Entre la civilización y la barbarie, el diario de Darwin


La Santa Inquisición seleccionó con extremo cuidado a los hombres más osados e independientes para quemarlos o apresarlos. Solo en España, algunos de los mejores hombres –aquellos que dudaron y cuestionaron, y sin dudar no puede haber progreso– fueron eliminados…

Charles Darwin, El origen del hombre

AlbatrossEl albatros, ave de los océanos

 

La visita de Charles Darwin en septiembre de 1835 al archipiélago ecuatoriano de las Galápagos fue de apenas cinco semanas, un tiempo breve considerando la trascendencia de sus conclusiones y el impacto que tendrían para la comprensión del mundo natural. El concepto de la evolución ya era discutido para entonces entre sus contemporáneos, existía una gran base académica en estudios geológicos y de paleontología, pero las islas del Ecuador fueron el laboratorio perfecto donde Darwin recogió la evidencia que requería su teoría de la selección natural. En ellas pudo comprobar lo que ya había reconocido durante su travesía desde el Atlántico norte: que los efectos del medio son determinantes en el desarrollo evolutivo de todas las especies vivas; y la contrastante singularidad en cada isla, hacía posible explicar cómo se producen las variantes que permiten la adaptación de los seres a su entorno, y que son responsables de la diversidad entre y dentro de todas las especies. Aquí habría que agregar que Darwin, como lo aclara en su obra El origen del hombre, consideraba a éste como parte del “reino animal”, en contradicción a muchos que alegaban una distinción clara entre las plantas, los animales y el hombre.

Pero la investigación realizada por Darwin, el llamado “Segundo viaje del Beagle” fue el resultado de cinco años consecutivos de exploración por Sudamérica y el Pacífico sur, desde 1832 hasta 1836, y repercutiría exponencialmente más allá de la biología, avanzando el conocimiento en muchos otros campos. La antropología, las ciencias sociales y la psicología fueron disciplinas que se beneficiaron de las reflexiones de Darwin sobre la gama de tipos humanos y sociedades que observó a su paso por América del Sur y más tarde en el Pacífico, Australia y Nueva Zelanda. Entre la amplia lista de lecturas que Darwin había estudiado estaban los relatos de exploradores célebres, el más importante, Alexander Von Humboldt, quien en su biografía Darwin reconoció como su mayor inspiración, y a quien recurrió como una constante fuente de referencia en sus estudios, gracias al extenso cuerpo de información que Von Humboldt había recogido en su travesía por el continente americano, acompañado por el médico francés Aimé Bonpland. La simpatía de Humboldt por las civilizaciones americanas había renovado la curiosidad y creado un lente más amable de apreciación hacia las tierras poco exploradas.

Su agudo sentido de observación como naturalista, aplicado al comportamiento humano de tanto tribus indígenas como individuos y sociedades que conoció durante sus expediciones, enriqueció la perspectiva humanista que desarrolló en su controversial obra El origen del hombre (1871). Pero ya más de treinta años antes, las páginas de su diario, publicado por primera vez en 1839, nos acercan a un hombre que buscó responder las incógnitas que los prejuicios sociales, raciales y religiosos se resistían a cuestionar. Charles Darwin era abolicionista, lo que le dotaba de una mejor disposición para observar el efecto de la opresión y el dominio sobre otros, y muy seguramente para examinar cómo algunas sociedades alcanzan un alto grado de civilización y otras se mantienen en estado primitivo. Igualmente, explicar como algunas muy superiores se estancan o retroceden y pierden su primacía, los griegos, romanos, incas y mayas, por ejemplo, mientras que otras nuevas surgen con fuerza. Mientras que el mundo ha estudiado a Darwin por su contribución a las ciencias naturales, su diario, The Voyage of the Beagle*, o El viaje del Beagle, también nos da una idea de la diversidad racial y cultural que Darwin encontró a su paso, principalmente el Latinoamérica, y que claramente iluminó su entendimiento sobre los tipos y grados de sociedades que son determinados por condiciones específicas. Entre los casos que llamaron su atención sobresalen los de abuso que propicia la esclavitud.

En Brasil en 1833, cuando recién había llegado a América, Darwin acepta una invitación a viajar mil millas tierra adentro a Socego con un inglés dueño de una estancia. A su regreso, junto al Rio Macaé ocurrió una escena que le pareció ser de extrema crueldad, cuando un amo enfurecido amenazaba a los esclavos con vender a sus mujeres y niños. Darwin reconoce más tarde que no fue la compasión sino el interés lo que detuvo al amo de separar a treinta familias. Poco después, pasa por el sitio en que habitó no hacía mucho tiempo una comunidad de negros, que escaparon de la esclavitud tomando la parte alta de un cerro donde podían cultivar algo para comer. Según su guía, al ser encontrados, todos fueron capturados, excepto una anciana que prefirió arrojarse al vacío. En la reacción de Darwin al escuchar la historia se puede percibir su disgusto: “En una matrona romana esto hubiese sido llamado un acto noble de libertad: en una pobre negra es mera terquedad brutal”. Es sorprendente como estas experiencias aparecen sintetizadas en El origen del hombre, cuando hace referencia al concepto de “degradación”, o “regresión” de una cultura. Darwin argumentó en esta obra que las razas no representan especies diferentes, sino que todos los hombres provienen del mismo origen primitivo, un concepto no bien aceptado en su época como sabemos. El caso de una raza sometida que recibe el trato de las bestias, propicia lo que consideró regresión en las culturas. En esta misma parte de su viaje, mientras se acercaba a Rio de Janeiro, hubo un tercer episodio que le conmovió, cuando por accidente Darwin levantó su brazo mientras se encontraba muy cerca de un esclavo, quien aunque era alto y fornido, temió sin motivo aparente haber hecho algo que mereciera castigo:

Pasé mi mano cerca de su cara. El, supongo, pensó que lo hacía con furia, y que iba a pegarle. Con una mirada de temor y ojos medio cerrados, bajó sus manos. Nunca olvidaré mi sentimiento de sorpresa, disgusto, y vergüenza, al ver un hombre grande y fuerte con miedo hasta de prevenir un golpe, dirigido, como pensó, hacia su cara. El hombre había sido entrenado a una degradación peor que la esclavitud del animal más indefenso. (El viaje, 31)

Gaucho con ovejas

En tierra gauchos

En su paso por Uruguay y Argentina, a mediados de 1833, Darwin se sintió fascinado por el mundo romántico y libre del vaquero, que experimentó y describió en su diario con una abierta admiración, calificando como artes las habilidades que distinguen lo que hoy llamamos cultura del gaucho. No resistió el gusto por describir en detalle la destreza de estos hombres con el lazo y con las bolas para cazar y dominar a las reces y a los caballos, en un ambiente rudo de jornadas largas y noches a la intemperie. La primera de esas noches quedaría marcada en su diario el 11 de agosto de 1833 como una de las más placenteras en todo el viaje:

Hay gran placer en esta independencia de la vida del gaucho – ser capaz en cualquier momento de detener el caballo, y decir, “Aquí es donde pasaremos la noche”. La quietud sepulcral de la planicie, los perros vigilando, el grupo gitano de gauchos haciendo sus camas alrededor del fuego, han dejado en mi mente una fuerte imagen de esta primera noche, la cual nunca olvidaré. (El viaje, 79)

También es de notar que al partir hacia Tierra del Fuego, a fines de ese año, Darwin volvió a expresar su agradecimiento por el tiempo que convivió con los gauchos, a quienes consideraba sumamente corteses y hospitalarios. El profundo conocimiento de estos hombres de su entorno, incluyendo el comportamiento de pájaros como las avestruces y animales como el jaguar, le fue de una utilidad invaluable. Tan sólo en Maldonado, el famoso naturalista inglés había tenido la oportunidad de pasar diez semanas, el doble del tiempo que pasó en las Galápagos, y si bien dedica la mayor parte de su tiempo a estudiar las características físicas del entorno, y a identificar, clasificar y documentar sus observaciones sobre la flora y fauna que encuentra de interés, también convivió con colonos, notando cuan distante estaban del resto del mundo en más que el aspecto geográfico. En su diario escribirá estar impresionado al saber que un rico dueño de una estancia de miles de acres y miles de cabezas de animales, no supiera donde está Norteamérica o Londres, no conociera un mapa o una brújula y viviera en una casa con piso de tierra, comiendo una dieta tan rústica como la de cualquier campesino. Este tipo de contacto con personas toscas, y en ocasiones groseras, que se repetiría en los meses siguientes, tuvo un efecto importante en su apreciación sobre el significado de progreso o mejoramiento del hombre en sociedad. En El origen del hombre escribirá:

Aún pareciera, por lo que vemos, por ejemplo, en partes de Sudamérica, que la gente que podría llamarse civilizada, como los colonos españoles, está expuesta a hacerse indolente y retrógrada cuando las condiciones de vida son muy fáciles. (El origen del hombre, 328)

La idea se desarrolla en el capítulo que tituló, “Sobre las facultades intelectuales y morales durante tiempos primitivos y civilizados”, que constituye una reflexión sobre la selección natural en el hombre, y la manera en que una sociedad va mejorando conforme se va haciendo de individuos valiosos. Darwin concluirá al respecto, que “la lucha por la existencia debe ser suficientemente severa para forzar a un hombre a ascender hacia su mayor estándar”. También opina que para que una sociedad mejore, se necesita que coincidan muchas y muy variadas condiciones favorables; sin embargo, acepta que aún las condiciones más favorables no siempre son suficientes para asegurar el progreso de tal. Finalmente, explica, la manera más eficiente de conseguir el progreso es a través de la educación, la que debe comenzar desde una edad temprana, cuando la mente es aún tierna e impresionable; y debe ser “inculcada por los hombres más aptos y mejores, incorporada a las leyes, costumbres y tradiciones de la nación, y reforzada por la opinión pública.” (328),

Experiencias bélicas

El encuentro de Darwin con Manuel de Rosas es uno de esos pasajes históricos que por extraños se olvidan, y sin embargo, la importancia de esta experiencia, en la que el científico se vio en medio de una guerra de exterminio indígena, es difícil de negar. Camino a Buenos Aires, a fines de julio de 1833 Darwin llegó al campamento del Rio Colorado donde se encontraba Rosas con su ejército y con alrededor de 600 indios aliados. Así se convirtió en testigo de la campaña que intentaba consolidar el poder del general Rosas, en tierras donde reinaban luchas sangrientas y actos salvajes por ambas partes, tanto por los indios como por los soldados argentinos y chilenos, mejor armados. Al principio su impresión sobre el general fue positiva, un hombre disciplinado, inteligente y lleno de energía, pues le pareció que a pesar de su estilo despótico, Rosas podría sacar al país adelante. Sin embargo, en su revisión al diario de 1845 se retracta de esa apreciación. El testimonio de Darwin narra algunas de las anécdotas que ganaron a Rosas el respeto y el miedo de sus hombres: castigos ejemplares a manera de tortura a subalternos que le disgustaron de cierta forma, y exhibicionismo como excelente jinete, lo que le hacía merecedor del aprecio de los gauchos. Pero en los dos días que Darwin se ve forzado a pasar en el campamento, pues espera el salvoconducto de Rosas para seguir adelante, se ocupa observando a los indios aliados, llamados en general “civilizados”, que se encuentran allí. Más que nada llaman su atención las mujeres indígenas quienes a sus ojos tienen a cargo realizar trabajos más extenuantes que los hombres, como ensillar los caballos, subir la carga y hacer las tiendas por la noche: “en suma, ser, como las esposas de todos los salvajes, esclavas útiles”. (El viaje, 82)

La campaña de exterminio contra los indios tiene un impacto visible en Darwin, lo expresa narrando masacres cometidas recientemente en pueblos enteros de que se ha enterado, de ejecuciones como la que él mismo presenció, de tres mensajeros que no quisieron revelar la información que llevaban a sus tribus, y de otras atrocidades que le fueron narradas:

Todos aquí están convencidos de que ésta es la guerra más justa, porque es contra bárbaros. ¿Quién podría creer en esta era que tales atrocidades pueden cometerse en un país cristiano civilizado? Se salva a los niños de los indios para venderlos o regalarlos como sirvientes, o más bien esclavos hasta cuando los dueños pueden hacerlos creer que son esclavos. (El viaje,115)

En su diario no se detuvo para expresar algunas opiniones políticas. A su paso por la fortificación de Bahía Blanca, menciona que el poblado se estableció a la fuerza en 1828 robando la tierra a los indios, un error, piensa, que provocó el aumento de la violencia cuando pudo haber sido comprada, como habían hecho los virreyes españoles con las tierras de la más antigua fortificación de Río Negro. En este lugar, como en el caso de la mujer en Brasil, vuelve a poner la atención en un negro a quien se refiere con respeto, se trataba de uno de los “postas” que guardaba el fuerte de Bahía Blanca y que mereció su admiración: “Nunca conocí a un hombre más atento y cortés que este negro por lo que era triste ver que no podía sentarse a comer con nosotros.” (86)

Claramente Darwin meditaba sobre las relaciones entre clases y sobre la lucha por el poder político en el Nuevo Continente. Sabía sobre la historia de división social y racial, y sobre la anarquía política de los últimos tiempos. Lo meditaba en su recorrido de cuatrocientas millas hacia Buenos Aires, que por otro lado estuvo lleno de hallazgos por la riqueza de vida vegetal y animal, y por las formaciones naturales que pueden revelar tanto a un geólogo como él, navegando por el “noble” Paraná. Este río en particular le lleva a expresar su desprecio por el dictador Paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia y por la historia trágica de la región. Para él, el Paraná debería ser un punto importante de comunicación entre el vasto y rico continente, por lo que reconoce, quizás no tan imparcialmente, que el modelo británico es superior.

¡Que diferente sería el aspecto de este río si hubiesen sido colonos ingleses quienes por fortuna hubiesen entrado primero por el Plata. ¡Qué nobles pueblos ocuparían ahora sus laderas! Hasta la muerte de Francia, el dictador de Paraguay, estos dos países deberán permanecer distintos, como puestos en diferentes partes del globo. Y cuando el empecinado viejo tirano se haya ido, Paraguay será desgarrado por revoluciones, violentas en proporción a la previa calma inusual. El país tendrá que aprender, como cada uno de los estados sudamericanos, que una república no puede tener éxito hasta contar con un cierto cuerpo de hombres dotados de los principios de justicia y honor.”(El viaje, 153-154)

Es seguro que la pésima opinión que Darwin tenía acerca del dictador Rodríguez de Francia, el Supremo, quien estuvo en el poder de 1814 a 1840, tuviera que ver con lo que sucedió a Aimé Bonpland, el médico y naturalista francés, compañero de viaje de Humboldt, quien había regresado y se había establecido en Santa Ana, cerca del Paraná, en 1821, para dedicarse al cultivo de la yerba mate. Su castigo por hacerlo sin permiso del gobierno, quien tenía el monopolio, fue su arresto domiciliario por 10 años.

En la entrada a su diario del 20 de octubre de 1833, la realidad política ha vuelto a trastornar los planes de Darwin, cuando desembarca en la boca misma del gran río, en Las Conchas, y se encuentra en medio de lo que llama “una violenta revolución”. Un grupo de seguidores de Rosas se han levantado en armas contra el gobernador Balcarce “por apenas un pretexto de quejas: pero en un estado en el que en el curso de nueve meses (de febrero a octubre de 1820) sufrió quince cambios de gobierno”. (156) Los puertos a la ciudad estaban bloqueados por los rebeldes, no salía ni entraban provisiones, la ciudad estaba sitiada y Darwin se vio varado por dos semana con este grupo que le pareció de “bandidos”, hasta recibir permiso para cruzar, aunque sin caballo ni guía, para seguir su camino a Buenos Aires. Antes visitará Montevideo y otras poblaciones, y el 17 de noviembre realiza una excursión por Colonia de Sacramento, donde medita nuevamente sobre las luchas políticas:

Por la tarde di un paseo por las medio demolidas paredes del pueblo. Fue un sitio principal en la Guerra del Brasil: una guerra muy perjudicial para este país, no tanto por sus efectos inmediatos, como por ser el origen de multitud de generales y todos los otros grados de oficiales. Hay más generales, aunque no pagados, en Las Provincias Unidas de la Plata, que en el Reino Unido de Gran Bretaña. Estos caballeros han aprendido a gustar del poder, y no tienen objeción a un poco de combate. De aquí que siempre hay muchos prestos para crear disturbios y derrocar a un gobierno, el cual nunca ha estado cimentado en una base fuerte. (El viaje, 160)

Rumbo a Tierra del Fuego

Antes de partir a Patagonia en diciembre, Darwin resume algunas observaciones sobre las gentes de las tierras que ha visitado en los últimos seis meses. Otra vez menciona a los gauchos, le parecen superiores y más amables que las personas que residen en los pueblos. Pero al mismo tiempo opina que el hábito de cargar cuchillos causa demasiadas muertes y una buena cantidad de hombres con terribles cicatrices en la cara. Ya en Bahía de Botafogo, había hecho una observación similar cuando observaba la destreza con que los niños aprenden a usarlos desde pequeños para cortar la hierba que cierra el paso por los bosques tropicales (a Rosas le aplaudió haber prohibido el uso de cuchillos en día domingo). Asimismo, observó los efectos dañinos de la bebida y el juego, la incidencia de robos, la facilidad de vivir sin trabajar, la corrupción de las autoridades y la falta de seguridad para los viajeros. Pero por otro lado, Darwin es optimista, pues supone que el “liberalismo” que reina y la tolerancia a otras religiones, entre otras cosas, darán fruto en el futuro.

Beagle en el Estrecho de MagallanesEl Beagle en el Estrecho de Magallanes

 

La pobreza de los habitantes de Tierra del Fuego, su atraso cultural en medio de una tierra que no ofrecía la menor posibilidad de cultivar nada ni poseer nada, su vida nómada, forzados a vivir de las aguas heladas, y su desnudez en medio del frío y la humedad, producen una gran impresión en Darwin, quien también sabe, por un nativo fueguino de otra tribu que viajaba con ellos, que este grupo, a veces forzado a no comer por días, llega a comer a sus ancianos. La tribu da a Darwin la oportunidad de admirar en ellos la resistencia de que es capaz el ser humano y la costumbre de imitar (como lo han hecho con sus extraños visitantes), lo que considera una habilidad que ocurre en culturas inferiores y que el hombre en sociedades superiores ha perdido. En sus escritos científicos aclara que el hombre aprende precisamente de la imitación y de la experiencia. Su encuentro con estos fueguinos llevó a Darwin a especular que su situación se debía a causa de otras tribus que los empujaron a estas latitudes en donde su aislamiento y su vida nómada les ha impedido civilizarse.

Los hábitos nomádicos, ya sea en extensas planicies, o entre los bosques tropicales, o a lo largo de las costas del mar, han sido altamente perjudiciales en todos los casos. Mientras observaba a los habitantes bárbaros de Tierra del Fuego, se me ocurrió que la posesión de alguna propiedad, una vivienda fija, y la unión de muchas familias bajo un jefe, eran requisitos indispensables para la civilización. Tales hábitos casi necesitan del cultivo de la tierra; y los primeros pasos para cultivar probablemente resulten… de algún accidente como el que las semillas de un árbol de fruta caigan sobre un montón de basura, y produzcan una variedad atípicamente fina. (Origen, 323)

Uno de los episodios más memorables en el viaje del Beagle por Sudamérica, es el caso de los tres nativos de Tierra del Fuego que venían de regreso de Inglaterra. Estos compañeros de viaje de Darwin habían sido recogidos en el viaje anterior del barco por el capitán FitzRoy como rehenes, después de un incidente que implicaba un robo, costumbre muy generalizada entre las tribus de fueguinos. Los tres nativos habían aprendido inglés y los tripulantes del barco, no pudiendo pronunciar sus nombres les habían dado otros: Jemmy Button, Fueguia Basket y York Minster, estos dos estaban casados. Su repatriación dio a Darwin y a su grupo otra oportunidad de pasar unos días en sus territorios y de observar la capacidad de asimilación a que fueron expuestos cuando experimentaron la cultura de Inglaterra. Con ellos venía el Misionero Robert Matthews que planeaba quedarse. El reencuentro con familiares y amigos, dio lugar a un ritual muy distinto al abrazo que se usa en Occidente. Un tiempo después el Beagle regresó a estas costas, donde fue alcanzado por Jemmy, quien fue invitado a seguir con ellos, pero éste ahora estaba casado y se había readaptado a su vida. Matthews tuvo tiempo de arrepentirse y regresar al Beagle pues los fueguinos habían robado todas sus posesiones e intentado arrancarle la barba “pelo por pelo”.

La expedición de Darwin continuó por muchas ciudades y regiones de Chile, y por Perú, donde tendría ocasión de comparar las culturas costeñas como en Chiloé, Chile, con las andinas de tierras altas. También pudo ver algunas ruinas incas antes de partir a las Galápagos. Hoy sabemos que la extraordinaria importancia de las observaciones realizadas por Darwin en su estudio de la naturaleza hicieron posible entender mejor la complejidad y diversidad de nuestro mundo. Sin embargo, al seguir su travesía a través de las páginas de su diario, es claro que sus hallazgos no se limitaron a la historia natural y que sus experiencias sociales, que incluyeron desde nativos y colonos americanos, dueños de estancias, hosteleros, esclavos, criados, comerciantes, vaqueros, soldados, marinos, y tribus indígenas diversas, contribuyeron grandemente a formar el sofisticado universo antropológico de Darwin, uno que incluía tanto la gama de razas humanas como diversos estados de “civilización” o de salvajismo. Sobre esta base monumental de tipos construyó el lente científico que enseñó a las generaciones futuras a estudiar la vida en función a las condiciones que determinan su medio ambiente.

*Todas las citas en este artículos son traducciones mías de las fuentes originales:

Charles Darwin. The Descent of Man and Selection in Relation to Sex. Great Books of the Western World, No. 49 (Edited by Encyclopedia Britannica), Chicago, 1952.

—- The Voyage of the Beagle. Pen State Hazleton PDF electronic edition, 2001.

Consulta:

Jonathan Clemens. Darwin’s Notebook: The Life, Times, and Discoveries of Charles Robert Darwin. Philadelphia: Quid Publishing, 2009.

 

Otoño

Otoño poético

Con el amanecer llegó un viento recio,
un rumor de adiós que hiere ramas muertas,
un saber que todo acaba,
un temor de soledad que obstruye la garganta
y ahoga las palabras;
de aves que instintivas huyen previniendo la falta de cobijo,
de árboles llorando hojas,
de silencios que asustan a sus propio ecos,
y fríos que desnudan la tierra sembrándola de sombras.
Me consoló el recuerdo de un sepulcro
que guarda un nicho para mí cerca del tuyo.

Ocoxal

Salman Rushdie y la Revolución Sandinista

En el mundo real había monstruos y gigantes;
pero había también el inmensurable poder de
la voluntad. Era enteramente posible que la
voluntad de Nicaragua de sobrevivir probara
ser más fuerte que las armas norteamericanas.
Tendríamos que esperar para verlo.

Salman Rushdie

(La sonrisa del jaguar, 1987)

el poeta Ernesto Cardenal

El poeta Ernesto Cardenal

El libro de Salman Rushdie La sonrisa del jaguar, inspirado en su visita a Nicaragua en 1986, es un documento singular en la historia de las revoluciones latinoamericanas ya que todavía en el periodo de la Guerra Fría, presenta una reflexión externa del movimiento sandinista, que lejos de clamar por la radicalización marxista del continente, representaba el rechazo del pueblo a la agresión militar de los Estados Unidos y a un destino de desigualdad controlado por dictaduras.  La sonrisa del jaguar es un recuento de las observaciones recogidas por Rushdie durante las tres semanas que duró su estancia en Nicaragua y de sus conversaciones con un buen número de personas, tanto los líderes dirigentes del movimiento que derrocó al último de los Somoza, como a miembros de la administración sandinista, sacerdotes, escritores, trabajadores sociales, campesinos, gente del pueblo, milicianos heridos que esperaban recuperarse para combatir al ejército de los contra nuevamente, observadores extranjeros y críticos como Violeta Chamorro, cuyo diario la Prensa había sido cerrado por el gobierno de Daniel Ortega, bajo sospecha de ser financiado por la CIA y acusaciones de provocar la inestabilidad en el país en medio de una guerra.

Rushdie interpretaba la situación de Nicaragua como un caso de David y Goliat que le había instado a profundizar su conocimiento del conflicto desde los años en que el catastrófico terremoto que devastó Managua en 1972 había mostrado al mundo la cara criminal del gobierno de Anastasio Somoza hijo. El escritor nacido en la India apoyó la Revolución Nicaragüense a través de la Campaña de Solidaridad con Nicaragua en Londres donde radicaba entonces.  Las circunstancias de su visita responden a un interés personal de quien se identificaba abiertamente con la posición anti-imperialista de los rebeldes, como hijo él mismo de un movimiento triunfante que liberó a su nación del colonialismo inglés. Reconocía que su conciencia era “producto del triunfo de la Revolución Hindú” y veía la vulnerabilidad del pequeño país ante la amenaza de invasión norteamericana a través del simbolismo de una letanía que había llamado su atención y que da el título a su libro: “Había una niña de Nicaragua que sonreía mientras montaba a un jaguar y al regreso del paseo la niña estaba dentro y la sonrisa en la cara del jaguar.”  Las circunstancias precarias que vivía Nicaragua en ese momento se hacen evidentes a lo largo de la narración, pero hay también un tono de reservado optimismo basado sobre todo en la solidaridad del pueblo nicaragüense a su Revolución. “Hope” que en español significa “esperanza” es precisamente el título del prólogo, el cual narra la curiosa circunstancia que diez años atrás lo había acercado a este pueblo, cuando en 1976, la esposa del dictador, Hope Somoza, respondiendo a la infidelidad del marido, se había mudado a una casa vecina al edificio de Rushdie, convirtiéndola en centro de concurridas fiestas, y a la calle en despliegue de coches de las marcas más lujosas.

La invitación vino de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC) que invitaba a escritores, artistas, músicos, bailarines, etc. a celebrar el séptimo aniversario del triunfo de la Revolución. Para entonces, Salman Rushdie poseía un conocimiento abundante del tema, de la historia de Nicaragua y de su cultura, sobre todo de sus escritores y poetas y de la opinión de los más importantes autores latinoamericanos, lo que hace su reflexión todavía más valiosa. Conoce bien la apreciación de Cortázar sobre Nicaragua y no está de acuerdo con la perspectiva de Mario Vargas Llosa. Confiesa no haber tenido intención de escribir un libro sobre el tema, pero dice haber sido afectado profundamente por la resolución del Congreso estadounidense de aprobar el uso de 100 millones de dólares de ayuda a los contra, a pesar de que la Corte Internacional de Hague había condenado la decisión de agresión estadounidense que apoyaba el entonces presidente Ronald Reagan. Sin embargo, Rushdie reprobó la censura del diario la Prensa y compartió abiertamente su crítica con el presidente Daniel Ortega, aunque tampoco vio en Violeta Chamorro la intención desinteresada y objetiva de mantener a su diario y a ella misma fuera de la política. Su temor, confesaba al inicio del viaje, era encontrar “como sucede a menudo”, que el gobierno sandinista se convirtiera “en lo mismo que se había propuesto destruir”; y se preguntaba si simpatizaría con los sandinistas, aunque de hecho, concluía: “a uno no tendría que gustarle nadie para creer en su derecho de no ser aplastado por los Estados Unidos aunque ayudaría.”

