Jack Agüeros