Entre la civilización y la barbarie, el diario de Darwin


La Santa Inquisición seleccionó con extremo cuidado a los hombres más osados e independientes para quemarlos o apresarlos. Solo en España, algunos de los mejores hombres –aquellos que dudaron y cuestionaron, y sin dudar no puede haber progreso– fueron eliminados…

Charles Darwin, El origen del hombre

AlbatrossEl albatros, ave de los océanos

 

La visita de Charles Darwin en septiembre de 1835 al archipiélago ecuatoriano de las Galápagos fue de apenas cinco semanas, un tiempo breve considerando la trascendencia de sus conclusiones y el impacto que tendrían para la comprensión del mundo natural. El concepto de la evolución ya era discutido para entonces entre sus contemporáneos, existía una gran base académica en estudios geológicos y de paleontología, pero las islas del Ecuador fueron el laboratorio perfecto donde Darwin recogió la evidencia que requería su teoría de la selección natural. En ellas pudo comprobar lo que ya había reconocido durante su travesía desde el Atlántico norte: que los efectos del medio son determinantes en el desarrollo evolutivo de todas las especies vivas; y la contrastante singularidad en cada isla, hacía posible explicar cómo se producen las variantes que permiten la adaptación de los seres a su entorno, y que son responsables de la diversidad entre y dentro de todas las especies. Aquí habría que agregar que Darwin, como lo aclara en su obra El origen del hombre, consideraba a éste como parte del “reino animal”, en contradicción a muchos que alegaban una distinción clara entre las plantas, los animales y el hombre.

Pero la investigación realizada por Darwin, el llamado “Segundo viaje del Beagle” fue el resultado de cinco años consecutivos de exploración por Sudamérica y el Pacífico sur, desde 1832 hasta 1836, y repercutiría exponencialmente más allá de la biología, avanzando el conocimiento en muchos otros campos. La antropología, las ciencias sociales y la psicología fueron disciplinas que se beneficiaron de las reflexiones de Darwin sobre la gama de tipos humanos y sociedades que observó a su paso por América del Sur y más tarde en el Pacífico, Australia y Nueva Zelanda. Entre la amplia lista de lecturas que Darwin había estudiado estaban los relatos de exploradores célebres, el más importante, Alexander Von Humboldt, quien en su biografía Darwin reconoció como su mayor inspiración, y a quien recurrió como una constante fuente de referencia en sus estudios, gracias al extenso cuerpo de información que Von Humboldt había recogido en su travesía por el continente americano, acompañado por el médico francés Aimé Bonpland. La simpatía de Humboldt por las civilizaciones americanas había renovado la curiosidad y creado un lente más amable de apreciación hacia las tierras poco exploradas.

Su agudo sentido de observación como naturalista, aplicado al comportamiento humano de tanto tribus indígenas como individuos y sociedades que conoció durante sus expediciones, enriqueció la perspectiva humanista que desarrolló en su controversial obra El origen del hombre (1871). Pero ya más de treinta años antes, las páginas de su diario, publicado por primera vez en 1839, nos acercan a un hombre que buscó responder las incógnitas que los prejuicios sociales, raciales y religiosos se resistían a cuestionar. Charles Darwin era abolicionista, lo que le dotaba de una mejor disposición para observar el efecto de la opresión y el dominio sobre otros, y muy seguramente para examinar cómo algunas sociedades alcanzan un alto grado de civilización y otras se mantienen en estado primitivo. Igualmente, explicar como algunas muy superiores se estancan o retroceden y pierden su primacía, los griegos, romanos, incas y mayas, por ejemplo, mientras que otras nuevas surgen con fuerza. Mientras que el mundo ha estudiado a Darwin por su contribución a las ciencias naturales, su diario, The Voyage of the Beagle*, o El viaje del Beagle, también nos da una idea de la diversidad racial y cultural que Darwin encontró a su paso, principalmente el Latinoamérica, y que claramente iluminó su entendimiento sobre los tipos y grados de sociedades que son determinados por condiciones específicas. Entre los casos que llamaron su atención sobresalen los de abuso que propicia la esclavitud.