Mural Parque Nacional Volcán Masaya. Foto cortesía de Areli Ibarra

Mural Parque Nacional Volcán Masaya. Foto cortesía de Areli Ibarra

Es claro su interés por encontrar la fuerza que sacaría adelante al pueblo de Nicaragua. “Cuando no se nace en Occidente”, dice al inicio, “uno tiene cierta noción de cómo es la perspectiva desde abajo”.  Sin embargo, Rushdie evitó ser subjetivo y buscó perspectivas diferentes inquiriendo sobre la motivación y expectativas de los diversos actores dentro del conflicto.  A su llegada conoce a Tomas Borge, entonces ministro del interior, único sobreviviente de los diez primeros líderes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), los otros nueve habían sido asesinados antes de la caída de los Somoza. Se entrevista con el escritor Sergio Ramírez, vicepresidente del país, con quien viaja a Campoa, reuniéndose con Luis Carrión para celebrar el Día Nacional de la Reforma Agraria. Aquí presencia la entrega de 70 mil acres de tierra a campesinos y conoce a Jaime Wheelock, ministro de agricultura y antes comandante en la Revolución. Se entera de que a este tiempo se habían repartido ya 2 millones de acres de tierra a 100 mil familias. En Campoa conoce al padre Alfonso Alvarado, otro ejemplo de la comunión entre la Nueva Iglesia nicaragüense y su  Revolución. De regreso en Managua asiste a un recital de poesía donde conoce a la crítica Ileana Rodríguez y disfruta escuchando a las poetas Vidaluz Meneses y Gioconda Belli entre otros.  En casa de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo cena con algunos representantes como Claudia Chamorro, embajadora en Costa Rica, y escritores y poetas como Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho, Miguel d’Escoto, ministro del exterior, y Ernesto Cardenal, ministro de cultura, ambos de ellos sacerdotes. Con Cardenal, considerado el más importante poeta nicaragüense contemporaneo, se había reunido ya con anterioridad en su oficina, en lo que antes fuera el lujoso baño de Hope Somoza; en esa ocasión el poeta le habló de sus influencias literarias y su conversión de sacerdote a revolucionario.

La razón principal de su viaje, el aniversario de la Revolución, tiene lugar en Estelí el 19 de julio de 1986. El evento y el lugar están en peligro de ser blanco de un ataque de los contra por encontrarse a sólo 40 kilómetros de la frontera con Honduras, donde había 50 mil soldados nicaragüenses estacionados. Aquí le acompañan Rosario Murillo y el antes comandante Bayardo Arce. De regreso en Managua comparte unas horas con Hugo Torres, jefe de educación, Burt Schneider, productor de cine norteamericano y Susan Meiselas, fotógrafa de guerra. En Bocay entrevista a campesinos de una Cooperativa, y aún en medio de las carencias y del racionamiento que sufren, la comunidad le muestra su hospitalidad con un banquete consistente en sopa de frijoles y un huevo fertilizado, al que llama huevo de amor, un verdadero lujo dada la situación.  A Rushdie le conmueve la fe de la gente y le impresiona la vitalidad de la Misa Campesina en el barrio Riguero de Managua, en donde la música y el mensaje del padre Molina revelan la fuerza unificadora de la Teología de la Liberación. En la iglesia se topa con brigadistas estadounidenses que han venido como voluntarios para ayudar en la agricultura mientras los hombres salen a pelear. Finalmente en Bluefields, en la costa éste, le sirve de guía Mary Ellsberg, una brigadista dedicada a la salud que ahora servía en esta zona tan culturalmente diversa por su conexión antillana, y por su alta población de indios misquitos. Aquí es testigo del peligro que enfrenta esta parte aislada de Nicaragua sin defensa y bajo la constante amenaza de ataques y del secuestro de menores que eran reclutados por los contra. Aquí visita a la mujer que ha ayudado a nacer a la mayoría de los jóvenes de la población y que tiene dentro de su casa como mascota a una vaca.

Después de su recorrido en aquella Nicaragua de apenas tres millones de habitantes, en guerra contra el imperio más poderoso del mundo, Salman Rushdie no tiene duda de la pasión que mueve al pueblo y de la fuerza de su fe. Para entender la entrega de la gente a su Revolución evoca la pintura Cristo Guerrillero de Gloria Guevara, que muestra a dos mujeres indígenas al pie de una cruz que sostiene a un cristo vestido en jeans, como sus hijos y maridos soldados. Rushdie concluye que la imagen es totalmente familiar y vigente para este pueblo que ve la muerte a cada día en medio del hambre y la pobreza y que comulga con sus mártires inmortalizados en cada calle, escuela y hospital que lleva su nombre; Sandino a la cabeza, “más vivo que nunca”, aún sobre las ruinas todavía visibles del terremoto; los sandinistas, todos poetas como observa a largo de su libro, entregados a su causa, administrando lo mejor que pueden a un país debilitado y vulnerable; y los guías espirituales, los sacerdotes, también unidos a la Revolución, cumpliendo con un llamado moral y divino que identificaron con la liberación prometida por su fe. Al final del viaje debe regresar a la pregunta que le intriga desde su llegada, ¿será Nicaragua devorada por la geopolítica, es decir, por Los Estados Unidos? ¿Sería este el jaguar?, Rushdie encontraría otro planteamiento mucho más optimista para la interpretación del simbolismo creado por los versos citados: “Qué tal si el jaguar es la Revolución?”

La sonrisa del jaguar

A casi tres décadas de la publicación de La sonrisa del jaguar el libro se siente actual en todo momento. Nos regala un acercamiento personal a un país que entiende el precio de la guerra en un momento que se enfrenta a la mayor amenaza de su historia. La narración fluye clara y ligera introduciendo el lado humano de los personajes, citando las frases reveladoras de sus entrevistas y los pasajes poéticos que dan luz a la interpretación, y añadiendo sus reflexiones sobre el futuro del conflicto que en todo momento buscan las respuestas en la voluntad y la pasión del pueblo de Nicaragua, tan vivas en su poesía y en el rito religioso.

Batallón de San Patricio, inmigrantes en busca de una patria

“Si hubiera parque, no estaría usted aquí”

General Pedro María Anaya
(Su respuesta al general enemigo tras la derrota,
de Churubusco, 20/08/1847)

Batalla de Sacramento, febrero de 1847

Batalla de Sacramento, febrero de 1847. Detalle de Litografía de Julio Michaud y Thomas.

De cómo decenas de irlandeses, alemanes y otros soldados europeos desertaron de las filas del general Zachary Taylor para pelear en defensa de México es un hecho que sorprende. El año era 1846 y los ejércitos mexicanos peleaban en una lucha desigual para proteger una gran parte de su territorio. Al mismo tiempo que México se defendía en varios frentes con soldados y voluntarios pobremente abastecidos, Irlanda sufría el éxodo nacional más grande de la historia europea hasta entonces. Su población escapaba del yugo colonial inglés pero sobre todo del hambre. La clase aristócrata de Inglaterra poseía la tierra cultivable dedicándola a la siembra del trigo para su propia demanda. Bajo ese sistema, los campesinos irlandeses dependían de sus huertas caseras e irónicamente de un producto en particular, la papa, que por ser un tubérculo de mal aspecto fue despreciado, sobre todo por la aristocracia europea, durante largo tiempo después de haber sido introducido del Perú en el siglo XVI.

La papa, o patata, soportaba las bajas temperaturas de la región y rendía fruto más de una vez al año. así que la epidemia que destruyó completamente la cosecha pudo causar el hambre general y el éxodo de más de dos millones de irlandeses entre 1845 y 1849. Sin embargo, para estos años la emigración desde Irlanda no era un fenómeno completamente nuevo. Sólo en 1830, habían llegado 650 mil inmigrantes irlandeses a tierras americanas; la mayor parte eran católicos, por lo que enfrentaron inmediatamente el rechazo abierto de los puritanos de Massachusetts en donde primero se establecieron. En los años 40, al incrementarse el número en forma acelerada, su población se extendió a Nueva York, Illinois, Pennsylvania, y más tarde a Nueva Jersey, Ohio y California. Para 1920, menos de un siglo después, la inmigración irlandesa a Norteamérica llegaría a formar el 10% de la población total de los Estados Unidos.

Una de las consecuencias directas de este gran éxodo fue el rechazo de los llamados “nativistas” a los nuevos inmigrantes, que se tradujo en protestas públicas y políticas, y en ocasiones en actos de provocación destinados a expulsarlos de sus comunidades. Los nativistas, protestantes todos ellos, mostraron su odio desde temprano con la quema de iglesias y conventos. No obstante, los irlandeses se defendían sin miedo en enfrentamientos violentos en donde a veces las agencias del gobierno tomaban partido con los nativistas. La situación de los irlandeses se complicaba porque no todos eran católicos y su comunidad revivía las divisiones traídas del viejo continente.

El historiador Noel Ignatiev narra en su obra How the Irish Became White (traducción literal:“De como los irlandeses se hicieron blancos”) que en 1843 en Filadelfia, los nativistas provocaron una protesta de trabajadores irlandeses después de que una maestra católica se rehusó a leer en la escuela una biblia de Rey James, por lo que fue despedida. El hecho había encendido las luchas ideológicas entre protestantes y católicos y la violencia se apoderó de las calles. Al resultar muerto un irlandés protestante de nombre George Shiffler, su venganza al grito de “mártir” llevó a la quema de la iglesia de St. Michael al día siguiente. Los bomberos, simpatizantes con la causa nativista, se limitaron a rociar los edificios adyacentes. Un día más tarde, la iglesia de San Agustín también fue quemada.

Parte del odio venía del rechazo a la Iglesia Católica y parte porque se veía a los recién llegados, en su mayoría iletrados y pobres, como una carga social que implicaba pagar más impuestos. Visto desde nuestro tiempo, más que sorprendente resulta inverosímil el que los irlandeses no fueran considerados como “blancos” por los anglos y compitieran a su llegada por los trabajos que sólo los negros no tenían derecho a despreciar. También los alemanes eran víctimas de ataques por parte de los nativistas ya que en gran número eran laicos; entre ellos había ateos, agnósticos, socialistas y en general reformistas. Sin embargo, estos habían dejado atrás las divisiones religiosas aunque no simpatizaban con la élite inglesa, particularmente la aristocracia del Sur a la que identificaban con la misma clase contra la que se habían revelado en su tierra natal.

Miles de irlandeses, tanto protestantes como católicos, se enlistaron voluntariamente en la guerra contra México. Participaron compañías de irlandeses provenientes de Savannah e Illinois, bajo James F. Egan y Windfield Scott. este último contaba con un cuerpo de 2000 nativos irlandeses, según narra Carl Wittke en su libro The Irish in America. Un número indeterminado de ellos era miembro de pandillas y su expediente de delincuencia era serio, por lo que la guerra significaba una buena manera de evitar ir a la cárcel. Noel Ignatiev menciona el caso de William McMullen, miembro de la pandilla de los Killers, (Matones), quien no sólo había estado en el grupo de los que asesinaron a Shiffler en los enfrentamientos en Filadelfia de 1843 y 1844, sino que había apuñalado a un policía y herido a otro y esperaba juicio en 1846. Su participación en el ejército en la invasión de México lo redimió pues regresó como un héroe. Aún así, ésta no fue una guerra popular, y hubo suficientes críticos incluso dentro del mismo Congreso. El general Ulysses Grant estuvo entre quienes reprobaron la agresión a México. El historiador Ignatiev agrega que:

El ejército de Estados Unidos tuvo el más alto grado de deserción de cualquier ejército en la historia de los Estados Unidos – 8 porciento. Los soldados nacidos en el extranjero formaban casi la mitad de las fuerzas del general Taylor; de estos, la mitad eran irlandeses. (161)

Batalla de Churubusco, Litografía de Julio Michaud y Thomas

Batalla de Churubusco, Litografía de Julio Michaud y Thomas

La formación del Batallón de San Patricio es un tema que los historiadores norteamericanos han preferido omitir, y apenas ocupa unas líneas aún en los libros cuyo tema específicamente trata de irlandeses en América. Por otro lado, los especialistas en temas México-americanos y en estudios chicanos han dedicado más tiempo y reflexión a este episodio del expansionismo estadounidense como parte del periodo que dominó la ideología del “Destino Manifiesto”. Su base se encontraba en la doctrina puritana cuya política de discriminación racista victimizó tanto a las tribus nativas y a negros, como a mexicanos, chinos, e irlandeses en este caso.

Los soldados irlandeses que se unieron al Batallón de San Patricio eran católicos y se oponían a la esclavitud; no extraña que se identificaran más con los mexicanos. Además esperaban que al término de la guerra recibirían tierras por su servicio para establecerse y empezar una nueva vida. Las versiones que han condenado su deserción anteponen motivos materiales y argumentan que el ejército mexicano les ofreció mejor paga que el norteamericano, pero tal tesis no tiene mucho peso considerando lo pobre que estaba el país, y sobre todo lo mal equipado que estaba el ejército mexicano por la falta de fondos, armamento y provisiones. En mayo de 1846, el presidente Polk había asegurado del Congreso permiso para financiar el reclutamiento de 50 mil soldados, además de recibir apoyo de algunos del sector privado que tenían interés en la anexión de más territorio. La historiadora Josefina Zoraida Vázquez subraya en su libro La Intervención Norteamericana (1846-1848), la gran desventaja que enfrentaba México con un ejército cuya artillería no estaba modernizada y que contaba con pocos recursos. Por ejemplo, en la marcha hacia Saltillo de Santa Anna en enero de 1847, el frío extremo entre San Luis y Coahuila había provocado la baja de dos mil soldados por la falta de abrigo.

El ejército invasor contaba con todo, bastimentos, medicinas, caballos, salarios y oficiales especializados en todas sus ramas, tanto que en sus filas iniciaron su carrera los primeros graduados de West Point. Los mismos voluntarios podían ser entrenados, disciplinados y sustituidos continuamente, mientras que en el ejército mexicano los sobrevivientes de una batalla marchaban de inmediato a enfrentar la siguiente, a veces marchando medio territorio. Las fuerzas que lucharon en el norte lo harían en Veracruz y después en el valle de México. (77)

Respecto al Batallón de San Patricio, considerando el maltrato al que todavía eran sometidos como inmigrantes por la sociedad anglo-americana en general, parece lógico concluir que algunos irlandeses, alemanes, polacos y otros católicos simplemente se revelasen contra el repudio y la violencia experimentados en el país por el que ahora debían pelear. El profesor Rodolfo Acuña, conocido especialista en estudios chicanos, menciona en Occupied America que los irlandeses católicos resentían el comportamiento de otros soldados, la quema de iglesias y el trato a monjas y sacerdotes. Su relato cita episodios de extrema crueldad contra las poblaciones civiles por parte del ejército americano, como atrocidades y robo a poblaciones indefensas. Agrega que su capitán John Riley había desertado antes del ejército británico en Canadá uniéndose al General Paredes en defensa de los derechos de los indios a sus tierras. Otro investigador, Juan Carlos Castillón, reitera en su estudio Extremo Occidente, que había descontento entre los soldados en las compañías militares, pues como indica, estaban “mal dirigidos y peor tratados por sus mandos, debido sobre todo a su catolicismo”.

Parte superior de la placa conmemorativa dedicada a los soldados del Batallón se San Patricio

Parte superior de la placa conmemorativa dedicada a los soldados del Batallón se San Patricio. Muestra al águila azteca abrazando a una cruz celta. Museo de las Intervenciones, México, D. F.

En realidad, nadie sabe cuantos desertores simplemente abandonaron el combate en medio de la guerra y se asimilaron a comunidades del país; en Coahuila, Nuevo León, Chihuahua, y Sonora por ejemplo, donde la población blanca parece mayor que en los estados del centro. Los demás que siguieron luchando hasta el fin defendieron a la ciudad de México, la mayoría desde el que fuera el Convento de Churubusco, hoy “Museo de las Intervenciones”, donde sufrieron la derrota decisiva el 20 de agosto de 1847 quedándose sin parque. El número de europeos-americanos que participaron en ella fue de por lo menos 260, según el profesor Acuña. El juicio y el castigo vendrían unos días después. A algunos de los capturados, alrededor de 80, se les marcó con una “D” en la cara con hierro caliente, a otros se les azotó, y más de 50 fueron ejecutados. Hay 71 nombres en la placa conmemorativa que el gobierno mexicano les dedicó como héroes nacionales, 13 de ellos son alemanes.

Las pugnas entre nativistas, protestantes, católicos y otros grupos en Los Estados Unidos habían tenido un impacto político trascendental en la sociedad que se encontraba cada vez más dividida. La anexión de nuevos territorios mexicanos y sus pobladores que no eran blancos en una nación que lo quería ser, contribuyó a dividir más a los estados progresistas del norte, y al Sur, cuya economía dependía de la esclavitud. La polarización desembocaría en la Guerra Civil en la que triunfó el partido de Abraham Lincoln, pero no sin la ayuda de más de 150 mil irlandeses que lucharon por la Unión y por la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos. Hoy México no olvida el sacrificio de los San Patricios que murieron como mexicanos sin dejar de amar a su primera patria. Se han dedicado varios monumentos y una calle a su memoria; su estandarte, un harpa con perfil de ángel sobre el lema Erin Go Bragh (en una traducción no oficial, Siempre por Irlanda) así los recuerda en los homenajes que se les rinde cada año.

La placa conmemorativa del pueblo de México a los héroes irlandeses

La placa conmemorativa del pueblo de México a los héroes irlandeses fue dedicada en 1959. Museo de las Intervenciones.

Inés del alma mía, otra mirada a la fundación de Chile

En las Indias cada uno era su propio amo,
no había que inclinarse ante nadie… Allá
nadie cargaba con el deshonor por mucho
tiempo y hasta el mas humilde podía
encumbrarse.

Isabel Allende

Retablo en madera de Santiago Matamoros de autor anónimo. Colección de arte colonial Franz Mayer

La campaña de Pedro de Valdivia que pretendía la conquista de Chile (1540 -1541) fue como ninguna otra, una empresa que sin ofrecer una posibilidad real de enriquecimiento, sí garantizaba enormes riesgos para sobrevivir. Partiendo de Lima, era necesario cruzar el temible desierto de Atacama donde habían muerto muchos de los seguidores de Diego de Almagro en esa primera gran expedición al extremo austral del Imperio Inca. La ruta de los Andes era imposible; habían muerto de frío alrededor de cincuenta españoles, doscientos negros y dos mil indios, además de innumerables caballos y perros, por lo que Almagro no se había atrevido a tomarla de nuevo. Los que habían logrado regresar, expulsados en combates sangrientos por los aguerridos mapuche, lo hicieron difamados y en andrajos. Naturalmente, esto redujo el interés para el financiamiento de una segunda incursión, lo que obligó a Pedro de Valdivia a adquirir deudas y vender su hacienda, ganada poco antes como recompensa por el servicio militar que prestó a Francisco Pizarro en la Guerra de las Salinas.

La tenacidad de Valdivia es incuestionable, pero también es cierto que nunca estuvo solo, y que la fundación de Santiago de la Nueva Extremadura, hoy Santiago de Chile, así como su epopeya son hazañas que compartió con Inés Sánchez, una mujer extraordinaria que estuvo a la altura del reto y a quien en su novela Inés del alma mía (2006), Isabel Allende convierte en portavoz de las experiencias de los años que cimentaron al pueblo chileno de hoy. Su relato se desarrolla como una autobiografía que a veces parece una confesión íntima dirigida a una hija, pero otras refleja la época con el detalle de una crónica. La voz, así como la perspectiva femeninas ahondan en las circunstancias que ayudan a comprender lo que dista de parecer real en el choque entre estos dos mundos tan distintos.

Pero además se trata de una historia que narra la barbarie de la guerra, de medio siglo de batallas, invasiones y conquistas, desde las contiendas en Flandes y más tarde en Italia, en donde Valdivia se distinguió cuando era aún muy joven, hasta la Batalla de Tucapel en 1553 contra los mapuche, la que significaría el fin de su vida. Bajos refuerzos y ataques furtivos de indios que envenenaban o secaban los pozos de agua a lo largo del camino, aumentaban las dificultades de la caravana de yanaconas o indios auxiliares, negros y soldados, mermando su confianza en el buen término de la campaña.

Desde el principio la expedición había abierto una brecha de inconformidad entre Valdivia y Sancho de la Hoz, quien interponía los derechos que Carlos V le había dado a él para gobernar las tierras conquistadas. Francisco Pizarro, entonces gobernador del Perú, ya había concedido a Valdivia autoridad en cuanto a los nuevos territorios. Aún cuando los dos capitanes acordaron cooperar para el beneficio de todos, la realidad es que se sabían rivales. A partir de entonces, a los peligros naturales de la expedición se añadió la división entre los hombres, las conspiraciones y un atentado contra la vida de Valdivia, quien hizo a de la Hoz su prisionero. Más tarde éste sería uno de los cuantiosos cargos por los que Valdivia, nombrado gobernador de Santiago por sus subalternos, tuvo que responder estando a punto de ser destruido políticamente. Sin embargo, la mayor víctima de la envidia y animadversión de sus enemigos sería su relación con Inés, es decir, la posibilidad de seguir juntos.

Las cualidades de Pedro de Valdivia, soldado y estratega de carrera y de linaje, hombre celoso de su honor y enamorado de la fama y de su servicio a Dios y a España, no son muy distintas a las del noble militar distinguido de la época. Sin embargo Isabel Allende subraya su singularidad en la apreciación de la magnitud de sus proezas, en la lealtad y respeto que inspiró en soldados de la talla de Francisco de Villagra, Alonso de Monroy, Jerónimo de Alderete, Francisco de Aguirre, Juan Gómez y Rodrigo de Quiroga, entre otros que le siguieron hasta el extremo del mundo; pero sobre todo en su disposición a adaptarse a las nuevas circunstancias y romper prejuicios sociales reconociendo en Inés, una costurera de Plasencia, a algo más que una concubina, una compañera con la que estaba dispuesto a compartir la Conquista de Chile. Es este ángulo que exalta la fuerza de voluntad humana, lo que Isabel Allende explora presentando la aventura de la conquista como un proceso trasformativo, en donde las condiciones de la experiencia y el contacto con las tierras americanas significaban la oportunidad de reinventarse y construir una sociedad diferente.

El caso de Inés revela con claridad las inquietudes de miles de mujeres españolas de su tiempo como testigos pasivos, en su mayor parte víctimas, de la fiebre de ambición y competencia de un mundo masculino que las convertía en viudas sin serlo realmente, condenándolas a la soledad de largas esperas que bien podían no tener fin. Para Inés no obstante, vivir arrimada a una hermana, a la espera de un marido al que ya no amaba, era intolerable. El partir a las Indias para definir su situación marca el comienzo de su liberación, del camino en el que, al igual que tantos hombres, conseguiría reinventarse mientras juntos creaban un futuro nunca antes imaginado. Su rebeldía en contra de las limitaciones impuestas sobre la mujer, iba acompañada de inteligencia y arrojo, sin los cuales no hubiese podido enfrentar el acoso de hombres bajos y perversos a los que tenía que exponerse en cada tramo de su fantástica travesía hasta Cuzco. Dormir con una daga bajo la almohada fue una de las muchas cosas que Inés habría de aprender en su épica aventura en los reinos americanos de España.

Inés del alma mía

Como protagonista principal y narradora, Inés Sánchez nos muestra los aspectos prácticos de las empresas bélicas, el verdadero costo de las campañas de conquista, el apoyo logístico que de ser deficiente significaba morir de sed o de hambre en el camino, y más importante todavía, el papel central que jugaba cada quien, en particular la masa sin forma ni voz de indios y esclavos en los que recaía la carga más pesada y sin los que hubiese sido posible lograr los objetivos. El relato de Inés descubre que el valor y la astucia militar son sólo parte de la historia. Provista de sentido práctico, experiencia de enfermería básica, inteligencia e intuición, además de las cualidades de una mujer de pueblo que sabe lo mismo de agricultura que de animales y cocina, su contribución a la misión fue trascendental. Por si fuera poco, se sabe que su habilidad para encontrar agua, la cual aprendió de su madre en las tierras áridas de Extremadura, donde era frecuente ver secarse un pozo, salvó a la caravana de una muerte segura en el desierto. No es de extrañar el interés de la autora por traer a la vida en las páginas de esta novela a la mujer que merece ser reconocida como cofundadora de la nación chilena.

En su papel de primera “gobernadora” en la historia de Santiago, Inés Sánchez fue idónea para las tareas de prever, administrar y distribuir los recursos; de familiarizarse con las curaciones y hierbas medicinales de la región y proveerse de medicamentos; de organizar ayuda, atender a los heridos, zurcir la escasa ropa con que contaban y más tarde cultivar semillas, cuidar y parear a los animales y formar comedores con ayuda de su leal amiga y sirvienta, y de las mujeres indias que a menudo se olvida mencionar en los relatos de tema heroico, mientras hombres y yanaconas se dedicaban a fortificar la ciudad y la defendían contra los constantes ataques de sus enemigos. El valor de Inés Sánchez también fue legendario habiendo empuñado la espada más de una vez y arremeter ella misma contra los caciques capturados para hacer huir al ejército de miles de indios mapuche, cuando arrojaba sobre ellos las cabezas recién degolladas de los prisioneros.

En este relato sobre las raíces de la nación chilena Isabel Allende muestra que los relativamente escasos hombres y mujeres que siguieron a Valdivia al lugar más incomunicado del Imperio, no carecieron de valor. No sólo encararon las vicisitudes y la crudeza de un viaje de cinco meses por el desierto, sino también, a base de trabajo duro, ingenio y voluntad se volvieron a levantar tras la quema total de Santiago que los dejó con lo que llevaban puesto, un par de gallinas y algunas semillas apenas, por lo que el hambre se convirtió en su segundo gran enemigo. La espera de refuerzos y provisiones tardaría dos años.

También fascinante es el protagonismo de las tribus mapuche, enemigos formidables de la fuerza militar española; pueblo mítico y a la vez real que nunca fue conquistado, porque un mapuche no teme a la muerte ni al dolor, y como es claro a lo largo de la novela, no puede ser comprado porque no le interesan las riquezas. Isabel Allende dignifica el papel de los mapuche subrayando su resistencia y su valor: “¿El temor? No lo conocen. Aprecian primero la valentía y segundo la reciprocidad… No tienen calabozos alguaciles ni otras leyes más que las naturales.” Para un mapuche “el peor castigo es el exilio”. Para los mapuche la llegada de los europeos también dio inicio a un proceso de cambio que en un principio les obligó a adoptar nuevas formas de pelear y defenderse contra la superioridad de las armas españolas. Las batallas que protagonizó Valdivia y su muerte son algunos de los episodios que retratan mejor el lado aterrador de la época de las conquistas, el odio sembrado y el deseo de venganza entre los nativos, que en el caso de los mapuche aumentó su peligrosidad. Adoptaron la tortura, que era una práctica común entre los invasores, e irónicamente pudieron usarla contra el mismo Valdivia, haciéndole pagar los actos de crueldad excesiva que tanto él como otros habían ejecutado contra hombres, mujeres y niños indígenas. La audacia del pueblo mapuche se hace evidente en Lautaro, el espía que puso al servicio de los suyos el conocimiento adquirido durante muchos años para urdir la victoria sobre el enemigo.

A partir de su llegada al cerro de Huelén, al que Valdivia bautizó como Santa Lucía en 1541, a trece meses de su salida de Cuzco, la narración de Inés Sánchez (1507 – 1580) se extiende por otros cuarenta años, periodo en el que los mapuche nunca se dieron por vencidos defendiéndose contra la invasión de sus tierras. La novela expone las raíces que han marcado el destino de este pueblo a través de los siglos, y su admirable resistencia en la preservación de su modo de vida. Inés del alma mía, ha dicho Isabel Allende, es el producto de cuatro años de investigación. La vida de Inés Sánchez y los hechos relacionados con ella son tan inverosímiles, que la afamada escritora chilena incluyó la bibliografía que informó e inspiró su historia. Pero a pesar de que comenta que se limitó “a narrar los hechos tal como fueron documentados” y simplemente a “hilarlos con un ejercicio mínimo de la imaginación”, su talento literario logra darles sentido desempolvando a los protagonistas de las antiguas páginas de los cronistas, examinando sus anhelos y sus motivaciones, y recreando el entramado que los reúne y humaniza para desvanecer los mitos que durante más de cuatro siglos han acompañado a la fascinante epopeya que fue la fundación de Chile.

Vejez

Anciano piel de serranía,
no te duelas del ayer lejano,
porque eres espejo de la Tierra
y así anciano eres grandeza.

No te duelas de la triste aridez de tu semblante,
ese paisaje que el necio teme y el asceta envidia.
En él, como en un códice se escribió la Vida
en un lenguaje que busca ser oído por el alma;

porque tu faz de sabio luminosa
habla del desafío que es vivir,
de angustias y temores que dejaron surcos,
y de alegrías y risas que grabaron cicatrices.

No te duelas de la geografía hosca de tus manos,
áridas como la arcilla de caminos pisoteados.
Tus venas abultadas hablan del peso del anhelo;
más azules hoy que tus amaneceres muertos,
menos tímidas hoy que tus sueños sepultados.

No te duelas anciano de tu caminar cadente y lento
estoico y digno; de tu resignado y castigado cuerpo,
cansado de buscar sustento en tierra de hambre
y en fríos largos como ríos de hielo.

¿Acaso lloras viejo por otro mundo,
por tu juventud volcada hacia quiméricos futuros,
todavía futuros, todavía quimeras?
No te duelas más anciano
porque hoy no te defines por tus sueños,
eres tú mismo tu conquista.

Tantas veces tus manos han tocado el hoy
y tantas tus ojos han medido firmamentos.
Como un dios mitológico tus días ya no son esclavos de tus horas;
y como la montaña sólo agachas tus ojos a la noche,
y saludas como a un cercano amigo al día.

Tu pasado anciano es tu fuerza
porque en él quedó atrapado el miedo,
y hoy guardas, como el quieto volcán, el secreto de tu esencia.
Y porque tu piel sabe descifrar el lenguaje del viento,
y escuchar el mudo anuncio de la lluvia,
eres hermano de los campos y los bosques,
y de las rocas que miran impasibles a los huracanados mares.

Así anciano eres la forma de una promesa,
la semilla del eterno retorno,
del fruto dulce de la cosecha cíclica;
un poema prodigioso de la Creación
esculpido con la caligrafía del Tiempo.

Ocoxal

Personaje vestido de viejo en el Carnaval purépecha en la víspera de la cuaresma, en Michoacán, México

Personaje vestido de viejo en el Carnaval purépecha
en la víspera de la cuaresma, en Michoacán, México

La nariz del diablo, una novela ecuatoriana

…la montaña tomó venganza por haber sido herido su
panal de dulzura. Han herido su reposo y su corazón
viviente. Han matado la alegría de las aves, de
la selva, de la majestad de los Andes.

Sala de Carondelet, Palacio de Gobierno del Ecuador

Sala del Carondelet, Palacio de Gobierno del Ecuador donde se rememora
la construcción del ferrocarril transandino en el país (1872-1908)

En países plurinacionales como Ecuador, la literatura puede ser un valioso instrumento de comprensión y rescate cultural de las etnias nacionales que compensa la omisión histórica, especialmente en el caso de los afro descendientes, cuya comunidad ha sufrido el más alto grado de marginación en el continente desde su exportación forzada. Se debe encontrar y escuchar sus voces que no son aún suficientemente audibles fuera de un contexto regional.

Al hablar de la población africana en América Latina, la carencia de fuentes de voz propia hace más lento el proceso de legitimar su presencia dentro de las naciones a las que ha contribuido a formar cultural y económicamente. En cuanto al papel de la historiografía, es claro que el interés por rescatar la herencia negra ha estado muy por debajo del interés por mantener viva la raíz europea dentro del continente, y por ello la cultura popular, la canción, el baile, la música y la poesía oral y escrita han sido invaluables para el acercamiento hacia esa otra raíz y su riqueza.

Un caso extraordinario es la escritora esmeraldeña Luz Argentina Chiriboga, quien a través de su poesía y su obra novelística ha llamado la atención sobre la creatividad y fuerza de la cultura afro ecuatoriana de la que es parte. A ella debemos una mirada humana a las luchas anticolonialistas que toma en cuenta la participación real del esclavo y de la mujer, en particular, de dos mujeres que pelearon con valor singular por la Independencia, no sólo del Ecuador sino de la región entera: Jonatás y Manuela, su novela sobre el papel relevante de una esclava que se convierte en la amiga y aliada de Manuela Sáenz, la mujer más importante en la vida de Simón Bolívar.

Nuevamente, en su novela La nariz del diablo, la escritora abre una mirada de acercamiento humano a la contribución de ese segmento de la población que permaneció invisible por gran parte de la historia. El trasfondo es el reclutamiento de hombres afro antillanos para un proyecto que transformará para siempre al país. Ambas perspectivas, literaria e historiográfica, se complementan para acercarse a un momento trascendental en la historia del Ecuador: el de la construcción de “la línea ferroviaria más difícil del mundo,” un proyecto desafiante que marca la presidencia del líder liberal Eloy Alfaro, y el triunfo de una agenda de progreso que requiere el sacrificio de los miles de trabajadores ferroviarios, en gran número negros, que unen a ese sueño los suyos propios.

La presidencia de Alfaro es un momento clave por representar el triunfo de una agenda que pretendía la consolidación de la nación. El ferrocarril no sólo se extiende para incluir a otras regiones a la economía de mercados, sino que permite ofrecer iguales oportunidades para diversos grupos sociales dentro de la misma uniendo las regiones centrales a la costa en la línea Quito Guayaquil. Sin embargo, el marco en que se realiza la contratación de estos obreros les deja al margen de cualquier beneficio o buena intención que pueda tener el líder. La novela pone en primer plano el costo humano que trae consigo el desarrollo que ha ignorado la marginación y desplazamiento resultantes del intento por crear las estructuras económicas modernas.

Como en otros países del continente cuya geografía ha obstaculizado la integración social, el ferrocarril prometía una comunicación más eficiente y una asimilación étnica dentro del crecimiento económico. La novela hace referencia directa al fenómeno de la inmigración dentro de la diáspora africana que caracterizó los proyectos incipientes del periodo independiente llevado a cabo por compañías extranjeras. El reclutamiento de trabajadores jamaiquinos al Ecuador para realizar tan difícil obra, señala un fenómeno que atrajo a miles de peones negros con miras a encontrar mejores condiciones de vida. La construcción del canal de Panamá es el ejemplo más notable pero de ninguna manera el único.

En este recuento apegado a la historia Luz Argentina Chiriboga narra los aspectos humanos, las esperanzas y vivencias, los temores y sentimientos de esa fuerza laboral ausente del registro de los logros humanos. Personaliza la participación de estos seres hasta hoy fantasmas en el devenir de las naciones americanas que consistentemente han vivido ajenas a su existencia. La novela obliga a la reflexión sobre el papel de la diáspora africana en la construcción física de la nación y en los patrones de explotación que se han reiterado históricamente, es decir la fórmula de triangulación entre Europa, África y América que construyó los imperios mercantilistas en los albores de la modernidad – la industria azucarera, del algodón, y de la minería en la creación de los imperios coloniales — y que volvió a producir el deseado fruto en la dinámica de contratación de afro descendientes de las Antillas y el Caribe a puntos de la América Continental en proyectos de enriquecimiento llevados a cabo por contratistas transnacionales y financiamiento del “Primer Mundo”, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc. Como resultado, se perpetuó la explotación de comunidades africanas que al ser desplazadas fuera de sus comunidades quedan a expensas de compañías que no ofrecen protección laboral y hacen imposible el retorno, como también la oportunidad de asimilarse en la nueva cultura. El caso de esta comunidad de jamaiquinos que son llevados al Ecuador es un ejemplo del tipo de desplazamiento migratorio que ha caracterizado a parte de esa diáspora inducida al nomadismo, y que ha contribuido a perpetuar su ausencia en la historiografía de cada nación.

La vida cruda de trabajo excesivo y continuo de estos hombres, y de una que otra mujer que disfrazada se aventura a trabajar a la par que ellos, conlleva a diluir la cultura del inmigrante y acentúa su estado de marginado dentro de la población donde vive y labora. Pero por otro lado la construcción del ferrocarril es un proyecto común cuyo logro une a este grupo de trabajadores bajo experiencias dolorosas que les acercan entre sí porque sólo ellos las conocen bien: la separación de la familia, los peligros del mar, la enfermedad, la añoranza del regreso, la pérdida de compañeros y familiares en trabajos de alto riesgo, el frío, el dolor físico, el hambre, la mutilación que sufren muchos en las explosiones de dinamita, y la muerte misma. Experiencias profundas que repatrían al grupo en su propia solidaridad, es decir, le dotan de una identidad basada en la experiencia común, en la convivencia y en la ilusión de salir adelante y hacer real la promesa de una mejor vida. Asombra la fuerza de estos hombres y mujeres cuya identidad de grupo funciona como recurso de sobrevivencia contra el proceso de “desculturización” y de des- humanización de que son víctimas.

La simbología que ofrece el título “la nariz del diablo”, un tramo de la geografía que asemeja una pared vertical, sugiere la lucha infrahumana de la cual es parte el negro dentro de la búsqueda del “progreso”; un reto para gigantes que consiste en cortar la montaña para conseguir la movilidad y rapidez que representa el ferrocarril frente a la temible peligrosidad de un paisaje andino imponente y poderoso ante el cual el hombre blanco no está dispuesto a agacharse. La autora da nombre y vida a algunos de los hombres invisibles para la historia cuyo destino corre paralelo al desarrollo de las vías de hierro que van colocándose a base de detonaciones, y de romper con los brazos y los picos la montaña a alturas inconcebibles. Los accidentes durante el avance del proyecto van mermando a los obreros poco a poco y muchos quedan sepultados en el trayecto. Irónicamente, sus vidas hacen posible el éxito del plan que asegurará el crecimiento económico de regiones ansiosas de recibir la modernidad, pero ajenas a los fantasmas de la historia en cuyos hombros se ha construido el desarrollo de las Américas a lo largo de siglos. Sin embargo, los que sobreviven aprenderán a amar a su nueva tierra.

La herencia afrohispana ha sido históricamente tratada con indiferencia, ignorada en la mayor parte del continente y su contribución no ha sido reconocida. Asimismo, los desplazamientos de afro hispanos lejos de sus comunidades es un fenómeno que por mucho tiempo les impidió cuidar su herencia cultural destinando a muchas de estas comunidades a la marginación. La novela La nariz del diablo invita a reflexionar sobre la contribución y sacrificios de la población afro hispana a la formación de las naciones americanas abriendo una obvia pregunta, ¿quién escribe la historia?

La nariz del diablo - Luz Argentina Chiriboga
La autora

Como pocas escritoras latinoamericanas Luz Argentina Chiriboga ha publicado obras de valor en la mayoría de los géneros literarios. Su participación en varias antologías de ensayo y poesía se inició desde su juventud y su actividad literaria ha sido constante a lo largo de por lo menos tres décadas. En 1986 ganó el premio General José de San Martín, de Buenos Aires al que seguirían innumerables reconocimientos. Su carrera como novelista comienza con Bajo la piel de los tambores en 1991, que se reeditó en 1999 como Tambores bajo mi piel. A ésta siguieron Jonatás y Manuela en 1992, y En la noche del viernes en 1997. Los premios literarios obtenidos son muchos y diversos, convirtiéndose en una de las escritoras ecuatorianas más conocidas fuera de su país. Desde la sombra del silencio y La nariz del diablo, ambas publicadas en 2010, son dos de sus novelas más recientes. A éstas se puede añadir Cuéntanos Abuela, una novela para niños que apareció en 2002 y que como muchas de sus obras ha sido traducida a otros idiomas.

Sus libros de poesía son varios e incluyen La contraportada del deseo (1992), Luis Vargas Torres y los niños (2001), que precisamente contiene poemas dedicados a la niñez, además de Capitanas de la historia (2003) y Con su misma voz (2005). Otras obras que la poeta ha dedicado a las décimas, parte de su tradición esmeraldeña de donde provienen grandes talentos, son Palenque (1999) y su recopilación de Coplas afro-esmeraldeñas (2001).

Luz Argentina Chiriboga, quien siguió la carrera de Biología en la Universidad Central del Ecuador escribió en verso Manual de Ecología (1992) también dedicado a los niños y una colección de cuentos publicados bajo el nombre Este mundo no es de las feas en 2006. Sus ensayos, conferencias y recitales son incontables y la han llevado a Europa, África, Norteamérica y el Caribe. Sin duda la obra de Luz Argentina Chiriboga está en camino a trascender las oleadas ruidosas de la corriente central.

 

De huracanes, hamacas y caníbales

La palabra es la flecha que da en “su” blanco.
Sustituirla por otra es traicionar a la cosa que aspiraba a
ser representada plena y fielmente, con nitidez, con precisión.
Rosario Castellanos (Mujer que sabe latín…)

Nuevo Mundo

En lo que se refiere al estudio de la evolución de las lenguas y su etimología, ninguna época es tan fecunda como la era de la expansión comercial derivada del encuentro del Nuevo Mundo. Su impacto lingüístico universal todavía no alcanza a medirse, en parte debido a que el lente de apreciación se centró por mucho tiempo en los aspectos civilizatorios de la empresa colonial, es decir, en los beneficios que trajo la europeización de lo que se acordó llamar América, y en la justificación de sus efectos sobre las sociedades nativas.

En realidad, rara vez nos preguntamos de dónde vienen palabras como “huracán”, “hamaca”, “mocasín”, “chicle” o “caníbal”, y aunque no sea imprescindible saberlo, la respuesta a este tipo de pregunta presenta un nuevo ángulo que contrasta con el del paradigma civilizatorio, ya que además de hacer posible la comunicación, la lengua funciona como un registro histórico natural de la experiencia social. El uso de palabras como “huracán” y muchas otras provenientes de los indios taínos, los primeros en tener contacto con Colón, se comienza a extender desde la llegada de éste, en el periodo de aculturación de los españoles establecidos en las Antillas. Los taínos estaban distribuidos en pequeños cacigazgos en Española, hoy Santo Domingo y Haití, en Puerto Rico, y en otras de las islas aledañas. No siempre fue inmediata la adopción de un determinado vocablo, pero la necesidad de comunicar lo antes nunca visto requirió de la asimilación de nuevo vocabulario; en este caso, ¿cómo identificar y describir fenómenos climatológicos cuando no se tiene experiencia de ellos?

Un asombroso episodio de este proceso quedó descrito en una de las más interesantes aventuras de exploración de todos los tiempos. En noviembre de 1527 Alvar Núñez Cabeza de Vaca se convirtió en el primer testigo en reportar lo que sin lugar a dudas fue propiamente un huracán. Su relato ayuda a ilustrar cómo la lengua reconoce la necesidad de conceptualizar ciertas ideas a través de una palabra, y cómo esa palabra está directamente conectada con la cultura de donde proviene. Así pues, aunque su crónica usa el vocablo “tempestad”, en retrospectiva es obvio que se trata de algo más que una tormenta. No deja duda al repecto la descripción de los estragos sucedidos en el puerto de Trinidad cuando Alvar Núñez esperaba el próximo arribo de Pánfilo de Narváez procedente de Santo Domingo, quien venía con barcos y provisiones para la empresa de exploración que comandaría el mismo Narváez con destino a lo que en 1513 Juan Ponce de León había bautizado como La Florida.

A pesar de que en repetidas ocasiones los nativos intentaron prevenirlo, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca lo admite él mismo en el capítulo primero de Naufragios, ni él ni ninguno de los marinos tenían idea del poder destructivo de lo que les esperaba, como lo escuchamos de sus propias palabras; el acontecimiento comienza un sábado por la mañana:

…yo me excusé diciendo que no podía dejar los navíos. A mediodía volvió la canoa con otra carta, en que por mucha importunidad pedían lo mismo, y traían un caballo en que fuese; yo di la misma respuesta que primero había dado, diciendo que no dejaría los navíos; mas los pilotos y la gente me rogaron mucho que fuese, porque diese priesa que los bastimentos se trujiesen lo más presto que pudiese ser, porque nos partiésemos luego de allí…

La mayoría de los hombres prefiere quedarse pensando que a la mañana siguiente terminaría todo:

…y con esto yo salí, aunque quise sacar algunos conmigo, por ir en mi compañía, los cuales no quisieron salir, diciendo que hacía mucha agua y frío y la villa estaba muy lejos: que otro día, que era domingo, saldrían con el ayuda de Dios, a oír misa. A una hora después de yo salido la mar comenzó a venir muy brava, y el norte fue tan recio que ni los bateles osaron salir a tierra, ni pudieron dar en ninguna manera con los navíos al través por ser el viento por la proa; de suerte que con muy gran trabajo, con dos tiempos contrarios y mucha agua que hacía, estuvieron aquel día y el domingo hasta la noche.

El agua y el viento arrecian golpeando con fuerza durante toda la noche del domingo y arrasan con la villa:

A esta hora el agua y la tempestad comenzó a crescer tanto que no menos tormenta había en el pueblo que en la mar, porque todas las casas y Iglesias se cayeron y era necesario que anduviésemos siete u ocho hombres abrazados unos con otros para poder amparar que el viento no nos llevase; y andando entre los árboles no menos temor teníamos de ellos que de las casas, porque como ellos también caían, no nos matasen debajo. En esta tempestad y peligro anduvimos toda la noche, sin hallar parte ni lugar donde media hora pudiésemos estar seguros.

Cabeza de Vaca escucha música durante la noche, probablemente un ritual para apaciguar al mal espíritu de “Huracán”:

Andando en esto, oímos toda la noche, especialmente desde el medio de ella, mucho estruendo y grande ruido de voces, y gran sonido de cascabeles y de flautas y tamborinos y otros instrumentos, que duraron hasta la mañana, que la tormenta cesó. En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vió; y yo hice una probanza de ello, cuyo testimonio envié a Vuestra Majestad.

La destrucción fue total, apareció una barquilla sobre un árbol y sólo dos cuerpos fueron encontrados:

  El lunes por la mañana bajamos al puerto y no hallamos los navíos; vimos las boyas de ellos en el agua, adonde conoscimos ser perdidos, y anduvimos por la costa por ver si hallaríamos alguna cosa de ellos, un cuarto de legua hallamos la barquilla de un navío puesta sobre unos árboles, y diez leguas de allí, por la costa, se hallaron dos personas de mi navío y ciertas tapas de cajas, y las personas tan desfiguradas de los golpes de las peñas, que no se podían conoscer; halláronse también una capa y una colcha hecha pedazos, y ninguna otra cosa paresció. Perdiéronse en los navíos sesenta personas y veinte caballos.

De la catástrofe sobrevivieron los treinta hombres que habían decidido salir de los barcos para acompañarlo, pero por días pasarían hambre ya que murieron muchos animales:

la tierra quedó tal que era gran lástima verla: caídos los árboles, quemados los montes, todos sin hoja ni yerba. Así pasamos hasta cinco días del mes de noviembre, que llegó el gobernador con sus cuatro navíos, que tembién habían pasado gran tormenta.

Los taínos eran hospitalarios y pacíficos, desafortunadamente su exterminio fue casi total durante los primeros años de la Colonia. Pero tampoco se salvaron sus enemigos los “caribe”, quienes se caracterizaban por su beligerancia y eran temidos alrededor de toda la zona ya que atacaban a sus vecinos y secuestraban a sus mujeres con frecuencia. Irónicamente fue precísamente por ellos que el mar antillano tomó el nombe de “Mar Caribe”; y fue por ellos también que se creó el estereotipo del salvaje americano que durante siglos escandalizó la imaginación europea. Se les comenzó a llamar “caribal” y de aquí se creó la palabra “caníbal” que resaltaba su costumbre de comer carne humana. Casi cien años después, en 1610, Shakespeare escribió su obra “The Tempest” con la que introdujo al personaje de “Calibán”, claramente una referencia del caníbal caribeño que acabó convirtiéndose en símbolo de la barbarie en el debate sobre la superioridad de la civilización europea.

Caimanes y tortugas en Zoológico de Puebla, México

Caimanes y tortugas en Zoológico de Puebla, México

Dada a la proximidad de las Antillas con la región maya y el resto de América Central, diversas palabras y sonidos que se suponen de origen arahuacano eran familiares alrededor de toda la zona. Algunas como “batata”, “cacique”, “caimán”, “macana”, “canoa”, “iguana”, “guanábana” y “maíz”, que continuamos utilizando era bastante extendido. Para los mayas como para los taínos, “Huracán” representaba a una deidad poderosa y no al fenómeno climatológico que conocemos hoy. Así puede apreciarse la evolución de un vocablo que en este caso no sólo sigue siendo cotidiano sino que, como sucede a menudo, ha adquirido otras conotaciones, es decir ha diversificado su significado y ha sido asimilado por otras culturas. Curiosamente, como sucedió con la palabra “Jaguar”, de origen guaraní -hablado en las selvas de Paraguay y Brasil-, que inpiró el nombre del famoso automóvil británico, también “Huracán” se convirtió en el nombre del modelo 2014 de Lamborghini; ambos ejemplos muestran bien la manera en que las lenguas se enriquecen del contacto con otras.

Suite de Hotel Casa Quetzal en Valladolid, Yucatán

Suite de Hotel Casa Quetzal en Valladolid, Yucatán. El estilo imita el modelo de construcción de vivienda maya, que proporciona espacio para colgar hamacas dentro de las habitaciones.

Otra palabra del arahuacano que sobrevivió la desaparición de los taínos es “hamaca”, la cual representa una de las invenciones humanas más inteligentes que todavía hoy se siguen usando ampliamente. Cabe mencionar que no se ha dado a este objeto el debido reconocimiento, ni se ha entendido cabalmente que su valor utilitario en climas húmedos y cálidos, en una extensa zona que abarca las islas y costas del Caribe, desde Florida hasta Venezuela, es el resultado de una sofisticada capacidad de adaptación al entorno. Otro ejemplo del ingenio práctico de las culturas caribeñas es el modo de construcción de chozas ligeras de base corta y maciza, y paredes y techos de caña y palma, rápidas de construír y seguras para sus inquilinos cuando con tanta frecuencia corren el peligro de ser derrumbadas por el mal tiempo.

En la Península de Yucatán el cultivo de la planta del henequén que además de especializarse en la producción de hamacas se usa para un gran número de objetos indispensables, entre cuerdas, ropa, sombreros, bolsas, tapetes, etc., se convirtió desde la Colonia en una industria lucrativa y multimillonaria; su cultivo, por tratarse de un tipo de agave, al igual que su extracción, secado, peinado y tejido es un proceso bastante laborioso que empleó a miles de indios bajo el sistema de encomienda o semi esclavitud. La industria cambió poco a través de los siglos y cuando se toma en cuenta la utilidad de sus productos y el carácter sostenible del proceso, no cabe duda de que la especialización del uso del agave realizada por las culturas prehispánicas está a la par de las grandes invenciones utilitarias que el hombre ha realizado con los medios que están a su alcance.

La industria del henequén (palabra del maya “jeniquén”), lo que vino a llamarse oro verde, se convertiría en la mayor fuente de riqueza de los hacendados españoles de Yucatán.

Hacienda henequenera Sotuta de Peón en Yucatán, México. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Hacienda henequenera Sotuta de Peón en Yucatán, México. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Los exploradores españoles fueron los primeros en iniciar un proceso de hibridación lingüística que terminó “americanizando” las lenguas europeas al introducir estas palabras y dar a conocer al mundo los nuevos productos. Las famosas islas “Caimán”, que luego pasaron a ser posesión del Imperio Británico, proveen un buen ejemplo de la americanización del inglés, con un cambio lógico en la pronunciación (key’maen) en esa lengua.

Las lenguas nativas también se transformaron cuando se generalizó el uso dominante de nuevos apelativos de productos ya familiares. En la misma relación de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios y Comentarios, (capítulo IV) se observa cómo en más de una ocasión él y su grupo se ven en la necesidad de inquirir sobre maíz entendiéndose a señas. Así el famoso náufrago se convirtió en el primer español de que tenemos noticia, en llevar la palabra “maíz” a los nativos de lo que hoy se conoce como La Florida y después a los indios Apalache:

Partido el bergantín, tornamos a entrar en la tierra los mismos que primero, con alguna gente más, y costeamos la bahía que habíamos hallado; y andadas cuatro leguas, tomamos cuatro indios, y mostrámosles maíz par aver si le conocían, porque hasta entonces no habíamos visto señal de él. Ellos nos dijeron que nos llevarían donde lo había; y así nos llevaron a su pueblo, cerca de allí, y en él nos mostraron un poco de maíz, que aun no estaba para cogerse.

También en el resto del hemisferio norte miles de tribus nativas contribuyeron a americanizar el inglés y de allí el uso se extendió con el comercio. Los indios Powhatan como el resto de la familia de lenguas algonquinas, llamaban a su calzado “mocasín”, un tipo de zapato o botín que fabricaban con la piel de venado principalmente. El uso era generalizado en muchas tribus de Norteamérica, incluyendo Arizona y Nuevo México, porque se fabrica con un sólo pedazo de piel y no requiere hebillas. Después de 1600, probablemente en la segunda década del siglo XVII, los franceses e ingleses que se disputaban el mercado de pieles en la región que hoy se localiza en el estado de Virginia, comenzaron a usar ellos mismos los mocasines y llevaron la palabra y el producto a Europa de donde ha dado la vuelta al mundo varias veces.

La palabra “chicle” del náhuatl o lengua azteca, “tziktli” viene del árbol que produce una goma pegajosa que el ingenio de un empresario británico tomó cuando identificó su potencial de dulce para mascar y la regresó como “chicle”. Alrededor del mundo la industria chiclera llamó a los dulces “chiclets” y luego goma de mascar. “Gum” existía en latín (gumma) derivada del griego y del egipcio, así que desde 1842, para referirse al árbol de tziktli en inglés se le llama “gum tree”. Ciertamente hubo muchos más productos cuyas propiedades hicieron apta su comercialización. Algunos de los más conocidos son, “tabaco”, “chocolate”, “aguacate”, “tomate” y “cacahuate”; Puede observarse cómo los cuatro anteriores se mantuvieron cerca de su raíz náhuatl: xocolatl, ahuacatl, xictomatl, y tlacacahuatl. Esta lengua que todavía se habla en la región central de México, se había extendido por una gran parte de Mesoamérica.