En Brasil en 1833, cuando recién había llegado a América, Darwin acepta una invitación a viajar mil millas tierra adentro a Socego con un inglés dueño de una estancia. A su regreso, junto al Rio Macaé ocurrió una escena que le pareció ser de extrema crueldad, cuando un amo enfurecido amenazaba a los esclavos con vender a sus mujeres y niños. Darwin reconoce más tarde que no fue la compasión sino el interés lo que detuvo al amo de separar a treinta familias. Poco después, pasa por el sitio en que habitó no hacía mucho tiempo una comunidad de negros, que escaparon de la esclavitud tomando la parte alta de un cerro donde podían cultivar algo para comer. Según su guía, al ser encontrados, todos fueron capturados, excepto una anciana que prefirió arrojarse al vacío. En la reacción de Darwin al escuchar la historia se puede percibir su disgusto: “En una matrona romana esto hubiese sido llamado un acto noble de libertad: en una pobre negra es mera terquedad brutal”. Es sorprendente como estas experiencias aparecen sintetizadas en El origen del hombre, cuando hace referencia al concepto de “degradación”, o “regresión” de una cultura. Darwin argumentó en esta obra que las razas no representan especies diferentes, sino que todos los hombres provienen del mismo origen primitivo, un concepto no bien aceptado en su época como sabemos. El caso de una raza sometida que recibe el trato de las bestias, propicia lo que consideró regresión en las culturas. En esta misma parte de su viaje, mientras se acercaba a Rio de Janeiro, hubo un tercer episodio que le conmovió, cuando por accidente Darwin levantó su brazo mientras se encontraba muy cerca de un esclavo, quien aunque era alto y fornido, temió sin motivo aparente haber hecho algo que mereciera castigo:

Pasé mi mano cerca de su cara. El, supongo, pensó que lo hacía con furia, y que iba a pegarle. Con una mirada de temor y ojos medio cerrados, bajó sus manos. Nunca olvidaré mi sentimiento de sorpresa, disgusto, y vergüenza, al ver un hombre grande y fuerte con miedo hasta de prevenir un golpe, dirigido, como pensó, hacia su cara. El hombre había sido entrenado a una degradación peor que la esclavitud del animal más indefenso. (El viaje, 31)

Gaucho con ovejas

En tierra gauchos

En su paso por Uruguay y Argentina, a mediados de 1833, Darwin se sintió fascinado por el mundo romántico y libre del vaquero, que experimentó y describió en su diario con una abierta admiración, calificando como artes las habilidades que distinguen lo que hoy llamamos cultura del gaucho. No resistió el gusto por describir en detalle la destreza de estos hombres con el lazo y con las bolas para cazar y dominar a las reces y a los caballos, en un ambiente rudo de jornadas largas y noches a la intemperie. La primera de esas noches quedaría marcada en su diario el 11 de agosto de 1833 como una de las más placenteras en todo el viaje:

Hay gran placer en esta independencia de la vida del gaucho – ser capaz en cualquier momento de detener el caballo, y decir, “Aquí es donde pasaremos la noche”. La quietud sepulcral de la planicie, los perros vigilando, el grupo gitano de gauchos haciendo sus camas alrededor del fuego, han dejado en mi mente una fuerte imagen de esta primera noche, la cual nunca olvidaré. (El viaje, 79)

También es de notar que al partir hacia Tierra del Fuego, a fines de ese año, Darwin volvió a expresar su agradecimiento por el tiempo que convivió con los gauchos, a quienes consideraba sumamente corteses y hospitalarios. El profundo conocimiento de estos hombres de su entorno, incluyendo el comportamiento de pájaros como las avestruces y animales como el jaguar, le fue de una utilidad invaluable. Tan sólo en Maldonado, el famoso naturalista inglés había tenido la oportunidad de pasar diez semanas, el doble del tiempo que pasó en las Galápagos, y si bien dedica la mayor parte de su tiempo a estudiar las características físicas del entorno, y a identificar, clasificar y documentar sus observaciones sobre la flora y fauna que encuentra de interés, también convivió con colonos, notando cuan distante estaban del resto del mundo en más que el aspecto geográfico. En su diario escribirá estar impresionado al saber que un rico dueño de una estancia de miles de acres y miles de cabezas de animales, no supiera donde está Norteamérica o Londres, no conociera un mapa o una brújula y viviera en una casa con piso de tierra, comiendo una dieta tan rústica como la de cualquier campesino. Este tipo de contacto con personas toscas, y en ocasiones groseras, que se repetiría en los meses siguientes, tuvo un efecto importante en su apreciación sobre el significado de progreso o mejoramiento del hombre en sociedad. En El origen del hombre escribirá:

Aún pareciera, por lo que vemos, por ejemplo, en partes de Sudamérica, que la gente que podría llamarse civilizada, como los colonos españoles, está expuesta a hacerse indolente y retrógrada cuando las condiciones de vida son muy fáciles. (El origen del hombre, 328)