Semillas de Cacao, base para la preparación del chocolate, usado por los mayas, los aztecas y otras culturas mesoamericanas. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Semillas de Cacao, base para la preparación del chocolate, usado por los mayas, los aztecas y otras culturas mesoamericanas. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Los casos se multiplican al sumarse a los de las culturas andinas y del resto de Sudamérica. La tan conocida planta de la coca, “kuka” en las lenguas quechua y aymara, dio al mundo la bebida, “coke” en inglés, aunque la mayoría de la gente que usa esta palabra para referirse al refresco no la asocia con su lugar de origen. Igual sucede con la “papa” o “patata”, uno de los productos más esenciales de la alimentación de muchas naciones hoy en día. La mayoría de la gente alrededor del mundo la asocia con países nórdicos como Irlanda, Alemania y los Estados Unidos, pero tomó más de un siglo para que los europeos vieran bien esta raíz que llegó del Perú desde los tiempos de Pizarro, y que consideraban fea y sucia, y se animaran a comerla. En Francia la papa se usaba para alimentar a los puercos y se le dio el nombre de “pomme de terre”; “pomme” es manzana, de modo que se le asoció con una manzana que crece bajo la tierra. Para responder a porqué adquirió el segundo nombre “patata” (potato en inglés), muy posiblemente el vocablo es producto de la confusión con batata, o camote dulce, que es también una raíz, ya que ambos productos comenzaron a introducirse al mundo al mismo tiempo, así que es fácil pensar que la falta de familiaridad con ambas fue causa de la confusión.

Todos estos ejemplos muestran cómo la cultura y la lengua van de la mano y sobre todo cómo el contacto intercultural enriquece a una o a ambas sociedades. Pero además es obvio que la lista anterior sirve para esbozar la manera en que la cultura occidental se enriqueció e impactó al resto del mundo gracias al contacto con el continente antes desconocido. Ha tomado siglos mirar el beneficio substantivo que los recursos naturales y culturales americanos proporcionaron al mundo entero ya que la ignorancia y el oscurantismo de los tiempos vieron a ese “otro”, como lo explicó Tzevan Todorov, como algo inferior.  Además, en aquel tiempo la riqueza se medía en oro, y debido a que al Estado español le interesaba mantener una imagen paternalista no era aconsejable exaltar los aspectos meritorios de esas culturas; por lo tanto se censuraban los documentos que hacían mención a la explotación de esos productos, como por ejemplo las Cartas de Relación de Cortés (1520-1525), y los Comentarios Reales de los Incas (1609) del Indio Garcilaso de la Vega. La intención era evitar rebeliones.

El número de productos americanos que se han adaptado a otras culturas es sorprendente y demasiado extenso para citar; algunos han cambiado de nombre o éste es irreconocible por el cambio en la pronunciación, pero en general, la flora y fauna del rico y enorme Continente Americano aumentaron exponencialmente el léxico de todas las lenguas que tienen contacto con Occidente. Algunos ejemplos de palabras de origen andino que se usan alrededor del mundo son “puma”, “cóndor”, “llama”, “guanaco” “pampa”, “guano”, “quinoa” y “quinina”, esta última de gran valor curativo como tratamiento contra la malaria. A estas se suman las de otras lenguas de la zona amazónica, la cual aún cuenta con miles de especies conocidas sólo para sus habitantes. A los españoles se sumaron los portugueses, holandeses y británicos principalmente, como parte de este fenómeno de hibridación que abrió a América al mundo y que dio a conocer su flora y fauna en un activo proceso que revolucionaría también a las ciencias. Sin embargo, el interés económico ha superado al científico, lo que ha dado como resultado un notable abuso en la explotación de muchos de los recursos americanos.

Sería dificil imaginar la dieta contemporánea sin el maíz, en todas su formas de preparación; o imaginar la existencia de la cocina italiana sin el tomate, o la ausencia de la industria del chocolate en países como Bélgica y Francia, o cualquier establecimiento de comida rápida sin las papas fritas y el refresco de cola. Sería más difícil aún imaginar el crecimiento de la economía mundial a partir de la era mercantilista sin los recursos de América que transformaron al mundo para siempre. El estudio de la lengua ayuda a comprender con mayor profundidad el ángulo cultural de este proceso.

La iguana es abundante en zonas cálidas tropicales como ésta pequeña nativa de la Península de Yucatán. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

La iguana es abundante en zonas cálidas tropicales como ésta pequeña nativa de la Península de Yucatán. Foto cortesía de Laura Gutiérrez

Ciudad

Fondos Congelados (1931), de Diego Rivera, en Museo Dolores Olmedo

Fondos congelados (1931), de Diego Rivera, en Museo Dolores Olmedo

Creí una vez ver en tu resplandor una promesa,
me engañó tu artificiosidad externa,
la elegante estética de tu fachada,
tu mágica envoltura de futuridad astral.
Pero la máscara ha caído,
aunque tus mentiras no se cansen de ensuciar el cielo.

Eres, como tus muros de cristal, espejismo de ilusiones frágiles.
Tus formas se disuelven en el infinito dominó de espejos
de aglomeraciones de ojos, que siempre apresurados,
pierden el alma corriendo de la mano de sus sacrificios huecos.
Son moles de lava humana,
maleza de horizontes fracturados;
en vano sueñan en latas y vagones disfrazados de progreso,
cuando escapan de hogares-jaula de plástico y cartón.

Nos has engañado con tus mediáticas promesas de éxito,
nos has vendido tu credo de modernidad e inclusión,
y pretendes que adoremos a los ídolos de tus escaparates,
sacralizados por luminosas etiquetas que recuerdan al pobre su pobreza.

Ciudad tus días pesan sin aire, tus noches no conocen las estrellas,
pero eres el último refugio de invisibles nomadismos de indigencia,
de siglos de desplazados, apenas una nota al pie de página
en las biblias de economía de lobos disfrazados de predicadores,
y buitres insaciables vestidos de banqueros.

Eres, Ciudad, tumba de abortadas esperanzas;
eres un museo al cambio, un babélico monumento al olvido,
un documento exquisitamente bello de páginas
escritas con la tinta barata de la marginación y la miseria.

Eres la desmemoria de la desesperación y la pobreza
de muchedumbres de brazos y espaldas
aplastados por las olas avasallantes
de la juventud y el hambre.
Eres mapa de caminos sin destino,
mausoleo de esfuerzos pisoteados.
Vicio y crueldad se anuncian en tus paredes
en el grafiti amargo de la frustración y la ignorancia.

Ciudad, tu vanidad es la de Ícaro, una advertencia a la fatalidad.
Eres el ojo ciclónico del delirio de la modernidad,
el espejo de una loca utopía
de dioses que olvidan que son hombres,
y hombres que olvidan que son polvo
y navegan sobre la alucinación de su soberbia
comerciando simulacros de felicidad.
Encuentro en tu frialdad la calidad dantesca
de un mundo infrahumano de muertos vivos,
que mecánicos habitan sus infiernos.

Ocoxal

Fondos Congelados (1931), de Diego Rivera, en Museo Dolores Olmedo

Fondos congelados (1931), de Diego Rivera, en Museo Dolores Olmedo

Julia de Burgos, de la palabra íntima al mensaje

… en los hombres, igual que en las naciones,
    si el ser siervo es no tener derechos,
    el ser el amo es no tener conciencia.

Ay, ay, ay de la grifa negra
Julia de Burgos

Julia de Burgos

Han pasado ya cien años desde el nacimiento de Julia de Burgos pero su fama continúa creciendo dentro y fuera de su natal Puerto Rico gracias a la fuerza y belleza de su poesía y al mensaje deafiante de su contenido. Su lugar dentro de las letras iberoamericanas está entre las voces que fortalecen la identidad nacional y hacen eco en la conciencia social que define el sentido de la hispanidad.

Como muchos de sus coterráneos, Julia vivió entre las carencias de una vida campesina en Carolina y en una familia numerosa en donde era la mayor de trece hijos. El año de su nacimiento, 1914, coincide con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la cual afectó de manera directa a Puerto Rico, que estaba bajo el coloniaje de los Estados Unidos desde 1898. En febrero de 1917 el Congreso de la Unión firmó la ley Jones-Shafroth, que impuso la nacionalidad estadounidense a los isleños; aunque no les concedía el derecho a votar fuera de Puerto Rico, sí legalizó su reclutamiento militar. Miles fueron llamados a servir en la guerra mientras que cada vez era mas difícil vivir del campo, y las compañías estadounidenses lo obtenían con facilidad usándolo mayormente para la explotación azucarera.

Se sabe que su padre, Francisco Burgos Hans era de herencia alemana y que su madre Paula García, era parte mulata; ambos, como era bastante común tenían sangre española:

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, ay, ay que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza.

Ay, ay, ay que mi raza negra huye
y con la blanca huye a ser trigueña;
¡a ser del futuro,
          fraternidad de América!                … Ay, ay, ay de la grifa negra

Para 1928 la familia Burgos había dejado el campo para mudarse como muchas otras a las zonas urbanas en busca de trabajo. En los años de pobreza Julia vería morir a seis de sus hermanos; no obstante, su determinación por salir adelante y su aplicación en la escuela, en Río Piedras, le hicieron merecedora de becas y logró matricularse en la Universidad. En 1933, a la edad de 19 años Julia recibía con honores su título universitario convirtiéndose en maestra, aunque se sabe que no abandonó aquí el estudio y la lectura.

De acuerdo a sus biógrafos sus primeros poemas conocidos aparecieron en periódicos y revistas alrededor de 1934, algunos de estos con obvio tema patriótico, como por ejemplo Gloria a ti, dedicado al mártir Manuel Rafael Suárez Díaz, muerto en 1932 en una protesta en defensa de la bandera de Puerto Rico encabezada por Pedro Albizu Campos, quien desde 1930 era líder del Partido Nacionalista.

Julia apoyó abiertamente la causa del PNPR que deseaba la Independencia de Puerto Rico. Los problemas del hambre y la falta de empleo se agudizaron seriamente durante la década de los 30 y provocaron el éxodo de miles de puertoriqueños, principalmente a Nueva York. El fervor anti colonialista crecía y las huelgas se multiplicaban, hasta que el 21 de marzo de 1937, cuando se daba lugar una marcha pacífica que entre otras cosas pedía la liberación de Albizu, el régimen colonial atacó con armas a los manifestantes y el evento se convirtió en masacre. Albizu y varios de sus seguidores cercanos habían sido acusados de actos sediciosos el año anterior y cumplían sentencias de más de diez años en prisión. El profesor Jack Agüeros, quien estudió la vida de la poeta y publicó su obra completa en versión bilingüe, menciona que Julia de Burgos formaba parte del comité para liberar a los ocho prisioneros, entre los que se encontraban dos conocidos poetas, Juan Antonio Corretjer y Clemente Soto Vélez.

A Julia la asociamos con el grito de libertad cuyo eco resuena en cada país de Iberoamérica por denunciar los ultrajes del colonialismo mostrando el lado humano del dolor. Su vida, su obra, y la pasión con la que defendió sus convicciones, la convirtieron en un símbolo de resistencia. Aún después de partir hacia Cuba, en 1940, y más tarde a Nueva York en 1942, nunca dejó de defender el ideal de soberanía, ni de acusar el abuso que hace a un pueblo siervo de otro. Sus poemas evocan a héroes como Martí y Bolívar y exaltan sus ideales; otros son homenajes de tono solemne y humano a patriotas como Albizu y Gilberto Concepción de la Gracia. También rememora con tristeza y encono días como el del Grito de Lares, el 23 de septiembre de 1868, que marca la primera rebelión contra el régimen colonial español organizada por Ramón Emeterio Betances y Segundo Ruiz Belvis; y critica con furia y dolor la tiranía imperialista y de las dictaduras. Julia no temió en más de un poema expresar su desprecio a Trujillo, el dictador dominicano y se unió al grito de solidaridad contra la Guerra Civil Española; tambien escribió poemas, que quizá estaría bien llamar elegías, a víctimas de ejecuciones injustas como Federico García Lorca, Hiram Rosado y Elías Beauchamp. Pero posiblemente su poema más famoso, por ser favorito de quienes se identifican con su tierra, y porque ha sido publicado en numerosas antologías, es Río Grande de Loíza, el cual reúne las cualidades de lo mejor de su poesía.

Y sin embargo, aunque su conciencia política absorbió tanto de su impulso creativo, el tema dominante en su poesía es el amor. En los poemas románticos se descubre a una mujer que no sólo amó intensamente sino que no tuvo miedo a decirlo, desafiante y a sabiendas que pisaba prejuicios sociales. El uso de imágenes llenas de pasión y frescura que funden el ensueño y el deseo con un lenguaje sencillo y desbordante formado por elementos de la naturaleza, sigue despertando admiración por su originalidad y calidad estética. Aún así, es su carácter atrevido lo que la distingue mejor; su consistente rechazo a prejuicios e imposiciones que menguan la libertad individual. Entre los poemas que ilustran con mayor claridad el conflicto entre la necesidad de defender la libertad de actuar en contra de la tradición y las trabas sociales, están Mi alma, Soy en cuerpo de ahora, y Yo misma fui mi ruta, éste también título de una de sus obras póstumas.

Hoy, fuera de Puerto Rico Julia es más conocida como pionera de la revolución cultural que adelantándose a su época señaló la desigualdad de género. Su voz rebelde acusó al sistema que exige a la mujer amoldar sus metas y su comportamiento a las expectativas de la sociedad. Julia entendió la igualdad de género como un derecho natural de la mujer a su independencia. Uno de sus poemas más universalmente citado en la actualidad es el que dirigió a sí misma titulado A Julia de Burgos:

Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en tí misma no mandas; a tí todos te mandan;
en tí mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el chanpán,
el cielo y el infierno, y el que dirán social.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.                …A Julia de Burgos

Apunta el profesor Agüeros que Julia solía firmar sus primeros poemas con el nombre de Julia Burgos, y Julia Burgos de Rodríguez después de casarse, y que requiere un poco de reflexión en nuestros días entender lo revolucionario de su actitud al decidir firmar Julia de Burgos, es decir, de ella misma, después de haber experimentado la vida en matrimonio que no duró. Una mujer divorciada que no temía al estigma del divorcio y celebraba su libertad era vista con recelo.

También su relación en Cuba con el dominicano Juan Isidro Jiménez Grullón, el amor de su vida, terminó pronto debido al parecer de sus biógrafos al rechazo de la familia de él. En cuanto a su obra, no sorprende la poca difusión que tuvo fuera de Puerto Rico cuando se piensa en lo lejos que estuvo Julia de representar ideales burgueses de las sociedades conservadoras de la Latinoamérica de entonces. Su contenido no sólo era censurable en muchos círculos, sino que dados los tiempos se podía calificar como sedicioso. Aún así es notable la poca atención, con algunas excepciones, que hasta hace relativamente poco tiempo se ha prestado a la poesía escrita por mujeres, y en general a la mujer como agente histórico.

Y a pear de todo, Julia no solo recibió el reconocimiento de sus contemporáneos sino que se ganó en vida el elogio de poetas de la talla de Nicolás Guillén y Pablo Neruda, a quien conoció en Cuba. Este, de acuerdo a un testimonio de Juan Bosch, quien era familiar en el grupo, había prometido escribir el prólogo para uno de sus poemarios que hoy se encuentra perdido, quizá para siempre. Entre sus publicaciones en vida se conocen Amor en veinte surcos, 1938 y Canción de la verdad sencilla, 1939. Póstumamente sparecieron dos más, pero los más de doscientos poemas que hoy se conocen muestran la indiscutible calidad de su arte y la fuerza de una voz que se distingue por su candidez.

En figuras como Julia de Burgos el tiempo tiende a revelar cuánto más alto se elevaron sobre sus contemporáneos, y cuánto mayores fueron los obstáculos que logró cruzar. Julia canalizó a través de su arte la pobreza, la enfermedad, la pérdida del amor, el destierro, la violencia y la pasión por la libertad por la que murieron muchos compatriotas que soñaban como ella en la soberanía de su tierra. No se sabe en que momento y por que comenzó a beber en exceso, y si los mitos urbanos de su vida bohemia fueron exagerados. En los años 50 el alcoholismo era una condición social generalizada; lo que sí es claro es que la vida en Harlem con escasas oportunidades de trabajo para una joven puertorriqueña, aún inteligente y educada, fue difícil.

Julia murió en 1953 a la edad de treinta y nueve años en un hospital de Harlem a donde había sido llevada sin identificación. Días después algunos amigos localizaron el lugar donde se encontraba enterrada y lograron trasladarla a su natal Puerto Rico. El mejor homenaje a Julia de Burgos es el que reconoce su mayor triunfo, el haber conquistado la independencia que entendió como su derecho natural, abriendo la mente y el camino de las generaciones que le siguieron y convirtiéndose en modelo de valor que toca fibras profundas en la memoria de quienes han luchado por sacudirse de la sujeción y el dominio.

 

Los poemas citados abajo, así como algunos datos biográficos se tomaron del libro Song of the Simple Truth by Jack Agüeros

 


Intima

 

Se recogió la vida para verme pasar.
Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
que se abría en mi interior,
y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el hombre.


Ay, ay, ay de la grifa negra

 

Ay, ay, ay que soy griffa y pura negra;
grifería en mi pelo, cafrería en mis labios
y mi chata nariz mozambiquea.

Negra de intacto tinte, lloro y río
la vibración de ser estatua negra;
de ser trozo de noche, en que mis blancos
dientes relampaguéan;
Y ser negro bejuco
que a lo negro se enreda
y comba el negro nido
en que el cuervo se acuesta.
Negro trozo de negro en que me esculpo,
ay, ay, ay que mi estatua es toda negra.

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, ay, ay que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser siervo es no tener derechos,
el ser el amo es no tener conciencia.

Ay, ay, ay los pecados del rey blanco
lávelos en perdón la reina negra.

Ay, ay, ay que la raza se me fuga
y hacia la raza blanca zumba y vuela
a hundirse en su agua clara;
o tal vez si la blanca se ensombrara en la negra.

Ay, ay, ay que mi raza negra huye
y con la blanca huye a ser trigueña;
¡a ser del futuro,
fraternidad de América!


Mi alma

 

¿Mi alma?
Una armonía rota
que va saltando su demencia
sobre el cojín del tiempo.

¡Cómo la quieren recostar,
aclimatar,
recomponer,
los mortales ha tiempo muertos!

Empeño despeñado del logro.
¡Alborotero!

La locura de mi alma
no puede reclinarse,
vive en lo inquieto,
en lo desordenado,
en el desequilibrio

de las cosas dinámicas,
en el silencio
del libre pensador, que vive solo,
en callado destierro.

Fuerte armonía rota
la de mi alma;
rota de nacimiento;
siembra hoy, más que nunca,
su innata rebeldía
en puntales de saltos estratégicos.


Soy en cuerpo de ahora

 

¡Cómo quiere turbarme esta carga de siglos
que en mi espalda se bebe la corriente del tiempo!
Tiempo nunca cambiante que en los siglos se estanca
y que nutre su cuerpo de pasados reflejos.

Tengo miedo de lo alto de tus miras –me dice–;
el ayer que me nutre se doblega en lo interno
de tu vida sencilla, que no admite pasado,
y que vive en lo vivo desplegada al momento;
ya me enfada la siempre desnudez de tu mente
que repele mi carga y se expande en lo nuevo;
ya me turba la fina esbeltez de tu idea
que flagela mi rostro y endereza tu cuerpo…
mira a un lado y a otro: jorobados, mediocres;
son los míos, los que abrevan mi vacío siempre lleno;
sé uno de ellos; destuerce tu vanguardia; claudica;
es tan fácil volcarse de lo vivo a lo muerto.

Has querido tumbarme, carga en cuerpo de siglos
de prejuicios, de odios, de pasiones, de celos.

Has querido cargarme con tu carga pesada,
mas al punto encontréme y fue vano tu empeño.

Vete, forra tus siglos con el vulgo ignorante;
no son tuyas mis miras; no son tuyos mis vuelos.

Soy en cuerpo de ahora; del ayer no sé nada.
En lo vivo mi vida sabe el Soy de lo nuevo.


Yo misma fui mi ruta

 

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado de mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.


A Julia de Burgos

 

Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.

Tú, miel de cortesanas hipocrecías; yo no;
Que en todos mis poemas desnudo el corazón.

Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no;
que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.

Tú eres sólo la grave señora, señorona;
yo no; yo soy la vida, la fuerza, la mujer.

Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,
en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, el modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el chanpán,
el cielo y el infierno, y el que dirán social.

En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor social,
somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.


Naufragio de un sueño

 

¡Corre, que se me muere,
que se me muere el sueño!
Tanto que lo cuidamos,
y el pobrecito, enfermo,
hoy me yace en los párpados,
arropado de versos.

¡Corre, que se me muere,
que de avivarle el pecho,
mis ojos ya no pueden
recoger más luceros!
Ya los luceros tímidos,
se me esconden de miedo,
y a la intemperie, solo,
se matará mi sueño…
Yo lo conozco, amado,
ya me expira en el verso…

Corre, que se me muere
y me ha pedido el cuerpo!

Song of the Simple Truth: The Complete Poems of Julia de Burgos by  Jack Agüeros

Niñez

 

Florero de piedra volcánica en Xochimilco, México

Florero de piedra volcánica en Xochimilco, México

Persiste un hondo recuerdo en mi memoria
que tiene la pureza de un diente de ajo,
el travieso olor de la pimienta y el comino,
y la picante intensidad del chile y la cebolla.

Es la imagen de dos pequeños rostros expectantes,
que asomados al cráter poroso de un anciano molcajete,
atentos siguen el vaivén de un tejolote,
y esperan divertidos la inmolación de un jitomate.

Las manos de mi madre hacían música majando hambres;
con brazos poderosos castigaban masa informe
que reaparecía en sorprendente vianda de tortillas vaporosas,
uniformes y tersas como su joven frente.

Diestras y temibles frente al fogón,
manejaban leños bajo un comal candente,
y multiplicándose en entretenido concierto,
palmeaban, molían, meneaban y acariciaban virtuosas.

Rodeadas de granos, especias y semillas varias,
cuatro manitas novicias, torpes y afanosas,
despertaban a la vida espulgando las piedrecillas de los frijoles,
y adivinando en su suave caricia el alma y la poesía de cada forma.

Qué deliciosa aventura de colores y zumos singulares,
de cuerpos y sustancias seductores,
de jugosas experiencias sensoriales,
de extranos hechizos que hacen de lo cotidiano ensueño.

En aquella vivaz sinfonía de texturas y aromas,
inmolando formas, invocando risas, extrayendo esencias,
al son de un rústico molcajete que anuncia la fiesta feliz de mediodía,
mi niñez se inicia amando los frutos y la magia de una tierra fecunda y generosa.

 

A las mujeres cuya magia ha alimentado naciones

 

Mujer moliendo en metate, Museo de Antropologia e Historia Chapultepec, México

Mujer moliendo en metate, Museo de Antropologia e Historia, Chapultepec, México

Ocoxal

 

Los libros de Frida

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído

– Jorge Luis Borges

Estudio biblioteca de Frida Kahlo, Coyoacán, México

Estudio biblioteca de Frida Kahlo, Coyoacán, México

Cuando Frida Kahlo (1907-1954) señaló que había nacido en el año del inicio de la Revolución Mexicana, subrayaba su identificación con la sociedad naciente de la que era producto tras el derrocamiento de una larga dictadura. Más allá de su contribución al arte, Frida Kahlo participó en una revolución cultural, que por un lado traducía a la práctica los logros de la guerra y por otro miraba hacia los cambios sociales y avances científicos que contruirían la nación moderna.

La curiosidad intelectual y la seria conciencia social de la pintora fueron evidentes desde su adolescencia. Sus biógrafos se refieren al hábito de leer que compartía con el grupo de “los cachuchas” en la Preparatoria Nacional, a la que ingresó en 1922 a la edad de 15 años. Es difícil no apreciar lo que significaba formar parte de la primera generación de mujeres, un número muy reducido entonces, que rompía prejuicios y abría nuevos horizontes en un país todavía iletrado, en donde la educación había sido privilegio de unos pocos, en su mayoría hombres.

Literatura universal

Su biblioteca conserva los ejemplares (muchos en la lengua original) de algunos de los clásicos universales que debieron ocupar horas de estudio a la joven que aspiraba seguir una carrera universitaria: Homero, Esopo, Platón, Moliere, Balzac, Stendhal, Tolstoi, Dostoyevsy, Alarcón, Azorín, Henry James, Rómulo Gallegos y otros, además de la obra maestra de Proust, “A la Re cherché du Temps Perdu”, los Ensayos de Montaigne, las obras escogidas de Edgar Alan Poe, y las obras más conocidas de Gibran Khalil Gibran.

A los libros en prosa se suman un buen número de poemarios y antologías, también en varios idiomas, de muy diversos poetas tanto clásicos como modernos: Sor Juana Inés de la Cruz, Byron y los románticos ingleses, el francés Baudelaire y el americano Walt Withman. Pero predominan los contemporáneos: Carmen Conde, Ramón López Velarde, Enrique González Martínez, Paul Éluard, Rafael Alberti, Octavio Paz, Pablo Neruda y Elías Nandino entre otros, lo que muestra la familiaridad de la pintora con la poesía y los poetas de su tiempo, no pocos de los cuales tuvo la oportunidad de conocer personalmente.

Dormitorio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Dormitorio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Cultura mexicana

Frida estudió a fondo la cultura mexicana, su historia y su literatura a través de clásicos como Altamirano, Fernández de Lizardi, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio. Su biblioteca aún guarda copias de El Zarco, Don Catrín de la Fachenda, Los bandidos de Río Frío y Memorias de un impostor respectivamente. También se encuentra una copia en traducción al inglés de El Indio de Gregorio López y Fuentes (ilustrado por Diego Rivera).

El estudio de México por ambos, Frida y Diego Rivera, con quien se casó en 1929, fue profundo y se complementó significativamente con la lectura de memorias y relatos de diversos autores. Destacan algunos como: Life in México de Frances Calderón de la Barca (1843); Six Months in México de Nellie Bly (1889); A Memoir of México de Leone B. Moats, (1933); Mexican Village de Josefina Niggli (1945); Paricutín (1945) y Mexican Tales (1946), ambos de Bernice Goodspeed; y House in the Sun (1949) de Abbie Dane Chandos. El relato de viajes no se limitó a México, ejemplos: Un turista en Brasil, de Cassats y  Recuerdos de viaje del orientalista Conde de Gabineau.

Su colección acumuló una rica cantidad de fuentes de estudio con relación directa al trabajo de Diego, quien siendo ya un afamado muralista fue para ella un mentor. La biblioteca cuenta con una copia de Diego Rivera: His Life and Times publicado en 1939. Para Frida, el compartir con él la admiración por las culturas prehispánicas y su herencia debió hacer más profundo el deseo de recrear su identidad mestiza y sus raíces autóctonas, que tan singularmente  promovió con vistozos y elegantes atuendos folclóricos y a través de sus cuadros.

Frida y Diego, en su apreciación de la cultura mexicana, habrían compartido agradables tertulias comentando lecturas como La linterna mágica, una colección de novelas de costumbres mexicanas; Música y sociedad en el siglo XX, Imagen del mexicano, El laberinto de la soledad de Octavio Paz en la versión publicada en 1950 en Cuadernos Americanos; o la Historia y Leyendas de las calles de México, que se encuentra hoy con sus libros de noche al lado de su cama.

Estante en el dormitorio de Frida de la Casa Azul, Coyoacán, México

Estante en el dormitorio de Frida de la Casa Azul, Coyoacán, México

Otros títulos que sobresalen como fuentes de referencia histórica son: La Familia Carvajal de Alfonso Toro, que describe las prácticas de la Inquisición a través de la vida de una familia de judíos; La fundación de México por Luis Castillo Ledón, Hernán Cortés en versión de Salvador de Madariaga y Cuauhtémoc de Joaquín Vázquez Rivas. Se suman Nombres de los Reyes de México, Compendio del idioma maya, Tlatelolco a través de los tiempos, Huejotzingo, Tlalocan, y Incidents of Travel in Yucatan del famoso John Lloyd Stephens, quien publicara su gran encuentro con la cultura maya en 1845. Están también Odisea en Bonampák por Enrique Franco Torrijos, el fotógrafo de Chichen-Itzá; México Pintoresco (varios estados); Twentieth century Indians (1941) de Macgregor, y relacionado al tema, An Archeological Reconnaissance of Norwestern Honduras (1938) de Jens Yde.

El estudio del México Independiente, cuyas figuras quedaron plasmadas en los murales de Rivera dejó a la biblioteca de Frida libros y documentos valiosos, entre ellos posiblemente algunos fueran de tiraje limitado; por ejemplo los de la Colección de documentos del museo nacional publicado por la SEP en 1927. Otros documentos diplomáticos e históricos tienen temas como: Hidalgo, Morelos, Hombres ilustres mexicanos, Maximiliano, La Guerra de Independencia, etc. Dentro del tema se encuentran las Cartas del Libertador, de Vicente Lecuna y pueden identificarse todavía ejemplares de Historia de México de Alfonso Toro, Apostillas Históricas de Manuel Romero de Terreros, México a través de los siglos de Vicente Riva Palacio, Viaje a los Estados Unidos de Guillermo Prieto, Historia de la Iglesia en México de Mariano Cuevas, Historia de la Revolución de Nueva España escrita por José Guerra y Breve historia de México de Alfonso Teja Zabre.

Las Ciencias

Frida expresó desde joven su deseo de estudiar medicina, pero el accidente del autobús en 1925 la dejó con serios problemas físicos y dolencias que sufrió el resto de su vida. Entre sus libros hay textos de matemáticas, geología, geometría, estadística y agricultura que la pareja habría usado para consulta; pero llama la atención la copia de Más allá del sol: La estructura del Universo (1944) del inmigrante húngaro argentino Desiderio Papp, autor de múltiples libros de ciencias que usaron generaciones de jóvenes latinoamericanos. Frida compartió con Diego su apoyo a la investigación científica, un ejemplo de ello fue su cuadro inspirado en Luther Burbank, quien impulsó la botánica con experimentos de hibridación logrando cientos de nuevas variedades de plantas. Diego ilustró el mismo concepto de los beneficios de la ciencia aplicada a la agricultura en su mural Hombre en el cruce de caminos (1934).

Es claro que Frida no abandonó por completo su interés por la medicina y siguió de cerca los avances de su tiempo, particularmente en cuanto al tema de la genética. Su biblioteca exhibe aún el cuadro del periodo de gestación que Frida usaría para algunas de sus pinturas. Hay un Compendio de Embriología Humana de A. Fischel y las obras completas de Paracelso, el genio del siglo XVI que revolucionó la medicina. Otros, Winckel’s Textbook of Midwifery, y Ramsbotham’s System of Obstetrics de William Keating describen métodos obstétricos.

Frida Kahlo - El marxismo dará salud a los enfermos, 1954

El marxismo dará salud a los enfermos, 1954

Ciencias en la URSS, y La genética en la URSS de Alan G. Morton habrían inspirado el cuadro El marxismo dará salud a los enfermos, que se muestra arriba. Finalmente Noguchi, de Gustav Eckstein debió despertar un gran interés en Frida por tratarse de uno de los más importantes científicos de su tiempo. Hideyo Noguchi sufrió la pérdida de varios dedos de una mano y serias quemaduras en su cuerpo en un accidente de la niñez. Es posible que Frida sintiera una fuerte identificación con este inmigrante japonés que no obstante la deventaja física y la discriminación que le impidió la práctica de su carrera en su propio país, triunfó en el campo de la investigación en los Estados Unidos. No deja de asombrar la coincidencia de este caso y el de Orozco, ambos modelos de fuerza de voluntad ante los desafios físicos.

Los temas de su tiempo

La biblioteca cuenta con un considerable número de obras de contemporáneos que tuvieron gran influencia en la sociedad de su tiempo. Por ejemplo, de Ezequiel A. Chávez, quien fuera fundador de la cátedra de psicología en la Preparatoria Nacional, el libro De dónde venimos y a dónde vamos (1946). De José Vasconcelos, aún más conocido, Lógica Orgánica; y Ética (1932), de Vicente Lombardo Toledano, líder obrero y fundador del Partido Popular en México, cuyo libro examina el tema de la educación en las escuelas tanto elementales como de segunda enseñanza.

Frida no sólo vivió la Revolución Mexicana, sino además el impacto de la Revolución Rusa, la Primera y la Segunda Guerras Mundiales y la Guerra Civil Española. Su mundo estuvo lleno de refugiados políticos e inmigrantes como su propio padre. Muchos publicaron sobre los temas de la guerra y el exilio: España a hierro y fuego de Alfonso Camín, exiliado en México de 1936 a 1967; Hacia la segunda Revolución de Joaquín Maurín, español exiliado en los Estados Unidos y co fundador del POUM. Leutnant Bertram (1944) del comunista alemán Bodo Uhse, que peleó en las Brigadas Internacionales y también vivió en México, aunque brevemente, en 1949. Su novela trata sobre los nazis y un soldado de la Legión Condor que se pasa al lado republicano. Entdeckungen in Mexiko (1946) del judío checo Egon Erwin Kisch que se refugió en México entre 1940 y 1946.

A las manos de Frida llegó Spartacus (1951), la novela que el periodista Howard Fast inició en prisión tras haber sido encarcelado por McCarthy por que no quiso revelar los nombres de los benefactores que donaron dinero para los huérfanos de los soldados americanos que murieron luchando en las Brigadas Internacionales. También se encuentra La Guerra de las Salamandras (1936 ) en el que Karel Čapek, critica las dictaduras europeas. La hija del coronel (1931) de Richard Aldington, que nuevamente trata el tema de la desilusión de la guerra. Otro es el El crimen de Nuremberg (1954) de F.J.P. Veale, (en inglés Advance to Barbarism, 1948) que critica la guerra y sus consecuencias. El libro del sueco A. Wenner-Gren, Call to Reason (1938) apelaba por encontrar el camino de la moderación para construir una sociedad mejor. Y de Yuri Suhl One foot in America (1950), sobre la experiencia de los inmigrantes y su llegada a los Estados Unidos en los años veinte.

Biblioteca estudio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Biblioteca estudio de Frida Kahlo en la Casa Azul, Coyoacán, México

Liberación sexual y feminismo

Frida rompió con los prejuicios tradicionalistas de la generación de su madre rodeándose de amistades y modelos de mujeres que desafiaron los estereotipos existentes. De las biografías que pueden encontrarse entre sus libros hoy destacan Catalina la Grande, Isabel de Inglaterra, Lucrecia Borgia, Catalina de Aragón y Catalina de Medicis. Es obvio que la literatura de y sobre mujeres no era prolífica en su tiempo, sin embargo hay evidencia de que Frida buscó modelos afines a ella. Están Such Sweet Compulsion (1938), una autobiografía de la actriz y cantante de opera Geraldine Farrar. Pero probablemete de mayor interés para la pintora fue la autobiografía de Margaret Sanger (1938), considerada una de las primeras feministas activistas pues dedicó gran parte de su vida a promover el derecho de la mujer al uso de los anticonceptivos.

Como Frida, algunas se atrevieron a romper las trabas que reducían el mundo de la mujer a las tares domésticas. En esta lista están Nellie Campobello, quien con su novela Cartucho (1931) se convirtió en la única mujer de su tiempo que publicó sobre la Revolución Mexicana; y la poeta española republicana Carmen Conde, autora de Mujer sin Edén (1947), un poemario en donde Conde toma la voz de Eva y otras figuras bíblicas para interrogar a Dios sobre su papel desde la perspectiva de la mujer. Pero en cuanto al tema de la liberación sexual Frida buscó todas las perspectivas; algunos ejemplos son Once mujeres en la vida de Casanova (1941) de John Erskine, autor de The Moral Obligation to be Intelligent and Other Essays (1915), El Marquéz de Sade y la Europa del siglo XVIII y XIX: Psicopatía de una época y fin de una sociedad, y Tropic of Cancer (1934), de Henry Miller, quien ilustra ampliamente la práctica de la sexualidad en una sociedad que busca vivir sin prejuicios.

El arte

La biblioteca de Frida exhibe decenas de volúmenes en varios idiomas de los clásicos de la pintura universal. Es posible que algunos de sus libros fueran herencia de su padre, Wilhelm Kahlo, y de la etapa en la que aún adolescente, Frida trabajó como grabadora para ayudar a la familia, lo que le acercaría desde temprana edad a Durero, Cranach, Daumier y Bruegel (en flamenco). En una de las notas de su diario escribiría:

Hyeronymys Bosch murió en Hertongenbosh año 1516. Hieronymus Aquen alias Bosch pintor maravilloso quizá nació en Aachen. Me inquieta muchísimo que no se sepa casi nada de este hombre fantástico de genio. Casi un siglo después (menos) vivió el magnífico Bruguel, El viejo, mi amado.

Diario de Frida con versos de Rafael Alberti de La paloma (1941)

Diario de Frida con versos de Rafael Alberti de La paloma (1941)

Se suman visiblemente a la lista Masolino da Panicale, Van Gogh, Degas, Dessins, El Greco, Velázquez, Rembrandt, Goya, De Vinci, Michel Angelo, Cezanne, Chagall, Van Dyck, Picasso, Segantini, Foujita, Pettoruti (1892-1971) Derain, Portinari, etc.

Además de los textos sobre artistas particulares, abundan en su biblioteca las antologías por país, escuela, estilo, o periodo, desde la etapa primitiva hasta la vanguardia, que no se limitan a la pintura occidental: L’Art Prehistorique, Art of the South Seas, Indian Art, Documentos de Arte Colonial Sudamericano (Bolivia), Machine Art, L’Art en Grece, Deutscher Barok, Histoire de la Peinture Moderne, Las Escuelas de pintura, Medieval American Art, Anthologie de la Peinture Francais 1900 a nos jours, Les Artistes Nouveaux, El arte cubista, Contemporary Mexican Artists, etc.. A estos se suman algunos de referencia y sobre técnica y otros varios como Esmaltes y Hierros Forjados.

Es evidente que el interés por el arte que unió a Frida Kahlo y a Diego Rivera enriqueció su agenda y círculo social. La biblioteca contiene publicaciones de diversos museos sobre exhibiciones de tema o artista específico. Asímismo sobre los temas de arquitectura y escultura, que como muralista fueron esenciales para el estudio de Diego. Algunos ejemplos son: The New Architecture in México de Esther Born, Revue Generale de Architecture (1849- 50), Arquitectura y lo demás, The Architectural Record, Cátalogo de construcciones religiosas (los volúmenes aparecen por estado) Arqueología Agustiniana, de J. Pérez Barrados, etc.

La política

Además de clásicos como La mente del hombre de estado de Machiavelo, los libros de Frida sobre política ilustran su ideología anti-imperialista y marxista. Los más visibles son Correspondencia secreta de los principales intervencionistas mexicanos 1860-1862; Doctrina Monroe; La verdad acerca de los diplomáticos norteamericanos, la novela Hijo de Salitre de Velodia Teitelboim (1952) sobre el movimiento obrero en Chile y otros. A estos se suman Izquierda de Rosendo Salazar; La Batalla de Rusia de André Simone; Religion in the URSS, de Yuroslowsky; y muchos escritos por Lenin y Marx: Critique of the Gotha Program, V. I. Lenin; The Tasks of the Proletariat, V. I. Lenin; I. Stalin, V. I. Lenin; El Estado y la Revolución y The Paris Commune ambos de V. I. Lenin; Socialism and War, de G. Zinoviev and V. I. Lenin; Sobre la literatura y el arte, C. Marx y F. Engels; 5 años en la URSS, Angel B. Batalia; Soviet Philosophy, Somerville; La industria de la URSS, E. L.; La Epopeya de Stalingrado, V. Grossman; Behind the Moscow Trail, Max Shachtman y algunos otros.

Frida Kahlo - Moisés o El núcleo de la creación (1945), inspirado en el libro de Freud, Moisés y la religión monoteísta

Moisés o El núcleo de la creación (1945), inspirado en el libro de Freud, Moisés y la religión monoteísta

La cuantiosa colección de libros y documentos que forman la biblioteca de esta reconocida artista muestra la vitalidad intelectual que informó su percepción del mundo y del arte. Además de ilustrar su ideología política y su pasión por la cultura mexicana, la biblioteca hace evidente su familiaridad con la cultura occidental y la historia universal, su gusto por la poesía, su curiosidad científica, su búsqueda de modelos femeninos en quien inspirarse y su interés por las políticas, corrientes y figuras transcendentales de su tiempo.

En una era de cambio y ebullición social los libros debieron ser más que un oasis reconfortante para Frida; una mujer que buscó abrir nuevas fronteras para su sociedad y comprendió los retos que enfrentaba su época. Además de pintora, Frida Kahlo fue una de las intelectuales más admirables de su tiempo. Su sensibilidad artística supo traducir parte de su universo al lenguaje de sus obras. Este comentario general, basado en una observación poco exhaustiva de los libros que son visibles hoy al visitante de la Casa Azul, es sólo otra pequeña ventana a ese universo.

 

Gonzalo Guerrero

Gonzalo Guerrero libro - Eugenio Aguirre En su novela publicada por Editorial Planeta en 2012 para conmemorar el 500 aniversario del mestizaje en América, el escritor Eugenio Aguirre recrea la extraordinaria historia del español vuelto maya. Gonzalo Guerrero, nacido en Palos de la Frontera, Huelva en 1470, y veterano del último capítulo de la Reconquista gracias a su participación en la Toma de Granada, protagoniza una de las aventuras transformativas más insólitas de la historia del encuentro entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

La novela parte con el presagio de un viejo gitano que terminará cumpliéndose cuando Guerrero acepta servir bajo el mando de Juan de Valdivia, quien debe conducir asuntos personales y trasladar pasajeros y cargamento entre Darién, actualmente parte de Panamá, y Santo Domingo. Los personajes y acontecimientos que se describen sobre los primeros días del viaje introducen la complejidad de la empresa de la Conquista, las rivalidades, la ambición, la diversidad de personajes que participaron en ella, y la explotación y tráfico de productos y de hombres y mujeres: los esclavos que viajan en la nave encadenados unos a otros al lado de las bestias. Es Gonzalo Guerrero, no el sacerdote Gerónimo de Aguilar, quien aboga por ellos y se gana los golpes de Valdivia y otros, cuando expresa su intención de desatarlos para evitar su muerte durante la tormenta que terminará hundiendo el barco.

El autor mexicano Eugenio Aguirre (1944) nos acerca a un Guerrero humano, en constante reflexión sobre el significado de los hechos que se suceden y del comportamiento de sus compañeros de adversidad; un hombre que medita sobre las experiencias existenciales que le llevarán a cambiar su visión del mundo y de la vida hasta asimilarse a una nueva cultura. En el pasaje fatal del naufragio en el que se destaca la cobardía de Valdivia, se salvan dieciséis hombres y dos mujeres, pero irán muriendo poco a poco. Aguirre logra una descripción realista de la angustia y desesperación alucinantes que una semana bajo el sol candente, sin agua ni alimento, significan para quienes no saben a qué punto del océano han sido arrojados por el destino. Y aún estas páginas resultan menos crudas comparadas con el ataque de los cocomes, a dos días apenas de haber arribado a tierra en las costas de la Península de Yucatán. Valdivia y otros son descuartizados y devorados en un ritual carnicero, increíble si se quisiese hacer pasar como producto de la ficción.

Los que sobreviven logran escapar gracias al plan de Guerrero pero caen como esclavos del señor Taxmar del pueblo de Xamanhá. El trabajo excesivo impuesto a los sobrevivientes por los nuevos amos deja vivos sólo a Guerrero y al padre Aguilar. La vida de esta civilización desconocida empieza a revelarse rica y llena de rituales y color en la descripción de la organización y vida diaria de los xiúes. La prosa de Aguirre adopta tonos poéticos al describir la flora y fauna del mundo maya que si bien centra su existencia en el sacrificio a sus dioses, ama la vida y conoce y toma lo mejor de los seres y paisaje que les rodea.

Guerrero se gana la admiración y confianza de Taxmar y sus nobles capitanes cuando les ayuda a ganar la guerra contra los cocomes. Es tal el aprecio que cobra como servidor inteligente y fiel a Taxmar que éste lo cede a su gran aliado Na Chan Can, quien al paso del tiempo verá en él al más valioso de sus hombres y lo convertirá en su yerno. Guerrero acepta de este gobernante amado por su pueblo la nueva posición de responsabilidad y los privilegios que ha conquistado a base de lealtad, y lejos de sentirse comprometido se entrega a su cargo con valor y obediencia y con el gran amor que despiertan en él su legítima esposa Ix Chel Can y sus hijos. Por eso no le es difícil rechazar la invitación de reunirse con Cortés que el padre Aguilar le había comunicado personalmente.

En su novela, Aguirre ofrece una ventana a lo que con seguridad enfrentó Guerrero en su proceso de asimilación a la cultura del Mayab: su necesidad práctica ante su conciencia y dudas religiosas, nacida de su participación en ritos y creencias extraños y profundamente ajenos a su formación cristiana. Es claro que no tuvo que ser fácil aceptar el sacrificio y las inmolaciones, como las de su propia hija, como las de otros inocentes que el pueblo demandaba para detener la peste y más tarde la plaga de langosta que cubría los campos y sembraba el hambre. Y por si fuera poco, se plantea además la ironía de su circunstancia, el reconocerse en los hombres de los navíos que se acercaban con persistente frecuencia a las costas de su tierra adoptiva, con temor a la inminente amenaza de la superioridad de armas y bestias a las poblaciones que Guerrero conocía ya bien, y juzgaba prontas a ser víctimas de la ambición de oro y riqueza de soldados como los que en otro tiempo fueron sus hermanos. A Guerrero llegaron las noticias de lo que sucedía en el altiplano, y de las guerras que Cortés “había desatado, enfrentando a unas tribus con otras en su propio beneficio.” Guerrero sabía bien que esperar:

Desde que llegaron los primeros españoles a Champotón, hacía mas de cuatro años, había entendido la amenaza que pesaba sobre mi gente y sobre todos los comarcanos. No cejarían en su empeño por conquistarlos y arrebatarles sus tierras, su hacienda y su libertad. Lo mismo había pasado en todas partes, sin que existiese poder alguno que les detuviese en el avasallamiento de los naturales. Tanto señores como plebeyos y esclavos pasarían a ser siervos del blanco, de la fusta y del tormento, y sobre todo, del engaño … Debería, por lo tanto, prevenir y enseñar a los guerreros de Ichpaatún a pelear en su contra. Debería inculcarles que se trataba de vándalos que venían a sojuzgarlos, a robarles lo que el derecho natural les había otorgado, a violentar a sus mujeres e hijas, a destruir a sus ídolos y dioses tutelares y a trastocarles su religión y sus conocimientos de los astros y del tiempo por un catecismo castrante, siempre beneficioso para el amo venido de allende del mar. (252)

La novela es un recuento realista y bien documentado de la odisea de este héroe olvidado por el tiempo. El lenguaje y la ambientación evidencian un gran conocimiento de la región y su historia, así como de la cultura maya, lo que hace a esta obra sumamente recomendable para quien desee acercarse al tema con un interés más allá del gusto por la aventura. Su autor Eugenio Aguirre, quien ha recreado en novelas anteriores la vida de personajes como Isabel Moctezuma, Hidalgo y otros, recibió por su magnífica obra sobre Gonzalo Guerrero, la Gran Medalla de Plata de la Academia Internacional de Lutèce 1981.

De náufrago a defensor del pueblo maya

Alguna gente se muere
para volver a nacer,
el que tenga alguna duda
que se lo pregunte al Che.
Nada más, nada más.

– Atahualpa Yumpanqui

 

Así como algunos caen de su pedestal marcando los cambios sociales del momento, otros suben a la gloria empujados por fuerzas que obedecen al vaivén de la historia. La figura de Gonzalo Guerrero es uno de esos símbolos fundacionales que se tejen en el imaginario popular de las naciones. Su nombre está unido particularmente a la historia de los pueblos mayas de Yucatán, Chiapas y Quintana Roo, pero en la revisión histórica a este soldado español no sólo le corresponde hoy el lugar de legítimo padre del mestizaje de la nación mexicana moderna, lugar que antes se le dio simbólicamente a Hernán Cortés, sino también el de primer europeo en América que luchó contra la ocupación española.

Estatua de Gonzalo Guerrero en Akumal, Quintana Roo

Estatua de Guerrero en Akumal, Quintana Roo

El caso de Gonzalo Guerrero es el de un hombre conquistado por una cultura. El hecho que marcó para siempre su vida sucedió en 1511 cuando los sobrevivientes de un desafortunado naufragio arribaron a las costas mayas de Yucatán. Se sabe que los indígenas del área los capturaron y mataron a algunos de ellos. Años después, en 1519, el mismo capitán Hernán Cortés paró en la isla de Cozumel frente a las costas de Yucatán, y allí los habitantes le informaron acerca de los hombres que habían sobrevivido el naufragio y que vivían como cautivos de los indígenas. En una de sus Cartas de relación al rey, el mismo Cortés explica cómo organizó una misión de rescate que consistía en enviar a varios indígenas con una carta para los prisioneros. Al término de cuatro días, cuando al no recibir noticia del rescate el capitán ya partía de Cozumel hacia las costas del Golfo, uno de los náufragos, Gerónimo de Aguilar, se reunió con el grupo. Este feliz reencuentro sucedió ocho años después del naufragio donde Aguilar y Guerrero casi habían perdido la vida. Aguilar se convirtió en un valioso traductor para Cortés gracias a su conocimiento de los grupos indígenas de quienes había aprendido la lengua; con el afamado capitán partiría hacia la conquista del Tenochtitlán.

Cortés no vuelve a mencionar a estos cautivos en sus cartas al rey, ni tampoco explica qué fue del segundo hombre. Pero la repatriación de Aguilar al grupo hace todavía más singular el caso de Guerrero. Posteriormente, en la Historia verdadera de las cosas de Nueva España, Bartolomé de las Casas retoma el caso de los cautivos revelando el testimonio de Guerrero. De acuerdo a este testimonio, después de su captura, Guerrero acogió la nueva cultura y se integró plenamente al pueblo de Chetumal. No sólo llegó a conocer profundamente a la gente y a sus tierras sino que también adoptó sus costumbres y sirvió a su nueva patria enseñando a su gente a luchar con las técnicas bélicas familiares a él. Los servicios y el valor de Guerrero hicieron más poderoso al pueblo de Chetumal porque le ayudaron a derrotar a sus enemigos. Esto ganó a Gonzalo Guerrero la confianza de Na Chan Can, el señor de Chetumal, quien le hizo ocuparse de los asuntos de guerra y le honró concediéndole una esposa de noble estirpe maya con quien el antes soldado español tuvo varios hijos.

Años después, cuando ya se había consumado la conquista de la nación azteca en Tenochtitlán, los españoles regresaron a la península en expediciones destinadas a someter a los pueblos indígenas de Yucatán. Las contiendas en el área fueron muchas y sangrientas bajo el mando del capitán Montejo y otros. Evidentemente, el encuentro con el olvidado náufrago fue inevitable, pero éste era ahora un guerrero maya cubierto de tatuajes y con aretes y cabello largo a la usanza de los indios de la región y no renegó de su nación adoptiva. Quizás una vez más, como en 1519, Guerrero tuvo la oportunidad de reunirse con sus compatriotas y abandonar la vida con los indígenas, pero no lo hizo. Sus palabras, citadas en el testimonio de las Casas, indican que Guerrero, refiriéndose a sus hijos con orgullo –presumiblemente los primeros mestizos del continente Americano– y haciendo mención a su posición privilegiada de cacique en Chetumal, rechazó la invitación de unirse a sus antiguos paisanos.

Estatua de Guerrero, su esposa Ix Chel Can y sus hijos en Chetumal, Quintana Roo

Estatua de Guerrero, su esposa Ix Chel Can y sus hijos en Chetumal

Estatua de Guerrero, su esposa Ix Chel Can y sus hijos en Chetumal

Es claro que los mayas de Chetumal ganaron un aliado poderoso en el español que les adoptó como patria, pero no fue suficiente para asegurar la paz y su soberanía, y en 1536 en la batalla librada contra Lorenzo de Godoy en Punta Caballos, Honduras, cayeron los mas bravos de entre los cheles, incluyendo su afamado capitán general Gonzalo Guerrero. Con frecuencia se omite su nombre de las páginas de la historia de la conquista, pero este soldado fue con seguridad el primer español que amó abiertamente las tierras americanas y el primero también que murió luchando del lado de ellas.

Para sus coterráneos, incluyendo a Cortés, Guerrero fue un renegado y su nombre fue asociado con traición durante los trescientos años que duró la Colonia. Por su parte el conquistador Montejo pasó a ser uno de los grandes protagonistas de la historia, convirtiéndose en gobernador de Yucatán y amasando una fortuna que hoy es visible en la suntuosidad de su residencia y en la influencia que ejerció en el estado y su capital cuya avenida más importante, el paseo de Montejo, preserva un monumento con su imagen. Y si bien la historia oficial se encargó de enaltecer la fama de Montejo como figura fundacional y de sus muchos descendientes, el pueblo no olvidó a Guerrero y el sentimiento de resistencia de las comunidades mayas de la región sobrevivió los siglos del yugo del hombre blanco. Hoy, este héroe ha despertado la atención de historiadores, cineastas y escritores como Eugenio Aguirre, cuya novela dedicada a esta figura extraordinaria relata su magnifica aventura subrayando su legitimidad como raíz de la hispanidad americana.

Al igual que Akumal y Cozumel, la ciudad de Chetumal lo recuerda con un monumento que representa la primera familia producto del mestizaje de razas entre dos mundos que se desconocían mutuamente. Asimismo la ciudad de Mérida, capital de Yucatán cuenta con una de las pocas estatuas dedicadas a un soldado español en tierras mexicanas. La estatua de Gonzalo Guerrero se erige orgullosa en el atuendo de soldado maya sobre el pedestal que fue colocado también sobre la avenida Montejo, en la tierra que lo acogió después de la fantástica aventura de su naufragio.

¿Cuántos más que participaron en la empresa de la conquista habrán sido a su vez conquistados por la cultura de los pueblos que fueron enviados a someter?

Monumento a Gonzalo Guerrero en Mérida, Yucatán

Monumento a Gonzalo Guerrero en Mérida, Yucatán

Un lugar

Sé de un lugar donde se lava la amargura de sueños fracasados
y se extingue el llanto de un amor burlado.
Valientes que todo han dado y han perdido ansían su bálsamo;
como aquellos que temen a la vida, marcados por la crueldad de algún cobarde.

Es un lugar que no alberga ayeres negros;
silencioso y apacible, es como el estero que no recuerda la tormenta.
Su aparente quietud engaña como el primer vestigio de la aurora
que en un tímido destello abre camino a la fuerza del universo entero.

Entre la paz de ese lugar que algunos han llamado olvido
el hombre es apenas un suspiro hijo del hoy,
un instante diminuto y frágil,
cáliz de la magia indiscernible del pasar del tiempo.

Estero en Yucatán en México

Ocoxal

Huejotzingo, el ritual de una historia

Danza de huichilobos, Diego Rivera, 1936

Danza de huichilobos, Diego Rivera, 1936

Mientras que Diego Rivera inmortalizó el Carnaval de Huejotzingo en 1936 en una de sus obras pictóricas que hoy se expone en el Palacio de las Bellas Artes, el carnaval es ya en sí mismo una manifestación estética de la síntesis histórica de una nación. En eso radica su singularidad, porque aunque coincide con las fechas de los carnavales que preceden a los ritos católicos de la Semana Santa, el Carnaval de Huejotzingo es un ritual de autodefinición cultural y una expresión popular de la reafirmación de la identidad de un pueblo que se recrea en la memoria de su historia.