La idea se desarrolla en el capítulo que tituló, “Sobre las facultades intelectuales y morales durante tiempos primitivos y civilizados”, que constituye una reflexión sobre la selección natural en el hombre, y la manera en que una sociedad va mejorando conforme se va haciendo de individuos valiosos. Darwin concluirá al respecto, que “la lucha por la existencia debe ser suficientemente severa para forzar a un hombre a ascender hacia su mayor estándar”. También opina que para que una sociedad mejore, se necesita que coincidan muchas y muy variadas condiciones favorables; sin embargo, acepta que aún las condiciones más favorables no siempre son suficientes para asegurar el progreso de tal. Finalmente, explica, la manera más eficiente de conseguir el progreso es a través de la educación, la que debe comenzar desde una edad temprana, cuando la mente es aún tierna e impresionable; y debe ser “inculcada por los hombres más aptos y mejores, incorporada a las leyes, costumbres y tradiciones de la nación, y reforzada por la opinión pública.” (328),

Experiencias bélicas

El encuentro de Darwin con Manuel de Rosas es uno de esos pasajes históricos que por extraños se olvidan, y sin embargo, la importancia de esta experiencia, en la que el científico se vio en medio de una guerra de exterminio indígena, es difícil de negar. Camino a Buenos Aires, a fines de julio de 1833 Darwin llegó al campamento del Rio Colorado donde se encontraba Rosas con su ejército y con alrededor de 600 indios aliados. Así se convirtió en testigo de la campaña que intentaba consolidar el poder del general Rosas, en tierras donde reinaban luchas sangrientas y actos salvajes por ambas partes, tanto por los indios como por los soldados argentinos y chilenos, mejor armados. Al principio su impresión sobre el general fue positiva, un hombre disciplinado, inteligente y lleno de energía, pues le pareció que a pesar de su estilo despótico, Rosas podría sacar al país adelante. Sin embargo, en su revisión al diario de 1845 se retracta de esa apreciación. El testimonio de Darwin narra algunas de las anécdotas que ganaron a Rosas el respeto y el miedo de sus hombres: castigos ejemplares a manera de tortura a subalternos que le disgustaron de cierta forma, y exhibicionismo como excelente jinete, lo que le hacía merecedor del aprecio de los gauchos. Pero en los dos días que Darwin se ve forzado a pasar en el campamento, pues espera el salvoconducto de Rosas para seguir adelante, se ocupa observando a los indios aliados, llamados en general “civilizados”, que se encuentran allí. Más que nada llaman su atención las mujeres indígenas quienes a sus ojos tienen a cargo realizar trabajos más extenuantes que los hombres, como ensillar los caballos, subir la carga y hacer las tiendas por la noche: “en suma, ser, como las esposas de todos los salvajes, esclavas útiles”. (El viaje, 82)

La campaña de exterminio contra los indios tiene un impacto visible en Darwin, lo expresa narrando masacres cometidas recientemente en pueblos enteros de que se ha enterado, de ejecuciones como la que él mismo presenció, de tres mensajeros que no quisieron revelar la información que llevaban a sus tribus, y de otras atrocidades que le fueron narradas:

Todos aquí están convencidos de que ésta es la guerra más justa, porque es contra bárbaros. ¿Quién podría creer en esta era que tales atrocidades pueden cometerse en un país cristiano civilizado? Se salva a los niños de los indios para venderlos o regalarlos como sirvientes, o más bien esclavos hasta cuando los dueños pueden hacerlos creer que son esclavos. (El viaje,115)

En su diario no se detuvo para expresar algunas opiniones políticas. A su paso por la fortificación de Bahía Blanca, menciona que el poblado se estableció a la fuerza en 1828 robando la tierra a los indios, un error, piensa, que provocó el aumento de la violencia cuando pudo haber sido comprada, como habían hecho los virreyes españoles con las tierras de la más antigua fortificación de Río Negro. En este lugar, como en el caso de la mujer en Brasil, vuelve a poner la atención en un negro a quien se refiere con respeto, se trataba de uno de los “postas” que guardaba el fuerte de Bahía Blanca y que mereció su admiración: “Nunca conocí a un hombre más atento y cortés que este negro por lo que era triste ver que no podía sentarse a comer con nosotros.” (86)

Claramente Darwin meditaba sobre las relaciones entre clases y sobre la lucha por el poder político en el Nuevo Continente. Sabía sobre la historia de división social y racial, y sobre la anarquía política de los últimos tiempos. Lo meditaba en su recorrido de cuatrocientas millas hacia Buenos Aires, que por otro lado estuvo lleno de hallazgos por la riqueza de vida vegetal y animal, y por las formaciones naturales que pueden revelar tanto a un geólogo como él, navegando por el “noble” Paraná. Este río en particular le lleva a expresar su desprecio por el dictador Paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia y por la historia trágica de la región. Para él, el Paraná debería ser un punto importante de comunicación entre el vasto y rico continente, por lo que reconoce, quizás no tan imparcialmente, que el modelo británico es superior.