La historia de Huejotzingo se remonta al periodo posclásico mesoamericano que vio surgir fuertes señoríos independientes alrededor y dentro del valle de Anáhuac. La historiografía indica que estos grupos provenían de migraciones resultantes de la guerra entre toltecas y chichimecas que provocó la destrucción de Tula, la monumental capital tolteca situada en lo que hoy es el estado de Hidalgo. Las batallas que se dan lugar durante cuatro días de festividades rememoran el heroísmo que ayudó a Huejotzingo a sobrevivir violentas luchas, desde las llamadas guerras floridas inspiradas en dioses aztecas hambrientos de sangre, hasta las batallas contra el imperio francés, en donde Puebla particularmente jugó un papel crucial en defensa de la República.

Al igual que los tlaxcaltecas, tepeacas, y otros, la gente de Huejotzingo era de raíz nahua, y alrededor de 1173 se reestableció en la zona este de los grandes volcanes que enmarcan el extenso valle de Anáhuac, hoy los estados de Puebla y Tlaxcala. Las culturas madres, la olmeca a la cabeza, habían dejado un rico legado cultural que sirvió de base común a la región en donde las condiciones geográficas permitieron la práctica generalizada de la agricultura y el comercio, haciendo posible el crecimiento de la población y el desarrollo de actividades sociales y artísticas que evidencian la superioridad cultural alcanzada por algunos de estos pueblos. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de Nueva España describe a los nahuas así:

Eran habilísimos, de grandes trazas, sutiles y curiosos mecánicos, porque eran oficiales de pluma, pintores, encaladores, plateros, doradores, herreros, carpinteros, albañiles, lapidarios muy primos en desbastar y pulir las piedras preciosas; hiladores, tejedores; prácticos y elegantes en su habla; curiosos en su comer y en su traje; muy aficionados a ser devotos y a ofrecer a su dios, y a incensarle en sus templos. Valientes en las guerras, animosos, de muchas ardides y que hacían grandes presas. (Libro X, Cap. XXIX, 45)

Esta zona periférica del corazón de México, cuyo centro vería la fundación en 1325 del señorío mexica o azteca, era sede de una intensa actividad humana en donde coexistían decenas de pueblos en estrecha proximidad. La misma densidad de población explica la fricción que existía entre pueblos vecinos y la necesidad de cada uno por mantener una sólida organización militar.

El carácter guerrero de las actuaciones populares que roban la atención dentro del carnaval con sus explosivas escaramuzas, y el ruido y olor de las toneladas de pólvora que se queman en él tienen como uno de sus temas principales la batalla del Cinco de Mayo, pero recuerdan el pasado peculiarmente bélico de Huejotzingo.

Foto de Enfoque

Zapador en batalla (Enfoque)

Las primeras crónicas hispanas describen a los huejotzingas como un pueblo aguerrido que como el de Tlaxcala había resistido a los mexicas por casi cien años. Huejotzingo peleó en guerras contra varias de las naciones cercanas, incluyendo a Texcoco, y aun en contra de Tlaxcala con quien luego se uniría. En su Historia Antigua de México, Francisco Javier Clavijero relata cómo alrededor de 1455 Huejotzingo y Tlaxcala atendieron el llamado del rey de Coixtlahuacan, en la región mixteca, en apoyo contra su gran enemigo Moctezuma Ilhuicamina, quinto rey de México. En la guerra perdió el rey mixteco Atonaltzin y murieron la mayoría de las tropas aliadas.

Mucho más sangrienta fue la guerra en la provincia de Cotasta en1457 cuando huejotzingas, tlaxcaltecas y cholultecas formaron una gran alianza para defender a sus vecinos. Por el lado azteca participaron Axayácatl, Tizoc y Ahuízotl que serían reyes más tarde, pero el héroe de la guerra fue Moquihuix, rey de Tlatelolco, quien desobedeciendo la orden de retirada de Moctezuma, peleó con furia contra los aliados y consiguió 6, 200 prisioneros para los sacrificios del reino. Alrededor de 1500, Cholula y Huejotzingo se habían convertido ya en tributarios del imperio azteca. Clavijero explica que durante el reinado de Moctezuma Xocoyotzin los aztecas mantenían una frágil alianza con estos pueblos, lo que les servía de estrategia en contra de la nación tlaxcalteca; agrega que entre ambos, los huejotzingas eran más guerreros que los de Cholula. Sin embargo, es claro que Huejotzingo resistía la opresión del Imperio y desconfiaba de Cholula, a la que llegó a atacar ocasionando la reprensión de Moctezuma en la tortura y muerte de varios de sus hombres. El hecho es que la región del Valle de Cuetlaxcoapan, donde había otros señoríos –Itzocan, Tepeaca, Texmelucan— era una de las sedes de las guerras floridas que proporcionaban víctimas de todos estos pueblos para los sangrientos sacrificios a Huitzilopochtli.

En la épica destrucción de Tenochtitlan los huejotzingas nuevamente se aliaron a sus vecinos el pueblo tlaxcalteca de Xicoténcatl en el apoyo a Cortés; los de Cholula y Chalco les siguieron. El mismo Cortés menciona más de una vez en sus cartas al rey, que sin tal respaldo militar hubiese sido imposible vencer a los aztecas. La construcción de los bergantines y obviamente su transporte y ensamblaje en las proximidades del Lago de Texcoco fue instrumental en la conquista, así como el apoyo militar de huejotzingas y tlaxcaltecas a españoles en subsecuentes campañas militares, entre otras la guerra contra los zapotecas y las expediciones a las tierras mayas. En su segunda Carta de Relación fechada el 15 de mayo de 1522, refiriéndose a las preparaciones para el ataque a Tenochtitlan en abril del año anterior Cortés narra:

Otro día siguiente hice mensajeros a las provincias de Tascaltecal, Guajocingo y Chururtecal a les hacer saber cómo los bergantines eran acabados, y que yo y toda la gente estábamos apercibidos y de camino para ir a cercar la gran ciudad de Temixtitan. Por tanto, que les rogaba, pues que ya por mi estaban avisados y tenían su gente apercibida, que con toda la más y bien armada que pudiesen, se partiesen y viniesen allí a Tesuico donde yo los esperaría diez días; y que en ninguna manera excediesen de esto, porque sería gran desvió para lo que estaba concertado.

Francisco López de Gómara en su Historia de la Conquista de México también relata la ayuda prestada en el llamado “cerco de Tenochtitlan” en 1521, cuando Cortés divide al ejército entre sus tres capitanes para la guerra contra los aztecas:

A Gonzalo de Sandoval, que fue el otro maestre de campo, dio veinte y tres caballos, ciento y sesenta peones, dos tiros y más de cuarenta mil hombres de Chalco, Chololla, Huexocinco y otras partes, con que fuese a destruir a Iztacpalapan, y luego a tomar asiento do mejor le parescía para real. (CXXXI)

Huejotzingo Foto

Serrano en carnaval (Milenio)

Es difícil medir de que manera los nacionalismos autóctonos de todos estos grupos se fueron diluyendo bajo la administración colonial, pero al principio enfrentarían una etapa de rápido cambio que comenzó con la asimilación de la nueva religión y la reconfiguración de las comunidades llevada a cabo por el primer grupo de sacerdotes franciscanos en México, quienes asignaron a cada iglesia, pueblo y municipio un santo patrón, con la intención de sustituir a la deidad con la que los pobladores se habían identificado anteriormente. La alta población en la región facilitó la rapidez con la que se construirían numerosas iglesias y monasterios que sirvieron de centros de enseñanza religiosa. Fue en Huejotzingo donde se inició el proceso con la fundación en 1525 del primer monasterio, uno de los más antiguos del continente, dedicado a San Miguel Arcángel. Con el ícono de San Miguel se introdujo también la imagen de Lucifer, que aparece como un demonio hoy estereotipado, y cuya máscara continúa siendo una de las favoritas en representaciones y otros rituales producto del mestizaje, como el del Carnaval de Huejotzingo.

La labor inicial de catequización requirió buscar puntos de identificación con las creencias indígenas que pudieran ayudar a adaptar los preceptos católicos a significantes culturales existentes. En la memoria colectiva de Huejotzingo la importancia que tuvo el señorío en la conversión religiosa de la Nueva España marca la raíz de la integración social nacional. Fue en Huejotzingo donde se realizaron los primeros ritos católicos, por lo que el primer matrimonio indígena es uno de los tres temas principales del carnaval.

Huejotzingo en el mapa A diferencia de Tlaxcala, que se convirtió en centro urbano y cabeza de su estado, el viejo señorío de Huejotzingo perdería prominencia. La razón más fuerte fue sin duda la fundación en 1531 de la ciudad de Puebla de los Ángeles, que de acuerdo a la historia fue inspirada por un sueño del entonces arzobispo quien la vio dibujar por ángeles y así la mandó llamar. Cholula recibió su escudo de armas en 1540 y Huejotzingo en 1553 con el título de ciudad, pero es Puebla, a sólo 17 kilómetros al sureste, la que crecerá hasta convertirse en el segundo centro urbano de importancia de su época. Puebla fue desde entonces la escala obligada en el camino de Veracruz a la capital de México, lo que significó un flujo constante de productos que durante siglos enriquecerían a la ciudad con las importaciones que llegaban al país. Todas las mercancías provenientes de Europa por el puerto de Veracruz en el Golfo, y de Asia, por Acapulco pasaban por el Valle de Cuextlacoapan. Las hortalizas, granos, frutas, especies de árboles, aves, reces, caballos, sedas, marfil, frutas, llegaban a su primer destino o cambiaban manos allí. La introducción de productos como duraznos y manzanas resultó en la industria de la sidra y las conservas que desde entonces son parte importante de la economía de Huejotzingo.

El resto del periodo colonial no estuvo exento de dinamismo. Basta recorrer los miles de templos y palacios esparcidos por Puebla y sus alrededores, muchos de los cuales exhiben el esplendor y riqueza que uno esperaría encontrar sólo en las grandes catedrales. Fue un periodo de aculturación en ambos sentidos y de actividad artística. La demanda de la iglesia y la clase pudiente empleó artistas de todos tipos en la zona, talabarteros, ceramistas, pintores, escultores, torneros, tejedores, tapiceros, etc., en gran parte indígenas, que se adaptaban a la cultura trasplantada y aportaban sus propios utensilios, gustos y técnicas ejercidos por siglos en sus obras de escultura, en cerámica, tintes vegetales, pieles, pulido de ónix, obsidiana, concha, hueso, piel y otros conocimientos prácticos que enriquecieron la vida de los colonos.

En medio de este tráfico de objetos, productos, razas, e ideologías y de cambio constante Huejotzingo, hoy una ciudad de aproximadamente 22 000 habitantes, se ha convertido en uno de los puntos más emblemáticos del proceso de sincretismo mexicano. Llamamos sincretismo al fenómeno que toma de dos o más culturas y logra mezclarlas recreando una nueva, pero el proceso es siempre un reto por preservar valores esenciales que unen a la comunidad. En las prácticas artísticas y sociales resultantes, en este caso el carnaval, se puede identificar la recreación de símbolos esenciales y tradiciones que refuerzan la conexión con las raíces ancestrales. Los rituales producto de esa experiencia hibrida, sujeta constantemente a agentes externos, utilizan un lenguaje de reafirmación de esos valores.

Batalla del Cinco de Mayo por Patricio Ramos

Batalla del Cinco de Mayo por Patricio Ramos

Con la Independencia comenzó otro periodo de reajuste social y surgió una fórmula de asimilación popular hacia la creación de un sentimiento nacionalista más igualitario, aunque vendrían también más luchas internas y conflictos armados. La zona fue testigo directo de la invasión estadounidense en 1847 y más tarde, de la invasión napoleónica en 1862 que inevitablemente convirtió al área en campo de batalla contra los ejércitos franceses acompañados por batallones de mercenarios zuavos, quienes en el carnaval se distinguen con máscaras rosadas largas barbas, gorros estilizados y pantalones abombados, algunos de los disfraces más llenos de color. Una vez más, los huejotzingas, ahora aliados a los zacapoaxtlas entre otros, mostraron su espíritu aguerrido contra las tropas napoleónicas; el carnaval rememora sobre todo la batalla del Cinco de Mayo de 1862, sin duda uno de los eventos fundacionales del nacionalismo mexicano más importantes en la historia. Los zuavos, franceses, zacapoaxtlas, turcos, apaches, zapadores, etc., que participan en el carnaval entre la descarga explosiva de sus mosquetes, son símbolos de la memoria colectiva que tiene presente el áspero y sangriento camino hacia el logro de una identidad nacional, diversa e híbrida desde su raíz.

Son tres los actos alrededor de los cuales se estructura la monumental dramatización carnavalesca, el primer matrimonio indígena en Huejotzingo, la batalla del Cinco de Mayo que es parte de la Guerra de Intervención Francesa, y la leyenda del bandido Agustín Lorenzo. Esta última también representa un lugar común en la narrativa fundacional de México. La historia está inspirada en un suceso real e incluye la huida de los novios desde el balcón y luego en caballo, seguida por la persecución a tiros de las fuerzas del corregidor. La unión de estos dos personajes tiene resonancia como leitmotiv dentro del arte y el folclor mexicanos que se inicia con las representaciones de Cortes y Malinche y se retoma en leyendas como La Llorona en el periodo colonial. Sin embargo, el idilio prohibido entre el bandido y la hija del corregidor representa no sólo el mestizaje de razas, que está en la base del imaginario de nación, sino también de clases, lo que tiene relevancia para la ideología revolucionaria del siglo XX. El tema del amor y la desigualdad económica reaparece en varias novelas del siglo XIX como Los bandidos de Rio Frio y en el periodo posterior a la

Agustín Lorenzo, Diego Rivera, 1936

Agustín Lorenzo, Diego Rivera, 1936

Revolución vuelve a tomar fuerza en el cine, en películas como Enamorada, Bugambilia y otras, por significar una piedra fundacional del ser mexicano que en el carnaval ocurre en medio de las luchas y obstáculos de una sociedad conservadora que resiste la unión de los amantes hasta perseguirlos y quemar su choza.

El carnaval revive la memoria histórica en un despliegue explosivo de color y pólvora, de disfraces exagerados y de dramatismo pintoresco y estrambótico a la vez. La fiesta, cercana a cumplir 150 años desde su comienzo en 1868, reporta una participación de hasta dos mil actores que inundan las calles de símbolos patrios y de valores culturales en los trajes, las máscaras, los gorros, las cachas talladas de los fusiles, en la música y los bailes y en las escenas y signos que se mezclan y aparecen y desaparecen entre el humo de las explosiones como una gran proyección visual, de los ritos de pasaje de un pueblo que año con año se reencuentra en su historia. Los homenajes heroicos, los desfiles militares, la develación de placas, la inauguración de monumentos y otros actos de remembranza fortalecen el patriotismo, reviven los íconos de la historia y refuerzan el sentido de pertenencia de los pueblos, Huejotzingo lo hace a través de su carnaval.

El Carnaval de Huejotzingo en Nueva York

El siglo XXI registra una nueva etapa de cambio para miles de pueblos latinoamericanos que han emigrado en busca de nuevas y mejores oportunidades de vida lejos de su patria.

Muchos quizás, adopten las nuevas costumbres de sus tierras adoptivas, pero para aquellos que continúan reafirmándose en los ritos comunitarios de su nación de origen, su legado cultural seguirá manteniendo vivo y con él la esencia de su identidad. Los poblanos y mexicanos que se reconocen en sus símbolos patrios han dado ese paso, han elegido reafirmar los lazos con sus raíces y tradición celebrando el Carnaval de Huejotzingo en su versión 16 de Septiembre en Nueva York. ¿Qué nuevos símbolos se adaptarán al carnaval, que nuevos elementos serán incluidos en ese continuo proceso de mestizaje y reinvención que es la cultura mexicana?

Zapadores en NY (M.A. Andrade)

Entre la sinrazón quijotesca y el sueño de Segismundo

El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo

-Séneca

Gustave Dore, Don Quijote

En 2015 se cumplen cuatrocientos años de que se publicara el segundo volumen de la gran novela cervantina que dio vida a Don Quijote de la Mancha. El héroe es todavía hoy el símbolo hispano más reconocido y de mayor influencia universalmente, aunque no el único. La era de Cervantes en una de sus más refinadas creaciones barrocas concibió también a Segismundo, otro gran símbolo existencial, con el cual Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) explora la fuerza de la voluntad humana y la capacidad del hombre de elegir su propio destino.

Don Quijote representa el despertar del hombre a la noción que conocemos como Modernidad, ese paradigma que explica al mundo no ya como un ente estático, limitado y predeterminado por un supuesto orden natural, sino como un espacio temporal, contradictorio, multifacético y modificable a partir de la perspectiva individual. Es la historia de un hidalgo empobrecido que enloquece porque dedica sus días y sus noches a la lectura de novelas de caballería, hasta que él mismo toma las armas y sale a “enderezar entuertos”, como lo cree cuando intenta revivir el mundo idealizado de la caballería. Cervantes no sólo introdujo con su personaje la noción de la irracionalidad en la nueva visión de la vida, sino la colocó en el centro de ese mundo que otorga al hombre la libertad de crearse a sí mismo, independientemente de que pueda o no modificar su medio.

A diferencia de los héroes y dioses de la mitología grecolatina, que ayudados por el Olimpo enfrentan enemigos naturales y sobrenaturales, el héroe moderno, legado de Cervantes a la filosofía liberal, es un marginado sin otro poder que su voluntad. Y así, cargado sólo con su interpretación de la masa de conocimiento acumulada por incontables noches de lectura y meditación, es incapaz de distinguir la verdad de la ficción, la ciencia de la magia y la historia del mito. Su salvación consiste en regir su comportamiento a partir de un código de virtud auto-impuesto, y a prueba de esa gran enemiga que define al mundo moderno, la contradicción.

Gustave Dore, Don Quijote y los molinos de viento
Como en un juego de espejos, Don Quijote es imagen y es esencia, la ficción caballeresca y la voluntad pura en pos de la virtud; pero Don Quijote es por sobre todo, sus actos. La imagen, como en un espejo refleja la sinrazón de su mundo, pero enfrentarla le da sentido a la experiencia existencial, en choque con las contradicciones que han de embestir al hombre en su camino. La noción de orden promovida por el pensamiento católico ortodoxo de la Edad Media europea queda destruida para siempre en una comedia de errores que delata la hipocresía de las fuerzas dominantes, en este caso la falsedad de los bachilleres y duques, cuya frivolidad va de la mano de la ignorancia.

El triunfo está en la búsqueda de la virtud

La novela se convierte en una guía existencial que contrasta el idealismo estoico quijotesco con el mundo real de lo cotidiano, aquel que embrutece al hombre en la monotonía y la pasividad. Como base cultural de valores hispanos, Don Quijote rescata la vena noble del hombre, le dignifica a través de la fe en sí mismo y en sus metas. Esa es la enseñanza a Sancho, su fiel escudero y discípulo, un hombre común, un campesino burdo que también se atreve a soñar hasta convertirse en gobernador de una ínsula. Y no importa aquí que todo sea una broma de los duques, Sancho actúa con la mayor virtud, como Don Quijote le ha instruido: “la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale” ha dicho su maestro. Como mentor, el sabio caballero andante se da a la tarea de prepararlo bien pues, “los oficios y grandes cargos no son otra cosa que un golfo profundo de confusiones”, por lo que el mensaje es que para tener éxito, es necesario ante todo buscar la superación moral:

Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle esta la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. (II, XLII)   

La humildad, la prudencia y la misericordia son las armas que Don Quijote le recuerda llevar a Sancho al gobierno de la ínsula:

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlos en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena… Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. . . Al culpado que cayere debajo de tu juridición considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia, que el de la justicia.   (II, XLII)

Cervantes no deja duda de la cordura de su héroe en este episodio, ya que se toma la precaución de aclarar que, mientras no se tratara de caballería, “en los demás discursos mostraba tener claro y desenfadado entendimiento”; pero Sancho, siempre con los pies en la tierra, tiene dudas:

— Señor  -replicó Sancho–, si a vuestra merced le parece que no soy de pro para este gobierno, desde aquí le suelto…vera que sólo vuestra merced me ha puesto en esto de gobernar: que yo no sé más de gobiernos de ínsulas que un buitre; y si se imagina que por ser gobernador me ha de llevar el diablo, más me quiero ir Sancho al cielo  que gobernador al infierno.

— Por Dios, Sancho –dijo Don Quijote–, que por sólo estas últimas razones que has dicho juzgo que mereces ser gobernador de mil ínsulas… (II, XLIII)    

La meta más alta del hombre es la conquista de sí mismo

Segismundo es el otro gran ícono del estoicismo hispano. En su obra maestra La vida es sueño, Calderón explora como Cervantes, la capacidad humana de trascender la propia condición, y lo hace con un planteamiento original que aísla al héroe de su mundo. Segismundo es realmente un príncipe, y aunque no pierde la razón, no puede distinguir al sueño de la realidad. En esto enfrenta también como Don Quijote la contradicción, y el reto para Segismundo es superar la oscuridad de su condición, ignorar la ambigüedad de su circunstancia y actuar con virtud.

Goya, Desastres de la Guerra

Goya, Desastres de la Guerra

Al nacer su hijo, alarmado por presagios de que sería un tirano, Basilio, el rey de Polonia hizo encerrar a Segismundo en una prisión secreta. El único ser humano con quien tiene contacto es el ministro de su padre, Clotaldo, su carcelero y tutor. Al paso del tiempo el rey, ya viejo, debe decidir quién será su sucesor, y antes de entregar el reino a su sobrino Astolfo, ordena traer dormido a Segismundo al palacio, haciéndole creer que está soñando y así poder observarlo. Segismundo se comporta con soberbia, y no puede controlar la ira y el resentimiento contra un padre del que nunca recibió amor; la violencia con la que trata a uno de los criados confirma en ojos de Basilio la veracidad de las predicciones, por lo que éste regresa a su hijo al calabozo, otra vez dormido por narcóticos. Más tarde, soldados y súbditos que no quieren a Astolfo lo reclaman como rey y lo liberan, pero dudoso de que sea otro sueño, Segismundo se resiste:

Que no quiero majestades
fingidas, pompas no quiero
fantásticas, ilusiones
que al soplo menos ligero
del aura han de deshacerse
(III, 2309-13)

Sin embargo, pronto comprende que es imposible saber si sueña o no y que aun las experiencias reales parecen sueños en el recuerdo. Ante la incertidumbre Segismundo decide que conviene actuar siempre bien, y así sale a pelear por su reino contra el ejército de su padre:

Pues que la vida es tan corta,
soñemos, alma, soñemos
otra vez; pero ha de ser
con atención y consejo
de que hemos de dispertar
(III, 2357-61)

Libre de las cadenas Segismundo es tentado una vez más a usar su majestad y poder cuando Rosaura, de quien se ha enamorado y a quien estuvo a punto de forzar para él en el palacio, se ve desamparada y viene a pedir su ayuda para vengar su honra. En esta ocasión él le da la espalda sin responder:

No te hablo, porque quiero
que te hablen por mi mis obras,
ni te miro, porque es fuerza,
en pena tan rigurosa,
que no mire tu hermosura
quien ha de mirar tu honra.
(III, 3006-11)

Segismundo vence sobre sus propios instintos, también vence en el campo de batalla, pero su nobleza y virtud, y con ellas su derecho a reinar, quedan demostradas cuando perdona y se postra él mismo ante su padre y manda a prisión al soldado que traicionó al rey y del que consiguiera su libertad. Calderón deja claro que el verdadero triunfo de Segismundo es la conquista de sí mismo, en este caso, el sacrificar lo que se quiere cuando es más importante actuar bien; esto se muestra cuando sacrifica su amor por Rosaura y la cede a Astolfo:

Pues que ya vencer aguarda
mi valor grandes victorias,
hoy ha de ser la más alta
vencerme a mí. –Astolfo dé
la mano luego a Rosaura,
pues sabe que de su honor
es deuda, y yo he de cobrarla.
(III, 3251-57)

Vigencia del simbolismo

No es difícil ver como un símbolo barroco en su concepción, se convierte en el héroe más romántico de los héroes. El carácter marginal de Don Quijote, su lucha contracorriente, su anhelo de justicia en las causas de los necesitados, reviven su simbolismo en el periodo independentista de la era napoleónica. Simón Bolívar reestableció el linaje quijotesco adoptándolo a su sueño de insurgencia liberal, y comparando su lucha contra la sinrazón como “arar en el mar”.  Y sí Don Quijote es barroco y romántico, también es moderno y posmoderno, porque mientras el mundo envejece y se vuelve a inventar, el simbolismo del héroe cervantino persiste iluminando el mejor camino a seguir y revelando que la vida no es sino el anhelo mismo de ser.

Cuando termina el sueño, la aventura quijotesca, y el caballero regresa a la realidad de su mundo, muere el héroe; tan bien lo comprende Sancho que para tratar de impedirlo pide a su amo salir otra vez ahora como pastores. Igualmente, Calderón enseña a enfrentar la incertidumbre, a poner la voluntad en la conquista de uno mismo y soñar. Ambos, Don Quijote y Segismundo trascienden su tiempo, porque lejos de ofrecer un lente para mirar al mundo, descubren el camino para vivir en él. El mensaje no es sólo para locos idealistas, sino para el hombre común que reconoce la sinrazón de la vida, su naturaleza contradictoria, su esencia ambigua, como lo entiende Segismundo:

     Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños sueños son.
(II, 2178-87)

El gran regalo de Cervantes a la cultura universal, el símbolo de Don Quijote, es siempre contemporáneo; nos recuerda que el sentido de la vida está en la búsqueda de la virtud y en la voluntad de acción que transforma al ser humano en héroe, la mujer no queda fuera del mensaje. La filosofía del héroe cervantino, que hace eco en La vida es sueño, reitera la fidelidad a valores universales que garantiza al ser humano su salvación y trascendencia, porque, como lo expresó Séneca, la fuerza del hombre descansa en el dominio de sí mismo; y porque para el héroe cervantino, y es lo que apuntó bien Unamuno, lo que está en juego es la inmortalidad, y la inmortalidad no es sólo un lugar donde reposa el alma sino la vida en la memoria de otros.

Los bandidos de Río Frío

Villa de Tacubaya, Mexico s. XIX

Los bandidos de Río Frío (1891) es la obra de madurez de Manuel Payno; un esbozo sociológico del siglo XIX mexicano en donde recreó las memorias de su juventud mientras se desempeñaba como diplomático en España ya en las postrimerías de su vida. En ella dibuja a una sociedad diversa, joven, dinámica, en apresurado proceso de reinvención, rica en tradiciones y costumbres populares, y poblada de un vasto conjunto de personajes que en su diario trajín aún arrastran las idiosincrasias y prejuicios de su organización colonial, marcadamente jerárquica y llena de contrastes entre clases y grupos étnicos.

El trasfondo histórico toma como punto de referencia los hechos acaecidos alrededor de 1839, año de la ejecución que ocupa un lugar relevante en la narración. En el detalle prestado a los escenarios y a la descripción de tipos puede apreciarse la maestría narrativa de Payno y su aguda capacidad como observador de la condición humana, pero además se hace evidente la experiencia recogida en el desempeño de diversos puestos políticos a lo largo de su vida que le permitió alcanzar un profundo conocimiento del país y de su gente.