¡Que diferente sería el aspecto de este río si hubiesen sido colonos ingleses quienes por fortuna hubiesen entrado primero por el Plata. ¡Qué nobles pueblos ocuparían ahora sus laderas! Hasta la muerte de Francia, el dictador de Paraguay, estos dos países deberán permanecer distintos, como puestos en diferentes partes del globo. Y cuando el empecinado viejo tirano se haya ido, Paraguay será desgarrado por revoluciones, violentas en proporción a la previa calma inusual. El país tendrá que aprender, como cada uno de los estados sudamericanos, que una república no puede tener éxito hasta contar con un cierto cuerpo de hombres dotados de los principios de justicia y honor.”(El viaje, 153-154)

Es seguro que la pésima opinión que Darwin tenía acerca del dictador Rodríguez de Francia, el Supremo, quien estuvo en el poder de 1814 a 1840, tuviera que ver con lo que sucedió a Aimé Bonpland, el médico y naturalista francés, compañero de viaje de Humboldt, quien había regresado y se había establecido en Santa Ana, cerca del Paraná, en 1821, para dedicarse al cultivo de la yerba mate. Su castigo por hacerlo sin permiso del gobierno, quien tenía el monopolio, fue su arresto domiciliario por 10 años.

En la entrada a su diario del 20 de octubre de 1833, la realidad política ha vuelto a trastornar los planes de Darwin, cuando desembarca en la boca misma del gran río, en Las Conchas, y se encuentra en medio de lo que llama “una violenta revolución”. Un grupo de seguidores de Rosas se han levantado en armas contra el gobernador Balcarce “por apenas un pretexto de quejas: pero en un estado en el que en el curso de nueve meses (de febrero a octubre de 1820) sufrió quince cambios de gobierno”. (156) Los puertos a la ciudad estaban bloqueados por los rebeldes, no salía ni entraban provisiones, la ciudad estaba sitiada y Darwin se vio varado por dos semana con este grupo que le pareció de “bandidos”, hasta recibir permiso para cruzar, aunque sin caballo ni guía, para seguir su camino a Buenos Aires. Antes visitará Montevideo y otras poblaciones, y el 17 de noviembre realiza una excursión por Colonia de Sacramento, donde medita nuevamente sobre las luchas políticas:

Por la tarde di un paseo por las medio demolidas paredes del pueblo. Fue un sitio principal en la Guerra del Brasil: una guerra muy perjudicial para este país, no tanto por sus efectos inmediatos, como por ser el origen de multitud de generales y todos los otros grados de oficiales. Hay más generales, aunque no pagados, en Las Provincias Unidas de la Plata, que en el Reino Unido de Gran Bretaña. Estos caballeros han aprendido a gustar del poder, y no tienen objeción a un poco de combate. De aquí que siempre hay muchos prestos para crear disturbios y derrocar a un gobierno, el cual nunca ha estado cimentado en una base fuerte. (El viaje, 160)

Rumbo a Tierra del Fuego

Antes de partir a Patagonia en diciembre, Darwin resume algunas observaciones sobre las gentes de las tierras que ha visitado en los últimos seis meses. Otra vez menciona a los gauchos, le parecen superiores y más amables que las personas que residen en los pueblos. Pero al mismo tiempo opina que el hábito de cargar cuchillos causa demasiadas muertes y una buena cantidad de hombres con terribles cicatrices en la cara. Ya en Bahía de Botafogo, había hecho una observación similar cuando observaba la destreza con que los niños aprenden a usarlos desde pequeños para cortar la hierba que cierra el paso por los bosques tropicales (a Rosas le aplaudió haber prohibido el uso de cuchillos en día domingo). Asimismo, observó los efectos dañinos de la bebida y el juego, la incidencia de robos, la facilidad de vivir sin trabajar, la corrupción de las autoridades y la falta de seguridad para los viajeros. Pero por otro lado, Darwin es optimista, pues supone que el “liberalismo” que reina y la tolerancia a otras religiones, entre otras cosas, darán fruto en el futuro.