Manuel Payno el sociólogo novelista

Manuel Payno (1810-1894) fue secretario de Hacienda en el gobierno de José Joaquín de Herrera en 1850, puesto al que llegó después de haber trabajado en el ramo de aduanas, y de haber estado a cargo del servicio secreto de correos entre México y Veracruz en 1847 durante la invasión estadounidense. Otros puestos incluirían el de diputado bajo el gobierno de Benito Juárez y el de senador durante la administración de Manuel González. Durante su agitada vida Payno sería también periodista y profesor de economía política, todo lo cual surge en la obra como contexto de análisis de la situación socio-política mexicana de su tiempo.

La novela destaca el empuje económico de un país en expansión comercial aunque todavía dependiente del sistema de haciendas. Las vidas de los personajes se entretejen con las fuerzas políticas y económicas impulsadas por el crecimiento que adelanta nuevas posibilidades de movilidad. Desde su perspectiva de economista Payno subraya la relevancia de aspectos como el transporte, la actividad de importación y exportación, el manejo de aduanas en los puertos, la administración de los mercados en la zona urbana, el movimiento comercial en las ferias y otros más, siempre ilustrando su impacto en la sociedad a través del uso de personajes a quienes no falta el detalle psicológico. La relación entre los personajes y su circunstancia explica su comportamiento y permite a Payno subrayar la causalidad de fenómenos como el bandidaje y la corrupción en su obra que él mismo llamó “naturalista”.

Además de la inseguridad en el transporte  Payno discute temas como el caciquismo, el sistema de justicia, la relación del gobierno federal y los estados, el manejo de influencias desde la silla presidencial, y el papel de la prensa en la política y en la manipulación de la opinión pública que tan claramente se desarrolla a fondo como uno de los grandes focos de interés de la obra.

Asalto a diligencia Mexico s. XIX Argumento

La novela abre con el caso insólito reportado por la prensa de Doña Pascuala, una buena mujer vecina de Tlalnepantla, cuyo embarazo –digno de un relato de realismo mágico– se prolonga indefinidamente sin que los médicos puedan ayudarla, por lo que tiene que recurrir a unas brujas indígenas. Muy pronto se introduce el centro dramático de la historia, desde donde se tejen las vidas del resto de los personajes. Se trata del amor prohibido entre Mariana, única hija y heredera del Conde del Sauz, y el joven capitán Juan Robreño, hijo del fiel administrador de la hacienda, quien a pesar de su valor y nobleza de carácter, como dictan los tiempos es inferior a ella. Pero ni la rigidez, ni la crueldad del conde, que llega a extremos casi de sadismo, detienen el producto de ese amor, un hijo que amenaza deshonrar la casa y despertar la ira de su dueño, por lo que en un acto de desobediencia Robreño abandona el campamento militar la noche en que nace su hijo para llevarlo a esconder con una pariente de confianza.

Pero he aquí que el nacimiento del pequeño Juan pone en moción la complicada red de eventos que mueven a los personajes a largo de la historia en un complicado laberinto de coincidencias y reencuentros. En el proceso quedan al descubierto una gama de pasiones, instintos, debilidades, motivaciones, vicios y tipos de conducta humana siempre bajo el ojo compasivo de la Providencia. Con cierta ambientación picaresca que hace la lectura tan deleitable como lo mejor del género costumbrista, Payno usa en la primera parte a Juan como hilo narrativo. Este se ha convertido en huérfano tras su secuestro por la misma bruja que lo piensa sacrificar para asegurar la maternidad a Pascuala. Robreño es acusado de desertor y se convierte en fugitivo; el bebé termina abandonado en un basurero tras el arrepentimiento de la bruja, de donde le salva milagrosamente una perra y le recoge una pobre anciana quien le cuida y comparte su manutención con las indias caritativas de una tortillería.

La mansión de los condes no puede contrastar más con el mundo de pobreza de las clases bajas. Entre los episodios de miseria que le deparan a Juan está el de convertirse en aprendiz de Evaristo el tornero, el cual nos introduce de manera directa al mundo del crimen. El personaje de Evaristo es rico y logra desarrollarse más que el resto ya que su papel marginal le obliga a tomar diversas formas. De ratero ocasional que recurre al robo de madera para desempeñar su trabajo con el único objetivo de sobrevivir, Evaristo comienza su escalada de crímenes que hacen el bandidaje y la inseguridad social, los temas centrales de la novela. Cuando conoce a Tules, protegida del ama de llaves del conde, se deshace de su amante Casilda recurriendo como estrategia a una golpiza. Casilda es en realidad una buena mujer que más tarde se convertirá en un refugio para el pequeño Juan y pieza clave en el desenlace. Mientras tanto, cuando el niño apenas ha encontrado en Tules un alma bella, bondadosa y caritativa que lo cuida y lo protege como madre, tiene que presenciar su violento asesinato.

La peligrosidad de Evaristo aumenta pues como fugitivo de la justicia es cada vez más creativo y aprende a tomar ventaja del incompetente sistema de justicia prevalente. En su escalada de delincuencia utiliza su posición como administrador de una hacienda en una zona aislada para llevar una doble vida de bandido asaltante de caminos, hacendado y guardia rural. La importancia de la ruta Veracruz – México, particularmente entre Puebla y la capital, es decir, en el área de Río Frío, se convierte en un creciente problema de estabilidad política que termina requiriendo la intervención militar. Mientras tanto el poder y fortuna de Evaristo crecen, así como la cuadrilla de bribones a quienes entrena en el robo a diligencias y otros actos de delincuencia. Con todo, esto es sólo la preparación para su encuentro con el otro gran bandido de la novela, Relumbrón, que disparará el crimen organizado hasta las habitaciones de los políticos y aristócratas del país. Payno mismo identificó a un conocido coronel ayudante del entonces presidente de México Antonio López de Santa- Anna, como Relumbrón:

El personaje, pues, que figura en la novela, ha existido realmente; pero por más que he hecho para inventar lances, robos y asesinatos, me he quedado muy atrás de la verdad, y el extracto de la causa habría sido más interesante que cuantas novelas se pueden escribir. (986)

Asalto a diligencia Mexico s. XIX Como personajes principales Evaristo y Relumbrón hacen de esta obra un interesante estudio de criminología. Sorprende como, a pesar de la crudeza y los bajos instintos de Evaristo, Relumbrón resulta un criminal más temible y doblemente más peligroso porque su posición de hombre de sociedad hace más vulnerables a sus víctimas; nadie sospecharía de él como el jefe de la banda de delincuentes que, bajo el disfraz de criados domésticos, ha colocado en las casas de los mismos amigos que asisten a sus tertulias mientras aprovecha para robarles. Sus gustos finos y modales aristócratas, su imagen de buen padre y marido generoso, logran enmascarar su falta de escrúpulos y el alcance de su ambición, la que le lleva a amasar una fortuna a base de la mentira, la trampa, el robo, y el asesinato sin ningún remordimiento. La conclusión es optimista, pero Payno logra plantear a través de su obra una apreciación educada sobre la fragilidad del estado y de las instituciones nacionales de su tiempo.

“Pintura de toda una época”

Aunque Payno ha sido criticado por ciertas imperfecciones en el desarrollo de la novela, Los bandidos de Río Frío es una obra maestra desde cualquier aspecto que se le juzgue. Los personajes son singulares y las situaciones sorprendentes; sus coloridas historias a lo largo de casi mil páginas hacen que la lectura fluya sin aburrir y se enriquezca al seguir varios hilos narrativos.  Los temas son complejos pero están expuestos dentro de su contexto cultural para buscar el análisis social. La novela es entretenida pues además Payno sabe introducir el humor y mantener el suspenso de una manera natural y en un tono personal del que a veces transpiran su patriotismo, su nostalgia por la tierra de sus raíces, y su compasión hacia personajes que como él mismo confesó lo acompañaron en largas horas de soledad en la costa norte de España:

Mirando estas cosas tristes, pensando en la vida tormentosa e infeliz de los pescadores, teniendo siempre delante de mis ojos esa inmensidad del cielo azul y de las aguas verdes y profundas de la mar, pensaba también en las cosas de otro tiempo, en mi patria lejana, y llenaba cuartillas de papel con mis recuerdos, sin saber a cuantas páginas llegaría esta labor que absorbía algunas horas diarias de mi vida aislada y la poblaba a veces de personajes fantásticos o reales que venían a acompañarme  y a platicar conmigo cuando yo los evocaba, cualquiera que fuese el lugar en que se hallaran o el sepulcro en que estuvieran durmiendo el sueño final de los seres humanos. (985)

En su introducción a la edición “Sepan Cuantos” de Porrúa ya en su 26ava edición, Antonio Castro Leal calificó a Los bandidos de Río Frío mejor que nadie como “la pintura de toda una época,” y la resumió así:

Payno nos presenta la vida de aquel tiempo en todos sus aspectos: los miserables y los ricos, las hechiceras y los jueces, los militares y los políticos, los periodistas y los abogados, los petimetres y los sacerdotes, los tahúres y los rábulas, los secretos de las familias nobles y las desventuras de los desamparados, los asaltos de los bandidos y las hazañas de los charros, la ciudad y los pintorescos alrededores, los muladares y los talleres, las tortillerías y los salones elegantes, las funciones religiosas y las partidas de juego, las delicias de la ópera y el regocijo popular de las ejecuciones, los hospicios y las cárceles, las pulquerías y los mercados, las platerías y los mesones, los almacenes de los españoles y las fruterías de los indígenas, las haciendas y los ranchos, las ferias y los herraderos, las aventuras de las diligencias y del tráfico lacustre que llegaba al puerto de San Lázaro, las rivalidades del gobierno federal y de los gobernantes de los estados, las asonadas políticas y las incursiones de los comanches…(viii)

Leal no exageró, en esta obra Payno logró dejarnos una visión amplia y detallada de su época, de su dinamismo y de su pluralidad.

Abuela

Ventana - Ocoxal
Allí estás Abuela junto a tu ventana,
hilando eterna las cuentas de tu fe.
Allí coses las horas a tus recuerdos,
murmurando rezos melodiosos
que cantan cantos de primavera.
Allí vences la oscuridad,
Y allí espantas la tristeza.

En días de quietud al caer la tarde,
vestida de dignidad y de vejez,
tu cuerpo inmóvil por horas
en la silla junto a tu ventana,
te veo escapar a tu rincón vespertino.
Allí donde olvidas tu soledad,
allí donde tu luz calla el silencio.

En esa feliz jornada de nostalgia y añoranza
a los abriles en los brazos de tu madre,
al calor de los atardeceres con Abuelo,
a la morada permanente donde habita tu alegría,
allí estás Abuela junto a la ventana,
con los seres que asisten a cada tarde,
en el color y nitidez de tus recuerdos
al rincón que perdonó tu ceguera.

Allí están tus cuentas siempre tibias,
allí están tus tardes y tus ayeres,
tus rezos y tu sonrisa, Abuela,
y tú, por siempre en mi recuerdo,
junto a tu ventana.

Ocoxal

Cervantes y la hija de Pizarro

Viéndose, pues, tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen, que es el pasarse a las indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados,* salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores …

Cervantes, El celoso extremeño

Entre la primera y la segunda parte de su obra maestra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Cervantes publicó una serie de pequeñas historias en su colección de Novelas ejemplares (1613). Para entonces ya tendría alrededor de 66 años y un amplio conocimiento de su tiempo y su sociedad. Una de ellas, la historia de El celoso extremeño, es un ejemplo del carácter destructivo de los celos cuando alcanzan extremos enfermizos; pero el título se refiere más bien a Extremadura, provincia particularmente ilustre en el tiempo de Cervantes por ser cuna de célebres conquistadores.

Hijo de nobles ricos, el extremeño Felipo de Carrizales estaba acostumbrado a tener y a gastar. A los cuarenta y ocho años había acabado con la herencia familiar y por ello decide embarcarse al Perú. Veinte años más tarde regresa otra vez rico, y a pesar de que reconoce en los celos su mayor debilidad, no puede resistir el deseo de tomar una esposa, particularmente tratándose de alguien tan joven como Leonor, quien tiene apenas entre trece y catorce años. Dada su excelente posición económica a Carrizales no le es difícil conseguir el permiso de los nobles pero empobrecidos padres de ésta.

Hoy sólo podemos especular sobre cómo Cervantes concibió su caso ejemplar y en quién se inspiró para crear a Carrizales. Durante su vida seguramente conoció a un buen número de matrimonios donde la diferencia de edad era grande, él mismo calificaría en el grupo; pero pensó en Extremadura, y al situar su historia allí, tendría que recordar a Francisco y a Hernando Pizarro, dos de los más ilustres extremeños de su tiempo. También Trujillo le era bastante familiar. En 1582 Cervantes fue huésped de Juan Pizarro de Orellana, quien había participado en la conquista del Perú exhortado por su primo Francisco Pizarro. Este reclutó en 1530 a un buen número de allegados y vecinos extremeños a participar en la gran aventura de sus vidas. La fortuna había favorecido la empresa y era visible en la prosperidad de Trujillo. En esa visita Cervantes pudo apreciar el auge que como producto de la riqueza obtenida en las Indias, la ciudad mostraba en sus numerosos nuevos palacios y en la restauración y ornamentación de sus iglesias.

Durante su estancia en Trujillo Cervantes tuvo que haber escuchado las historias fantásticas de la Conquista, de la muerte en 1536 de Juan Pizarro y del asesinato de Francisco y Gonzalo poco después; pero más importante aún es que tuvo que haber oído sobre Hernando Pizarro, muerto a una edad avanzada apenas hacía unos cinco años y a unos pasos de allí. Su monumental palacio, el Palacio de los Marqueses de la Conquista, construido por el propio Hernando hacía no más de 20 años, estaba muy cerca de donde Cervantes se hospedaba. La viuda, Francisca ya estaría viviendo en Madrid, o quizás no, quizás se cruzaron alguna vez por la calle. Pero Cervantes, con seguridad se detuvo más de una vez a mirar en la fachada los rostros esculpidos en cantera: el busto de Francisco Pizarro y el de su joven esposa y princesa india, Inés Huaylas Yupanqui, hija del gran Huayna Cápac (padre también éste de su medio hermano Atahualpa). Cervantes habría tenido tiempo de meditar sobre la hija de estos dos, Francisca Pizarro Yupanqui, que aparece esculpida bella, joven y lozana justo abajo de su marido Hernando, el rostro de éste casi tan viejo, enjuto y barbón como el de Francisco, su medio hermano y suegro.

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[column]Busto de Francisca Pizarro en Palacio de la Conquista[/column]

[column]Bustos de Hernando y Francisca Pizarro en Palacio de la Conquista[/column]
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La hija de Pizarro (1534-1598)

Siguiendo la costumbre incaica en convenios de alianza política, Francisco Pizarro recibió de Atahualpa a una mujer noble para hacerla su esposa, se trataba de una de sus medias hermanas. Después del bautizo la princesa se convirtió en Inés Huaylas Yupanqui. De los dos hijos de la pareja sólo Francisca llegó a edad adulta. Sin embargo, en poco tiempo Pizarro se separó de Inés casándola con Francisco de Ampuero, hombre que había entrado recientemente a su servicio. En la investigación de la historiadora María Rostworowski, había sido Hernando quien trajo a Ampuero al Perú cuando regresó después de llevar a España el quinto del rey del rescate de Atahualpa.

En su libro Doña Francisca Pizarro, Rostworowski menciona que después de la separación, Francisco Pizarro había llevado a su hija de apenas unos tres años a vivir con su medio hermano Francisco Martín de Alcántara y con su esposa Inés Muñoz, quienes se habían establecido en Perú:

Francisca recibiría una educación muy esmerada para la época. El chantre fray Cristóbal de Molina (nombrado en su primer testamento) le enseñó el clavicordio y con otros profesores practicaba la danza. Desde muy joven mostró una afición muy limeña por el lujo en su vestuario, según consta en las cuentas que llevaba su tutor Antonio de Rivera”. (38)

Durante la niñez Francisca debió ver poco a su padre y tíos pues continuaban los levantamientos indígenas y la guerra de los Pizarro contra la facción de Diego de Almagro, quien reclamaba su parte en la administración de los nuevos territorios conquistados. Los Pizarro habían usado su poder militar en beneficio propio y tomado ventaja de su autoridad en aquellos primeros años de la invasión. Francisco terminaría asesinando a Almagro, pero envió a Hernando Pizarro –siendo este el único hijo legítimo de los Pizarro y el mejor educado pues sabía leer– para que abogara sobre los hechos ante el rey.

Se sabe que Hernando era un hombre astuto y siempre atento al dinero; en las Indias cometió numerosas crueldades y abusos por lo que había caído de la gracia del rey. En el juicio fue encontrado culpable y sentenciado a prisión. Inicialmente cumpliría la condena de veinte años en Africa pero, en parte por tratarse de un noble, se le envió al Castillo de la Mota en Medina del Campo, donde no carecía de comodidades y podía ser visitado. Allí contó con la compañía de una joven llamada Isabel Mercado con quien tuvo hijos. Al parecer como era huérfana, aunque de padres nobles, la tía de ésta personalmente la llevó a él esperando que se casarían.

Entretanto, Francisco Pizarro había sido asesinado por el hijo de Almagro en 1541 pero en su testamento pidió que sus hijos se criaran al lado de su familia. A los siete años Francisca se convirtió en la mestiza más rica del Perú y su albacea sería Hernando. Con el tiempo la adolescente fue llevada a España y probablemente habría ido a vivir con sus tíos en Trujillo si Hernando Pizarro no hubiese mandado por ella desde La Mota. Hernando se deshizo de Isabel y en 1552 se unió en matrimonio con su sobrina Francisca con quien vivió en su retiro hasta el término de su condena en 1561. La pareja se mudó luego a la propiedad de Hernando en La Zarza, en las cercanías de Trujillo, mientras se construía el palacio que Hernando mandó hacer sobre propiedades heredadas de su padre.

No se sabe la edad exacta de Hernando Pizarro, pero se ha especulado que llegó a vivir más de cien años y sabemos con seguridad que Francisca tenía 44 cuando el tío esposo murió en 1578, recomendándole que no se casara. Su vida no fue fácil, separada de su madre, huérfana de padre, lejos de todo lo que le era familiar, en un matrimonio impuesto, debió también sufrir la muerte de dos hijos pequeños; ya viuda perdió a su hija Inés quien acababa de casarse; poco más tarde murió Juan; y al final sólo el mayor de los cinco, Francisco, sobrevivió. Durante los más de 25 años de matrimonio no se conocen datos del tipo de vida social que llevaban, pero es de esperar que fuesen devotos y cumpliesen con sus obligaciones religiosas. Muy probablemente Hernando fue un marido autoritario y rígido, y en su situación Francisca se habría tenido que adaptar a una vida de quietud y sumisión. Quizá el estar en posición de contribuir a buenas obras le traería satisfacciones. Entre otras donaciones, hay evidencia de que su fortuna ayudó a construir la Catedral de Lima.

En El celoso extremeño el claustro que Carrizales crea alrededor de Leonor atrae como a un reto a un joven travieso llamado Loaysa y ayuda a que los criados, aburridos del encierro se dejen convencer y engañar por él. Este solo quiere probar su astucia y en acuerdo con sus amigos logra introducirse a la fortaleza. El mismo facilita la sustancia que pone a dormir al viejo para sacar la llave maestra del colchón. Una vez dentro, la dueña le facilita la oportunidad de estar a solas con Leonor, y cuando finalmente Carrizales se da cuenta de que sus puertas, cerrojos y demás medidas de control han fallado, se culpa a sí mismo más que a nadie: “Yo fui el que, como el gusano de seda, me fabriqué la casa donde muriese, y a ti no te culpo ¡Oh niña mal aconsejada!”

Las cosas acaban mal para Carrizales quien muere de pesar, y quizás para Leonor también pues decide hacerse monja, a pesar de haber recibido la herencia del marido y la bendición de éste para casarse. Para el atrevido Loaysa que quiso reírse del viejo fue peor, pues el desprecio de Leonor le deja despechado y decide partir a las Indias.

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[column]Interior Palacio de la Conquista [/column]

[column]Interior en Palacio de la Conquista [/column]
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¿Habrá pensado Cervantes en el nombre de los Loayza de Trujillo cuando escribió su historia? Fue un vecino de Trujillo bien conocido de Gonzalo Pizarro, Fray Jerónimo de Loayza, el encargado del proyecto de la construcción de la catedral de Lima. Oiría Cervantes rumores de algún amor furtivo entre la joven esposa y un mancebo vecino del lugar? Sólo podemos especular, pero para describir el interior del Palacio de la Conquista no puede haber mejor manera que tomar las palabras de Cervantes cuando se refirió a la amurallada casa del celoso Carrizales, quien “levantó las paredes de la azuteas de tal manera que el que entraba en la casa había de mirar al cielo por línea recta, sin que pudiesen ver otra cosa.”

Es evidente que la inteligencia de Hernando siempre estuvo al servicio de su conveniencia, y tratándose de grandes fortunas, se puede entender que el casamiento con su sobrina aseguraba la protección de una de las más ricas herencias de su tiempo. Si Francisca tuvo otros anhelos, las circunstancias no le favorecieron. Y sin embargo, a diferencia de Leonor, es posible que encontrara el amor, pues ignorando la recomendación de Hernando se casó por segunda vez, y en esta ocasión con alguien menor que ella; el novio, Don Pedro Arias Portocarrero, era además hermano de su nuera. Hernando se hubiese sorprendido. Del matrimonio se sabe que la fortuna de doña Francisca se redujo notablemente tras su mudanza a Madrid, lo que sugiere que la pareja disfrutó una vida cortesana. Doña Francisca Pizarro Yupanqui de Pizarro murió en 1598, a los 64 años, dejando una generosa herencia a su marido.

Y yo quedé con el deseo de llegar al fin de este suceso, ejemplo y espejo de lo poco que hay que fiar de llaves, tornos y paredes cuando queda la voluntad libre, y de lo menos que hay que confiar de verdes y pocos años, si les andan al oído exhortaciones de estas dueñas de monjil negro y tendido y tocas blancas y luengas.

El celoso extremeño

Monumento a Francisca Pizarro en Jauja, Perú

Monumento a Francisca Pizarro en Jauja, Perú

Por casi medio milenio su historia fue ignorada pero el 22 de agosto de 2009 se develó la primera estatua dedicada a Francisca Pizarro en América Latina, reconociéndola como la “primera mestiza” del Perú. La estatua puede ser admirada en la Plaza de Armas de Jauja, primera capital de la gran colonia andina que Pizarro nombró antes de fundar Lima.

*“alzados” significa los que están en la quiebra o temen a sus deudores y ser detenidos por la justicia.

Chiapas en la memoria de Rosario Castellanos

Rosario Castellanos
Rosario Castellanos profundizó en el tema de la condición indígena cuando México intentaba salir del atraso.  Sus novelas principales Balún Canán (1957) y Oficio de tinieblas (1964), así como algunos de sus cuentos, describen a fondo los excesos de un sistema clasista que siendo perfectamente visible, era fácil ignorar. El sistema había marginado y seguía marginando al indígena; le había negado los derechos más básicos, y lo seguía haciendo. Le había despojado de la tierra.

La pregunta es ¿qué hemos aprendido de su cátedra, de ese examen de nuestra herencia racista, de esa miopía que nos impidió reconocer la explotación del otro, del más vulnerable?  Por siglos la organización económica en Chiapas dependió de la explotación del indígena, y el mal trato y repudio social a éste resultaron en su deshumanización.  Despojado de la tierra, desmantelada su estructura social, y cercenada su base religiosa y cultural, el indígena fue excluido del mapa social, reducido sistemáticamente a su rendimiento físico.

Despojo y desplazamiento

En La muerte del tigre, Rosario Castellanos describió el proceso de desculturización de los Bolometic que les convirtió en nómadas y culminó con la pérdida de su esencia humana. Guiados sólo por su instinto de sobrevivencia, los que lograron escapar a la cárcel o a la esclavitud, “buscaron refugio en las estribaciones del cerro. . . [e] iniciaron una vida precaria en la que el recuerdo de las pasadas grandezas fue esfumándose, en la que su historia se convirtió en un manso rescoldo que ninguno era capaz de avivar” (15).

La muerte del tigre y otros cuentos - Rosario Castellanos

La tribu de los Bolometic ve morir a viejos y niños antes de instalarse en un terreno tan alto donde “la tierra mostraba la esterilidad de su entraña en grietas profundas. Y el agua, de mala índole, quedaba lejos” (17). El sistema se basó en el arrebato y la posesión de la tierra por unos cuantos caciques, por los caxlanes (hombres blancos) y extranjeros protegidos por falsos abogados y por documentos que los indígenas no podían leer. La “ley” fue el arma última del abuso:

En este papel que habla se consigna la verdad. Y la verdad es que todo este rumbo, con sus laderas buenas para sembrar trigo, con sus pinares que han de talarse para abastecimiento de leña y carbón, con sus ríos que moverán molinos, es propiedad de Don Diego Mijangos y Orantes, quien probó su descendencia directa de aquél otro don Diego Mijangos, conquistador, y de los Mijangos que sobrevinieron. (16)

Por otro lado, los Bolometic “habían olvidado el arte de guerrear y no habían aprendido el de argüir”.  Era fácil engañarlos, y como tantos otros cayeron presa de los “enganchadores” que alejándolos de sus familias, les transportaron a las tierras bajas con la promesa de trabajo, a sabiendas de que muchos morirían o terminarían atados a deudas en la tienda de raya, deudas que a su muerte pasarían a sus hijos.

Balun Canan - Rosario Castellanos

En Balún Canán Rosario Castellanos narra la historia de una familia representativa de la clase pudiente de Comitán, Chiapas durante el movimiento de reforma agraria y educativa que intentaba llevar a cabo el gobierno de Lázaro Cárdenas. La servidumbre y los trabajadores del campo viven miserablemente bajo caxlanes y ladinos que les explotan. La iglesia, vista como aliada de la clase en el poder, también tiene un papel alienante en la vida del indígena. Pero además se examinan los motivantes psicológicos y las prácticas que dominaron las relaciones entre los diversos actores sociales en Chiapas, desde hacía siglos.

Relación con la Tierra

Para el indígena el despojo de la tierra es más que un exilio; sin ella se encuentra perdido en un mundo que le es completamente ajeno. La tierra es su patria, es recipiente e inspiración de sus ritos: ritos de fertilidad, de iniciación, de vida, de muerte, y de comunión. La tierra es la madre a donde regresan los hijos y es quien mantiene vivas las memorias y las creencias de todo un pueblo. Sin la tierra, el indio ha sido arrancado de manera total de su esencia; sin la tierra, el hombre es un esclavo de otros. Balún Canán describe así este sentimiento que se cita aquí sólo en parte:

Los que por primera vez nombraron esta tierra la tuvieron entre su boca como
suya. Y era un sabor de mazorca que dobla la caña con su peso. Y era la miel
espesa y blanca de la guanábana. Y la pulpa lunar de la anona. Y la aceitosa semilla
del zapote. Y el lento rezumar del jugo en el tronco herido de la palmera. Pero
también hálito, niebla madrugadora que deja seña de su paso en el follaje.
………………………………………………………………………………………………………………..
Los que por primera vez se establecieron en esta tierra llevaron cuenta de ella
como de un tesoro. La extensión del milperío y las otras cosechas. La zona para la
persecución del ciervo. La encrucijada donde el tigre salta sobre su presa.
………………………………………………………………………………………………………………..
Los que vinieron después bautizaron las cosas de otro modo. Nuestra Señora de
la Salud. Este era el nombre de los días de fiesta que los indios no sabían
pronunciar. Les era ajeno. Como la casa grande. Como la ermita. Como el trapiche.
Los ladinos midieron la tierra y la cercaron. Y pusieron mojones hasta donde les
era posible decir: es mío. Y alzaron su casa sobre una colina favorecida de los
vientos. Y dejaron la ermita allí, al alcance de sus ojos. Y para el trapiche
calcularon una distancia generosa que fue cubriendo, un año añadido al otro año, la
expansión del cañaveral.
El trapiche pesó sobre la tierra después de haber pesado sobre el lomo vencido
de los indios. (192-194)

Marginación

Con la tierra, no sólo se le arrebató el medio de subsistencia sino el derecho a adorar con reverencia la fertilidad que rinde sus frutos de vida. Sin el rito y la comunión sólo queda el alcohol, que embrutece al indio convirtiéndolo en la bestia que el blanco quiere ver en él. Su vida se desenvuelve sin pasado ni futuro. La pérdida de su identidad, de su waigel, su tigre y espíritu protector, el centro que daba sentido a su vida es la pérdida de su conexión con el todo inseparable. El indígena perdió su lugar en ese universo y con él lo que le otorgaba dignidad, y un propósito de vida. Con la tierra perdió su rostro, su voz y sus raíces, emigró a las ciudades y luego al Norte. Y es claro que en todo esto hay una gran enseñanza, pero la pregunta es, ¿qué hemos aprendido?