Beagle en el Estrecho de MagallanesEl Beagle en el Estrecho de Magallanes

 

La pobreza de los habitantes de Tierra del Fuego, su atraso cultural en medio de una tierra que no ofrecía la menor posibilidad de cultivar nada ni poseer nada, su vida nómada, forzados a vivir de las aguas heladas, y su desnudez en medio del frío y la humedad, producen una gran impresión en Darwin, quien también sabe, por un nativo fueguino de otra tribu que viajaba con ellos, que este grupo, a veces forzado a no comer por días, llega a comer a sus ancianos. La tribu da a Darwin la oportunidad de admirar en ellos la resistencia de que es capaz el ser humano y la costumbre de imitar (como lo han hecho con sus extraños visitantes), lo que considera una habilidad que ocurre en culturas inferiores y que el hombre en sociedades superiores ha perdido. En sus escritos científicos aclara que el hombre aprende precisamente de la imitación y de la experiencia. Su encuentro con estos fueguinos llevó a Darwin a especular que su situación se debía a causa de otras tribus que los empujaron a estas latitudes en donde su aislamiento y su vida nómada les ha impedido civilizarse.

Los hábitos nomádicos, ya sea en extensas planicies, o entre los bosques tropicales, o a lo largo de las costas del mar, han sido altamente perjudiciales en todos los casos. Mientras observaba a los habitantes bárbaros de Tierra del Fuego, se me ocurrió que la posesión de alguna propiedad, una vivienda fija, y la unión de muchas familias bajo un jefe, eran requisitos indispensables para la civilización. Tales hábitos casi necesitan del cultivo de la tierra; y los primeros pasos para cultivar probablemente resulten… de algún accidente como el que las semillas de un árbol de fruta caigan sobre un montón de basura, y produzcan una variedad atípicamente fina. (Origen, 323)

Uno de los episodios más memorables en el viaje del Beagle por Sudamérica, es el caso de los tres nativos de Tierra del Fuego que venían de regreso de Inglaterra. Estos compañeros de viaje de Darwin habían sido recogidos en el viaje anterior del barco por el capitán FitzRoy como rehenes, después de un incidente que implicaba un robo, costumbre muy generalizada entre las tribus de fueguinos. Los tres nativos habían aprendido inglés y los tripulantes del barco, no pudiendo pronunciar sus nombres les habían dado otros: Jemmy Button, Fueguia Basket y York Minster, estos dos estaban casados. Su repatriación dio a Darwin y a su grupo otra oportunidad de pasar unos días en sus territorios y de observar la capacidad de asimilación a que fueron expuestos cuando experimentaron la cultura de Inglaterra. Con ellos venía el Misionero Robert Matthews que planeaba quedarse. El reencuentro con familiares y amigos, dio lugar a un ritual muy distinto al abrazo que se usa en Occidente. Un tiempo después el Beagle regresó a estas costas, donde fue alcanzado por Jemmy, quien fue invitado a seguir con ellos, pero éste ahora estaba casado y se había readaptado a su vida. Matthews tuvo tiempo de arrepentirse y regresar al Beagle pues los fueguinos habían robado todas sus posesiones e intentado arrancarle la barba “pelo por pelo”.

La expedición de Darwin continuó por muchas ciudades y regiones de Chile, y por Perú, donde tendría ocasión de comparar las culturas costeñas como en Chiloé, Chile, con las andinas de tierras altas. También pudo ver algunas ruinas incas antes de partir a las Galápagos. Hoy sabemos que la extraordinaria importancia de las observaciones realizadas por Darwin en su estudio de la naturaleza hicieron posible entender mejor la complejidad y diversidad de nuestro mundo. Sin embargo, al seguir su travesía a través de las páginas de su diario, es claro que sus hallazgos no se limitaron a la historia natural y que sus experiencias sociales, que incluyeron desde nativos y colonos americanos, dueños de estancias, hosteleros, esclavos, criados, comerciantes, vaqueros, soldados, marinos, y tribus indígenas diversas, contribuyeron grandemente a formar el sofisticado universo antropológico de Darwin, uno que incluía tanto la gama de razas humanas como diversos estados de “civilización” o de salvajismo. Sobre esta base monumental de tipos construyó el lente científico que enseñó a las generaciones futuras a estudiar la vida en función a las condiciones que determinan su medio ambiente.

*Todas las citas en este artículos son traducciones mías de las fuentes originales:

Charles Darwin. The Descent of Man and Selection in Relation to Sex. Great Books of the Western World, No. 49 (Edited by Encyclopedia Britannica), Chicago, 1952.

—- The Voyage of the Beagle. Pen State Hazleton PDF electronic edition, 2001.

Consulta:

Jonathan Clemens. Darwin’s Notebook: The Life, Times, and Discoveries of Charles Robert Darwin. Philadelphia: Quid Publishing, 2009.