Oficio de tinieblas - Rosario Castellanos
En Oficio de tinieblas se narra así la el sentimiento de alienación y de exilio:

Grupos de indios ateridos se acurrucan en torno a la fogata. Sus jacales no los defienden lo bastante de la intemperie y buscan este calor breve y huidizo, y la compañía y la conversación. Alguno saca de entre sus ropas una flauta de caña labrada torpemente. Música de pastor que entretiene sus soledades, balbuceo de una raza que ha perdido la memoria. Los demás escuchan a ratos. Lejos, la mujer que muele el maíz suspende su tarea, absorta en el ensueño que la libera un instante del cansancio y de la rutina embrutecedora. (143)

La noción de barbarie asociada tradicionalmente con el indio aparece, sí, pero recae en las prácticas de corrupción, abuso e impunidad, en escenas de tortura, sacrificio, y abuso sexual sistemático de mujeres indígenas que Leonardo, el cacique de Oficio de tinieblas, lleva a cabo ayudado por su cómplice, una alcahueta que le facilita preferentemente a las vírgenes indefensas. Impacta el secuestro de la joven madre india, quien es forzada a amamantar a la hija de la patrona, y a dejar morir por ello a su propio recién nacido, para luego ser rechazada por los suyos.

Claramente se subraya el oscurantismo generalizado de una sociedad que carece de conciencia frente al abuso de la ignorancia, la debilidad y la ingenuidad del indio; éste, a quien como a los Bolometic, “siglos de sumisión” le habían “deformado” (17), le habían acostumbrado a la miseria. Y sin embargo, no estamos frente a seres mitificados para la museografía, pues en un medio así, también los indígenas son capaces de actos brutales, como el de dar muerte al sacerdote que se atrevió a destruir sus ídolos, de arrojar de su casa a una mujer por ser estéril, y de rechazar a uno de su propia raza, emboscarlo y darle muerte o cortarle las manos como a un traidor.

Sobre la educación

Las obras apuntan ante todo hacia la importancia de la educación y denuncian el acto de arrebatar al indígena la voz. Porque para Rosario Castellanos la lengua es el elemento esencial de una cultura y la garantía de su preservación. Así, en Balún Canán, la india recuerda: “–Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria”. (9) Castellanos, ella misma una maestra, ve la educación como un paso necesario en la restitución al indígena, una manera de regresarle la palabra, el centro de la identidad cultural, la que a su vez da al sujeto un derecho de igualdad. Un pasaje de Balún Canán reitera la idea, cuando Felipe participa en la construcción de la escuela:

Esta es nuestra casa. Aquí la memoria que perdimos vendrá a ser como la doncella rescatada a la turbulencia de los ríos. Y se sentará entre nosotros para adoctrinarnos.  Y la escucharemos con reverencia. Y nuestros rostros resplandecerán como cuando da en ellos el alba. (125-126)

También en Oficio de tinieblas, otro indígena, Pedro González Winiktón experimenta la transformación que trae el saber:

Pedro se desvelaba con los ojos fijos en la cartilla de San Miguel, contemplando aquellos signos que lentamente penetraban en su entendimiento. ¡Qué orgullo, al día siguiente, presentarse ante los demás con la lección sabida! ¡Qué emoción descubrir los nombres de los objetos y pronunciarlos y escribirlos y apoderarse así del mundo! ¡Qué asombro cuando escuchó, por primera vez, ‘hablar el papel’! (58)

Sin embargo, la ley cardenista que ordena educar al indígena amenaza el equilibrio de un sistema lucrativo de explotación humana, para cuyo éxito depende de la ignorancia del oprimido, como se ve en la reacción de César, el cacique de Balún Canán, ante el mandato presidencial de educar a los indios:

Hay que cuidarlos para que no pidan lo que no les conviene. ¡Ejidos! Los indios no trabajan si la punta del chicote no les escuece en el lomo. ¡Escuela! Para aprender a leer. ¿A leer qué? Para aprender español. Ningún ladino que se respete condescenderá a hablar en español con un indio. (188)

Han pasado más de cincuenta años desde la publicación de la primera gran novela de Rosario Castellanos. En ella y en toda su obra participó en el diálogo sobre los grandes problemas de México y sus raíces; problemas como la marginación del indígena, el derecho a la educación, el abuso del poder, la corrupción, la necesidad de justicia, la pobreza y el desplazamiento, entre otros.  Cincuenta años y una Revolución después los temas que le preocuparon siguen siendo actuales, aunque su perspectiva humana no pudo ser más profunda.

Rosario Castellanos Obras

Por las viejas aceras de la ciudad

Me gustan las aceras caprichosas
que desbandadas en surreal geografía,
en vano intentan cobijar contrahechas
las indomables raíces de árboles ancianos.

Me gusta ver mis pies saltar sobre ellas
en zigzagueantes brincos infantiles,
y esquivar las poderosas y peludas reatas
que han trenzado el tiempo del pasar urbano,
y hoy, desnudas de piedra, reniegan su pasada opresión.

Son esas mismas aceras quebradizas
ecos nostálgicos del milenario lago,
que en sinuoso lenguaje se reinventan
desafiando poéticas la vanidad de la humana razón.

Y cuando para esquivar las desmoronadas losas rotas,
vestigios arqueológicos de sueños de progreso,
apoyo mi mano sobre algún augusto tronco,
me gusta que magnánimo y sabio mueva sus brazos
y en mil titineos de lentejuela que acaricia el viento,
me sonría desde su toldo de hojarasca,
y como un gigante protector guíe mis pasos
por entre el pasaje intemporal
cuyas sombras invocan los sueños insepultos de otro tiempo y otra nación.

Árbol del Tule

Ocoxal

Vida

fuenteMi recuerdo está poblado de parientes bien peinados,
de boquitas sonrientes y rostros besuqueados.
Es un rumor continuo de patios ruidosos y gritería infantil,
donde portones añejos y descoloridos
se impregnan de las yerbas que perfuman mi mundo y sus guisados.

Es el recuerdo de una vida plena de días familiares, niños regañados,
voces roncas, manitas chorreadas y adolescentes enamorados;
de incontables mesas puestas y dobles sobremesas,
de cocinas batidas y regadas
y cincuenta cazuelas veteranas que en cotidiana contienda ignoran su antigüedad.

Es un álbum de tiernas cabecillas mojadas en bendición bautismal,
de primeras comuniones tupidas de caras relavadas y flequillos engomados;
de quinceañeras y bodas de pies hinchados, sombreros satinados,
cabelleras laqueadas, y uno que otro pariente con pelos azules o morados.
Y de ocasionales velorios donde patriarcas y matriarcas de cabezas grises
te enseñan el misterio de reír cuando se llora y de llorar cuando se ríe.

Mi recuerdo es una caja de sonidos, aromas y colores
que se abre con el repiquetear de campanas y música de barrer de pisos,
y guarda el aroma de mañanas frescas y fruta recién cortada;
de hervores mágicos de mediodía que se confunden con el sabor a gloria,
y de noches llenas de rumores campestres
que se mezclan en el aire con el perfume del té de boldo, salvia y limón.

Es un recuerdo bullicioso de plazas chismosas y quioscos adornados de papel,
de besos robados y secretos confesados;
de días de ayuno y santos paseados.
Es la emoción y euforia de un día de feria
y la dulce solemnidad de un día de muertos.

Es un ritual de café y pan dulce recién hecho,
que cíclico se repite a cada tarde y marca las horas deteniendo el tiempo.
Como la siesta de papá, su caminata vespertina y su amoroso beso,
siempre puntual, siempre cálido, siempre Él;
y su sonrisa, siempre joven, siempre traviesa, siempre toda.

Mi vida es el arrullo del trajín de una cocina,
el corazón y centro de un hogar, una visión, y una misión de vida,
donde mi madre, no el reloj, comanda el tiempo,
y como ella, como su madre, y como su abuela antes,
ha guardado la trinidad del hoy, del ayer y del mañana, que son todos y uno mismo
por siempre y para siempre, mientras mi mundo sea.

Ocoxal

Una novela para niños de Luz Argentina Chiriboga

En Cuéntanos Abuela (2002), una obra que Luz Argentina Chiriboga subtitula “una novela para niños,” la autora esmeraldeña nos regala a todos, también a mayores, un paseo por la magia de una isla “en el Cantón Naranjal,” que nos invita a recordar con nostalgia los mitos fundacionales de la América híbrida y su legado cultural, tanto oral como literario. El paseo es una asombrosa vivencia sensual dentro del mundo natural; porque ciertamente es la Naturaleza el escenario y protagonista de este relato que tiene como hilo narrativo al matrimonio Montti y a su hacienda El Milagro. Al estilo suave y armónico, y a la claridad del lenguaje se une el mensaje sobre el vivir mismo, es decir, una enseñanza de convivencia con nuestro medio ambiente, con su flora y fauna extraordinarias, a las que la voz de la Abuela nos invita a descubrir.

Los patrones Sara y Francesco, Serafín el barquero, Petrona Piedra la curandera, Juan Matos y Manuel Tatá los decimeros, Feo el loco, “tocado por los dioses,” y el resto de los nativos de esta isla privilegiada, comparten la sabiduría que les es concedida gracias a la meditación frente a un paisaje maravilloso, en el cual “buscaban la ocasión para contemplarlo, cantarle, y componer sus décimas.”  Estos son los personajes que dan calor humano al paisaje poblado de miles de seres naturales, desde los más pequeños hasta los más bellos, como las flores y aves más coloridas y sorprendentes, cuya omnipresencia a través del relato protagonizan haciendo de la isla un país mágico, “un milagro.”  Un milagro ciertamente lo es para los ojos modernos que tendemos a olvidar el carácter real pero de pronto legendario de la tierra que alimentó nuestras primeras raíces culturales, protegida a veces por la geografía y la distancia, pero cada vez menos ajena a las amenazas de la rápida industrialización.  Luz Argentina Chiriboga muestra en esta obra su  compromiso como madre, como intelectual, como maestra y como sabia abuela que a través del arte literario toma la tarea de dar voz a una preocupación real por proteger a nuestro medio, difícil de enseñar a la juventud de hoy sin crear un tono de alarma pesimista, sino una adhesión sincera a la visión de respeto por la Tierra.

Los pobladores de la isla, en los que se cuentan Sara y Francesco, una francesa y un italiano,  forman un abanico de diversidad para la pequeña María complementado por sus raíces africanas.  La comunidad es esencialmente un microcosmos a donde llegan las influencias que durante siglos han enriquecido al continente y se han amalgamado en las culturas colonizadas para fundar esta otra nueva y rica cultura que se expresa con fuerza en la práctica de la música, la poesía y la narración de cuentos, como parte de la tradición cultural que aún preserva valores milenarios familiares como el amor a la Naturaleza y la reciprocidad entre colonos.

Diversidad niñez

Cuéntanos Abuela es una historia de amor donde el amor emana de la prosa misma, una descripción que refleja la voluntad apreciativa de la visión afro-autóctona del mundo, siempre en busca de armonía, y siempre en espera del asombroso “milagro” de la vida, entretejida a su vez con la traída por colonizadores europeos, protectores y benefactores a su vez de los logros del pasar humano, que se hace evidente aquí en su amor a las artes trasplantadas al suelo americano, con sus maravillosos instrumentos musicales –el piano, el violín, la guitarra– los cuales elevan la fuerza espiritual de las voces indígenas y africanas ayudados de sus propios instrumentos.   Porque es en Yembayá en donde con insistencia confluye esa fuerza de vida poderosa que inspira el rezo de las mujeres como Sara, a esa diosa de la fertilidad para que le cumpla su deseo de ser madre.  Es también Yembayá  la diosa de las aguas a quien se dirige la señorita tortuga para que ayude a que termine la sequía; y es en última instancia también Yembayá a quien la Tierra misma, arrepentida de su arrogante narcisismo, envía su súplica en un cometa para ser perdonada por la gran diosa y por el cielo.

El legado afro-hispano está también presente en la tradición oral representada por las décimas y por el simbolismo de un personaje como el barquero, quien ofrece sus servicios a cambio de cuentos, dando a estos un valor más real que el de cualquier moneda.  Su dulce vaivén de caras nuevas y familiares, de extranjeros, de nativos, de visitantes y de pianos, es una metáfora viva representativa del fluir de las culturas, y de esa gran constante de la historia que es el paso mismo del hombre por la vida.  Es esta tradición oral rica en historias ejemplares y enseñanzas eje central de la cultura, cuya importancia se hace evidente en la apreciación del duelo de décimas compartido por toda la población que premia a sus más talentosos decimeros, quienes con su talento poético participan en la enseñanza de los niños en asuntos de toda índole, como el peligro de la destrucción de la capa de ozono; y que también recuerdan a mayores ese cuerpo de principios y metas compartidos que forman el sentido de comunidad.

Pero aún este mundo armonioso y lleno de bondad es vulnerable a las imperfecciones humanas.  En el relato se hacen presentes la ignorancia del hombre y los prejuicios de las razas en el compartir un mundo que requiere la convivencia con otras culturas y encuentra en ello el rechazo a otras experiencias humanas.  La pequeña María, recipiente de todo el amor y protección de su familia adoptiva y de su madre, es ella misma el sueño americano todavía vulnerable y falto de protección ante la xenofobia que es aún una realidad para el marginado.  Es una misión para los padres y para las abuelas, asimismo para aquellos que tienen voz y que, ya en poemas, décimas, canciones o cuentos, pueden enseñar a los jóvenes el camino recorrido, pero también el camino a recorrer.  Las vivencias de la Abuela, María, son un testimonio dentro de los 500 años de tradición literaria en América Latina de la todavía vigente necesidad por reafirmar la fusión de los valores de nuestros antepasados amerindios, africanos y europeos.

Entre otras cosas la obra muestra cómo la poesía es capaz de sensibilizar a sus miembros hacia la apreciación del medio y de su lugar en él. En este sentido la experiencia poética debe estar presente en la niñez, y es a la niñez a quien la autora esmeraldeña se dirige. En resumen, es esta una pieza literaria que nos invita a ver la belleza de la diversidad en las culturas, y la majestad y el misterio de la Naturaleza, su importancia para el ser humano, y la obligación que éste tiene de cuidarla a través de la práctica y la enseñanza de los valores de respeto heredados de aquellos antepasados que supieron encontrar en ella el milagro de la vida.                            1/Mar/09 (Rev. 7/Ene/14).

(Este artículo apareció en inglés como prólogo de la traducción  publicada por la Dra. Elba Birmingham-Pokorny.) 

A Colón – Rubén Darío

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.

Un desastroso espíritu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.

Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.

Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.

Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.

Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!

Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.

¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.

Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.

Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!

El juicio de Colón

Colón en Santo Domingo

Santo Domingo

El nuevo siglo lleva a juicio de Colón

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!

– Rubén Darío

Pocas son las figuras que como Cristóbal Colón han galvanizado la atención de generaciones enteras que reviven sus hazañas. Y sin embargo no es claro si se trata de una de las figuras más afortunadas o más trágicas de la historia. El hecho es que tiene algo de las dos. En vida su gloria fue exorbitante pues probó la fama como pocos, pero también fue efímera al convertirse en víctima de la intriga, la traición, el desprestigio y el olvido. Su muerte tampoco ha estado exenta de altibajos y contratiempos.  A lo largo de la historia tres países han alegado tener sus restos. Por un tiempo su cuerpo descansó en un monasterio en España pero Beatriz, la madre de su segundo hijo, queriendo cumplir su último deseo le hizo trasladar a lo que hoy es la República Dominicana, la tierra que él llamó “Española”.  Supuestamente, los restos de Colón descansaron en Cuba por un tiempo antes de ser solicitados nuevamente por España, pero debido a fallas en la supervisión y manejo del pedido, persiste la duda de que no fueran sus restos los que llegaron hasta el nicho de la Catedral de Sevilla, donde hoy le visitan miles de turistas al año.  A pesar de que las pruebas científicas recientes parecen demostrar lo contrario, hay quienes todavía argumentan que al menos parte de esos restos quedaron en el continente que él introdujo a Europa.

La figura de Cristóbal Colón es monumental desde cualquier ángulo que se le mire. Pocos hombres han logrado cambiar el rumbo de la historia como él lo hizo. Tan trascendental fue su arribo a Española en 1492 que desde entonces se modificó nuestro registro del tiempo, y así como hay un ‘antes de Cristo’ y un ‘después de Cristo, lo “precolombino” se refiere a lo anterior a Colón. La palabra traducida a concepto y el concepto a ideología creó el lente que durante casi quinientos años determinó la manera en que hemos interpretado a la América Latina. Lo precolombino fue el atraso, el paganismo o la idolatría sacrílega, los sacrificios humanos, lo indígena y/o lo primitivo. No hace falta mencionar que bajo este paradigma Colón representa la llegada de la civilización.

En la historia oficial que dominó durante los primeros quinientos años después de Colón, el sabio navegante figuró como una especie de semilla de origen de la sociedad mestiza del “Nuevo Mundo”, el “descubridor” que desafió la ciencia de su tiempo y encontró un continente nunca sospechado por sus contemporáneos, en gran parte gracias a su fe y a su curiosidad científica.

En las reproducciones artísticas se destaca su aspecto de genio renacentista, su elegancia de almirante y su faz de sabio que recuerda la pasión y la confianza en sus convicciones y su disposición al triunfo. Colón conjuga la imprudencia inocente y la astucia ambiciosa, la persistencia, el valor y la audacia.  Es difícil creer que llegó a cometer actos reprobables en su búsqueda del oro para la corona, como mandar cortar las manos de los indígenas que fallaron en cumplir con sus exigencias; o como aprehender a 1500 tainos para llevarlos como esclavos a España.  Pero la historia tiende a dejar esas cosas fuera, y el hecho de que era genovés le dota de una neutralidad favorable, pues le ha protegido del anti españolismo que despierta el resentimiento asociado al estereotipo del conquistador arrogante y soberbio de la espada empuñada que a menudo ha despertado desprecio.

De su aventura se sabe que sus peticiones de apoyo para encontrar la deseada ruta a las Indias fueron rechazadas en varias ocasiones por monarcas europeos hasta lograr ser financiado por Isabel y Fernando, los reyes católicos que patrocinaron su empresa. Como sabemos su persistencia le llevó a destinos inesperados cuya trascendencia ni él mismo llegó a comprender. Pero pasados unos trescientos años, una vez desmantelada la autoridad monárquica española de las antiguas colonias, la clase criolla que quedó a la cabeza de las diversas naciones americanas  se sirvió de la figura de Colón en su imaginario nacional como el origen de un nuevo orden encaminado al progreso. Para los grupos en el poder de las nuevas naciones independientes no había duda de que la sangre europea que llegó gracias al explorador italiano había privilegiado a la población americana, y que Occidente debía seguir inspirando el modelo de sociedad ideal. Así, en el proceso de construcción de esas nuevas sociedades Cristóbal Colón fue homenajeado como la figura fundacional común a todas las naciones americanas, incluyendo al Brasil. A lo largo y ancho de la América Latina se le dedicaron calles, avenidas, plazas y se le erigieron estatuas variadas. Además un gran país, Colombia, heredó su nombre.

No obstante los pobres, que eran la mayoría entre campesinos, mineros, y servidumbre miraban desde abajo la ostentosidad de los patrones y no compartían con estos su optimismo positivista. El poeta nicaragüense Rubén Darío (1867 – 1916) expresó su disgusto ante la condición de vida de los pueblos cuando describió a las vastas y ricas tierras de América gobernadas por “Judas” y “Caínes” de “ambiciones pérfidas”, y dirigiéndose a Colón escribió:

Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Un nuevo capítulo en la saga de Cristóbal Colón comenzó a tomar forma hace poco más de dos décadas, al acercarse el quinientos aniversario del encuentro del Nuevo Mundo, y apenas unos años después del fin de la Guerra Fría. La reflexión histórica revisitaba el significado del 12 de octubre de 1492. De esta reflexión la imagen de Colón terminaría convirtiéndose en blanco de ataque para los sectores del continente que hoy le consideran un símbolo del sistema que les condenó a la pobreza.

La decapitación de Mazariegos

Una de las sedes de esta nueva conciencia fue la ciudad de San Cristóbal de las Casas en el estado de Chiapas, México. Y uno de los eventos que anunció dramáticamente el cambio en las relaciones de la América hispana con aquel padre fundador tomó la forma dramática de la decapitación a una estatua.  Los hechos de aquel 12 de octubre de 1992 han sido olvidados, a pesar de que representan la semilla de lo que se convertiría en la primera revolución del siglo XXI y el nacimiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional que conmocionó al mundo dos años después. La destrucción de la estatua de Diego de Mazariegos en Chiapas, en medio de la asistencia de miles de indígenas y campesinos, marcó el inicio de una serie de actos simbólicos en el continente que han significado la reestructuración de la perspectiva histórica de los pueblos americanos y su reafirmación cultural frente a la versión fundacional europea.

Mazariegos.

Mazariegos. Blog de Fermín Ledesma D.

Otro de esos actos notables que anunciaban cambios en la cultura sucedió en Perú en abril de 2003, en donde la estatua de Francisco Pizarro desapareció de la plaza que llevaba su nombre en Lima provocando un diálogo nacional sobre la identidad peruana.  Después de haber estado almacenado por año y medio, el Pizarro resurgió despojado de su pedestal –y relevancia– para ser colocado en el menos turísticamente prominente Parque de la Muralla.

Hoy es difícil creer que durante años se observó con júbilo el “Día de la Raza”. En la víspera, millones de niños revivían en sus escuelas la aventura fantástica del “Descubrimiento” y el día era uno de fiesta nacional marcado oficialmente en los calendarios de las naciones de habla hispana.  La ocasión se prestaba para escribir ensayos y escuchar poemas sobre la grandeza de la raza mestiza y su herencia privilegiada junto a estatuas o reproducciones de Colón, con un deseo de reafirmar el compromiso modernizante que el continente tenía con el padre civilizador. Sin embargo, casi de manera imperceptible, el culto a Colón dio un giro radical en América Latina y la visión del pasado, que antes le colocó a la cabeza como padre y fundador de los diversos nacionalismos latinoamericanos, fue rechazada abiertamente por los movimientos sociales del cambio de siglo.

La Revolución Bolivariana arremete contra Colón

No sorprende el que uno de los centros que ha protagonizado más visiblemente este cambio se dio en Venezuela.

Caracas 2004. Foto del diario La Nación. (Argentina, 9/Jun/13)

Recogiendo el eco internacional el periódico Reforma de México del 13 de octubre de 2004 lo describió así:

Desconocidos derribaron ayer una estatua de Cristóbal Colón, mientras el Presidente Hugo Chávez honró la memoria de los indígenas que se rebelaron contra la conquista española. Los inconformes enjuiciaron a Colón por “iniciar el genocidio más grande de la historia”. La Policía arrestó a cinco personas. Desde el 2002 Chávez ordenó que el 12 de octubre se conmemorara el Día de la Resistencia Indígena.

Desde entonces son varias las estatuas de Colón que han sido destronadas y en forma oficial. En Caracas, el 3 de junio de 2009 Chávez ordenó el derribo de otro Colón, lo que fue parte de un ciclo de actos simbólicos de repudio al colonialismo en Venezuela. La estatua fue arrastrada por las calles según se reportó, y en 2010 se develó en el mismo lugar un monumento al general Ezequiel Zamora. Más tarde se retiró de otro sitio la “Santa María”, una de las Carabelas que protagonizaron el “Descubrimiento” para hacer lugar al buque en el que el Venezolano Francisco de Miranda peleó en 1806 contra tropas españolas.  Para algunos críticos los actos simplemente ilustraban la estrategia populista de Hugo Chávez. Sin embargo, visto dentro del clima social que se vive en el continente desde hace varias décadas, el derribo de las estatuas es una manifestación de la tendencia nativista que diversos sectores del continente han protagonizado por siglos. El ataque a Colón señala visiblemente la fuerza de los movimientos populares en el proceso político de Venezuela y de otros países de América Latina como Bolivia y Ecuador.  Los indígenas en particular fueron una masa sin voz durante la mayor parte de los más de quinientos años de prácticas discriminatorias consistentes en ver al indio como parte del problema del subdesarrollo. Durante todo ese tiempo la resistencia ha tomado muchas formas, pero en las últimas décadas del siglo XX los movimientos indígenas en los diversos países americanos aún en Norteamérica, cobraron fuerza y se unieron defendiendo derechos civiles básicos, incluyendo la protección a sus tierras que por siglos han enriquecido a compañías extranjeras. Como Venezuela, Nicaragua adoptó el nombre de “Día de la Resistencia Indígena”. Otros países han elegido otros nombres;  Chile por ejemplo, a partir del 2000 le llama “Día del Encuentro de Dos Mundos”; Perú, desde el 2009, “Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural”;  Ecuador desde el 2011, “Día de la Interculturalidad”; Argentina, a partir del 2010, “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” (2010); y Bolivia, “Día de la Descolonización” desde el 2011.

Continúa la “descolonización” en Argentina

El último capítulo de la “descolonización” del continente fue protagonizado por la estatua de Colón que desde 1921 adornaba la plaza de atrás de la Casa Rosada en Buenos Aires.  Por orden de la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, el monumento será enviado a Mar del Plata luego de una restauración. La decisión provocó polémica en toda la población y quejas de la comunidad italiana en el país formada por un millón de argentinos. En el anuncio del traslado de la estatua, hecho el 30 de junio de 2013, se confirmó que será substituida por un monumento de la famosa guerrera de la Independencia Juana Azurduy donado por el pueblo de Bolivia. Aunque el hecho puede interpretarse de diversas maneras debido al distanciamiento de ese país con el Viejo Continente, lo que queda claro hoy es que la relación de la América hispana con la figura emblemática de Cristóbal Colón ha dado un giro radical, y en este lado del Atlántico el día del “Descubrimiento de América” no es ya el feriado que celebraban miles de escuelas de habla hispana con profundo orgullo y agradecimiento hacia el valiente soñador.  El “Día de la Hispanidad”, llamado así en España, es para muchos pueblos originarios americanos un evento de reafirmación cultural, y un día que rechaza el colonialismo que significó el genocidio de muchos pueblos indígenas.

Buenos Aires. Foto diario El Universo (Ecuador 31/ago./13)

Buenos Aires. Foto diario El Universo (Ecuador 31/ago./13)

Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.
Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

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